Dolor y horror de la pasta base

| Blanca Mendoza, la madre del joven que fue muerto por un vecino en Gruta de Lourdes cuando intentaba robar, dijo que la adicción de su hijo "podía más que él".

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Darwin Borrelli

M.B.

Un hombre del barrio Gruta de Lourdes hirió de bala a un joven que intentaba robarle en su casa. La noticia, del viernes de Turismo, corrió por los medios y nació la polémica sobre si había actuado en legítima defensa, sobre la violencia de estos tiempos y la justicia por mano propia. Blanca Mendoza, también de Gruta de Lourdes, escuchó la novedad por tevé pero tenía otras preocupaciones. Su hijo Daniel había salido el día anterior y no solía desaparecer por tantas horas. "¿No será él?", se preguntó. Y buscó y averiguó hasta que dio con el hijo en la madrugada, en el Hospital Maciel, donde ya había fallecido, desangrado.

Cuando recibió los dos tiros, Jonathan Daniel Figueredo Mendoza tenía 22 años, era adicto a la pasta base y poseía tres antecedentes por hurto. "Era un chiquilín bueno, cariñoso, es todo por esta droga de porquería, puede mucho más que ellos", dice la madre, de 58 años.

"Yo hice todo lo que pude", "siempre le hablé", "no me puedo explicar en qué fallé". El relato de Blanca se quiebra a menudo por las lágrimas y revela la durísima historia de convivencia con un hijo adicto. En la casa no quedan adornos, ni cortinas, queda apenas uno de tres televisores, no hay teléfono ni celular. "Todo se llevó. Me doy vuelta y me lleva algo pero llegó un momento en que lo material no me interesaba". Y habla en presente por momentos, como no pudiendo asimilar la muerte del menor de sus cuatro hijos.

-¿Desde cuándo era consumidor de pasta base?

-Hace cuatro años, él tenía 18. Pasé tres meses en Inglaterra con mi hijo mayor que vive allá y cuando no estuve, él empezó. Volví y lo encontré distinto, muy delgado. Andaba con un grupo de amigos y todos cayeron. Algunos salieron después de internarse. Pueden salir. Pero a Daniel le faltaba un empuje duro. Hace un año falleció mi esposo de cáncer y como que a él le faltaba el padre. Quedó muy mal.

-¿Usted le dijo de internarse?

-Sí, muchas veces. Incluso fuimos al médico y hasta teníamos una orden del psiquiatra para una internación obligatoria, pero como es mayor de edad, no pudimos. Él no quería, no tenía fuerzas, no tomaba la decisión. Cuando pasó esto, teníamos el bolso para irnos al Chuy; tengo mi familia allá y él tiene amigos. Íbamos a irnos la noche anterior para sacarlo de este ambiente, pero él me dijo: "Mamá, hoy mejor no, vámonos mañana". Esa noche me pidió para "la última cervecita". Le di: "Bueno, Danielito, pero sabés que no podemos gastar, estamos para irnos, si no nos vamos gateando al Chuy". Se fue y lo esperé, lo esperé...

Últimamente, el joven estaba muy desmejorado. "Su cabecita estaba fuera de sí. Dormía muy poco y le entraba esa ansiedad por consumir, era como un dolor de estómago, horrible. Se mandaba mudar, aunque yo trataba de retenerlo".

-El tenía tres antecedentes...

-Sí, robaba para consumir o porque debía. La última vez que cayó preso fue por entrar a una casa vacía, que la tapaban los pastos, no había nada. Estuvo un mes y poco. Yo no moví abogado porque esperaba que si lo dejaban un poco en la cárcel (Compen) capaz que vuelve más controlable. Cuando quisimos acordar, la jueza le dio la libertad. Pero no era violento, entraba a casas vacías; no sé qué esperaba conseguir. No sabía lo que hacía. Tiene que existir algo para obligarlo a internarse, por más que sea mayor de edad. Porque la cabeza no les da.

-¿Conocía las bocas?

