Despedida "hot" a la soltería

| Más de 150 mil mujeres pasaron Subterráneo Magallanes, reducto de "strippers"; las uruguayas están cada vez más osadas. Crónica de una noche bastante subida.

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CATERINA NOTARGIOVANNI

"El matrimonio no vale si no pasaron por el Registro Civil de Sarandí y por Subterráneo Magallanes", bromea el actor Luis Orpi una y otra vez a propósito de las despedidas de soltera que se celebran desde hace 16 años en su clásico boliche de strippers, en la calle Gonzalo Ramírez.

Al parecer, muchas futuras esposas se lo tomaron en serio. Tanto que en este tiempo fueron cerca de 150.000 las mujeres que eligieron Subterráneo para dar su último adiós a la vida de solteras.

Mucha agua corrió desde aquellos primeros shows en los que tanto los strippers como las mujeres se sentían temerosos: "Hacíamos showsitos de media hora porque queríamos ver qué pasaba", cuenta Orpi, propietario y showman.

Antes, las mujeres concurrían como meras espectadoras y no interactuaban con los bailarines.

Los strippers eran elegidos sólo por su físico y no por sus cualidades para seducir, su humor o su empatía con las damas.

Se presentaba un show más atrevido en el que ellos se metían con todas, sin importar quiénes querían y quiénes no.

El tiempo pasó. Los errores se pulieron y Subterráneo Magallanes se consolidó como el lugar de referencia en ese tipo de espectáculo.

"Hice algunos cambios para adaptar el show a las características de la mujer y la sociedad uruguaya. Si se realizaban como los de Río de Janeiro, la gente se iba corriendo", explica Orpi.

Pero los cambios no sólo llegaron desde adentro. Las mujeres también son otras y la mayoría ya no se limita a mirar. Quieren tocar y tocan hasta las zonas masculinas más impensables. Quieren sentirse seducidas y se dejan. Quieren gritar y lo hacen ("¡Te como todo divino!", por ejemplo). Algunas (las menos) incluso quieren seguir el show en casa. "A esos planteos respondemos siempre lo mismo: acá vendemos diversión. Punto y aparte", acota Orpi con inusual seriedad.

El show se pone más erótico a medida que avanzan los minutos, pasan los tragos y las mujeres se van soltando. A las tres de la mañana del último fin de semana, por ejemplo, la temperatura levantó niveles insospechados.

NOCHE SUBTERRÁNEA. Con aplausos, gritos histéricos y chiflidos de tribuna comienza el show del primer stripper de la noche en Subterráneo Magallanes.

Caracterizado de sadomasoquista, el encapuchado personaje de Matute recorre el local buscando miradas, contorneando la pelvis y golpeando las mesas con un Nunchaku adaptado.

De reojo pero sin pudor, algunas damas le observan las nalgas (al descubierto) y comentan: "divino", "qué fuerte que está" o "que se saque tooodo". AC&DC marca el ritmo del bailarín y de las espectadoras, que aplauden encantadas.

Si bien a esa altura el erotismo ya copó el ambiente, todavía se observan miradas pudorosas, mejillas ruborizadas, bocas abiertas y manos en los ojos. De eso no quedará casi nada cuando sobre las tres de la mañana finalice el show y cada cual vuelva para su casa. Para entonces al pudor y la inhibición habrá que buscarlos con lupa.

Matute el sadomasoquista es seguido de cinco strippers más: un militar, un monje, un "abogado" serio y formal, un dandy negro y el Zorro, cada uno en representación de la fantasía estereotipada.

La noche avanza, los bailarines son cada vez un poco más osados y las mujeres se olvidan de las inhibiciones alentándose entre ellas. "¡Tocalooo!", le gritan a una chica que fue invitada a moverse con un stripper.

