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Los estragos de la erosión
La Floresta se cae a pedazos
Se perdieron tres playas, y ahora corren peligro unas cuantas más, así como viviendas de vecinos, la casa de los Jesuitas y el clásico hotel del balneario. La erosión se está tragando todo. Los lugareños se quejan y, según ellos dicen, hay pasividad de las autoridades nacionales.

MARÍA INÉS LORENZO

Los Jesuitas fueron los primeros que la descubrieron. Allí se instalaron, en carpas, y luego en una casa sobre el mar, que hoy oficia de lugar de retiros espirituales. Pero, en poco tiempo, esa comunidad religiosa podría verse obligada a retornar a sus carpas. O, a buscarse otra casa, que albergue cristianos. La actual sede, ubicada en La Floresta, corre peligro de derrumbe. La erosión ya comió parte de su terreno, así como el de tantos otros que se encuentran sobre la rambla del balneario, que ya perdió tres de sus playas.

Actualmente, el punto crítico se encuentra frente al Hotel, donde la poca previsión humana llevó a que el mar no sólo se tragara las arenas, sino que está haciendo estragos con el pavimento. Apenas queda un metro para terminar su labor. Ya no podrán circular más automóviles tampoco por ese tramo, como sucede en la zona de Villa del Mar, cuyas casas también se encuentran en gran riesgo de caer en pedazos.

Los estudios geológicos realizados concluyen que la erosión se come casi dos metros de calle por año. Con esas cifras, no sería improbable que en cinco años se perdieran quince casas de la costanera Oeste.

No sólo los Jesuitas fueron perjudicados por la erosión del pavimento y las aguas pluviales. Muchos vecinos también se han visto acorralados desde todo punto de vista. Compraron casas sobre el mar que hoy valen una tercera parte de lo que la pagaron. Pero no sólo pesa lo económico. También gravita lo emocional: observan impávidos cómo las aguas (y la "carencia de política urbanísticas", según dicen) se tragan su casita de playa, o el hogar que eligieron para vivir. Luego de casi diez años de presentación de quejas, cartas, estudios geológicos, llamados a la comuna y ministerios, sin obtener respuesta alguna, muchos vecinos resolvieron acudir a la Justicia.

En su mayoría, señalan que no hubo voluntad política de solucionar el problema. "Las autoridades se han lavado las manos", señala Carlos Julio Furtado, vicepresidente de la Liga de La Floresta.

Desde la cartera de Transporte y Obras Públicas, el ministro Víctor Rossi, responde a las críticas. "No es que no se haya prestado atención, sino que la responsabilidad está en quienes realizaron fraccionamientos en áreas que no estaban habilitadas para ello. El hombre no puede disponer caprichosamente de la naturaleza".

ORIGEN. El deterioro de la zona costera de la Floresta no es novedad para nadie. Data de cuarenta años atrás cuando, según algunos expertos, se construyeron tres espigones de 45 metros de largo (construcciones de material perpendiculares a la rambla que sirven para contener la arena) en el Este del balneario. En su origen, los espigones tuvieron un saldo positivo porque impidieron que se acumulara la arena producida por el viento. Fue así que se decidió extenderlos hasta 90 metros.

Pero la alegría duró poco. Ambas obras se realizaron sin tener en cuenta los fraccionamientos y los trazados de las calles, ni tampoco los factores climáticos y topográficos. Con el paso del tiempo, la falta de previsión trajo aparejadas graves consecuencias. Por un lado, la playa se regeneró por completo y, por otro, la arena comenzó a acumularse de manera excesiva, a tal punto que se formaron médanos que hoy alcanzan los cuatro metros de altura. Las casas que están ubicadas en el tramo Este de la costa, que son unos 100 metros aproximadamente, ya no tienen vista hacia el mar.

"La mala urbanización hizo que desapareciera por completo la arena de la zona Oeste", explica el vicepresidente de la liga, Carlos Julio Furtado.

Pero además, ese enclave presenta otro problema grave que son los desagües pluviales. Cuando llueve, por ejemplo, se inundan las calles de toda la zona, no sólo costera sino también la aledaña.

Hasta hace dos años La Floresta no contaba ni con red de saneamiento, ni de evacuación de aguas pluviales. "Las cañerías fueron mal construidas y desembocan directo sobre la costa. Cada vez que llueve, por ejemplo, el agua llega hasta la rambla. Como en esa zona ya no hay arena, el agua erosiona con mayor fuerza los barrancos y los destruye", explica Furtado.

VECINOS SIN ESPERANZA. Graciela Bracho (65) veranea desde hace más de diez años en La Floresta pero ya no disfruta como antes de las vacaciones. Siente impotencia, tristeza y la invade un sentimiento que según ella es peor: la desesperanza. Su pequeña casa de madera, y ventanales de vidrio, está ubicada justo en una de las zonas más afectadas.