-Del barrio, las conozco todas. Me metía y lo buscaba, a las tres o cuatro de la mañana. Ahora no fui porque estoy mal del pie y casi no puedo caminar, si no, ¿qué no voy a ir? Yo ya estoy pegando la vuelta. Si hubiese ido... Él me decía: "Mamá, por favor, no me vayas a buscar". Pero yo iba igual y cuando él me veía, salía y se venía conmigo, rezongando. Una vez, debía 700 pesos al de la boca. Me pidió y le dije que no tenía. Andaba nervioso. Entonces fui a hablar. El de la boca me dijo: "Mire, doña, si él no paga, le pego unos tiros". Le increpé: "¿por qué le das fiado?". Discutimos y me repetía que no le importaba, que le iba a pegar un balazo hasta que apacigüé. "Vamos a hacer un arreglo entre vos y yo, pero no le des fiado. Cobro el viernes y te pago". Otra vez, le di a Daniel un televisor nuevo porque lo tenían amenazado y vinieron a buscarlo.

-¿Discutía mucho con su hijo?

-Sí. En esos tire y afloje que yo no quería que se fuera. Pero él nunca me agredió, como pasa con otras madres. Una vez que le dije: "¿Te querés ir? Andate". Le cerré la puerta, pero al poco rato se la abrí y volvió.

-¿Pensó en echarlo?

-Nunca podría haberlo echado. Algunas madres dicen que les hace bien: que sufran hambre, frío. Pero es duro, no hubiera podido...

-¿Siente culpa por algo?

-Tal vez por darle plata. Pero si no le daba, venían a cobrarle porque igual le daban fiado. No quería que él saliera a buscar dinero por otro lado. Pero hice lo que pude, más de lo que le hablé, imposible. Le pregunté a él: "¡Daniel!, ¿en qué fallé yo?". Pero él me dijo que el que falló fue él; "no, mamá, si no te tuviera, me muero. Vos sos lo único que tengo", me dijo. Pero a lo mejor, no me doy cuenta y fallé como madre. Siempre traté de hablar, siempre atrás de él. Les decía a mis otros hijos: "Ayúdenlo, llámenlo para conversar, que él no se sienta discriminado". Porque cuando no le daban mucho corte, decía: "Mamá, sé que no estoy haciendo bien, que estoy jodiendo a todo el mundo".

-¿Temía lo que luego pasó?

-"Daniel, no te metas en problemas", le decía. "Mirá que la gente no es tonta, se defiende". "No, mamá, quedate tranquila". "Sabés que no me quedo tranquila hasta que no vuelvas". Era algo más poderoso porque él realmente quería que yo estuviera bien, que no me pusiera nerviosa. Era mucho más fuerte, no podía controlarse, si no nunca hubiera entrado a esa casa. Hubiese preferido que se lo llevaran preso. Pensaba que si él se internaba un año, yo podía irme para lo de mis hijos al exterior y trabajar. "Daniel, vamos a empezar una nueva vida. Si te internás, yo voy, hago dinero para recuperar lo que perdimos ¿qué te parece?" Se lo decía para no dejarlo decaer. No sé si pensaría: "Esta vieja, loca".

-¿Entiende al hombre que lo mató?

-No. Capaz que es entendible... que alguien entre a tu casa. Pero matarlo así. Cuando se estaba escapando. La jueza comprobó que a Daniel lo mataron cuando estaba del lado de afuera (ver nota aparte). Después de luchar tanto, que lo maten así.

-¿Tiene algún consuelo?,

-¿Consuelo? No sé. Los médicos me aseguraron que no sufrió. Llegó al Maciel en coma. Ningún dolor. Además, vino un amigo de él, que consumía pero que se internó un año y salió. Me dijo: "Blanca, quédese tranquila, él está descansando porque yo sé lo que es sufrir por eso, sé lo que estaba sufriendo Daniel". Eso me dijo y espero que tenga razón.

Legítima defensa

La legítima defensa se configura cuando una persona, para defender su integridad física, derechos, o los de un tercero, actúa frente a una agresión ilegítima, utilizando un medio defensivo equivalente al que está usando quien ataca, y sin haber sido, quien se defiende, el provocador, dice el abogado Juan Fagúndez.

