"Déjenme vivir"

| Se registran 146 ingresos anuales por suicidio, en el Pereira Rossell, de menores de 15 años; las causas pueden ser genéticas, abuso, maltrato, pobreza y otras.

2008-05-18 00:00:00 200x198
El País

Ochenta mil niños sufren trastornos mentales. Un 5% de las autoeliminaciones son de menores. Al contrario de los adultos, los síntomas están ocultos, y sus familiares no sospechan.

MIGUEL BARDESIO

Déjenme vivir", escribió en una pared de su cuarto y se suicidó. Era un adolescente de los 20 a 35 chicos que cada año resuelve quitarse la vida, un fenómeno marginal en números, pero que potencia lo inexplicable del suicidio. Cuando la vida está por delante, cuando se supone que prima la alegría, el juego o el descubrimiento, cuando nadie se lo espera, incluso ahí, hay niños y adolescentes que no quieren vivir.

Ese es el extremo, la punta minoritaria pero más escandalosa de un problema que crece a la luz de los especialistas: el sufrimiento de los más chicos. El año pasado, el Primer Estudio Epidemiológico Nacional sobre Salud Mental Infantil concluyó que 80.000 niños de entre 6 y 11 años (el 22%) tiene algún trastorno y, entre ellos, son mayoría los internalizados, es decir, la depresión o la ansiedad, "lo que no se ve", según la directora de la Clínica de Psquiatría Pediátrica de Facultad de Medicina, Laura Viola.

"La gente está preocupada por los problemas de conducta, por lo externo, lo que se ve, pero este estudio demostró que la angustia interna de los niños es mucho más importante", añade la experta que dirigió la investigación.

Las políticas de prevención y tratamiento no sólo se encuentran con la dificultad de la magnitud ("no puedo mandar a 80.000 niños al consultorio porque saturo el sistema", dice Viola) sino también con esa capa de invisibilidad que minimiza el problema. La depresión en niños y adolescentes, por ejemplo, se manifiesta de modo diferente a los adultos y a veces pasa inadvertida. "Ellos no están el día en la cama, aislados; pueden mantener redes de amigos y sus salidas, pero se muestran irritables, malhumorados, tienen una sensación de embotamiento, de no poder pensar con claridad", enumera algunos síntomas la psiquiatra de niños y adolescentes Irene García.

Ella estudió el suicidio en los menores de 20 años. Con los 38 casos de 2002, aplicó la "autopsia psicológica", un método que, basado en entrevistas a familiares y allegados, busca reconstruir la vida del niño o joven. Descubrió que en casi la totalidad de los casos, los cercanos no sospecharon nunca del suicidio del chico, pese a que en la mitad de ellos había elementos para diagnosticar depresión, el 50% había anunciado que iba a matarse y un tercio lo había intentado antes.

¿Por qué pasa tan desapercibida la depresión en los más chicos? Natalia Trenchi, también psiquiatra infantil, especula con una respuesta: "A los adultos nos cuesta aceptar que los niños puedan sufrir. Nos ha resultado más confortable la falsa creencia de que la infancia es una etapa siempre feliz. No lo es, ni aún en los mejores casos".

Claro que hay escalas y de la tristeza a la depresión hay un salto grande y otro aún más pronunciado hasta el suicidio. Todo el proceso está cruzado por centenares de factores, desde la predisposición genética, las condiciones de embarazo y el parto, hasta el entorno familiar y social. Pero la procesión va tan por dentro que nadie la ve con claridad. De los suicidios estudiados por García, un solo caso estaba en tratamiento psiquiátrico. De los 80.000 niños con algún trastorno, apenas el 20% consultó en los últimos seis meses.

El fenómeno anda oculto, entonces, y lo que irrumpe a veces son los números del escándalo: desde 2000 a 2007, se suicidaron 247 menores de 19 años, 213 con edades entre 15 y 19, 32 entre los 10 y 14 y dos casos, en 2004 y 2007, de pequeños de 9, según cifras del Ministerio de Salud Pública. Los menores representan el 5% del total de las autoeliminaciones. En el Hospital Pereira Rossell se registra un promedio de 146 ingresos anuales de chicos con intentos de autoeliminación menores de 15 años, una estadística sin picos pero constante en los últimos tres años.

