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Amor y desamor de madre
No basta con amamantar para generar apego y el vínculo madre e hijo, por más hormona positiva que se libere. Debe haber disponibilidad emocional y empatía.

CATERINA NOTARGIOVANNI

La oxitocina juega un rol fundamental en el amor instintivo entre madre e hijo. Sin embargo, la cultura y el ambiente son tanto o más importantes, y por eso se explican los casos de abandono o maltrato.

Cuando se habla del amor de una madre por su hijo los términos "biología", "instinto" o "naturaleza" vienen solos. Como si ese particular apego no tuviera otra matriz que la química. Si bien las hormonas son en buena parte responsables del cariño maternal -los neurobiólogos le adjudican a la oxitocina un papel clave en el comportamiento y sentimientos amorosos, tanto filiales como de pareja-, no lo explican todo.

Sucede que no es posible analizar la conducta humana sin tener en cuenta los aspectos culturales y ambientales. Y suponiendo que la maternidad fuera pura biología, ¿cómo se explican los abandonos, los casos de niños maltratados, asesinados o quemados por sus progenitoras?

La respuesta no es sencilla. Habría que ahondar en las raíces de las conductas de apego, en el contexto social y en ciertos trastornos psiquiátricos desencadenados por el parto para poder explicar esos casos.

APEGO. Aunque resulte curioso, los estudios científicos sobre el comportamiento maternal, y en particular del apego, comenzaron recién a medidos del siglo pasado; y lo hicieron desde una perspectiva etológica (la ciencia que estudia el comportamiento de los animales, incluyendo a los humanos). Esa mirada se fue nutriendo más tarde de otras teorías, como por ejemplo el psicoanálisis, afirma Miguel Ángel Cherro, Profesor Dr. en Psiquiatría de niños y adolescentes.

Ciertas similitudes en las conductas explican ese tipo de investigaciones comparadas: "La maternidad y la sexualidad de las hembras, al menos en mamíferos, comparten muchas características comportamentales y mecanismos neurobiológicos", afirma Annabel Ferreira, psicóloga, Master en Psicobiología de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) y Doctora en Biología que trabaja en la Facultad de Ciencias.

Por ejemplo, los cambios hormonales observados en las ratas al final de la preñez y durante el parto (aumenta la liberación de estrógenos y caen los niveles de progesterona en la sangre, dos hormonas del ovario que a su vez posibilitan la acción de la oxitocina) suceden también en las mujeres. En el caso de la oxitocina, basta con que el bebé succione el pecho materno para que ésta sea liberada.

Dicha hormona es además responsable de muchas de nuestras emociones positivas y está asociada al placer. "Es el pegamento de la sociedad, tan simple y tan profundo", afirmó Paul Zak, director del Centro de Estudios Neuroeconómicos de California (EE. UU.) a la revista Nature. Este señor y su grupo de trabajo decidió probar la importancia de la hormona rociando con ella a varios voluntarios. Resultado: éstos se mostraban más dispuestos a confiar su dinero a un extraño.

Paralelamente, la actividad de la corteza prefrontal también estaría asociada "a los aspectos reforzadores del comportamiento maternal", afirma Annabel Ferreira en un trabajo de divulgación realizado con otros colegas. Y agrega: "Se ha observado que cuando las madres vieron fotografías de sus propios hijos, pero no de niños desconocidos, se incrementó la actividad neural de la corteza prefrontal y de la amígdala, otro componente del circuito que regula la conducta maternal… Esta actividad estuvo asociada con un sentido de bienestar en las madres".

Ahora, no basta con amamantar a un bebé para generar apego y construir el vínculo madre-hijo. Hace falta de una progenitora con "disponibilidad emocional" y "empatía". La primera es "la capacidad de las madres de desentrañar los mensajes de los bebés para proveerles aquello que necesitan", explica Cherro. Esta capacidad tiene dos instancias: la sensibilidad (para poder entender) y accesibilidad (estar presente cuando el recién nacido lo necesite). "Una madre depresiva puede ser muy sensible pero no está accesible, se encuentra en ese mundo propio de la depresión, volcada sobre sí misma, y por tanto no puede darle al hijo lo que necesita", ilustra Cherro.