Por ejemplo, es cuando se está en un comercio, y entra una persona armada que amenaza a los presentes, y el propietario se defiende con otra arma equivalente dando muerte al provocador de la agresión. Por el contrario -indica Fagúndez- entra una persona, y con inequívocas señales de estar alcoholizado grita: "Si no me dan la plata los mato". Si el dueño lo mata no hay legítima defensa. Faltan los requisitos".

Dentro del hogar se presume que quien penetra ilegítimamente pone en peligro la integridad física y derechos de sus moradores. "Se puede actuar dentro de legítima defensa, siempre y cuando se den los requisitos señalados", indica el experto, pero aclara que si alguien está robando una garrafa en el patio, el morador sale, el intruso corre, y el morador le tira un tiro por la espalda, es claro que si bien existe violación con ataque a la propiedad, una vez descubierto, el sujeto decide huir, no operaría legítima defensa. "Si el intruso ataca al morador, éste está legitimado".

Las circunstancias que rodean el requisito de la equivalencia de medios en la efectiva defensa es variable. "Si el intruso pesa 40 kilos, no delata ninguna destreza física, y el morador es un sujeto de 90 kilos, boxeador, no se justifica que le vuele la cabeza. Distinto es que la muerte derive de un cachetazo defensivo que provoque la caída y golpe de la cabeza contra un escalón".

Si una persona mata a un ladrón desarmado en la calle, seguramente deberá enfrentar a la Justicia. "Si una persona cuyo hogar fue violado por un ladrón que sale corriendo, y el morador le dispara matándolo: seguramente tendrá cargos. Los defensores deben buscar las circunstancias que rodearon el accionar, y si existen elementos, argüir legítima defensa. Si falta alguno de los requisitos pero otros están, puede argumentar defensa incompleta, que disminuirá la culpabilidad del cliente. La legislación es adecuada, el problema radica en que es desconocida o peor: mal enseñada", concluye el abogado.

Matador procesado y sociedad sensibilizada

En la madrugada del 20 de marzo, un hombre escuchó ruidos en la entrada de un galpón de su casa. Salió con su rifle, se encontró con un joven en actitud de fuga, y le pegó dos tiros, que lo desangraron hasta la muerte. Daniel Figueroa, 22 años, adicto a la pasta base, huía sin nada, según estableció la jueza Anabella Damasco, y por esa razón no dio lugar a la figura de legítima defensa (Artículo 26 del Código Penal) que alegaba el abogado del morador.

El hecho, con posterior procesamiento por homicidio del dueño de casa, levantó gran polémica, con muchas voces que se alzaron en su defensa. "Es un tema que recrudece cuando se produce un hecho como éste, en el que algunos dicen que no debería ser apreciado por el juez. Y ese es nuestro papel, interpretar en concordancia con la ley", señala la letrada.

En el caso de Figueroa, la jueza concluyó que el joven estaba en posición de huida, bastante lejos de la vivienda, saliendo del predio. "Como era un día de lluvia hasta se podría decir que se había cobijado, había varias construcciones, y además es un lugar bastante abierto con cosas viejas, maderas, envases. Si el presunto ladrón está dentro de una casa puede no existir dudas, pero estamos hablando de una escena en un lugar abierto, en el que el morador lo persigue unos 12 metros y la dirección de los disparos dicen claramente que Figueroa está en posición de huida. Como la gente se encuentra muy sensible con el tema de los hurtos y violencia, obviamente se suscitan comentarios sobre la legítima defensa, pero desconociendo lo que pudo o no haber sucedido en un caso concreto", dice la jueza Damasco.

La legítima defensa es una figura excelente, pensada por el legislador desde tiempos inmemoriales, para proteger el hogar como sagrado inviolable, pero existen excepciones. Como ejemplo, Damasco señala que una persona puede invitar a otra a su casa, con intención de ultimarlo, y luego alegar legítima defensa. "No toda muerte dentro de la casa en la noche responde a legítima defensa".

El caso podría llegar a tener algún atenuante si se verifica que se produjo alguno de los tres requisitos para la legítima defensa.

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