Son los casos extremos. Laura Viola, cuya clínica atiende a los chicos del Pereira Rossell, explica que ante un intento se "debe sospechar de un abuso sexual o físico", lo que no significa que siempre sea la causa. Entonces amplía: "Hay varias situaciones de vida muy miserables para los niños: abuso, maltrato o situación de calle".

¿QUÉ HACER? Desde hace unos 10 años aproximadamente, los psiquiatras infantiles están notando que les llegan más casos y más graves. Ante esta situación, fue que la Clínica de Psiquiatría Pediátrica se lanzó a hacer el estudio epidemiológico y ahora se enfoca en las causas y en qué estrategias tomar.

Una de las hipótesis principales refiere a que el deterioro socioeconómico, el desempleo, la falta de esperanza del entorno, afecta al niño más de lo que se supone. "La pobreza no lo explica todo, pero colabora", resume Laura Viola.

Para la depresión, hay una primera causa que es la genética: la predisposición a este mal se puede heredar. El psiquiatra Álvaro Lista estudia justamente esta variable en Uruguay. Ha detectado dos genes que condicionan a las personas a la depresión, los que estarían presentes en el 20% de la población, según sus estudios estimativos. "Quienes posean estos dos poliformismos tienen un 70% más de chances de desarrollar una depresión frente a los sucesos estresantes de la vida: una pérdida, un accidente, una frustración", dice el experto.

La genética de la depresión, como la del resto de los males psiquiátricos, avanza a pasos agigantados. Tan rápido, que es de esperar, según Lista, que dentro de poco tiempo cada niño sepa a qué está predispuesto apenas nacer. "Eso es fundamental para la prevención", valora el experto.

En los niños, Natalia Trenchi enumera varias situaciones "estresantes" referidas al entorno. El padre o madre deprimido, el maltrato físico, sexual y emocional o la adicción de alguno de los padres son las más claras, pero hay otras no tan directas e igual de influyentes. El hipercriticismo ("padres que sólo señalan los errores del hijo") y su contracara "idealizadora" ("los que se pasan exagerando los logros del chico") también dañan la autoestima del niño porque le transmiten la idea de que sus padres no lo quieren tal cual es.

Trenchi continúa con las "familias sordas y mudas emocionalmente", que son aquellas en las que las señales del niño no son decodificadas correctamente. Hay indiferencia, incomunicación, lo que aumenta el riesgo de deprimirse. Por último, la psiquiatra señala la "falta de límite" como un nuevo factor de peligro. "Cuando los niños son criados sin guía, sin seguridad ni firmeza, probablemente crezcan débiles e inseguros, vulnerables a la depresión", concluye Trenchi.

La sumatoria de causas, entonces, da "un intenso sufrimiento en la infancia", según palabras de Laura Viola. Y la demanda de atención no podría satisfacerse. En el país hay apenas 70 psiquiatras infantiles y, según Viola, se necesitarían por lo menos 220. Y aunque hubiese esa cantidad, los esfuerzos deberían estar dirigidos a evitar la patología y no a tratarla.

"Tenemos que buscar las formas de revertir la situación. Hay cosas que dependen de uno y otras que no. ¿Cómo hacer cuando el 48% de los niños nacen por debajo de la línea de la pobreza? En el 42% de los chicos, sus madres no tienen más de seis años de instrucción. Una mamá más educada no garantiza la felicidad, pero los riesgos se van sumando", asegura Viola y añade: "Necesitamos un sistema educativo fuerte, socializador, debemos trabajar en equipos todos los que tengamos que ver con la infancia".

