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Salud
Hallazgo uruguayo
El médico Ernesto Novoa descubrió nuevos efectos de la terapia celular, vitales para diabetes, Parkinson y Alzheimer.

GABRIELA VAZ

En agosto de 2006, Julio Conzi, diabético tipo 1, recibió la peor noticia: debían amputarle ambas piernas. Pero el diagnóstico no era definitivo. Todavía tenía la posibilidad de recibir "terapia celular", un tratamiento capaz de evitar ese desenlace. Su cirujano vascular apeló a esa última chance y le dijo que fuera a ver al hematólogo e internista Ernesto Novoa, especialista en la materia. El resultado fue inesperado e inédito. El paciente no sólo evitó la amputación, también bajó sus niveles de azúcar hasta normalizarlos, sin necesidad de tomar insulina. Dicho de otra manera, y ante la perplejidad de los médicos, Conzi dejó de ser diabético.

Para cualquier especialista, esa es una afirmación apresurada. La diabetes es una enfermedad crónica y no se cura. Sin embargo, el hallazgo clínico que supone este caso puede revolucionar el tratamiento no sólo en diabetes, sino también en Parkinson y hasta Alzheimer.

En eso está ahora Ernesto Novoa, el médico uruguayo que, sin querer, descubrió este camino. Su aplicación ya está patentada en 22 países. Se llama "el Efecto Conzi".

PRELUDIO. Pero para entender bien la historia hay que remontarse al 2003. Ese año, Novoa recibió una invitación del médico español Joan Besalduch para visitar el Hospital de Sondureta, en Palma de Mallorca. "Te voy a enseñar algo que puede servir para curar úlceras arteriales", le prometió el especialista. Así fue que Novoa tuvo su primer contacto con la aplicación de terapia celular a enfermedades no hematológicas, lo que suponía toda una novedad en el campo médico. "Ellos recién empezaban. Allí aprendí la técnica, y la perfeccioné un año después en Nueva York", cuenta el experto uruguayo.

El tratamiento -que en un principio apuntaba sólo a pacientes con diagnóstico de amputación debido a fallas circulatorias severas- consiste en utilizar células madre de la médula ósea del paciente y transplantarlas a sus miembros inferior es (en la pantorrilla, para más datos), dado que la médula tiene células capaces de regenerar cualquier tejido: hígado, grasa, sangre, neuronas, etc.

Ya de regreso en Uruguay, Novoa contactó al médico Ricardo Estela, entonces director del Hospital de San Carlos (Maldonado), para comenzar a desarrollar la técnica, que fue estudiada y aprobada por la Comisión de Ética. El inicio, en julio de 2004, fue desalentador. "El primer paciente que tratamos, un diabético con diagnóstico de amputación, siguió su evolución igual que si no le hubiésemos hecho nada: le amputaron la pierna. Si nos hubiéramos guiado por él, hubiésemos dejado de trabajar ahí mismo", cuenta Novoa. Pero no dejaron. Y en los siguientes 17 pacientes, el tratamiento fue un éxito.

Dos años después, el equipo uruguayo presentó esa experiencia en el Hospital de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en México, lo que motivó la creación de un grupo de trabajo cooperativo Montevideo-Monterrey.

Habían pasado dos meses de ese acuerdo cuando Novoa trató a Julio Conzi. Días después de la intervención, la esposa del paciente llamó al médico para comentarle un dato curioso: los niveles de azúcar de su marido diabético habían bajado. Los médicos siguieron el proceso. Hoy Conzi lleva 12 meses sin recibir insulina. "No sabemos si pasó antes. Simplemente nunca habíamos observado ese detalle", dice Novoa, cuya técnica ya patentada se practica en México, Eslovaquia y Panamá, además de Uruguay.

"Lo que se patentó es la vía de administración: intramuscular tibial posterior. Hasta entonces no se sabía que inyectando células madre en la pantorrilla se podía dejar de recibir insulina. Existen otras terapias celulares para tratar diabetes, pero requieren quimioterapia, cirugía o tienen otras complicaciones, y no son muy eficaces", indica el médico.

La técnica de Novoa se ha aplicado hasta ahora a 165 diabéticos entre México y Uruguay. El 44% de los tipo 1 ya no utilizan insulina y el 85% de los tipo 2 no necesitan más pastillas. "Es una terapia innovadora y está siendo mirada con lupa, para no generar falsas expectativas. Con algunos pacientes va muy bien y con otros no es eficaz. Todavía no sabemos por qué. No es magia", dice el experto, que ahora apunta a Parkinson y Alzheimer.

Por más información. 098 723 098 (Dr. Novoa) o www.cellther.org .

Resultados alentadores

La técnica desarrollada en Uruguay evita la amputación por arteriopatías en el 97% de los casos, calma el dolor en reposo en el 89% y repara úlceras arteriales en el 97%.

En diabetes, se logra un mejor control metabólico en el 80% de los casos, el 44% de los pacientes tipo 1 dejan de recibir insulina y el 85% de los tipo 2 no toman más pastillas.

En Parkinson, el equipo ha trabajado sólo con 15 pacientes: 11 mostraron reversión de la sintomatología en los primeros seis meses.

En Alzheimer, sólo se ha aplicado en dos pacientes hasta el momento, con buenos resultados iniciales.

Intervención sencilla: ambulatoria y con anestesia local

Existen distintas terapias con células madre para tratar la diabetes. No obstante, la técnica uruguaya presenta varias ventajas respecto a las demás: se realiza de forma ambulatoria (dura 90 minutos y no requiere internación); utiliza anestesia local; y no necesita criopreservación ni células madre embrionarias, sino que se implantan células medulares del propio paciente.

Actualmente, el tratamiento se realiza en Uruguay a nivel público -en el hospital de San Carlos y el Policial- y en la clínica Real. Para realizarlo, el paciente debe firmar un consentimiento y ajustarse a los criterios de inclusión. No puede, por ejemplo, tener resistencia a la insulina, una enfermedad de la retina avanzada por diabetes o haber padecido cáncer en los últimos cinco años. "Esta terapia favorece la angiogénesis (formación de nuevos vasos). Si el paciente tiene un cáncer en actividad, esto podría aumentar el tamaño del tumor y a la vez diseminarlo", explica el hematólogo Novoa. Tampoco aceptan pacientes con obesidad mórbida ni fumadores activos. "¿Para qué formar nuevos vasos a una persona que con el cigarrillo destrozará el trabajo en tres pitadas?", justifica el médico.

Entre tanto, dos diabéticos transplantados que a su vez padecían Parkinson mejoraron los síntomas de esa enfermedad en 30 días, por lo que en octubre pasado se creó un protocolo para tratar ese mal y hoy se trabaja con 15 pacientes. Luego se sumó Alzheimer, que es la experiencia más reciente. "Las células madre reparan tejidos que no esperábamos", confiesa Novoa.



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PROTAGONISTA. El hematólogo Ernesto Novoa defiende su técnica, pero aclara que "no es la panacea de las enfermedades incurables".
Foto: El País. Fotógrafo: Andrés Gomensoro.
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