Palabras mayores para los más chicos

| Berocay es éxito probado en papel. Ahora, existen proyectos para ver si sus historias serán suceso en cine. Una productora tiene al sapo verde en carpeta.

G.V.

La aventura de una niña rebelde que es enviada a un lugar macabro donde tienen un plan para erradicar niños rebeldes; un manual para aprender a jugar con sapos que no pueden verse a simple vista; la vuelta de un personaje clásico pero esta vez en viñetas... Este año, la pluma de Roy Berocay no descansó. El periodista, músico y escritor publicó sólo en 2007 Juanita Julepe y la máquina de olvidar, Instrucciones para jugar con sapos invisibles y El sapo Ruperto ¡en historieta!, tres libros para chicos en edades bien diferentes.

En los 22 años que han transcurrido desde su primera novela, Pescasueños, escrita para adultos, Berocay ha volcado ríos de tinta, consagrándose como autor para niños con un personaje que se convertiría en ícono de la literatura infantil uruguaya: el sapo Ruperto. Desde entonces, con más de una veintena de títulos publicados, se ha vuelto uno de los escritores más vendidos dentro y, sobre todo, fuera de fronteras, algo a lo que todavía no se acostumbra. "Nunca imaginé que la gente pudiera llegar a reconocerme en la calle. Como cuando voy al supermercado y me paran para decirme algo. Esas cosas me sorprenden mucho", asegura el multifacético autor.

CAMBIOS Y HUMOR. El éxito que le confirió su popular detective verde no lo descansó. Al contrario. "Me aburre hacer siempre lo mismo. Por eso hay seis libros del sapo Ruperto y no catorce", dice el también líder de la banda de rock La Conjura. Y su prolífica producción lo confirma. En poco tiempo, pasó de novelas como Pateando lunas o Pequeña ala, a un humor "más disparatado" con Ernesto, el exterminador de seres monstruosos y otras porquerías, para llegar, este año, a una de sus obras más elaboradas, según él mismo lo entiende. "Juanita Julepe es, en términos literarios, lo más exigente que he escrito. Me propuse ver hasta dónde podía estirar los límites de lo que hacía. Quería subir el nivel de mi escritura, porque así estás aportando algo. Muchos adultos lo han leído y también les funciona".

Si bien la refinación de la pluma es básicamente requerida para los más grandes (Juanita... es una historia para preadolescentes), la creación para el lector más menudo no deja de seducirlo. Por eso este año surgió la idea de volver con el sapo Ruperto, pero en forma de viñetas. "Es un experimento y una manera de abrir otras puertas. Yo empecé leyendo historietas. Me parece que la gente se ha olvidado un poco de la importancia que puede tener la historieta como entrada a la lectura".

A pesar de la diversidad de géneros en los que ha incursionado, hay un común denominador en todas sus obras: el humor. Y lo reconoce como un elemento muy incorporado en su vida. "Tengo un humor medio corrosivo, sarcástico. Pero es una de mis claves, algo que me acompaña cotidianamente. Siempre estoy diciendo bobadas. Es como un mecanismo de defensa, de comunicación, una manera de transmitir cosas que no podrías decir de otra forma. Tiene muchas facetas".

De hecho, el humor inteligente y el apartarse de la moraleja obvia, fue uno de los elementos que distinguió la obra de Berocay en sus inicios; algo así como asumir al niño como un lector pensante y no alguien a quien se puede entretener con lo más fácil. Y sentó precedente, aunque él parece no prestarle mucha atención. "He leído algunos ensayos que me mencionan. Me parece bárbaro, pero no me lo propuse. A veces las cosas salen porque uno está en el momento justo en el lugar indicado. Eso generó que me prestaran atención. Sé que he sido una influencia y me enorgullece cuando alguien me cita como referencia. Pero no me lo planteé. Quería escribir las mejores historias que pudiera, lo demás se fue dando. Tal vez porque no había mucho con qué comparar".

COMPETIR CON POTTER. Si es por material para comparar, hoy hay de sobra. La literatura infantil vive su auge en Uruguay y todos los años hay decenas de textos nacionales a estrenar, producción de las nuevas generaciones de autores que van surgiendo. "¡Me hubiese encantado tener tanto para leer de niño! Me parece que el hecho de que exista esta variedad de material está generando un montón de cosas en los gurises. Ya están empezando a aparecer escritores muy jóvenes que se formaron con esos libros. Está bueno haber tenido que ver con la posible formación de gente nueva. Es como ir pasando la antorcha de a poquito", afirma.

Como en todo negocio, la oferta se corresponde con la demanda, y esa es la otra buena noticia: la sed de los niños uruguayos por historias de manufactura nacional. ¿Cuál es el plus que tienen frente a libros internacionales ultramarketineros? Berocay no duda: la identidad. "Harry Potter puede ser muy interesante, pero en el fondo tiene muy pocos puntos de contacto con un chico uruguayo. Sin embargo, en los libros de acá, los niños se reconocen. Ven su barrio, su entorno, su gente, sumado a la aventura".

Otro factor que incide, según el autor, es el rigor que ha adquirido este tipo de literatura en el país. "Está bien pensada, bien escrita, con el mismo nivel de exigencia que un libro para adultos", afirma.

Pero además, Berocay encuentra una tercera razón para la buena salud de la literatura infantil uruguaya. "Algunos libros míos -como Babú, (1999)- funcionan muy bien en Argentina y México, y acá son un texto del montón. ¿Por qué? Porque sirve mucho para trabajar en colegios, al plantear el tema de la libertad y bla bla. En Uruguay los libros infantiles se escriben para la librería, no para la escuela. Después la escuela los adopta o no. Me parece muy bueno que se haya independizado del tema didáctico. Uno no tiene la obligación de enseñar nada, eso es para maestros y padres. Lo bueno es escribir por placer y que se lean por placer, sin el objetivo de la moraleja".

Berocay es éxito probado en el papel. Ahora, existen proyectos para ver si sus historias pueden llevarse al cine. Una productora argentina y una empresa de animación uruguaya tienen al creador del sapo verde en carpeta, aunque aún sin fechas. Habrá que ver.

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