SUICIDAS. Para algunos será demasiado tarde. La investigación en base a autopsia psicológica que aplicó Irene García para los casos de 2002, la está repitiendo con los casos de 2007. También se reproduce aquello de los intentos, y de los anuncios que son minimizados por los cercanos. "Cosa de chiquilines", "quiere llamar la atención" o el que "avisa no se mata" son frases repetidas y sin asidero en la realidad. "Ninguno. Un aviso o un intento, por mínimo que sea, es algo muy grave", asegura García. De hecho, en el Pereira Rossell y los demás centros de salud, el intento de autoeliminación es causa directa de internación.

En 2002, predominaban los suicidios con arma de fuego, pero en 2007 la mayoría recurrió al ahorcamiento, tal vez porque es el método más accesible. Lo mismo pasa con los intentos. La mayoría pertenece a los estratos sociales desfavorecidos, aunque García relativiza con el dato de que la mitad de los chicos vive bajo la línea de pobreza.

Lo más revelador del estudio es la distancia entre los padres y el adolescente. La autopsia psicológica también incluye la lectura de diarios íntimos y se encontró con "vivencias muy depresivas", que los cercanos no advertían en su dimensión. Acontecido el suicidio, "es absolutamente devastador. Cuando un chico se mata, hay algo de la familia que muere con él".

Síntomas

¿Cómo detectar una depresión?

En lactantes. "La aparición de depresión generalmente es consecuencia de un trastorno en el vínculo entre el bebé y sus cuidadores primarios, frecuentemente con la mamá. Un bebé deprimido es un bebé triste y/o irritable, que no se interesa como debería en las actividades normales de su edad. Parecen desinteresados por el intercambio social, y no responden con alegría a la interacción; suelen gemir en exceso. Casi infaltable es que tengan problemas para alimentarse, para dormirse y mantener el sueño. Los bebés deprimidos suelen tener poca actividad motora y no es raro que se enfermen con mucha frecuencia.

En escolares. La tristeza suele ser más claramente percibida. Algunas veces pueden decir directamente que están tristes, otras veces transmiten como pueden esa sensación interna de malestar. Su irritabilidad aumenta, dentro y fuera de casa. Hay una disminución o pérdida de la capacidad de experimentar placer en actividades que potencialmente deberían producirlo. Cualquier frustración los hace sufrir mucho. Expresan con actitudes y con palabras una pobre autovaloración: "nadie quiere ser mi amigo", "nadie me quiere", "soy un burro", "todo lo hago mal". Ocasionalmente hay rechazo a ir a la escuela, pero casi siempre disminuye el rendimiento escolar. En casos severos, pueden aparecer ideas de muerte o gestos de autoeliminación.

En adolescentes. El riesgo de deprimirse aumenta. Por razones tanto biológicas como sociales la adolescencia es una etapa de riesgo. Puede encontrarse al chico o la chica "bajoneados", tristes, apáticos y sin esperanzas, pero hay otros que expresan su depresión a través de comportamientos riesgosos y transgresores y las conductas punitivas pueden agravar el trastorno. El alcohol o las drogas son utilizados por muchos adolescentes deprimidos como una automedicación que, aunque fugazmente, los alivia.

(Psiquiatra Natalia Trenchi)

Teléfonos que logran salvar vidas

En los últimos años, han surgido en el país varias líneas telefónicas para atender emergencias en caso de suicidios. Una de ellas es la de la Asociación Rumbos, una ONG dirigida por las psicólogas Rita Amaral, Nibia Reinaldo y Claudia Vázquez.

Ellas explicaron que las llamadas de adolescentes no son frecuentes, aunque puede darse de algunos padres ante intentos de autoeliminación.

Rumbos hace también lo que se conoce como postvención, es decir, la atención al entorno "sobreviviente" a un suicidio. En varios países, cada vez que se produce un caso de adolescentes, se va al liceo u otros centros sociales frecuentados por el suicida, para mitigar cualquier efecto de emulación.

La psiquiatra Irene García asegura que luego de un suicidio de un joven, la familia queda aislada y culpable.

El teléfono de Rumbos es el 094 020 011 y hay otro servicio de atención (Último Recurso) cuyos números son: 0800 84 83 y 094 440 877.

