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Diego Polenta se va; contratistas vienen por más
La fuga de botines
Muchos clubes ya no participan en ciertos campeonatos en los que saben que habrá contratistas internacionales; temen se les lleven sus jóvenes jugadores.

MIGUEL BARDESIO

El uruguayo de 15 años, comprado por el Génova en millón y medio de dólares, confesó miedos y expectativas. Mientras, la Punta Cup reunía cazatalentos de todo el mundo como el que una vez miró y se lleva al propio Polenta.

Zaguero izquierdo, capitán, 15 años, 1,85 de estatura. Lo estudiaron en el Sudamericano Sub 15 y ahora, con 16 recién cumplidos, Diego Polenta se va para el Génova italiano a cambio de 1,5 millones de dólares. Ganará un salario cercano a los 7.000 euros este primer año (luego habrá más) y viaja con madre, padre, madrastra y medio hermano de cinco años: el club les otorga dos casas y tres trabajos para los mayores. Queda solo el perro y la novia, aunque ella podría irse tiempo después. "Ahora, tiene que quedarse a estudiar", dice el joven futbolista.

Hasta ahora, Polenta es el jugador uruguayo más joven que emigra al fútbol del Viejo Continente, la punta visible de una tendencia que sólo puede crecer pues los europeos ya no quieren comprar estrellas, sino formarlas y a menor precio, claro. Acá, la movida se refuerza con el deseo de familias y chicos que ven en los pies del "botija" la salvación económica.

El año pasado, una encuesta del Sindicato Médico reveló que el 9% de los padres uruguayos aspira a que su hijo sea futbolista; son al menos unas 100.000 familias y muchas depositan su esperanza en la pelota y van a las canchas, gritan y alientan porque quieren que sus "pibes" tengan la mayor visibilidad posible. Alrededor de 60.000 niños juegan al baby fútbol, aunque sólo el 0,1% llegará a ser profesional en su hora. Y profesional significa, en la mayoría de los casos, una carrera en equipos uruguayos, sin mayor despegue. De los 350 jugadores que participan de cada campeonato de primera división, unos 30 como máximo se van a Europa. Entonces, las chances de una proyección que empiece en el baby y termine en el fútbol grande son exactamente las mismas que las de ganar la lotería.

Pero hay muy buenos jugadores que tienen las armas para sacar la grande y los contratistas y clubes se lanzan a encontrarlos lo antes posible. El viernes terminó la Punta Cup, un torneo internacional de menores de 18 años desarrollado en Maldonado. "Es como la Copa Libertadores de los juveniles", comparó el brasileño Sandro Orlandelli, observador del Arsenal inglés, uno de los cuadros más competitivos del mundo. Como él, había emisarios de clubes italianos, españoles y portugueses, además de empresarios internacionales y locales como Gustavo Méndez y Gerardo Rabajda, todos observando y apuntando el desempeño de los chicos de 16 o 17 años.

"En nuestros tiempos no era común que hubiera interés en jugadores tan jóvenes, pero ahora el mercado se dirige a ellos. No sé si es un acierto o un error; el riesgo es muy grande, depende de la personalidad del chico, de la adaptación, de la familia; todo eso tiene que tenerse en cuenta a la hora de mandar a un joven a Europa. Si no, es fracaso seguro", opina Rabajda, ex arquero y ahora contratista. En la Punta Cup, Rabajda acompañó y guió a dos empresarios italianos que andaban en busca de talentos: "ellos miran y apuntan. No es que vayan a comprar ahora, pero sí marcarán a algún jugador para hacerle un seguimiento".

Jesús Chalela, psicólogo deportivo que ha trabajado en varias selecciones juveniles, cree que el fenómeno "no se puede parar". Entonces, debe prepararse a los jóvenes futbolistas para una emigración temprana. "Algunos contratistas lo hacen. Tienen grupos de chicos talentosos y recurren a psicólogos para ir manejando la ansiedad y la presión". Y si para un adulto es difícil tomarse un avión, la carga se multiplica para un adolescente. Cambia drásticamente el entorno, el idioma, el régimen de entrenamiento y encima, el jugador adquiere un nuevo rol en la familia: de ser el niño, se transforma en el puntal, el garante de los ingresos principales de la casa.

