GABRIELA VAZ
Un Enrique Pinti sonriente, amable y dispuesto se levanta puntual de su mesa en el restaurante Las Brisas, del Conrad, para recibir a El País. Llama la atención la palidez de su rostro en medio de tanto turista bronceado, pero él lo aclara apenas se sienta bajo una sombrilla en la terraza del hotel. "No entiendo a la gente que se tira al sol sólo para quemarse. Nunca me gustó. Y ahora, sabiendo todos los problemas que te puede traer, ¡menos!".
El actor de 68 años está en el cinco estrellas puntaesteño presentando Pingo Argentino, un monólogo fiel a su estilo -el que selló con Salsa Criolla-, donde analiza la historia y actualidad de su país con humor y frenética verborragia (ver recuadro), la misma que utiliza para charlar en la entrevista.
Con una carrera de más de tres décadas, y aclamado como uno de los humoristas más importantes de su país, Pinti no parece creérsela en ningún momento. Cuando el grabador se apaga, un hombre que aguardó pacientemente a que finalizara la charla se acerca papel en mano. "Enrique, ¿no me darías un autógrafo para mi hija?" Cuando se va, el actor casi piensa en voz alta: "¡Qué increíble, 20 minutos esperando por una firma! Uno no se da cuenta lo importante que es para la gente. Bueno, si estuviera Sofía Loren, yo también esperaría".
-Sus espectáculos son muy críticos. ¿Se considera optimista?
-Si voy a juzgar por la realidad concreta, soy pesimista. Me pregunto ¿cómo es posible que pase esto? Y no encuentro explicaciones coherentes. Pero cuando trato de ir al hueso de la cuestión, veo que pasa porque se hicieron las cosas mal, no porque tenemos una maldición. Hay una manera de hacerlas bien y eso me hace optimista. Estar sin esperanza es vivir en Gaza, estar a merced de las FARC, con bombardeos que te dejan sin familia, no una crisis económica.
-A esta altura, ¿no le parece que hay un problema estructural?
-Todos los países tienen problemas endémicos. Están disimulados por una economía más fuerte o por un tema de poderes. El otro día un argentino que vivía en Miami se acercó a saludarme y me dijo que el problema de Aerolíneas Argentinas, que yo menciono en el show, es culpa del gobierno y que acá (Argentina) el pueblo no está acostumbrado a hacer juicio, que no hay instituciones que salvaguarden al consumidor. Me dio toda una conferencia acerca de los derechos de la gente en Estados Unidos. Le pregunté qué pasa con los derechos en New Orleans, donde llegó Katrina y te enterás que cinco millones de personas viven en la pobreza. "Eso es política", me dijo. ¿Nada más? Eso invalida a un país de la misma manera que a nosotros nos invalida la desorganización. ¿Cómo "es política"? Eso de (imposta la voz) "en Norteamérica, te doblás un pie en un shopping, hacés juicio y, ja, sabés cómo lo ganás". Y ahora se quejan de que acá está naciendo una industria del juicio, porque así el país no va para ningún lado. Hay un montón de gente que es detestable porque vive hablando mal de su país, glorificando a los otros, donde pasan cosas que no podés creer.
-¿Habrá un tema de personalidad? Se dice que Argentina es un país esquizofrénico…
-Totalmente. Ese es uno de los problemas graves, tener todo y no saberlo aprovechar. "Yo no fui", "yo no lo voté", "a mí no me interesa"; es esquizofrenia. Por eso el argentino da una imagen falsa, de un fanfarrón que se cree lo mejor del mundo, y no lo es. Es una persona insegura que para afuera dice "somos los mejores" pero cualquiera que haya pasado a cinco cuadras de un psicoanalista sabe que eso no es más que una coraza para disimular un complejo de inferioridad. El otro día me preguntaron qué opinaba de lo que dijo Moria Casán, de que la temporada es ella en Buenos Aires y que en Mar de Plata hay cornalitos. Y dijo que la persona que tiene que aclarar que no es un cornalito, ¡es un cornalito! Lo que le pasa a muchos argentinos es que sienten que tienen que aclarar, "mirá que no somos el tercer mundo, mirá que Buenos Aires está a la altura de París, mirá, mirá…"
-Benedetti escribió que un uruguayo es un argentino sin complejo de superioridad...
-Es que somos muy iguales. Pero evidentemente el uruguayo tomó más contacto con la realidad y dijo: "Si digo que soy el mejor país de Sudamérica voy a hacer un papelón. Asumamos lo que tenemos". Los uruguayos son más tranquilos, hablan más bajito, no dicen tanta mala palabra. Igual, todo cambia, porque la epidemia cunde y la mierda se contagia. Los chilenos eran así hasta que tuvieron un boom económico y ahora son argentinos con otro acento, y tienen una soberbia igual a la nuestra en la época en que éramos el granero del mundo. Creo que tiene mucho que ver con el desarrollo económico de un país. El día que tengan un boom se convertirán en argentinos, insoportables, si total estamos ahí.