La plástica como un tratamiento

La psicóloga y escultora Vanesa Riccó coordinó durante cuatro años el grupo "Espacios Creativos", un recurso terapéutico grupal original que integra la plástica como herramienta de trabajo. Funcionó hasta diciembre pasado en Psiquiatría Pediátrica del Hospital Pereira Rossell.

"Participaron chicos entre 10 y 14 años hospitalizados por intento de autoeliminación, abuso, maltrato, trastornos de alimentación, enfermedades médicas o patología quirúrgica, entre otros", dice la experta.

Espacios Creativos está integrado a la propuesta terapéutica del Centro y de hecho se incluyó en el dispositivo de rehabilitación para los adolescentes hospitalizados de la Clínica de Psiquiatría Pediátrica de Facultad de Medicina que funciona en el Pereira. "El potencial elaborativo y terapéutico consiste en un recurso de procesamiento simbólico distinto que se agrega a la elaboración por la palabra. En adolescentes que se comunican mayormente por `actos` (autoagresividad o heteroagresividad), observamos que comienzan a poder hablar y a veces, pensarse".

En cuatro años, han pasado 100 niños y adolescentes. Una vez producidas las piezas plásticas, "no se realiza una interpretación en el sentido analítico del término", dice Riccó. Ella inició una investigación, financiada por la Comisión de Investigación Científica de la Udelar, que busca sistematizar un nuevo abordaje para casos de intento de autoeliminación.

Riccó señala que cada caso es distinto, pero añade algunas características: "Al principio, traen una vasija, un muñeco, cosas conocidas, pero después se lanzan por otras cosas. Otra característica es que las piezas, al inicio, son muy frágiles, se rompen fácilmente y las vamos trabajando para hacerlas más fuertes".

La inflexión escolar, una señal de alarma

De los 38 adolescentes que se suicidaron en 2002, dos tercios había abandonado los estudios y el resto registraba una baja en el rendimiento.

Este fue uno de los datos que resultó de la autopsia psicológica que realizaron los investigadores Irene García y Hugo Rodríguez. "Encontramos una inflexión escolar muy importante, lo que puede ser un efecto de la depresión", dice García, psiquiatra de niños y jóvenes.

A la vez, encontró que la mayoría eran hombres. "Las mujeres intentan la autoeliminación más veces, pero los métodos son menos efectivos", dice Irene García en referencia, por ejemplo, al uso de fármacos.

Del total de casos, solo uno de los jóvenes suicidas estaba bajo tratamiento. "Todavía hoy, la consulta al psiquiatra está como estigmatizada, es para los locos. Muy difícil para los padres pensar en el psiquiatra para un joven", dice la experta. Con respecto a la emulación, es decir, el suicidio por "contagio" de casos en la familia o entorno, la psiquiatra no encontró relación.

La investigación se repetirá con los 44 menores de 20 años que se suicidaron en 2007. El menor era un chico de 9 años. "Esto es lo paradójico del suicidio en los jóvenes. Cuando tienen toda la vida por delante, es como que no se puede vivir", continúa García.

La reflexión lleva a cuestionarse si los niños y adolescentes tienen una idea clara de la muerte. De hecho, algunas veces los suicidios de los más chicos quedan registrados como accidentes porque se especula con que no saben lo que es la muerte, no saben lo que hacen con un arma o un fármaco.

La psiquiatra García opina que los adolescentes parecen que no entienden la muerte como algo "irreversible". "Nos encontramos con casos de chicos con planes, como `salimos el fin de semana`, `hacemos tal cosa` y sin embargo, al poco tiempo se suicidan. Eso es muy llamativo", comenta.

Laura Viola, directora de la Clínica de Psiquiatría Pediátrica de la Facultad de Medicina, hace una consideración parecida para los niños. "No tienen la idea clara de que es irreversible. En la fantasía, ellos piensan en modificar la situación. Después que yo me muera, voy a estar mucho mejor acá".

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar