MIGUEL BARDESIO
Líber Prudente le dijo "no" a 12.000 personas que esperaban el comienzo del partido Nacional-Villa Española. Un caso raro en tiempos problemáticos para poner límites: a los hijos, en el trabajo, la pareja o los amigos. La clave está en encontrar el punto medio entre lo que se quiere y lo que otro espera de cada uno.
Domingo, 15:29 o 15:30, según cada reloj. Nacional todavía no sale a la cancha y el juez Líber Prudente resuelve suspender el partido. Por la violencia que sobrevino, por la discusión en la AUF, las declaraciones del gobierno y los periodistas deportivos, el tema se transformó en la polémica de la semana al extremo que Prudente, según parece, no sale de su casa desde el domingo.
Pero su decisión encierra también un aspecto poco explorado: en el acierto o el error, Prudente dijo "no", puso un límite en tiempos en que parece cada vez más costoso negarse a los pedidos ajenos, vengan de dónde vengan. Cuando los hijos insisten en comprar tal juguete o la pareja reclama ir a la casa de los suegros, los amigos piden plata o en el trabajo el jefe se abusa y un largo, largo etcétera que genera que una de las frases más escuchadas por los psicólogos sea: "Mi problema es que no sé decir que no".
De hecho, los críticos a Prudente hacen la salvedad de que actuó ajustado a reglamento pero debió manejar "con cintura" la tardanza de Nacional. Tendría que haber "bolicheado" (según Julio Ríos y José Mujica) el manejo del partido, es decir, llevarlo a un estilo más uruguayo. La razón: "La sociedad uruguaya ha sido proclive, tradicionalmente, a valorar el acuerdo sobre el desacuerdo, la conciliación por encima del conflicto", en palabras de la psicóloga social Verónica Massonier (ver nota aparte). Prudente optó por lo segundo y ahí está la sociedad para fustigarlo.
A nivel personal, la dificultad para poner límites responde a dos causas. El receptor del pedido o la presión, desea agradar al otro y el emisor espera que actúe en consecuencia y tampoco está preparado para recibir un "no". Lo dice Natalia Trenchi, psiquiatra infantil: "Desde chiquitos nos han enseñado a ser educados entendiendo por ello la complacencia con el otro. No estamos bien educados para decir `no` y solemos recurrir a excusas y mentiras para negarnos. Tampoco estamos bien entrenados para recibir un `no` frente a determinados pedidos. No es raro encontrarnos con personas que piensen: `si realmente fuera una buena amiga no se hubiera negado a acompañarme a esa fiesta`, como si el cariño o la lealtad tuvieran que ver con la satisfacción de los deseos propios, independientemente de los otros".
Resultado: los que ponen límites quedan en riesgo de marginación y los otros hacen que una parte de la sociedad funcione de un modo "artificial", impulsada por las expectativas de los otros y no por las propias. El ámbito laboral lo grafica muy bien. En Uruguay, el promedio de horas semanales trabajadas es de 39,6, lo que quiere decir que la mitad de los empleados supera esa media y muchos, trabajarán más de las 44 horas legales. Les pagarán extras o no, pero en el fondo, existe esa dificultad a negarse. En El País Digital se preguntó a los lectores: ¿A quién nunca se animó a decirle que no?". La enorme mayoría respondió: "A mi jefe".
Un mundo empresarial cada vez más competitivo y la visión de trabajo a resultado han llevado a que ciertas pautas iniciales (horarios, tareas, responsabilidades) se trastoquen muchas veces. "Por ejemplo, si la empresa establece que en tres días tiene que estar concluido un proyecto, eso implica que si las horas no alcanzan, se deberán dedicar más", asegura la psicóloga especialista en temas laborales Silvana Piccinino.
A la vez, la tecnología de celulares o notebooks ha metido como nunca el trabajo en la casa, haciendo que los trabajadores extiendan su jornada laboral. Quien se niegue, podría entrar en zona de riesgo para alcanzar un eventual ascenso. ¿Cuál sería el escenario ideal? Piccininno responde: "En este contexto tan competitivo y exigente se puede perder la esencia de todo trabajo que es la calidad de vida. No debemos perder en los hechos, derechos por los que en la historia del trabajo el hombre luchó por alcanzar". Y propone, como en otros países, los horarios más blandos o los "viernes flexibles" para que "se compensen los requerimientos que el quehacer diario le impone a muchos empleados".