El fenómeno también preocupa a los clubes uruguayos. No sólo por perder a los jugadores tan jóvenes, sino porque los juveniles no suelen tener una relación contractual con las instituciones y por lo tanto, está el peligro de que se haga la transferencia sin resarcir al club formador. En enero, Defensor perdió a un chico de 14 años, Walter San Martín, que fue adquirido por Inter de Porto Alegre sin que los violetas vieran un peso. Y Manuel Camaño, 15 años y de Danubio, se fue al Empoli en las mismas condiciones. Por esa razón, ambos clubes han resuelto no participar más de torneos internacionales, como la Punta Cup, para "no entregar a los chicos en bandeja" a los contratistas, como dice Fernando Sobral, presidente de Defensor.

"ES MI SUEÑO". La familia de Polenta asegura que pensó en todas las contras, las evaluó hasta que finalmente aceptó la oferta de partir. "Una vez que vimos que él estaba convencido de lo que quería y que allá (Génova) había mejores condiciones de formación para él, como futbolista y culturalmente, no lo dudamos más", dice Alfredo Polenta, padre de Diego en su apartamento del Centro. Él, de 46 años, trabaja en un frigorífico en el área de ventas; su esposa es empleada pública y Margarita, la madre de Diego, también trabaja. Es decir, "somos una familia con fuerte arraigo acá, pero igual resolvimos por él y por la oportunidad, dejar todo". La transacción ya está hecha y el viaje se hará a fines de mayo o principios de junio.

La historia comenzó desde niño. "Siempre soñé con un pase a Europa", comenta Diego. Y su presencia en el Sudamericano Sub 15 de noviembre del año pasado aceleró el sueño. Él fue el capitán y marcó dos goles para el seleccionado que terminó vicecampeón del torneo desarrollado en Porto Alegre.

Ya a la vuelta, en el avión, empezaron a sonar los celulares. "Eran empresarios que querían representarlo porque había ofertas del exterior. No podíamos creer; siempre pensamos en eso como algo lejano", relata Alfredo Polenta. Barcelona de España, el inglés Totenham, Reggina de Italia y Napoli, además de Génova, eran los equipos que pujaban por el zaguero.

Ante lo increíble y el "no saber nada del ambiente", Alfredo se dirigió a Danubio, el club donde revestía Diego en sexta división. El segundo paso fue elegir a un contratista (Pablo Bentancur) y el tercero, decidirlo. "Nos reunimos todos en la familia y resolvimos acompañarlo. De otro modo, sería imposible. Él solo no puede ir y mucho menos con la situación nueva que lo va a rodear allá, que va a ver otros ingresos económicos, por ejemplo".

Y los "otros ingresos" los manejará el padre. Diego, a su lado en la mesa, asiente y agrega: "Si me quiero comprar algo, hablo con él y lo vemos, pero la idea es guardar para cuando tenga una familia". Y el padre acota: "cuando ahorre un monto considerable y quiera hacer un regalo… una casa para la madre, una casa para el padre, lo veremos, pero estamos hablando de un bien. Lo fundamental, que yo le digo a él, es que tiene que pensar en la familia de él para adelante, para atrás, nosotros, ya estamos más o menos resueltos. Tiene que pensar en lo que vendrá porque la carrera de futbolista es muy corta".

Diego se imagina jugando en Europa hasta los 30 años por lo menos. Después, piensa volver a terminar su carrera en Danubio, el club de sus amores.

¿Miedo? "Yo me tengo toda la fe", asegura el zaguero. Y el padre reconoce que es una apuesta con sus peligros. "¿Y si no se adapta? ¿Si no nos adaptamos como familia? Es una posibilidad, pero te aseguro que vamos hacer todo lo posible para que salga bien y él esté contenido y acompañado", señala el padre. A la vez, él cree que será mejor una partida ahora, cuando Diego vaya a jugador todavía en juveniles del Génova y para cuando ingrese a primera, tendrá al menos dos años de experiencia en Europa.

Danubio y Pablo Bentancur le propusieron esperar por la razón de que más adelante, Polenta puede adquirir una cotización mayor al U$S 1,5 millones en que fue vendido. Pero la misma familia se movió para alcanzar el pase. "Puede ser que ellos tengan razón, pero lo que es uno de los tantos negocios para Danubio y para el contratista, es el único para Diego. Hoy se dio que fue a la selección, fue capitán, jugó increíblemente, pero si mañana no se da. ¿Qué hacemos? Todos se van a olvidar de él. Así es el fútbol".