-¿Alguna vez estuvo de acuerdo con el "Que se vayan todos"?
-No, nunca, porque eso es imposible, anárquico, absurdo. Sí estuve de acuerdo con que se vayan los que no sirven, que son muchos.
-¿Qué opina de la elección de Cristina Kirchner?
-Es continuidad. Hay cosas que se mejoraron, unas siguen igual y otras peor. Va a seguir con las mismas pautas: la prepotencia, la omnipotencia, el creer que tienen la verdad, la excesiva ambición, que lleva, parece ahora, a que los patrimonios aumenten de golpe. No teníamos mucha opción. La gente estaba arrinconada y no sabía qué elegir. Todos los de centroderecha se sacaron la leche votando a Macri para el gobierno de la ciudad. Para el gobierno nacional no había otro candidato con potencia, entonces la gente eligió lo malo conocido y no lo bueno por conocer.
-¿Se siente un poco "terapeuta" de la Argentina? Sus shows tienen algo de catártico.
-Mucha gente me toma así. Cuando hice Los Productores había gente que me reclamaba eso y yo respondía: "Señora, si soy una especie de remedio, usted me está cagando". Soy actor y no renuncié al género. No me jodan con que la farmacia está cerrada. En julio voy a hacer Hairspray en Buenos Aires, y seguramente habrá una cola de damnificados que me reclamará: "¿Y nosotros, qué hacemos con Cristina Kirchner?". Uno no puede ser un consultorio ambulante. Pero, aunque no me lo propuse, mis espectáculos funcionan así.
-¿Tiene plazo para retirarse?
-No, para nada. Me van a tener que sacar a patadas del escenario, cuando me quede sin público. Soy más del estilo China (Zorrilla), que sigue y sigue laburando, porque si no, "¿qué hago?", dice ella. Y yo pienso igual: ¿qué hago?
Lo dijo
"El argentino da una imagen falsa, de un fanfarrón que se cree lo mejor. Cualquiera que haya pasado a cinco cuadras de un psicoanalista sabe que es una coraza para disimular un complejo de inferioridad".
"(Cristina Kirchner) es continuidad. Va a seguir con las mismas pautas: prepotencia, omnipotencia, creer que tienen la verdad. No teníamos mucha opción. La gente eligió lo malo conocido".
"No tengo plazo para retirarme. Me van a tener que sacar a patadas del escenario, cuando me quede sin público. Soy del estilo de China (Zorrilla), que sigue y sigue laburando, porque si no, ¿qué hago?".
Argentina es un pingo maltratado
En Pingo Argentino, Pinti analiza una vez más la historia de su país, y la aplica a la actualidad. Es una alegoría del caballo y el jinete donde el caballo es la Argentina y el jinete representa al pueblo, el gobierno y la oposición.
"Argentina es un pura sangre, tiene todo para triunfar. Pero el jockey es tan pesado como yo, un gordo de 120 kilos sobre un pobre caballo… eso pasa con la Argentina. Un animal noble exigido por una clase política vergonzosa, una oposición bochornosa y un pueblo acomodaticio que vota por el bolsillo. Pero el caballo tiene tanta polenta que nunca se mancó, nunca le tuvieron que pegar el tiro de gracia. Y hemos hecho de todo para joderla. Después del corralito, hasta yo, que soy algo optimista, pensé "de esta no salimos más". Mientras dormimos, el país crece y cuando nos despertamos, lo cagamos. Deberíamos tomar un somnífero para dormir seis o siete años y Argentina se iría para arriba".
Con Tinelli hay arte, GH es "bochornoso"
Al hablar de los aspectos más vergonzosos de su país, Pinti también nombra a la "televisión basura", aunque aclara que ésta existe en todas partes del mundo. Cuando escucha que también en Uruguay los programas más vistos del 2007 fueron Showmatch y GH, opina: "Lo de Tinelli no me preocupa, son concursos artísticos. Lo bochornoso son las peleas, pero la base está bien. ¡Había chicas con dos pies izquierdos que lograron milagros! Al menos aprendieron a hacer algo. Sí me preocupa Gran Hermano, donde gente se hace famosa por hacer nada en una casa donde se convive para traicionar, hacer pisar el palito, y para que al más astuto mal, le den 100.000 pesos de premio.
-¿Le gustaría tener lugar en la televisión?
-No en esa. Pero sí, me encantaría hacer ficción. No lo mismo que hago en teatro. Son cosas distintas y lo que digo en teatro en tevé sonaría tremendamente más fuerte, no tendría la misma libertad.