Para los más veteranos resulta hasta curioso. Aquel viejo muelle, por el que pasaban los veraneantes uruguayos a darse el último baño con la caída del sol, décadas después, con rambla puntaesteña completamente renovada, concentra adolescentes y jóvenes en lo que en su jerga denominan "la previa."
La historia comienza sobre las 8 de la noche, con bizcochos y hasta mate, se interrumpe a las 10 para una ducha, la cena y una siestita, y se retoma después de la una de la mañana. Para ese entonces ya no hay lugar para termos, que se sustituyen por refrescos, cervezas, bebidas blancas, y alguna botella de whisky.
"Venimos aquí porque está la movida, nos encontramos todos," dice un quinceañero del colegio Jesús María. Los hay del British, de los Pilares, del Christian, del Ivy, del Seminario, del Juan XXIII, entre muchas otras instituciones privadas de la capital.
Con edades entre 15 y 18 años, sobre las tres de la mañana, la zona del entorno del muelle hierve de jóvenes. Es cierto que reina la calma, a pesar de que algunos de los chicos están pasados de copas. Otros, en cambio, simplemente se encuentran charlando tranquilos, o encarando a otro grupo del sexo opuesto. "Antes de ir a la Barra está bueno venir acá, hay ambiente, son todos de nuestra edad", dice un salteño, y su amigo montevideano agrega: "Siempre está lleno de gente. No hay quilombo, es tranquilo, y de paso hacemos sociales."
Otro grupo está un poco más exaltado. No miran como tantos la isla Gorriti iluminada, ni susurran en la semioscuridad sentados en la arena. Tienen vodka y gin en la mano, e incontinencia verbal. De todas maneras, no se molestan con otros. Cada uno hace la suya, siempre en los límites de la diversión. No se ve ninguna escena muy fuera de lugar adolescente. Sí, en la arena, se observan los cadáveres de muchas botellas de alcohol.
"Hay que bancar hasta el amanecer, ahora nos vamos para la Barra (no se refiere al lugar con palabras sino que hace señas ondulantes con la mano refiriéndose al puente) hasta las siete de la mañana," señala uno de los que le dio duro al gin.
¿Por qué bebida blanca? "Porque es barata y pega", contesta rápidamente y sigue: "hay que tomar para encarar a las chicas, si no es difícil. Hoy no hay muchas, porque no vale, este país es feminista. En BA las dejaron entrar free (gratis). Lo hacen para que nosotros vayamos atrás y paguemos la entrada. Nos deberían dejar entrar a todos."
El grupo está compuesto por jóvenes, entre 15 y 16 años, que tienen su reflexión sobre el alcohol. "Nuestros padres saben que tomamos un par de cervezas, pero no gin o vodka," dice uno, y otro agrega: "para mi el alcohol es tipo una joda. Te divertís, pero nadie de este grupo, por lo menos, va a ser alcohólico o se va a enviciar. Es para divertirnos en el momento, somos conscientes y nos informamos. No tomamos por placer, o porque nos guste. Sólo para divertirnos y achicar (pasar el rato)."
Un amigo que pasa les pregunta cuando van para la Barra. "Cuando pinte", contesta otro de ellos, y el joven asiente y sigue la marcha.
Los grupos femeninos son más tranquilos, por lo menos a simple vista, aunque también se ven botellas de cerveza en la mano de alguna de ellas. "Nosotras no tomamos, otras sí. Venimos a conocer gente, y a encontrarnos con amigos. Nos gusta el movimiento, la vista que tiene el muelle acá, es re-linda", asegura una joven de 17 años.
Los asiduos al muelle son prácticamente cien por ciento uruguayos. No se acercan ni argentinos ni brasileños. Los únicos que han descubierto el lugar son algunos paraguayos.
DESPUÉS DE LAS TRES. Unos arrancan para la Barra, a "puertear", como ellos mismos dicen, porque en los boliches de esa zona no dejan ingresar a menores.
Otros se dirigen hacia las discos de las paradas Mansa y Brava, pero muchos se van quedando y quedando en Mailhos. "Hemos visto el amanecer varias veces desde aquí, está buenísimo. Además hay chicas que no las dejan ir a bailar, pero sí venir aquí. Así que preferimos quedarnos", explica un joven de 16.
Para las seis de la mañana, los que quedaron en el muelle de Mailhos comienzan a despedirse, y a dejar el reducto para los veraneantes y turistas que en la mañana temprano salen por el ejercicio diario.
"Corte que si"
Cada cinco palabras, los adolescentes largan un "corte que sí", que según ellos no quiere decir nada. "Vamos a la Barra, corte que sí, nos tomamos la combi, y llegamos a las tres y media." El término es la muletilla de Ezequiel, el personaje plancha (tiene un grupo de cumbia) de la tira "Son de fierro".
Veraneantes de antes y de ahora
La playita que rodea el muelle debe su nombre a la familia Mailhos, que veraneaba año a año en la casona de enfrente. Ésta bajaba con amigos, calzada con zapatillas, a pegarse un baño en una suerte de banco de arena que había entonces, al que se llegaba traspasando unas rocas.
Un verano, hace décadas ya, el dueño de casa decidió construir el muelle, que luego quedaría con su apellido, y evitar así tanto trasiego y hasta peligro a través de las rocas. Cada año, colocaba una suerte de escalerita de metal, para luego del chapuzón volver a subir a la muy básica estructura de hormigón. Cientos de uruguayos se encontraban allí, en la tardecita, para el último baño del día.
Con el tiempo, llegó la escollera, las palmeras, las terrazas de madera, los asientos, y los adolescentes se apoderaron del lugar.