A propósito, entre el 10% y 20% de las mujeres sufren de la llamada depresión pos parto, que es distinta y más profunda que la "tristeza de la maternidad", que tiene base orgánica y desaparece sola una semana después del parto (ver servicio).

La empatía, en tanto, que se define como la capacidad de ponerse en el lugar del otro, es otra cualidad humana que la madre debe ofrecerle al hijo para que pueda desarrollarse. Según Cherro, se trata de un atributo de origen biológico. "Se ha estudiado que en una nursery donde hay 30 recién nacidos, hay dos o tres que convocan la atención del personal de la salud de todos los turnos. Se trata de una atracción que ejercen y que no está influenciada por la experiencia. Viene de fábrica", ilustra el psiquiatra.

Se considera que el apego se establece a partir de los seis meses de vida. Eso tiene que ver con las características del desarrollo cognitivo del bebé, que recién a los ocho meses puede reconocer de manera clara y distintiva a su madre o cuidador.

DESAPEGO. Los estudios describen dos categorías de madres: "la que siente al bebé como un parásito, un ser extraño e intrusivo que de alguna manera la invade; y la que lo siente como una realización de la maternidad, de la femineidad y que por tanto lo recibe de otra manera. Entonces, esa matriz temprana va a condicionar el vínculo posterior", señala Cherro.

"Por ejemplo, si sos una madre adolescente, que tenés que ocultar el embarazo, que pensás que te van a dar una patada y te van a sacar de tu casa, si no tenés apoyo de una pareja, vas a resentir ese vínculo temprano con tu bebé y lo vas a sentir casi como un extraño", agrega el especialista.

En esos casos, parece evidente que la química no alcanza.

"El comportamiento maternal tiene que ser visto como una díada en el cual un individuo se adapta al otro. No es algo sólo de la madre o sólo del hijo. Tampoco es algo que esté predeterminado internamente, sino que hay una interacción con el ambiente todo el tiempo que influye mucho. Por ejemplo, las distorsiones (con mucho estrés) hacen que la rata se coma a sus hijos", señala Annabel Ferreira.

Según la psicóloga Fanny González, directora del Programa de Supervisión de Centro de 24 del INAU, las madres que abandonan a sus hijos provienen de familias disgregadas sin redes de sostén, pobres y más bien jóvenes (menores de 30).

"Estas situaciones son las mínimas y se producen luego de una cadena de nacimientos o de rechazo durante la gestación, o porque es producto de una relación casual", explica.

De los 60.000 niños que atiende el INAU en todo el país, sólo 2.000 viven en hogares de 24 horas (dato de Montevideo), aunque la "mayoría" no fueron abandonados. "Son niños cuyas familias están en una situación de vulnerabilidad tal que no los puede sostener mínimamente", señala.

En este sentido, los registros del Hospital Pereira Rossell contabilizan 39 abandonos en 2007 y cinco en lo que va de este año. Si el niño abandonado es tomado en adopción tempranamente es "salvado" por la incorporación de otros adultos referentes.

"Después del año la huella mnémica es tan importante que los papás adoptivos deben poder ayudarlo a convivir con ese dolor. Ese es el camino más adecuado para que el sujeto no reproduzca el dolor a lo largo de su vida. Si no, la cadena de abandono se reproduce: un niño abandonado, abandona", explica González.

Para Cherro, existen modelos transgeneracionales que se van transmitiendo: "Si alguien tuvo un modelo de maltrato o negligencia, tiene consigo una falla para transmitir una interacción de buena calidad a su bebé", dice y agrega, "pero por supuesto que se puede corregir, para eso necesita establecer con otro ser humano una relación de buena calidad que cambie ese modelo. Es el principio en el cual nosotros basamos las terapias".

En síntesis, la biología es parte integral para establecer el apego filial, pero la cultura y el ambiente son tanto o más importantes en el desarrollo de ese niño.

Las cifras

47000 Es la cantidad de nacimientos que se registran anualmente en el país. Las uruguayas tienen en promedio 2,04 hijos en su vida.

