Ven, sé mi luz se denomina el libro que reúne las cartas que la religiosa escribió a sacerdotes y directores espirituales. En ellas revela enormes conflictos interiores por la crisis de fe que sufrió durante 50 años, los más fructíferos de su vida y obra. "Si alguna vez llego a ser santa, seguramente seré una santa en la oscuridad", confesó. Este capítulo muestra el doloroso y callado proceso que vivió una de las mujeres más admiradas de la era.
Madre Teresa había revelado su estado espiritual al padre Picachy durante el retiro que él predicó en abril de 1956... en la relación y correspondencia con el padre había una notable espontaneidad al compartir su dolor... Había confiado su "secreto más profundo" al padre Picachy al tiempo que le insistía en que debía proteger su carácter sagrado... con la correspondencia, se comprende mejor la intensidad de su sufrimiento...
Madre Teresa se daba cuenta de que la causa de un sufrimiento tan agudo era el amor. La ausencia de su Amado se había convertido en un dolorosísimo anhelo de Él. Estaba desgarrada entre el sentimiento de haber perdido a Dios y el insaciable deseo de alcanzarle...
El folio al que ella se refiere aquí, escrito como una oración y enviado al padre Picachy, es una de las descripciones más detalladas y largas de su experiencia de oscuridad: "Señor, Dios mío, ¿quién soy yo para que Tú me abandones? La niña de Tu amor y ahora convertida en la más odiada, la que Tú has desechado como despreciada -no amada-. Llamo, me aferro, yo quiero -y no hay Nadie que conteste- no hay Nadie a Quien yo me pueda aferrar, no. Sola. La oscuridad es tan oscura y yo estoy sola. Despreciada, abandonada. La soledad del corazón que quiere el amor es insoportable. ¿Dónde está mi fe? Incluso en lo más profundo, todo dentro, no hay nada sino vacío y oscuridad. Dios mío, qué doloroso es este dolor desconocido. Duele sin cesar. No tengo fe. No me atrevo a pronunciar las palabras y pensamientos que se agolpan en mi corazón y me hacen sufrir una agonía indecible. Tantas preguntas sin respuesta viven dentro de mí -me da miedo descubrirlas- a causa de la blasfemia. Si Dios existe, por favor perdóname. Confío en que todo esto terminará en el Cielo con Jesús. Cuando intento elevar mis pensamientos al Cielo hay un vacío tan acusador que esos mismos pensamientos regresan como cuchillos afilados y hieren mi alma. Amor -la palabra- no trae nada. Se me dice que Dios me ama y sin embargo la realidad de la oscuridad y de la frialdad y del vacío es tan grande que nada mueve mi alma. Antes de que comenzara la obra había tanta unión, amor, fe, confianza, oración, sacrificio. ¿Me equivoqué al entregarme ciegamente a la llamada del Sagrado Corazón? La obra no es una duda porque estoy convencida de que es Suya y no mía. No siento en mi corazón, no hay el más mínimo pensamiento o tentación de atribuirme algo de la obra".
"... Ellos piensan que mi fe, mi confianza y mi amor llenan todo mi ser y que la intimidad con Dios y la unión a Su voluntad impregnan mi corazón. Si supiesen cómo mi alegría es el manto bajo el que cubro el vacío y la miseria... Esta oscuridad y este vacío no son tan dolorosos como el anhelo de Dios. Esta contradicción, lo temo, va a desequilibrarme. ¿Qué estás haciendo Dios mío con una tan pequeña? Cuando pediste imprimir Tu Pasión en mi corazón ¿ésta es la respuesta?"
EQUILIBRIO. El temor de Madre Teresa a que este sufrimiento interior la desequilibrara no ocurrió. Según una de sus primeras hermanas, "Madre era una persona muy equilibrada y estaba alegre cuando todo iba bien; pero incluso cuando las cosas iban mal, no mostraba ni depresión ni mal humor. Estaba alegre en toda circunstancia".
Después de su muerte, una mujer que había colaborado con ella durante años observó: "...el equilibrio era una de las características más sobresalientes de la Madre. También era muy constante... Nunca dejaba que las heridas y los sufrimientos interfirieran con su amor a Jesús. Ese amor le dio a ella mucha alegría. Era capaz de soportarlo todo".
Su cercanía a Dios, que ella misma no podía percibir, era la raíz de esa serenidad que otros admiraban en ella... Sin embargo, su sonrisa radiante escondía un abismo de dolor; cubría el Calvario de su alma.
Parecía que la relación con Jesús estaba llenando de consuelo a la Madre Teresa. En realidad, era la fuerza de la gracia divina, así como la determinación implacable y la fortaleza de carácter de Madre Teresa lo que le dio la energía para superarse a sí misma y vivir la alegría que no sentía.
A pesar de estar tan resignada ante esta prueba interior, Madre Teresa no pudo evitar preguntar al padre Picachy: "Dígame, Padre, ¿por qué hay tanto dolor y oscuridad en mi alma? A veces me encuentro diciendo: `No puedo soportarlo más` y con el mismo aliento digo: `lo siento, haz conmigo lo que Tú desees`"...
