LA NACIÓN | PAULA CIPRIANI
Nunca es bueno tener el último turno en la lista de entrevistas que una estrella de Hollywood le otorga a la prensa. Pero es mucho menos malo si el actor es simpático, sobrelleva bien su cansancio y se muestra amable, dispuesto a volver a empezar. Es el caso de Antonio Banderas que, al día siguiente de la conferencia de prensa en el hotel Alvear -donde presentó su último perfume masculino, Blue-, habló sobre su incursión en el mundo de los perfumes, su vida y sus proyectos cinematográficos: acaba de terminar el rodaje de una película en Bulgaria que lo mantuvo cuatro meses alejado de su hija, y ya se comprometió a comenzar otro en febrero que lo llevará a Londres.
En sólo cuatro días en Buenos Aires, Banderas se hizo tiempo para reunirse con amigos; visitar la Fundación Garrahan que apadrinó; conocer a la presidenta, Cristina Fernández (le regaló unos aros de zafiro azul), e ir al recital de Serrat y Sabina en la Bombonera. Todo, impregnado con Blue, un bouquet que combina bergamota, cassis, menta, especias y una nota original..., la del capuchino.
-¿Cómo empezó tu relación con la perfumería?
-Un grupo de amigos españoles me propuso comercializar mi imagen. Así surgió mi primer perfume: Diávolo, y mi fundación. Desde el comienzo puse como condición que parte de lo recaudado tuviera fines benéficos. Esto fue hace 10 años y desde entonces participamos de proyectos solidarios en diferentes países. Ayudamos a chicos del Bronx que sufren violencia doméstica, formamos parte de un programa de acompañamiento de menores en Aspen, apoyamos el Festival de Cine Latino de Los Ángeles y, recientemente, acabamos de venir de Chile, donde recaudamos 160.000 dólares para colaborar con Unicef. Ahora, aquí, apadrinaremos dos casas de la Fundación Garrahan, ayudando así a familias que vienen de lejos a costear su hospedaje mientras sus chicos reciben tratamiento. Además, la venta de los perfumes me permite financiar mi productora, con la que hicimos Locos por Alabama y El camino de los ingleses .
-¿Cuál es tu participación en la realización de los perfumes?
-Yo no sé nada de perfumes, pero con los años aprendí que es un mundo mucho más conceptual de lo que imaginaba. El equipo de Puig me pregunta adjetivos que me gustan, como frescura, misterio, complicidad. Por otra parte, debo contarles cómo creo que me ve la gente y cosas por el estilo. Ellos reúnen esa información y al cabo de un tiempo me traen el perfume.
-¿Nunca te pasó que no te gustara?
-No. Es gente experimentada. También se ocupan de las fragancias de Paco Rabanne, Carolina Herrera. Cuando comenzamos, me llevaron a la fábrica, me pusieron delante un maletín con frascos para que los oliera. Creí que me iba a encontrar con flores: por allí, jazmines; por allá, rosas... Pero no. Trabajan con un universo mucho más conceptual. Entonces uno de los aromas era a domingo por la mañana y otro, a sábanas recién planchadas guardadas en un armario del siglo XVIII. ¿Cómo sintetizan esas cosas en una fragancia? No lo sé. Pero hay algo que dice: Sí, puede ser: así huelen los domingos por las mañanas. Convierten las fragancias en otro lenguaje universal.
-Si tuvieras que contar tu vida a partir de aromas. ¿Cuáles serían?
-Bueno, mi infancia está impregnada de olor a mar, a azahar y al incienso que inundaba las calles durante Semana Santa. El de mi juventud es la colonia Agua Brava, el clásico de todos los chabales antes de la discoteca. Nueva York huele a hamburguesas quemadas y a coches, pero me gusta. Y en cuanto al actual, qué te puedo decir. Es Blue: llevo cuatro días oliendo y hablando de este perfume.
-¿Qué es lo que más te gusta de la Argentina?
-De la Argentina me gustan muchas cosas. Es el primer país de América que conocí y eso fue en 1984, cuando vine a trabajar al Teatro Cervantes con Alfredo Alcón. Nunca me voy a olvidar de China Zorrilla queriéndome enseñar a bailar tango, o de las noches locas con Fito Páez yendo a comer a los carritos de la Costanera por la madrugada. Tampoco de los muchos actores increíbles que conocí en España, como Alterio, Politi o Vidarte. Son muchas, muchas, las cosas que me gustan, pero hay algo que disfruto desde el primer día que vine y es ese regusto por la nostalgia que tenéis vosotros para sentir la vida. No sé cómo explicarlo, pero se les cuela por todas partes: en todas las comidas, en todas las reuniones.
-¿Cuál fue tu Navidad más linda?
-Yo soy muy optimista. Para mí la más linda es siempre la última.
-¿Ningún recuerdo infantil de la Nochebuena?
-Tengo recuerdos muy bonitos de los Reyes Magos. Papá Noel no entró en España hasta que no llegaron los americanos. Los 6 de enero eran noches mágicas. Recuerdo una en que tendría 7 años. Estaba acostado en la cama, junto a la de mi hermano, nervioso, sin poder dormir. Entonces entraron mis padres a una habitación contigua a dejar los regalos y hablaron, pero yo estaba tan compenetrado con la llegada de estos tres hombres que no les reconocí la voz hasta años después.
-¿Qué es lo más español que te llevaste a Estados Unidos?
-La paella de Banderas. En mi casa, la comió toda la profesión. Desde Schwarzenegger hasta Salma Hayek. Pero lo más español que me llevé soy yo mismo.