Graciela invirtió 70 mil dólares y hoy no vale casi nada. Si la quisiera vender apenas le darían 20 mil, comenta. "Es una situación horrible porque no puedo ni siquiera proyectarme. No sé si dentro de dos años voy a tener hogar o no, y nadie nos dice nada. Sinceramente no veo salida alguna", dice, bastante indignada.

Raquel Nadalig (53), por ejemplo, hace 16 años que decidió irse a vivir con su esposo e hijos al balneario canario y hoy su casa también corre riego de derrumbe. Como otros, tampoco vislumbra alguna solución.

TIEMPO PERDIDO. Tanto vecinos como representantes de la Liga de Fomento de La Floresta no dejaron que las cosas llegaran a su estado crítico actual, sin patalear. Desde 1998 se vienen reuniendo y movilizando para encontrar luz blanca a esa problemática.

Lamentablemente no han tenido eco de parte de las autoridades, aseguran. En nueve años, la única señal que obtuvieron por parte del Ministerio de Transporte y la Intendencia de Canelones fue el silencio. Mientras tanto la erosión de los barrancos avanzaba a pasos agigantados comiéndose casi dos metros de pavimento por año; las escaleras de cemento que conducían a las playas más referenciales del balneario comenzaron a yacer inútiles en la arena, y sobre la Rambla Adolfo Pérez ya no se puede circular en automóviles.

¿La frutilla de la torta? Surgieron nuevos puntos de erosión frente al Hotel. Si no se toman medidas urgentes, el edificio -una referencia para el balneario- podría derrumbarse en menos de cinco años.

Fue recién en 2006 que la comuna canaria comenzó a preocuparse por la situación y contrató a dos ingenieros hidráulicos para que realizaran un estudio sobre la evacuación de las aguas pluviales, que es el tema que le compete directamente. Pero hasta el momento no se han presentado soluciones concretas, y para los vecinos la historia termina siendo siempre la misma: reuniones, charlas, más charlas y nuevas reuniones.

El director de Gestión Ambiental de la Intendencia de Canelones, Leonardo Herou, quien trabaja conjuntamente con los dos ingenieros en la investigación ambiental, explica que la situación de la costa de La Floresta es muy compleja y, por lo tanto, el estudio no puede estar pronto de un día para otro, y mucho menos ponerlo en práctica en forma inmediata. Sin embargo, aseguró que ni bien se finalice esa etapa, prevista para dentro de un mes, los resultados se harán públicos y se comenzarán a realizar las obras adecuadas.

El director de la Dirección Nacional de Saneamiento del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, José Luis Yenta, insistió en que la problemática de los drenajes pluviales es uno de los factores de la erosión, pero no el más importante. "La barranca también se acerca cada vez más hacia los terrenos de las casas y es algo natural. Hasta ahora sólo ha habido acciones mitigadoras", dice.

OTROS RESPONSABLES. Esa erosión de la costa provocada por la acumulación de arena en los barrancos ya no es competencia de la comuna canaria, sino de Ministerio de Transporte y Obras Públicas. "Sin embargo, ese organismo no se ha pronunciado, comunicado o asumido jamás nada", asegura el vicepresidente de la Liga.

La única y última vez que se logró que el ministro Víctor Rossi se comunicara con los damnificados fue el 28 de diciembre de 2006 (casualmente el día de los inocentes, bromearon desde la Liga).

No lo hizo telefónicamente, sino a través de una carta en la que decía: "(…) Debemos saber que no es posible desarrollar una lucha frontal contra obras autorizadas por determinados gobiernos nacionales y departamentales que desafían a la naturaleza y que, por tanto, su solución exige de inversiones que superan ampliamente nuestras posibilidades (..)".

"La erosión de la costa del balneario no es un tema simple", señaló el secretario de la cartera a El País, en una breve conversación telefónica. Indicó también que el MTOP tiene una relativa competencia sobre la problemática, pero que a través de la Dirección Nacional de Hidrografía se han realizado tanto estudios como obras.

Inmediatamente agregó: "Quien recorra la costa verá que hay, desde años atrás, obras de infraestructura que no pudieron parar un fenómeno inexorable de la naturaleza. La responsabilidad está en quienes realizaron fraccionamientos en áreas que no estaban habilitadas para ello. Pero estamos trabajando en ello".

Otros miedos de los habitantes

El balneario La Floresta fue forestado en 1909, y fundado en 1911. Los pioneros en el lugar fueron los Jesuitas, y la primera construcción fue erigida en 1915, antiguamente fue un Hotel y así se le denomina, pero hoy funciona como casino.

El enclave costero está ubicado en el kilómetro 53.500 de la ruta Interbalnearia (pasando el arroyo Solís Chico), y se divide en dos zonas. La primera es al Este, donde se observan casas apretadas, calles pavimentadas y varios comercios. La otra, en el Oeste, se caracteriza por ser más agreste y cuenta con las más grandes residencias.

