GABRIELA VAZ
Cuando el tesorero del Banco Central señala en una enorme pantalla las diferencias entre un billete de 100 dólares auténtico y otro perteneciente a la serie de "superfalsificación" descubierta en 2003, el centenar de asistentes al Seminario sobre Falsificación en Moneda Nacional y Dólares no pueden evitar la risa. "¡Pero ni con lupa!", comenta uno de los cobradores que ocupa el salón de conferencias de la institución, repleto de cajeros y personal de empresas financieras. "Es difícil", reconoce el jerarca, "pero es posible darse cuenta", completa sonriente.
Al Banco Central (BCU) llegan cada mes entre 300 y 400 billetes falsos, básicamente de 50 y 100 dólares, y de 500 y 1.000 pesos. Anualmente, se trata de menos del 1% del dinero circulante. "Para el tamaño de la plaza financiera uruguaya, la cantidad de falsificaciones está muy controlada", asegura Ivonne de Munno, jefe del departamento de Documentología de Policía Técnica, a donde llegan todos los billetes sospechados de ser apócrifos, para que se determine mediante una pericia su autenticidad o no.
No obstante, el volumen de dinero falso que convive en la calle con el auténtico es imposible de estimar, así como tampoco se puede saber por cuánto tiempo puede estar circulando hasta que es detectado, afirma Enrique García, tesorero del BCU. "Nos ha pasado de gente que llama porque duda de un billete. Le preguntamos por ciertas características y deducimos que es falso. Entonces, la persona pregunta qué tiene que hacer y le explicamos que lo correcto es que ese billete deje de circular. `Ah no, si a mi me lo pasaron, yo lo voy a pasar`, nos dicen".
Aún así, en Uruguay, el panorama no es para alarmarse. En moneda nacional, las mejores falsificaciones pueden ser detectadas prestando atención a detalles fáciles de notar. En cambio en dólares -la moneda más falsificada del mundo- se ha llegado a una perfección inusitada, aunque las llamadas supernotes ("superfalsificaciones") no son muy frecuentes por estos lares. En Policía Técnica aseguran que no les han llegado más de ocho billetes de esa serie casi excelente.
CUIDAR LOS PESOS. En este momento, circulan en el país alrededor de 80 millones de billetes de pesos. Éstos se imprimen en el exterior, en diversas fábricas que han ganado licitaciones en su momento. La última camada se hizo en Francia. "El sábado pasado, estuvimos trabajando desde las 8 de la noche hasta las 5 de la mañana porque llegaron billetes de 100 y 1.000, con los que tendremos para cuatro o cinco años más", explica García. Cada uno, le cuesta al BCU un promedio de un peso, no importa si el billete es de $50 o de $2.000, aunque los de más valor tienen un costo algo mayor por las medidas de seguridad que se le agregan.
Este costo pocas veces es tenido en cuenta por el ciudadano común, que no tiene muchas miras a la hora de escribir, romper, perforar, sellar o arrugar estos papeles. "Hay que concientizar del cuidado de los billetes. Hemos recibido algunos con listas del tipo `100 gramos de mortadela, una leche, una flauta` escrito", indica el cajero Gustavo Romet, subjefe de Clasificación y Recuento del BCU. En 2007, la institución destruyó 21.773.844 billetes -que por su deterioro no podían seguir circulando-que le costaron al Estado 1.215.284 dólares.
Las falsificaciones nunca inciden en la cantidad de nuevos billetes que se fabrican. "La carrera contra ella es siempre de atrás", dice García. Y es que primero aparecen los apócrifos, y luego los métodos para detectarlos.
CÓMO DETECTAR. Por ahora, las medidas de seguridad de los billetes de pesos uruguayos han resultado muy buenas para las autoridades, ya que pocas han podido ser imitadas. Es que, en lo que se refiere a moneda nacional, las falsificaciones aún resultan bastante burdas, aunque pueden pasar sin problemas para los más despistados. Además, como aclaran en la Policía y el BCU, nadie va a intentar "pasar" un billete trucho en un banco o una casa de cambio. Generalmente, se hace en ferias vecinales, boliches nocturnos o estaciones de servicio, y más en el interior que en Montevideo.