IDENTIDAD EN RIESGO. Otra de las contra que escuchó la familia Polenta fue que con esta tendencia de emigrar tan jóvenes, pierde el fútbol uruguayo y su identidad, pues los chicos se forman en otro lado. Diego Polenta dice que siempre que lo llamen, acudirá a la selección. Es lo que puede garantizar.

Fabian Coito es el entrenador de la Selección Sub 15. Además del caso de Polenta, la participación uruguaya en el Sudamericano de Porto Alegre disparó interés internacional al menos por otros cinco jugadores. "Me sorprendió por la edad de ellos, 14 o 15 años, pero no por el rendimiento que fue excelente", asegura el técnico.

Coito asegura que la presión y la ansiedad por un pase puede influir negativamente en el rendimiento de un jugador tan joven. El psicólogo Chalela opina de la misma forma y de hecho, él ha atendido a juveniles con cuadros de ansiedad y también depresión, cuando las cosas no salen tal cual lo soñado.

"Es muy peligroso. A los 15 años no está formada del todo la personalidad y a veces, la mayoría, el mercado no tiene en cuenta el proceso de maduración del adolescente", añade el psicólogo.

Diego Polenta es un gran zaguero, tal vez el mejor de su generación, pero también es un adolescente. Como todo chico de su edad, siente deseos de salir un fin de semana con sus amigos, aunque es consciente de que la mayoría de las veces (por entrenamientos o partidos) no puede. "Si elegí esto, sé lo que puedo hacer y lo que no y lo acepto".

EL ROBO DE JUGADORES. El viernes terminó la quinta edición de la Punta Cup, un torneo internacional de clubes para menores de 18 años. Por el nivel competitivo, el certamen se ha transformado en una de las principales vidrieras sudamericanas de jugadores juveniles. Y de hecho, en las tribunas estuvieron al menos 20 observadores y empresarios internacionales tomando nota.

En esta última edición, participaron equipos de Brasil (Inter, Gremio), México (América) y también varios uruguayos (Nacional, Peñarol, River Plate y Miramar, entre otros) junto a formaciones locales de Maldonado. "En total, juegan 700 chicos", asegura Diego Pereira, uno de los organizadores del evento.

Danubio y Defensor fueron invitados, pero se negaron a entrar en la competencia. "No queremos seguir mostrando jugadores por lo menos hasta que las cosas no se aclaren", asegura Arturo del Campo, presidente de Danubio. Los juveniles no tienen contrato y estarían expuestos a que un representante los lleve sin pagar nada.

Como ya hay antecedentes, la Asociación Uruguaya de Fútbol envió un proyecto a la FIFA para que se reconozca la figura del contrato de aprendizaje y formación. "La idea es que apenas ingrese el chico, los padres firmen ese compromiso que los obliga a responder al club", asegura Hernán Navascúez, abogado y secretario de la AUF.

Pero el principal problema es la Selección Nacional, allí están los mejores entre los mejores y cada vez que participa de algún torneo, se llena de observadores en la tribuna. "Ahora tenemos un problema. Lo que antes era un orgullo, se vuelve un dolor de cabeza: nos citaron a seis jugadores a la Sub 20", relata Sobral, presidente de Defensor.

Por el momento, la solución que encontraron las instituciones es firmar contrato, por lo menos con los adolescentes con mayor potencial. Sin embargo, un contrato significa al menos 10.000 pesos de sueldo mensual. "No hay club que aguante, no podemos pagarle a chicos de 15 años; el fútbol uruguayo no puede", asegura Del Campo.

Sin embargo, el contrato tampoco es la solución final. Lo explica Sobral: "No es el caso de Defensor, pero qué pasa si yo le digo a un jugador de firmar contrato y me dice que no. O me dice que quiere ganar 60.000 pesos. Además, casi todos tienen representante. Apenas son citados a la Selección, los van a buscar a la casa".