El punto medio, entonces. Esa es la clave para todos los ámbitos, aunque nada fácil. "Nos suele costar encontrar esa situación intermedia en la cual somos conscientes de nuestros derechos, sabemos defendernos sin agresividad y desarrollamos las mejores habilidades de relacionamiento social", asegura Natalia Trenchi.
EL SÍ FÁCIL. Otro "no" famoso y reciente fue el de Julio Cobos, el vicepresidente argentino. Todos vimos a ese hombre temblar ante cámaras, la voz se le iba deshaciendo hasta que finalmente lo dijo: "Mi voto no es positivo", frase que ha servido de varios eslóganes.
En Uruguay, difícilmente aparezca un "no" de esas características (y tampoco la situación que llevó a Cobos a esa determinación) debido a que, en líneas generales, la disciplina manda dentro de los partidos y sus sectores. "En el Parlamento, el funcionamiento es muy disciplinado porque la suerte de seguir en política está atada a la voluntad de los líderes de los sectores: un Mujica, un Larrañaga, Astori, Lacalle", asegura el politólogo Daniel Chasquetti, especializado en las carreras legislativas.
La norma indica que si un proyecto de ley viene con el visto bueno del líder del sector, los legisladores lo votan. Hubo excepciones pero con el resultado del alejamiento del sector o incluso de la política. Guillermo Chifflet, ex diputado socialista, renunció a su banca cuando se aprobaba el envío de tropas a Haití. Y hace algunos años, el ex legislador blanco Alem García debió armar un grupo propio porque se negaba a votar los proyectos del gobierno de coalición de la época. Hace poco, se votó el acuerdo Tifa con Estados Unidos y el senador comunista Eduardo Lorier, visceralmente opuesto, no votó en contra ni a favor; se retiró de sala.
Continúa Chasquetti: "La llave para avanzar en política es estar bien con tu líder porque será él quién confeccione la lista para las elecciones, lo que hace que haya muchos legisladores que no presenten virtudes públicas claras a la ciudadanía. Su mayor virtud es la lealtad. Esto muestra la esfera más opaca de los partidos uruguayos".
En otros países, como Estados Unidos, los legisladores responden a su electorado directamente y las listas son abiertas por lo que se manejan con mayor autonomía del partido y de los líderes.
Pero el "no" en política no sólo tiene que ver con la actividad legislativa, sino también con la ejecutiva. El gobierno debe poner límites y Chasquetti cita a Carlos Quijano: "Él aseguraba que `gobernar es saber decir que no`; creo que es una frase muy sabia". La historia, en cambio, está llena de "sí" que se comprobaron como un fracaso. Que un portero del Banco Central gane más que un policía forma parte de esa lista. Fue alguien que no quiso o no pudo decir que "no".
PAREJA Y MANDO. Álvaro Alcuri, psicólogo, empieza por el principio: "Decir que no es poner un límite. Toda relación humana necesita un límite porque nadie puede saber hasta dónde va el otro. Lamentablemente, hay personalidades que no reparan en los límites ajenos y otras que no ponen los propios".
A partir de allí, cada vínculo requerirá de esa capacidad para mantenerse en mediana armonía. "Odio decir que no. Cuando me presentaban a un chico y no me gustaba mucho, igual le decía que sí porque me da cosa decir que no", respondió Sara, de 22 años en la encuesta de El País Digital.
Alcuri dice que existen muchas personalidades predispuestas a esta debilidad, "desde la clásica mujer histérica que dice que sí, que no, que no sabe y termina igual en la puerta de un hotel sin saber cómo". Baja autoestima y miedo al rechazo están en la base del problema que lleva a esa necesidad de "agradar al otro" por encima de las expectativas propias.