Partos que pueden trastornar

La maternidad es una experiencia transformadora, eso nadie lo discute. Sin embargo, no siempre resulta tan maravillosa.

En la monografía final de psiquiatría, las doctoras Fabiana Azambuya y Lilián Pacheco realizaron una investigación sobre los Trastornos Psiquiátricos Puerperales que incluyó la revisación de casi 5.000 historias clínicas del Sanatorio Canzani.

Dado que en Uruguay no hay datos epidemiológicos, la descripción de los trastornos se hizo en base a estudios internacionales. Lo que encontraron fue cinco tipos de cuadros asociados al parto: la tristeza de la maternidad (o Baby-blues), que aparece entre el tercer y quinto día después del parto en un 50%-80% de las madres. Los síntomas (que desaparecen solos a la semana) son tristeza, irritabilidad y ansiedad. Tiene base orgánica y no se la considera enfermedad.

La depresión se observa entre un 10% y 20% de los partos y no aparece antes de los 10 días posteriores. Las razones tienen su origen en la biología, la psicología y la cultura; entre ellas los cambios hormonales, los antecedentes de depresión, los problemas maritales, las circunstancias económicas adversas, la ambivalencia durante el embarazo (no tener claro si quiere o no tener un bebé) y/o que la madre no cuente con el apoyo de otra persona. A eso se le suman factores vinculados al hijo: si es muy llorón o al revés, si es muy quieto.

Los síntomas son alta irritabilidad, mucha ansiedad, la aparición de ideas culposas con respecto al niño y de incapacidad para cuidarlo. Estos cuadros se ven más en primerizas y se pueden tratar con antidepresivos como la sertralina.

"La base de estos problemas es que van en contra de lo que culturalmente se espera, tanto las mujeres como sus familias. Como que no está dentro de los registros de lo que te puede pasar cuando tenés un hijo", explica la psiquiatra Azambuya. Esto empuja a las mujeres al silencio culposo, lo que dificulta la detección y por ende, la resolución.

Estos cuadros tienen consecuencias en la relación con el niño y repercuten en la construcción del apego, lo que a su vez genera trastornos en el hijo. Pero además genera alteraciones dentro de la familia: "Una cosa que vio es que aumentan los divorcios de las parejas donde la mujer se deprimió", explica la especialista.

Otras patologías descriptas son los trastornos de ansiedad (con obsesiones e ideas mórbidas en relación con el hijo) y Alteraciones en la Relación Madre e Hijo. "Se expresa en una actitud de rechazo u odio hacia el bebé que puede llegar al abuso físico e incluso al infanticidio", señala Azambuya. Esta alteración tiene una incidencia de entre el 10% y 25% de los partos. Se trata con medicación y psicoterapia.

Lo menos frecuente pero más grave es la Psicosis Puerperal, único cuadro que sí se detecta en Uruguay. "De un día para el otro la mujer se vuelve literalmente loca, puede llegar a ver a su hijo como el demonio o no reconocerlo", explica. Es tan grave que requiere internación. También es reversible con tratamiento farmacológico.

El Dato

Un test sencillo puede detectar depresión

Luego de realizado el trabajo sobre los Trastornos Puerperales, la psiquiatra Fabiana Azambuya presentó un proyecto de trabajo ante el BPS que consta de dos etapas: informar y sensibilizar al personal de la salud (que son los que pueden detectar estos casos) y paralelamente a las mujeres que se atienden en los centros de salud del BPS a través de material impreso. Se propuso aplicar el test Escala de Edimburgo a las madres cuando van a las visitas de control posteriores. Dicho estudio está diseñado para detectar a aquellas madres que presentan depresión y así tratarlas oportunamente. Se trata de un cuestionario sencillo que consta de diez preguntas orientadas a saber cómo se sintió la flamante madre en los últimos siete días. Tiene un máximo de 20 puntos. Por encima de los 12, se dice que la persona está con un riesgo elevado de sufrir depresión. "No es diagnóstica, pero sí determina cuáles mujeres están en esa situación. Por eso la propuesta es aplicarlo de forma sistemática en los controles posparto", explica Azambuya.

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