Diego Pereira se lamenta de las ausencias por este fenómeno, aunque asegura que ninguna de las cinco ediciones de la Punta Cup "se ha robado a ningún jugador". "Es algo que no depende de la organización y por suerte nunca nos pasó". Los equipos argentinos, que tradicionalmente participan del torneo, este año y por el mismo problema, resolvieron no venir.

Estudios, futuro y salvaguarda de presiones

"Todavía hoy, en el fútbol juvenil uruguayo, hay técnicos que le dicen a los gurises: `vas a tener que elegir, o estudias o jugás al fútbol`. Ese debate está superado en el mundo, hay que hacer las dos cosas". Así opina el psicólogo del deporte Jesús Chalela.

Diego Polenta que se va con 16 años al Génova italiano reengachará sus estudios secundarios allá. Pasó a tercero el año pasado y este, no comenzó. "Las clases en Italia empiezan en septiembre y estamos sacando los papeles de escolaridad para revalidar allá", asegura su padre.

En los planes de Diego, por ahora al menos, no está el de seguir estudiando más allá de secundaria. "Haría el curso de director técnico o preparador físico", dice.

Para Jesús Chalela, la presunta oposición entre estudio y deporte se terminó en el mundo. "Ahora, los clubes europeos exigen a los chicos que continúen porque la formación intelectual es muy importante, también para un mejor desempeño en el fútbol".

Lo que sí está estudiando Diego es italiano, aunque va por las primeras clases. El resto de los integrantes de la familia también se anotó en el curso.

DESDE NIÑOS. La avidez por nuevos talentos ha llegado a los más chicos. Alfredo Etchandy, además de periodista deportivo, integra la Organización Nacional de Fútbol Infantil y tiene referencias de chicos de 11 o 12 años que ya están "señados" por algún contratista ante una posible proyección internacional futura.

En Argentina y Brasil, los casos son muchos más comunes. Renato Saneto es un cazatalentos brasileño que trabaja para un empresario en Mónaco. Él conoce de dos niños de 10 y 11 años que tienen firmados contratos con un representante a cambio de un salario de 1.000 reales, o sea 12.000 pesos. Los chicos juegan en sus clubes (Gremio e Internacional de Porto Alegre) por un compromiso del empresario de que allí los va a mantener hasta los 16 años.

El psicólogo Jesús Chalela cuestionó la actitud de algunos padres que ven en los pequeños talentos la salvación económica, lo que presiona a los chicos. "La familia debe acompañar el proceso del adolescente".

La cocina de los cazatalentos

ENTRENADOR. Sandro Orlandelli es brasileño, ex jugador de fútbol de salón y director técnico. Desde hace siete años, sin embargo, es uno de los 40 scouter del Arsenal inglés y viaja dos veces por semana a distintos países de Sudamérica para mirar jugadores. Estos días estuvo en Maldonado observando los partidos del torneo juvenil Punta Cup.

VISIÓN. "La tarea es mirar jugadores con potencial para el club. En el fútbol inglés somos muy exigentes. Buscamos técnica, velocidad, actitud ganadora y condiciones atléticas. A veces, hay jugadores muy buenos, pero que no tienen la genética para el fútbol inglés, que requiere de mucha capacidad física", asegura el cazatalentos.

SEGUIMIENTO. "Una vez que encuentro un jugador con talento para nosotros, lo sigo durante doce o quince partidos más, sin que él lo sepa. Realizo informes y un material gráfico. Cuando confirmo que es bueno, lo paso a mi jefe. Hay un jefe de los 40 scouters del mundo. Si él lo aprueba, pasa al director técnico del Arsenal, que tiene la última palabra".

JÓVENES. "Es común que nos interesemos por los juveniles. Tenemos la filosofía no de comprar estrellas, sino de formar estrellas".

RIGUROSOS. "En Arsenal somos muy rigurosos. En siete años, yo he colocado tres jugadores en el equipo. El mexicano Carlos Vela, Denilson y Pedro, dos brasileños".

TESOROS. "En el mundo siempre hay talentos. No descartamos nada, miramos todos los jugadores que podemos. De acá voy a Chile y luego a México".

DESARROLLO. "A menudo, vemos jugadores con talento, pero que le falta maduración. Yo fui entrenador de Kaká, por ejemplo, y Kaká era lento, con mucha técnica, pero lento. Y hoy es otro. A veces, hay que esperar el desarrollo".



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