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En los pasillos de la Zarzuela
Una periodista de El País participó de una audiencia ofrecida por los Príncipes. Se refirieron a la integración iberoamericana, entre otros temas. Letizia dio su toque.

ALEXANDRA HAHN | MADRID

Entrar al Palacio de la Zarzuela no es tarea fácil, aún cuando se tiene una audiencia fijada con los Príncipes de Asturias. Antes de poder ingresar en un largo camino rodeado de un parque de pasto seco y muchos árboles, hay que hacer el chequeo de documentos de las setenta personas que integran la delegación. Perros detectores de bombas revisan bajo el ómnibus, mientras oficiales de policía chequean los pasaportes.

Tras casi una hora de examen, finalmente dejan pasar a la delegación. Un camino sinuoso termina llevando hasta los ladrillos que comprenden el área de recepción de visitantes de la familia real española. La Zarzuela es un edificio de ladrillo visto color terracota, más moderno de lo esperado por los visitantes, con columnas y vigas pintadas de blanco. A lo lejos se vislumbra una gran casa, del mismo estilo arquitectónico, que es la morada de los Príncipes de Asturias, construida en el parque del Palacio hace ya unos años.

Una vez dentro, el grupo es dividido en dos salones pequeños que dan al parque. Los muebles de estilo se complementan con modernos sofás, mientras en las paredes el empapelado color verde grisáceo se despega de la pared por una humedad.

Ahí el edecán del Príncipe, un militar que es su ayudante más cercano, explica los procedimientos. Lo primero es saludar con la mano a los Príncipes, si se quiere decir su nombre y país de origen. Luego se saca la foto de grupo y se hace un encuentro informal entre Don Felipe y Doña Letizia y el grupo.

Los nervios de los visitantes se sentían en el aire. Hacía días que los becarios de la Fundación Carolina y la Fundación Rafael del Pino discutían sobre la forma de vestirse y cómo serían los Príncipes personalmente. Finalmente, el edecán abre las puertas.

El salón de audiencias no difiere, salvo en su tamaño, de la antesala. Los Príncipes de Asturias esperan en el centro mientras la larga fila de personas los saluda uno a uno. A primera vista él parece un gigante al lado de ella. Muy delgada, vestida con un sencillo pantalón de lino y una remera de algodón, aún con tacos de varios centímetros, apenas llega abajo del hombro del Príncipe. La apariencia de quien se convirtió hace cuatro años en Princesa de Asturias ha sido motivo de especulación por parte de los medios. En vivo y en directo, aunque extremadamente flaca, su aspecto parece más natural y su cara angulosa, menos pronunciada que en las fotografías.

En la hora y cuarto que duró la audiencia se recorrieron temas variados, desde la integración de América Latina con España, hasta su papel como herederos de la Corona. Felipe demostró su conocimiento político internacional y explicó que la apuesta de España es por una Iberoamérica integrada a través de la sociedad civil. Pero fue la Princesa quien sorprendió con su sagacidad, dejando en claro su antiguo papel como periodista. Cuando una becaria española le preguntó cómo creían que los jóvenes veían el papel de la monarquía, Letizia dio vuelta los papeles y le repreguntó cómo la veía ella, dejando a la joven descolocada.

Letizia además se explayó sobre el papel de la mujer, como madre y trabajadora. Para la Princesa de Asturias, cada cosa tiene un momento en la vida donde la mujer debe elegir que camino a tomar: si quedarse en su casa cuidando de su familia, o si trabajar a tiempo completo. Es, según explicó la Princesa, una decisión personal, que variará según las circunstancias. Aclaró que el papel de la mujer en la vida empresarial y política no se debe forzar, sino que se irá dando naturalmente con el paso del tiempo. El ejemplo que puso fue el número de becarias mujeres que había en el grupo, que coincidentemente, eran más que los hombres.

La complicidad entre los Príncipes da cuenta de lo unidos que son como pareja. Se complementaban en las temáticas, y se veía una cercanía entre ellos palpable. La importancia de la familia es otro tema en el cual la pareja real concuerda. Letizia reafirmó las similitudes entre América Latina y España, al decir que los valores familiares eran parecidos, y causó risas al decir que incluso ellos, como Príncipes, viven la familia como algo muy importante. Aclaró que "pese a las peculiaridades" se consideran "una familia normal".

Uno de los momentos más divertidos fue cuando Letizia reaccionó ante un comentario de uno de los becarios. Antes de comenzar a hacer la pregunta pidió permiso a "Su Alteza el Príncipe" para dirigir una interrogante a la Princesa. El feminismo saltó a luz, y Letizia retrucó contestándole: "Antes que nada, me gustaría saber ¿por qué a Felipe le preguntan sin pedirme permiso, y para preguntarme a mí le piden permiso a él?", ante lo cual todo el mundo largó la carcajada.

El Príncipe, expresó su deseo de lograr una mayor integración cultural con América Latina, aunque evitó pronunciarse sobre problemas puntuales de algunos países. Consultado por un becario boliviano por el proceso de integración con las Comunidades autónomas españolas, Felipe aclaró que en España el modelo les funcionó muy bien, pero evitó referirse, debido a que tiene por su posición prohibido hacer política y opinar sobre las políticas de otras naciones, a la situación de crisis institucional que vive Bolivia en estos días.

Uno de los momentos más coloquiales fue cuando el Príncipe fue consultado por sus estudios en Estados Unidos, y la importancia de realizar un posgrado. Felipe expresó que su Master en la Universidad de Georgetown en Washington D.C. le había permitido conocer más profundamente Iberoamérica, ya que sus amigos más fieles eran latinoamericanos, que entre cervezas, le contaban las realidades de sus países.

Con comentarios como "Un placer conocerlo", o "Muchas gracias por venir", los Príncipes se despidieron. Para ellos ya era la tercera audiencia grupal del día. Los nervios jugaron en ese momento una mala pasada a muchos de los becarios. Las manos y caras sudaban. Pero eso no les impidió disfrutar de un breve momento de fama frente a los flashes de muchas de las "revistas del corazón" españolas.

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