La Floresta cuenta con unos 2.500 habitantes estables. En épocas estivales, la cifra de veraneantes aumenta la población hasta las 10.000 personas, según datos de la Inmobiliaria Scópice.

En el balneario hay construidas aproximadamente 1.900 viviendas y el 95% de éstas son casas.

Otro de los problemas que también preocupa a los vecinos de la Floresta es la cantidad de robos que se han producido en el último tiempo. Se estima que en dos años casi se triplicaron.

El 90% de los habitantes estables del balneario son personas mayores que están solas. Justamente por ello fue que hace diez años se fundó el Club Vivir, que es un lugar de residencia pensado especialmente para personas de la tercera edad. Al igual que los demás vecinos, ellos también viven la problemática costera con sufrimiento e impotencia. Virginia Machado, encargada del Club expresó: "Son personas que prácticamente se criaron acá y vieron crecer el balneario. Todos estamos afligidos y con temor".

Los gaviones podrían ser una solución

El lugar de la costa más afectada de La Floresta es Villa del Mar, más específicamente la Rambla Adolfo Pérez, que alcanza unos 500 metros y abarca alrededor de 15 casas, según un estudio que encargó la Liga del balneario a Ecoplata (institución multisectorial que investiga problemas ocasionados en el medio ambiente).

Tal análisis desprende que, de ese largo tramo, el lugar más erosionado es donde se ubica la casa de los Jesuitas. Basta llegar al lugar para darse cuenta de esa problemática. Los desagües pluviales ya "comieron" casi 70 metros de costa y más de dos metros de terreno de esa congregación religiosa. "Sentimos gran impotencia porque no podemos hacer nada. Tenemos temor de que la erosión termine destruyendo la capilla", confiesa desde allí el padre Armando Raffo, y agrega preocupado: "A veces tenemos rajaduras en la casa que suponemos que deben ser producto de esa situación crítica".

Según el estudio de Ecoplata, los pavimentos del Oeste no hubieran sufrido una erosión tan acelerada si se hubiera construido sobre la barranca de la zona Sur un pequeño muro con un canal de desagüe para que el escurrimiento de las aguas se dirija hacia el arroyo Solís chico. Pero el director de la Liga local, Luis Óscar Asuagar, cuenta que esas alternativas fueron enviadas a los distintos organismos públicos, pero los vecinos jamás tuvieron ninguna respuesta.

El ingeniero argentino José María Casas, que veranea en La Floresta, realizó una investigación en la cual propone un posible desarrollo de obras de estabilización de suelo mediante el uso de gaviones. Se trata de un elemento estructural de alambre de acero que además de ser de bajo costo, permite permear el agua de manera que no se produzcan desagües pluviales.

Unos son más optimistas, otros recurrieron directamente a la Justicia

La situación de La Floresta es crítica para la mayoría de los pobladores y veraneantes, aunque todavía hay voces optimistas al respecto. Raúl Barañano es uno de los pocos vecinos que aún conserva una cuota de esperanza. Cree que cuánto más se critique o presione a las autoridades, menos resultados positivos se obtendrá de las mismas.

Barañano ha investigado bastante el tema y asegura que para que la costa deje de erosionarse se deben mantener los espigones que están construidos sobre la playa, pero rellenándolos con cemento hasta que lleguen al barranco. Luego habría que colocar arena contra el barranco para que quede el hormigón cerrado, y por último se deberían construir pendientes para evitar la erosión del viento.

Luis Scópice (69), por ejemplo, que vive en la Floresta desde pequeño y además es dueño de la inmobiliaria que lleva su apellido, también tiene una mirada positiva de la situación y opina que el balneario volverá a ser ese enclave elegante y bello que atrajo turismo desde que él tiene uso de razón.

Si bien admite que tanto la compra-venta como los alquileres de las fincas disminuyeron un 20% en los últimos cinco años, confía en que las autoridades no dejarán caer el lugar.

JUSTICIA. Cinco de los vecinos que viven en los enclaves más afectados de la rambla de La Floresta decidieron entablar una acción de amparo en 2006. En la misma se intimó tanto a la Intendencia Municipal de Canelones como a los ministerios de Vivienda y Transporte a cumplir con las construcciones edilicias tendientes a evitar el daño de sus viviendas.

Los vecinos consideran que la zona "está abandonada a la mano de Dios", y que es el Estado quien se debe hacer cargo del problema.

Fue luego de la intimación que la Intendencia de Canelones creó un equipo técnico financiado por el Ministerio de Transporte mediante un convenio con la Facultad de Ingeniería, para estudiar los problemas de la costa.

Sin embargo, aún no hay soluciones concretas, y a esta altura, los vecinos exigen respuestas.



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