LA NACIÓN/ PAULA CIPRIANI
Hace tiempo que en política el discurso no es lo más importante. Para captar votos no basta con ser locuaz, contar con un buen equipo de colaboradores o proponer el oro y el moro. También hay que lucir bien. Tan importante es la imagen que no hay poderoso en el mundo que no tenga un asesor o un diseñador privado.
Tal es el caso de las mujeres públicas y poderosas que, por un motivo u otro, han decido cambiar la imagen que refleja el espejo. A veces, incluso, lo han hecho de modo radical.
UNAS "LADIES". Las mujeres con poder se alejan cada vez más de los looks masculinos y dejan su femineidad a la vista. Aunque a Condoleezza Rice, una de las más influyentes del mundo, alguna vez la prensa la apodó "el hombre con pollera", esto se relaciona más bien con su política agresiva que con su imagen. Es conocida su afición por la moda y su preferencia por diseñadores como Óscar de la Renta, Giorgio Armani y Salvatore Ferragamo. Y fue noticia por haber sido descubierta en la Quinta Avenida comprando varios pares de zapatos del italiano.
A Condoleezza Rice le gusta verse inmaculada. "Por eso no son pocas las veces que opta por los trajes, más de falda que de pantalón, de St. John, con telas tecnológicas que no se arrugan, y peinados elaborados que la hacen ver prolija durante jornadas intensas", dice Eva Hughes, directora de Vogue Latinoamérica. De esta manera, exclama al mundo que, no por estar rodeada de hombres, es menos fashion.
Esto sucede incluso en las monarquías, donde el protocolo muchas veces limita las elecciones personales y es bien visto recurrir a los grandes modistos locales. Allí, las princesas más jóvenes se toman licencias para crear estilos propios.
Rania de Jordania es el mejor ejemplo. ¿Quién no recuerda su fotografía en la boda de Felipe y Letizia, príncipes de Asturias? Allí se la vio de camisa blanca masculina y falda amplia hasta los tobillos. "Esta elección define su estilo. Es un contraste que funciona bien para la pasarela, pero difícil de llevar en el día a día y, más aun, si se pertenece a la realeza. Ella lo sabe hacer", aprueba Hughes.
También Elsa Serrano pondera su charme. "La conocí en 2004 y es una mujer que impacta. Es la más desestructurada de todas las princesas europeas y logró adecuar las tendencias a sus funciones, con menos kilos que cuando se casó y algunos retoques, todos acertados", dice.
Es que la princesa Rania lleva con la misma naturalidad un traje de chaqueta y pantalón que un vestido de alta costura", sintetiza la consultora de imagen Claudia Servino.
Más clásicas, tanto Mette Marit, de Noruega, y Victoria Désirée, de Suecia, son dos ejemplos de realeza discreta, con inclinación por los tonos pastel y los guantes.
"Mientras que la heredera al trono de Suecia opta generalmente por los vestidos delicados, la princesa noruega hace del uso de sombreros -sutiles y engamados con la ropa para el día, y negros e importantes para la noche- su impronta. Ambas son exponentes de la realeza joven y sobria, pero alejada de los patrones británicos", apunta Iesa Rodrigues, editora del Jornal do Brasil.
MENOS ES MÁS. En tanto, Letizia Ortiz viene modificando su modo de vestir. El cambio más notorio es la incorporación de las faldas. Quienes la siguen desde su época en la pantalla de TVE saben que los pantalones eran su prenda fetiche: negros y con raya diplomática, favoritos. También subió unos cuantos centímetros los tacos, le quitó volumen a su melena y suavizó maquillaje: antes se delineaba los ojos y aplicaba sombras en marrones, perfilaba los labios, los rellenaba en tonos tierra y les aplicaba laca. Hoy usa rubor, máscara de pestañas y gloss labial.
Desde que se convirtió en princesa de Asturias, en cuestión de estilo va a lo seguro con equipos femeninos y discretos, a menudo del diseñador español Felipe Varela; se la ha visto en situaciones informales con ropa de Mango y Zara, sus tiendas favoritas antes de pertenecer a la casa real de los Borbones. Para Servino, uno de sus secretos de vestuario es contar con una buena selección de básicos. No obstante, hay quienes opinan que la transformación final se verá cuando sea reina.
Otra española que está siempre bajo la lupa es la empresaria Ana Botín, hija del banquero más importante de España, y ejecutiva del grupo Santander. "Ella representa a la líder. Siempre con ropa clásica y cómoda, no acostumbra a dar sorpresas con su look. Los trajes en colores pastel, lo que predomina en su armario", opina Hughes. "En cambio, María Aramburuzabala, dueña de la cervecera mexicana Modelo, dio un vuelco importante en su imagen luego de su matrimonio con el diplomático Tony Garza", afirma y agrega: "Así pasó de vestir trajes oscuros a llevar faldas y vestidos de color, mucho más chic y apuntada, sin obsesión, a las revistas de moda."
Menos osada, la alcaldesa de San Pablo, Marta Suplicy continúa con el blazer y pantalón básicos. "Nadie diría por su forma de vestir que en los años `70 hablaba de sexo y feminismo en un programa matutino de la televisión local -dice Rodrigues-. Sin embargo, invierte en cuidar su pelo, siempre rubio, y en tratamientos para rejuvenecer la piel."
PRACTICIDAD CHIC. Para Rodrigues, la precandidata demócrata Hillary Clinton acompaña sus promesas innovadoras con un look algo universitario, como blazers colorados y amarillos. "Con un poco de imaginación, leyendas como Yale o Harvard podrían leerse en sus bolsos -analiza. En cambio, la presidenta Cristina Fernández presenta una exuberancia que puede resultar desconcertante. Hay preocupación por su make-up, el cuidado del pelo, los accesorios..."
Y Hughes tiene su versión: "Hay que tener mucha seguridad en sí misma para llevar un vestido floreado el día en que fue electa presidenta. Otras hubieran optado por la solemnidad del azul o por un traje sencillo".
Son justamente de estos estampados de los que Elsa Serrano abusaría. En cambio, Servino celebra su disposición a la mezcla de texturas, colores y estampados.
Más allá de aciertos, a ninguna de estas mujeres podría pasarle lo que a la ministra chilena de Planificación, Clarisa Hardy, quien presidió un acto oficial con un zapato de cada color.