Los bailarines despliegan sus artes a lo ancho y largo del sótano. Se acercan a una mesa, invitan a una, le abren las piernas, la levantan de la cintura, la aprietan contra su pelvis y se contornean. Algunas aprovechan y los tocan. Otras los rechazan tímidamente. Cuando las que toman la iniciativa son ellas (hay quienes se suben al escenario), los strippers las invitan gentilmente a detenerse.

En ese sentido son ellos quienes controlan y deciden quiénes, cuándo y dónde se dejan tocar; y está claro que nada sucede sin el consentimiento de la mujer. "Con los años aprendimos a identificar entre el público a aquellas que quieren ser invitadas y quienes no", explica Orpi.

La experiencia también les indica que las más jóvenes son las audaces y que las mayores de 35 prefieren ver el show sin participar. "También vemos más avidez en aquellas que hace tiempo no salen a bailar", agrega.

¡QUÉ ADIÓS! Durante la noche de esta crónica se celebran seis despedidas de solteras, con un promedio de ocho mujeres en cada mesa. Las hay de todas las edades, aunque la mayoría no llega a los 30 años. El contraste de las actitudes salta a la vista. Las más veteranas se pliegan a las bromas de buena gana, pero se mantienen al margen de la acción. Aplauden, festejan, ríen a carcajadas, pero no participan. Si un stripper las invita a bailar no aceptan, y se niegan a todo lo que no sea aplaudir y reír. Las que aceptan, lo hacen ruborizadas y cerrando los ojos, con el mismo gesto de quien busca algo con la mano dentro de un agujero oscuro. Ellas, las mayores, parecen necesitar de un excusa para estar allí: "O venís en una despedida de soltera o no venís", comenta en el baño una cincuentona.

También hay dos mesas de mujeres que no despiden a nadie y que, evidentemente, sólo quieren divertirse. Ellas son las más desinhibidas. Aprovechan cualquier momento para interactuar con los strippers, los miran a los ojos y piden a gritos ser las elegidas para bailar. Ven el show de pie, bailando sensualmente y bebiendo a discreción. "Cuando llegue a casa echo a mi marido", comenta una de ellas en una pausa del show.

El pico de sensualidad se alcanza al final, cuando los strippers salen a escena todos juntos e invitan a bailar a la mayor cantidad de mujeres posibles. Antes de retirarse Luis Orpi entrega una encuesta de opinión. Allí se hacen las preguntas de rigor (edad, profesión, barrio, cómo se enteraron del lugar), y se pide una opinión abierta sobre el show.

Algunas de las respuestas hablan por si mismas: "La mejor noche de mi vida, gracias". O: "Acá tomás, bailás y mirás hombres; ¡estoy en el paraíso!".

"Tu amiga se zarpó"

Todo lo que sucede en Subterráneo está cargado de erotismo porque esa es la idea. Ahora, el juicio sobre si éste es excesivo o no, dependerá de la perspectiva de la espectadora. Ni una sola de las mujeres presentes se retiró escandalizada, aunque era evidente que había algunas más a gusto que otras. Hubo quienes miraron pasivamente y otras que participaron activamente, sorprendiendo incluso a los propios strippers.

Tal es el caso de una joven de no más de 25 años que protagonizó el momento más audaz de la noche. Bueno, el que se sospecha más osado, porque lo cierto es que todo se insinuó, pero nada se vio.

La joven fue invitada a subir al escenario. El stripper la envolvió en una cortina. A la vista sólo quedaba la cara del bailarín, y los movimientos corporales de ambos.

Al terminar, la joven salió con los brazos extendidos, con la actitud de un jugador de fútbol que acaba de hacer un gol. Las amigas celebraron con ella, al igual que el resto de las espectadoras. Cuando el bailarín pasó por delante de la mesa de la chica comentó entre risas: "Tu amiga se zarpó". Carcajadas generales y fin del asunto.

Nadie obliga a nadie, pero la platea que alienta, grita, aplaude y pide más, logra que el ambiente se torne bastante hot. Las uruguayas, sobre todo las más jóvenes, se muestran más lanzadas que nunca.

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