¿Qué nos está pasando?
EMPATÍA NATURAL. Si un niño ve a alguien sufriendo, su cerebro reacciona como si le estuviera ocurriendo a él. Así lo concluyó un estudio de la Universidad de Chicago, que echó por tierra la creencia de que la empatía es un sentimiento aprendido con la cultura y los años. "Esto demuestra que tenemos esa capacidad innata de compadecernos con el dolor de otros. Esto es un paso muy importante hacia la empatía", dijo el doctor Jean Decety, autor principal del estudio publicado en la revista Neuropsychologia. La investigación consistió en mostrar a un grupo de 17 años imágenes de personas sintiendo dolor y a la vez, analizaron sus reacciones de los pequeños a nivel cerebral. En todos los casos, se activó la zona del cerebro que dispara el dolor propio.
PENAS DISCRIMINATORIAS. En Estados Unidos, cuando un acusado es condenado a la pena capital, espera en el "corredor de la muerte" el resultado de los recursos de apelación. Algunos son exonerados y puestos en libertad, otros ven cambiada su pena por la de cadena perpetua y los demás son ejecutados. En este momento hay más de 3.200 reclusos esperando. ¿Se puede saber a quienes se aplicará finalmente la pena capital? Investigadores de Texas A&M University-Texarkana y Loyola University dicen poder predecirlo con una precisión del 92%. El portal Neofronteras.com explica que, según un programa de computación, los reos más susceptibles de ser ejecutados son aquellos con nivel cultural más bajo y que llevan más tiempo en la cárcel. Ser mujer sería atenuante, pues estas rara vez sufren la pena. Ni la severidad del crimen cometido ni la raza del preso (factor que ha sido esgrimido siempre como determinante) son relevantes a la hora de predecir su destino.
GENÉTICA DELICTIVA. La presencia de tres genes sería la llave para explicar por qué algunos hombres se vuelven criminales violentos mientras que otros, a veces a igual contexto social, no desarrollan esa conducta delictiva. Así lo reveló una investigación de la Universidad de Carolina del Norte, Estados Unidos. Uno de los genes en cuestión se llama MAOA, y se ha demostrado que juega su papel en la conducta antisocial de las personas. "No quiero decir que este sea un gen del crimen, pero el 1 por ciento de las personas lo tiene y registra puntuaciones muy altas en términos de violencia y delincuencia", dice Guang Guo, profesor que dirigió el estudio. Además, los investigadores hallaron vínculos entre la conducta delictiva y los genes DAT1 y el DRD2.
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