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CULTURA
McEwan arremete otra vez

BLOOMBERG | ROBERT HILFERTY

Acostumbrado a tratar la ambigüedad moral, el escritor británico Ian McEwan hace nuevamente de las suyas, y esta vez la emprende con el calentamiento global como tema central de su próximo libro.

"Una elección moralmente desastrosa``, dice riendo entre dientes, "porque ¿quién estaría a favor? Y ¡qué moralmente aburrido estar en contra!``.

Al parecer relajado y vestido informalmente, el novelista británico nacido el 21 de junio de 1948 -apodado en sus inicios "Ian Macabro" a causa de las características de sus primeros textos publicados- habló recientemente en el Roger Smith Hotel, de Manhattan, donde paraba para la reciente conferencia de literatura, denominada Pen World Voices.

"A las novelas no les gusta estar atadas a pesadas moralizaciones``, dice. "A las novelas no les agradan los novelistas virtuosos que le dicen a la gente qué debe hacer``.

Ian McEwan promete que su nuevo libro, cuyas primeras etapas está escribiendo, no será un sermón sobre los males de los todoterrenos y sobre cómo comer productos fantasiosos importados de otros hemisferios.

"Será sobre la naturaleza humana``, afirma sin rodeos.

La idea para el libro la concibió hace varios años durante un viaje a una región cercana al Polo Norte con un grupo de artistas y científicos preocupados por el cambio climático. A pesar de todo su compromiso con el tratamiento del problema, algunas veces se mostraban despreciativos. A McEwan todo esto le pareció fascinante.

"Para entrar a donde estábamos -un barco congelado en un remoto fiordo-, así como para salir, teníamos que sacarnos (o ponernos) todo nuestro equipo de exterior en la llamada habitación de las botas``, recuerda el escritor.

"Después de un día o dos, esa habitación era un caos. Todo el tiempo se robaban mutuamente las botas, tomaban los cascos de otros. Sin embargo, hablábamos de nuestros planes para salvar la Tierra``.

MARAVILLOSA CONTRADICCIÓN. Como escritor, McEwan confiesa que se sintió atraído por "esa maravillosa contradicción`` entre idealismo y "arranques de egoísmo, a veces hasta de crueldad``.

Ese es un territorio que el británico conoce bien. ¿Recuerdan a Briony Tallis, la joven escritora de Expiación cuya imaginación hiperactiva suministra el catalítico para la novela?

Su mentira arruina dos vidas: envía a un hombre inocente a prisión y roba a su hermana el amor de su vida.

Briony dedica el resto de la suya a tratar de corregir ese error y reescribir la historia. "Es una especie de alter ego``, opina McEwan.

"Le di parte de mi propia infancia. Fui un niño más bien reservado, introvertido, en gran parte un soñador. Me gustaban los secretos y llevaba anotadores", comenta, y agrega: "Como Briony, me gustaría tener más secretos que guardar y era mayormente una criatura de la imaginación. Y empecé a pensar: ¿qué pasaría si la imaginación no es tan solo un asunto neutral sino posiblemente destructivo?``.

En el libro, una arrepentida Briony trabaja como enfermera voluntaria en un hospital londinense durante la Segunda Guerra Mundial, atendiendo a los soldados heridos. Algunos pasajes tienen una incómoda semejanza con la autobiografía de Lucilla Andrews, No Time for Romance (Sin tiempo para el amor), lo que llevó a acusaciones de plagio en algunos de los tabloides de Gran Bretaña. "A veces, en especial cuando uno escribe históricamente, no se pueden inventar las cosas``, dice McEwan.

"Hay que basarse en documentos, publicados y no publicados. Uno los blanquea, les extrae lo que necesita. Usé unas memorias de una muy buena escritora, Lucilla Andrews, y la mencioné con frecuencia en conferencias y al final del libro``.

Finalmente, la controversia se apaciguó cuando algunos colegas, literatos renombrados, acudieron en defensa de McEwan.

"De pronto apareció en escena la caballería, compuesta por Updike, Amis y, sorprendentemente, Thomas Pynchon, que no suele hablar públicamente, y dijo: `Un minuto, necesitamos usar documentos a veces`", recuerda McEwan. "De manera que eso fue más bien maravilloso``.

REESCRIBIR SIEMPRE. Todavía extraña la novela que pudo haber sido si no fuera por los tres años dedicados a convertir un trabajo de 1990, El inocente, en película. A pesar de todo lo que reescribió, nunca resultó exactamente como esperaba, dice McEwan. "A veces sueño con la novela que debí escribir a comienzos de los años noventa``, dice. "Es un sueño angustiante``.

Evitó ese destino con Expiación, dejando el guión a Christopher Hampton. "Mientras se afanaban reescribiendo interminablemente, escribí On Chesil Beach``, cuenta McEwan. "No podría haberlo hecho de otro modo``.

Le gustó el film, protagonizado por Keira Knightley y James McAvoy como los malogrados amantes, y Saoirse Ronan como la Briony de 13 años, y pensó que había captado el espíritu de su libro.

En la versión cinematográfica de Sábado, su novela de 2005 sobre un neurocirujano exitoso y felizmente casado cuya vida perfecta da un giro violento, McEwan es solo el productor ejecutivo, lo cual le deja tiempo para terminar su libro sobre el calentamiento global.

"Ese pedacito del siglo XIX que nos dio grandes personajes como Anna Karenina y Madame Bovary fue equivocadamente descartado por los modernistas tempranos del siglo XX``, asegura.

"Necesitamos saber cómo se siente ser semejante a otra persona, y creo que la novela es muy buena para averiguarlo``.

Sobre una boda no consumada

En su más reciente novela, On Chesil`s Beach (En la playa de Chesil), ambientada a comienzos de la década de 1960, Ian McEwan escribió sobre dos personas sin experiencia sexual que se separan en su noche de bodas.

"Eran jóvenes, instruidos y vírgenes aquella noche, la de su boda, y vivían en un tiempo en que la conversación sobre dificultades sexuales era claramente imposible. Pero nunca es fácil". De esta manera McEwan da inicio a la historia de Florence y Edward, el matrimonio en cuestión.

Florence es una chica de clase media alta. Edward, en cambio, pertenece a una familia que vive en la zona baja de la clase media.

Años más tarde, el hombre (Edward) lamenta haber sido demasiado impaciente e impulsivo en aquella noche de bodas.

El libro evoca vidas enteras y una época, en sus dinámicas y elegantes 203 páginas.

"A veces siento que las novelas son demasiado largas``, dice el autor. "Y en especial entre mis colegas masculinos, hay un elemento de testosterona que conduce a llegar a la página 1.000 antes de que valga la pena verdaderamente. Hay porciones de Anna Karenina que podrían haberse obviado``.

McEwan ha escrito 10 novelas. Cuando se le pregunta cómo evolucionó su escritura desde la primera, Jardín de cemento, hace 30 años, responde que, en realidad, no tanto. "Me gusta la prosa bastante precisa, clara, accesible``, asegura.

"Me gusta la imagen extraña, sorprendente, en vez de abrumar con descripciones. Me gusta una ocasional oración larga, seguida del golpeteo o pulso de otras cortas. Estoy seguro de que mi estilo ha cambiado, pero las cosas que me gustan ahora recuerdo que me gustaban cuando tenía 24 años``.

Ian McEwan fue nominado al Booker Prize por esta novela de apenas 200 páginas donde la acción oscila entre los pensamientos de uno y otro amante en un lapso de pocas horas, tiempo real en que transcurre el texto completo.



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