Cuando hablaba con Jesús, es decir la oración, se expresaba con facilidad. Cumpliendo la petición de su confesor, junto con su carta del 3 de septiembre de 1959, le envió una carta dirigida a Jesús: "Jesús mío, desde mi infancia Tú me has llamado y me has guardado para Ti y ahora cuando ambos hemos tomado el mismo camino -ahora Jesús- yo voy por el camino equivocado. Dicen que la gente en el infierno sufre un dolor eterno por la pérdida de Dios, resistirían todo ese sufrimiento si solamente tuviesen un poco de esperanza de poseer a Dios. En mi alma siento precisamente ese dolor terrible de pérdida, de que Dios no me quiere, de que Dios no es Dios, de que Dios realmente no existe (Jesús, por favor, perdona mis blasfemias, se me ha dicho que lo escriba todo). Esa oscuridad que me rodea por todas partes, no puedo elevar mi alma a Dios, no entra luz alguna ni inspiración en mi alma... ¿Para qué trabajo tanto? Si no hay Dios, no puede haber alma. Si no hay alma entonces Jesús, Tú tampoco eres verdadero. Cielo, qué vacío, ni un solo pensamiento del Cielo entra en mi mente, pues no hay esperanza. Tengo miedo de escribir todas las cosas terribles que pasan en mi alma. Te deben herir... En mi corazón no hay fe, ni amor, ni confianza, hay tantísimo dolor, el dolor del anhelo, el dolor de no ser querida. Quiero a Dios con todas las fuerzas de mi alma y sin embargo allí entre nosotros hay una terrible separación. Ya no rezo más -pronuncio las palabras de las oraciones comunitarias- y hago todo lo posible por sacar de cada palabra la dulzura que tiene que dar. Pero mi oración de unión ya no está ahí. Ya no rezo. Mi alma no es una Contigo y sin embargo cuando estoy sola en las calles Te hablo durante horas de mi anhelo por Ti. Qué íntimas son aquellas palabras y sin embargo tan vacías, porque me dejan lejos de Ti...
"La obra no contiene alegría, ni atracción, ni celo... Hago todo lo que puedo. Me desvivo, pero estoy más que convencida de que la obra no es mía. No dudo que fuiste Tú quien me llamó, con muchísimo amor y fuerza... Es por esto que la obra es Tuya y eres Tú incluso ahora -pero no tengo fe- no creo. Jesús, no permitas que mi alma sea engañada ni me dejes engañar a nadie".
"En la llamada Tú dijiste que tendría que sufrir mucho. Diez años, Jesús mío, Tú has hecho conmigo según Tu voluntad, y Jesús oye mi oración si esto Te complace, si mi dolor y mi sufrimiento, mi oscuridad y mi separación Te da una gota de consuelo... haz conmigo lo que Tú desees, el tiempo que Tú desees, sin una sola mirada a mis sentimientos y dolor. Te pertenezco. Imprime en mi alma y mi vida los sufrimientos de Tu Corazón. No Te preocupes por mis sentimientos, por mi dolor... Tu felicidad es lo único que quiero..."
"Pequeña" de Jesús
La profundidad del amor de Madre Teresa por Jesús está realzado en este contraste entre el dolor que ella sentía y el modo que escogió para actuar, guiada por fe pura. Era reacia a hablar de sus tinieblas, que ella comparaba con los sufrimientos del infierno, porque temía que lo que pensaba o escribía heriría a Jesús ...
Su carta a Jesús es una oración llena de ternura, de transparencia y de simplicidad infantil. Se dirigía a Jesús de la misma manera que lo había hecho en el momento de la Inspiración, cuando estaba en la cima del consuelo: "Jesús mío"; y en lugar de su nombre firmaba: "Tu pequeña".
Uno de los motivos de ese conflicto era el temor de que su dolor pudiera condicionar su respuesta a Dios y que, en la debilidad, sin quererlo realmente, pudiera echarse atrás de su promesa de no negarle nunca nada. Escribió al padre Picachy: "Rece por mí, Padre, dentro de mí hay muchísimo sufrimiento. Rece por mí para que no niegue nada a Dios en esta hora. No quiero hacerlo, pero temo que lo pueda hacer... mi alegría es el manto bajo el que cubro el vacío y la miseria".
El Dato
En Uruguay
El libro "Ven, sé mi luz", de Editorial Planeta, que narra las confesiones y cartas secretas de Teresa de Calcuta, estará a la venta en Uruguay en el mes de agosto. En la publicación, Madre Teresa refleja una verdadera crisis de fe, dolorosa y callada, que no fue momentánea, sino que perduró por casi medio siglo. En las cartas que le escribió al Padre Picachy, su confesor, escribió: "Si alguna vez llego a ser santa, seguramente seré una santa en la oscuridad".