A nivel de parejas, la capacidad de poner límites y acordarlos es factor recurrente de diferencias a negociar. Si la cosa avanza, el enlace generará un hijo. Otra prueba de límites. Natalia Trenchi asegura que hoy los padres están "muy complacientes con los hijos. Les dan demasiados objetos y permisos y fuera de tiempo. Y cuando dicen que `no` muchas veces no dan el verdadero motivo. Es muy común que cuando el hijo pida comprar algo, los padres acceden con más o menos ganas. O lo niegan, con la frase `no tengo dinero`, aunque no sea cierto. ¡Error! No hay por qué poner una limitante externa cuando estamos eligiendo no comprar por nuestro autocontrol y derecho a negarnos. Da menos trabajo decir que no tenemos dinero, pero no enseña nada bueno. Enseña que lo único que limita la compra es el dinero".
Del otro lado, están los padres y personalidades que dicen que "no" a todo, sin dar mayores motivos. Otra mala enseñanza, según Trenchi. Y otro dolor de cabeza a la hora de formar pareja o trabajar con ellos.
Pero la generalidad parece ser la dificultad para negarse o al menos negociar un acuerdo de límites compartidos. No por casualidad los que dicen que "no", como Prudente o Cobos, son noticia. (Producción: Gabriela Vaz)
¿Tiene problemas para el "no"?
Sí. Por ejemplo cuando una amiga me pide para salir y no tengo ganas, voy igual. Me cuesta porque me da miedo que se enoje. (Natalia, 24)
Sí, acepté sin pensar una propuesta laboral que de haberla pensado mejor debí decir que no. (Jorge, 38 años).
No. Muchas veces me metí en problemas por decir que no, pero cuando no se quiere algo, hay que negarlo sea quien sea el que lo pide. Si no, se está violando nuestra libertad (Daniel, 41).
En mis primeros trabajos, cuando los jefes eran medios ogros se me hacía difícil decir que no a tareas que no debía desempeñar. Hasta que uno va creciendo y las cosas cambian. Y es muy difícil decir no a mi familia. (Mellisa, 31)
Algunas veces, salgo del paso con una excusa. Para que no se enojen (Victoria, 20)
Sí, pero no eran cosas importantes. Prestar dinero cuando sabía que la persona no iba a devolverlo. (Anónimo).
Decir que no siempre genera problemas. Porque a nadie le gusta que le nieguen algo y existe una gran hipocresía. (Matías, 30).
El difícil "no" en la sexualidad
La pareja recién se está conociendo, ambos esforzándose por agradarse hasta que, tarde o temprano, aparece la necesidad de poner un límite. Uno de los dos no accede a un pedido X en la cama.
Para la sexóloga Carolina Villalba esta situación se repite con gran frecuencia y de acuerdo a cada uno, se sobrelleva o estalla el conflicto. La clave es "mantener el control. Si una mujer o un hombre hace algo con el fin de seducir o mantener al otro a su lado, mientras lo tenga controlado y tenga claro el fin, no veo que se transforme en problema. Lo malo sería perder el control, se generan malestares con una repercusión en la salud mental o física, ahí es otra cosa", añade la sexóloga.
La otra cara de la moneda es cuando un miembro de la pareja se vuelve dominante, incluso hasta con violencia y el otro asume un rol pasivo. Los dominadores no son sólo hombres, también mujeres.
Negarse a seguir la corriente
¿Por qué a muchos padres les cuesta decir que no? Con el fin del modelo patriarcal, donde una figura paterna ponía los límites, cada vez más familias se enfrentan con esta dificultad. Los apuros del siglo XXI tampoco ayudan porque es más fácil y rápido aceptar todos los pedidos a aguantar el berrinche o tener que explicar los motivos de la negativa.
Natalia Trenchi, psiquiatra infantil agrega un nuevo elemento. "Decir que no implica tener que hacer frente a la insistencia y dar argumentos, pero también implica, muchas veces, ir contra la corriente social o de determinado grupo. Los padres suelen bajar la guardia cuando el hijo les dice: `soy el único que no tiene eso` o `que no va a tal lugar`. Parece que hay como una fobia extendida a ser el único en algo, lo que en realidad es una excelente experiencia para cuando los niños deben enfrentar la presión social por ser de determinada manera. Ellos necesitarán la habilidad para decir que `no` a muchas cosas".