La última falsificación detectada en moneda nacional apareció en diciembre pasado. El verano es época de zafra, pues las víctimas más fáciles son los turistas. Pero esa tirada de fines de 2007, considerada de las mejores que se han realizado en pesos (de $500 y $1.000), tiene varias falencias.
Las medidas de seguridad que aparecen en los billetes originales de "alta denominación" (o sea, de $200 o más) son: marca de agua, microimpresión, motivo coincidente, imagen latente e hilo de seguridad (ver infografía). Si el dinero es auténtico, debe cumplir con esas condiciones. Como en las últimas falsificaciones detectadas el soporte es original (mediante un proceso químico "lavan" billetes de $5 o $20 y luego les imprimen un valor mayor), el papel conserva varias de esas medidas. No obstante, hay elementos delatores, pues los billetes de "alta denominación" tienen varias diferencias respecto a los de "baja".
En los primeros, el hilo de seguridad está en el medio y tiene inscripta la palabra "Uruguay", y en la marca de agua se lee "Artigas" junto al rostro del prócer. En los billetes de menos de $200 (sobre los que suelen imprimirse los apócrifos), el hilo está más corrido, no se lee "Uruguay" ni "Artigas". Tampoco coincide la marca para no videntes, que aparece en el extremo superior de todos los billetes (pues sí, difícilmente a un ciego podrán pasarle un valor por otro). Algunos falsos igual responden a la luz ultravioleta, pero no en todos los lugares que debe. Y además, si posee una lupa, notará con claridad la impresión hecha en computadora. "¿Ves? Los puntitos están separados. En el auténtico las rayas son más definidas", muestra la perito De Munno, en un microscopio de Policía Técnica. "Además, si les cae una gota de agua se forma un lamparón", asegura.
Los nuevos billetes han incrementado algunas medidas, incorporando algunas que ya tienen los de $2.000, que hasta ahora no han podido ser falsificados. A su vez, todas las marcas de agua, donde siempre se veía la efigie de Artigas, ahora coincidirán con el personaje del billete (en los de $1.000 aparecerá Juana de Ibarbourou, por ejemplo).
Cuando un cajero se topa con un billete de "dudosa autenticidad", lo retiene, lo denuncia a la Policía y un juez ordena su peritaje, a cargo siempre de Policía Técnica. La mayoría de las veces resulta falso. "Tendremos unos 10 por año que llegan dudosos y son buenos", dice De Munno. En ese caso, se avisa al banco en cuestión y éste devuelve el importe al cliente.
En Uruguay, prácticamente no se han descubierto talleres de falsificación, por lo que se presume que los billetes apócrifos vienen de afuera, cuenta Artigas Ayala, director de Policía Técnica. Aún así, el comisario asume que los avances tecnológicos actuales permiten que cualquiera con una computadora pueda lograr un billete falso lo suficientemente bueno como para pasar por las manos de algún despistado.
VERDES. En dólares, la historia es bien distinta. Si bien estos billetes (que le cuestan al gobierno estadounidense un promedio de 4 centavos cada uno) cuentan con innumerables medidas de seguridad, todas han podido ser superadas por los falsificadores.
En la llamada supernote de los billetes de U$S100 de una serie de 2001, las diferencias sólo pueden ser halladas con microscopio (ver info). En la N de "United States" se ve una gota de agua donde no debería, la base del farol que está en el reverso tiene ambos lados del mismo grosor (en los auténticos uno es más fino que el otro) y hay otra línea en la luz del farol. Otra supernote, esta vez de la serie E de 2003 y procedente de Paraguay, se diferencia por dos detalles: la rampa que aparece en un costado del Hall de la Independencia y la filigrana (el dibujo en red que rodea al billete), que está más desprolija. "La falsificación perfecta es posible, pero no le sirve a nadie. En dólares, el falsificador se queda con el 23% del valor del billete; el resto se lo lleva la cadena de distribución. Si mejora la falsificación, invierte más y pierde dinero. Con el agravante de que, en Estados Unidos, si te agarran con una falsificación muy buena la pena es mucho mayor que si tiene errores. Por eso se dejan diferencias a propósito", explica García, del BCU.
