FACUNDO PONCE DE LEÓN
El Plan Ceibal, que busca que cada niño uruguayo posea una computadora portátil, es un proyecto tan importante como necesario. Cuando aparecen iniciativas de este tipo, gobierno, oposición y ciudadanía tienen el deber de actuar mancomunadamente. En ese sentido, todas las críticas y ajustes tienen que tener el objetivo de sumar, de aceitar la implementación y no de frenarla o buscarle rédito personal o político.
En esta línea, quisiera introducir un elemento que no se la ha prestado la atención, que merece y refiere al concepto de analfabeto informático o analfabeto digital, como lo denominó el consejero de Primaria, Oscar Gómez el día que se entregaron las primeras computadoras en la escuela Italia de Villa Cardal, departamento de Florida. ¿Qué significa exactamente ser un analfabeto digital? Una posible respuesta podría parafrasearse así: son analfabetos informáticos los que no saben navegar en Internet, seleccionar información, manejar los programas, los teclados. Es por esto que hay que capacitar a los niños para que sepan vivir inmersos en la información electrónica y desarrollar esto que es más importante que la geografía, la aritmética o el idioma español. Estas palabras están tomadas de declaraciones de responsables del proyecto que a veces cuentan una anécdota para ilustrarlo: al ministro Mujica un amigo le mostró un tractor y le dijo: "¿Por qué no lo manejás?" "No, yo no me animo, porque esto es todo digital, está lleno de botones, no sé usarlo".
Creo que por detrás de esta visión de analfabeto digital hay una confusión. Si partimos de estas ideas, la inmensa mayoría de la población es y será analfabeta informática, con o sin Plan Ceibal. Sacando un pequeñísimo grupo de personas, que son los ingenieros de sistemas y estudiosos del mundo computacional en las distintas ramas, el grueso de la gente utiliza diariamente la computadora sin tener la menor idea de lo que pasa dentro de la máquina. Del mismo modo que son muchas las personas que saben manejar y muy pocas las que entienden el funcionamiento del motor.
La utilidad de la computadora es que es la mejor herramienta para hacer otras cosas que no tienen nada que ver con ella. Los objetivos del uso de la máquina la trascienden completamente. El carpintero se puede pasar horas por Internet navegando viendo cómo se hacen los muebles por el mundo, bajando videos y listas de precios. El médico envía y recibe placas de colegas de otros continentes. El jugador de fútbol mira goles y lee notas de otros jugadores que andan por el mundo. Ninguno de ellos sabe qué hacer cuando un virus ataca o el teclado falla. Ahí, y sólo ahí, recurren a los alfabetos digitales que son lo que saben cómo se formatea la máquina y se le instalan los programas.
Esta es la pequeña trampa que tiene la computadora: su utilidad no es ella misma sino las cosas que ella permite que hagamos. La ministra de Educación y Cultura, María Simon, realizó declaraciones en las que refiere a esta cuestión de que lo importante no es sólo tener la máquina, sino generar saberes para que esa máquina sea útil. Es a este tema donde se debe apuntar.
La pregunta que surge es cultural: ¿cómo despertamos en los niños intereses que los lleven a usar el portátil para aprender más? Aquí no sólo están metidos los planes de estudios y sus contenidos, sino los modos de enseñanza, la manera en que deben instruirse los maestros para a su vez instruir a los niños para que en ellos se despierte el interés y el asombro. Sólo logrando eso el plan Ceibal será el proyecto revolucionario del pueblo uruguayo según palabras del presidente de la República. Y sólo despertando esos intereses los niños y adultos se animarán a apretar los botones.