Dado que es la divisa más falsificada del mundo, el Servicio Secreto norteamericano también participa en charlas que brindan el BCU y Policía Técnica. Aunque el más imitado es el de Benjamin Franklin, también hay billetes de 1.000, 10.000 y ¡100.000! dólares. Alguna vez alguien se molestó en inventar uno de un millón, con Estatua de la Libertad incluida, pero no existe.
Las cifras
400 Cantidad de billetes falsos que son detectados por el BCU cada mes, en promedio, incluidos pesos y dólares.
21 Millones de billetes que destruyó el BCU, por deterioro en su uso, en 2007. Su costo fue de US$ 1.215.284.
10 Cantidad promedio anual de billetes, del total que llegan a la Policía sospechados de ser falsos, que no lo son.
EL DATO
Sanciones van desde multas de 20 ur hasta prisión por diez años
"El que falsifique moneda nacional o extranjera, de curso legal o comercial, en el país o fuera de él, será castigado con dos a diez años de penitenciaría". Así reza el artículo 227 del Código Penal, que abre el primer capítulo "de los delitos contra la fe pública", entre los que se encuentran todos los referidos a falsificación de monedas, documentos, sellos, marcas, etc. En los arts. 228 y 229, se explica que quienes alteren una moneda falsa o alterada, o la introduzcan, retengan o hagan circular en el territorio nacional, serán penados con 12 meses de prisión a seis años de penitenciaría. De la misma manera, está prevista una sanción para aquellos que hagan circular moneda adulterada recibida "de buena fé" (es decir, que no sabían que lo que les habían entregado era dinero falso). Este caso está regulado en el artículo 230, donde se explica que si el monto en cuestión supera los 10 pesos, el tenedor será castigado con una multa que puede ir de 20 a 400 unidades reajustables.
Si es deterioro, se pueden cambiar
Todos los bancos y casas de cambio tienen la obligación de aceptar billetes deteriorados (es decir, auténticos pero con su superficie alterada), siempre que cumplan con determinadas condiciones.
A efectos del canje, se considerará billete deteriorado a aquel que esté: dividido, perforado, escrito, borrado, manchado, descolorido, sucio, quemado o cercenado.
De todas formas, su superficie debe alcanzar, en una sola pieza, más del 60% del billete completo. En tal caso, no importa si le falta la numeración.
Si, por el contrario, está dividido o fragmentado en varias partes, debe poder reconstituirse en su casi totalidad, de tal forma que se evidencie que el conjunto de las partes pertenecen al mismo ejemplar.
En el caso de moneda extranjera, ninguna institución está obligada a canjear los billetes deteriorados. Pueden hacerlo las que lo deseen.
En dólares, de acuerdo a la circular número 3 del Federal Bank of New York, se considera válido aquel billete que posea más del 50% en un sólo trozo o que estando dividido en varios trozos, se demuestre claramente que todos son del mismo billete.
En ocasiones, los billetes originales pueden tener errores de impresión que vienen de fábrica. En esos casos también pueden ser cambiados. Éstos son especialmente codiciados por los coleccionistas numismáticos.
No es frecuente encontrar dólares deteriorados. El gobierno estadounidense los saca de circulación porque entiende que los desprestigia y son parte un "concepto cultural".
Cuando un billete es de "dudosa autenticidad", el cajero de un banco o cambio puede retenerlo y se inicia una investigación. Más del 99% de las veces que hay duda, se confirma una falsificación.