EL PAÍS DE MADRID | FRANCESCA RELEA
La camioneta Suburban blindada espera en el aeropuerto internacional de Cancún. Tres agentes federales -una mujer y dos hombres- me trasladan hasta un discreto restaurante del centro de la ciudad, donde espera Lydia Cacho (México DF, 1963). Los escoltas son el escudo protector de la periodista mexicana ante las temibles amenazas que recibe desde hace dos años.
Hombres influyentes de la política y los negocios suspiran por acallar a esta mujer valiente, que se ha atrevido a denunciar una amplia red de pornografía infantil y lavado de dinero que compromete a destacados nombres de los círculos de poder.
La cara más sórdida de Cancún, un polo turístico de referencia en México, ha salido a la luz gracias a Lydia Cacho. Su caso ha traspasado las fronteras de su país, y ha recibido el apoyo solidario de organizaciones de derechos humanos y de miles de intelectuales y artistas de todo el mundo.
La periodista lleva tiempo en el ojo del huracán. Ha sido víctima de calumnias y amenazas, que se han traducido en demandas judiciales, una detención ilegal ordenada desde altas esferas y un atentado fallido. El fiscal antidrogas José Luis Santiago Vasconcelos reconoce que las amenazas van en serio y pide a la periodista que no baje la guardia.
Ésta es su respuesta: "Siento mi vida secuestrada por este reconocimiento público. Emocionalmente, me siento secuestrada. Es tremendo ir por la vida con tres federales que están pegados a ti todo el tiempo, sin poder hacer una llamada telefónica sin que se enteren de lo que estás hablando, sin tener un solo espacio tuyo. Para quienes han elegido vivir con escolta, como los políticos o famosos, es distinto. Reconozco que con el tiempo he desarrollado algunas herramientas personales para soportar esta situación, pero me cuesta mucho".
FIERAS. En 2005, Lydia Cacho publicó Los demonios del edén, libro que desató el escándalo. Fue cuando los mexicanos se enteraron de la existencia de un tal Jean Succar Kuri, un libanés de 63 años, que llegó a México de adolescente, presumiblemente de manera ilegal. De la mano de contactos influyentes -empresarios y políticos-, hizo buenos negocios como testaferro en Acapulco, y en el sector comercial y hotelero en Cancún.
Pero debajo del empresario se ocultaba una mentalidad perversa y endemoniada, con una debilidad por niñas que acarician la pubertad. Es su otra cara, que extorsionaba sutilmente a hijas de gente conocida de Cancún, a las que ofrecía dinero a cambio de dejarse tocar y fotografiarse con él. "Muchos de los buenos amigos de Succar", escribe Lydia Cacho, "no saben que sus hijas, ya adultas, fueron víctimas".
Durante más de dos décadas, Succar Kuri explotó sexualmente a casi un centenar de niños y niñas en la más absoluta impunidad. La Procuraduría General de la República (PGR) habló de una red de pornografía infantil relacionada con el crimen organizado. Pero las consideraciones de la fiscalía no preocupaban al pederasta, que presume de amistades poderosas como José López Portillo, ex presidente de la República; Miguel Ángel Yunes, ex subsecretario de Seguridad Pública Federal, y Emilio Gamboa Patrón, actual jefe del grupo parlamentario del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Edith Encalada fue la primera víctima en denunciar su violación por parte del empresario desde los 13 años, y la de su hermana y su prima, de 8 y 9, respectivamente. En su declaración aseguró que Kuri contactaba con niñas de Estados Unidos que ofrecía a sus compinches Kamel Nacif, empresario textil; Alejandro Góngora, que fue delegado de Migración y del Seguro Social en Cancún, y Yunes. El nombre de Gamboa, como protector político del empresario, también figuraba en la denuncia de la muchacha.
Con la ayuda de la Fiscalía del Estado de Quintana Roo, Edith tendió una trampa a Succar Kuri y grabó una conversación que los dos mantuvieron en un restaurante del centro de Cancún.
Los agentes de la fiscalía habían instalado una cámara oculta y sembrado el lugar de micrófonos con el propósito de obtener pruebas contundentes contra el hotelero libanés. Mordió el anzuelo.
"Al escuchar ciertas frases perdí el aliento", recuerda Cacho en el libro. "¿Cómo pudo sentarse a grabar a su verdugo?". La víctima y el agresor estaban frente a frente. Con toda parsimonia y sin sospechar nada, el hombre contó así una de sus hazañas repugnantes:
Succar: "Lesly fue a mi casa desde los 8 hasta los 12 años. Se bañaba conmigo, estuvo conmigo mucho tiempo, dormía semanas enteras conmigo y jamás le hice nada".
Edith: "La besabas y la tocabas".
Succar: "¡Te estoy diciendo que eso está permitido! Porque ése es el riesgo de ir a casa de un pinche viejo que está solo, es parte del riesgo; los papás nada más decían: `Me cuida a mi hija`. Eso está permitido. Por ejemplo, yo le digo a Lesly: `A mí tráeme una de cuatro años`, y si ella me dice: `Ya tuve sexo, veo si lo hago o no. Tú lo sabes que esto es mi vicio, y sé que es un delito y está prohibido, pero esto es más fácil, pues una niña no tiene defensa, pues la convences rápido. Esto lo he hecho toda mi vida, a veces ellas me ponen trampas, porque se quieren quedar conmigo, porque tengo fama de ser un buen padre".
El material grabado acabó en manos de la fiscalía, que lo presentó a la prensa como parte de la investigación de una red de pornografía infantil. El escándalo fue de órdago. El pederasta huyó antes de que el juez dictara la orden de captura, y las víctimas sufrieron el acoso de los medios y amenazas de los agresores. "¡Yo no soy a quien deben juzgar!", suplicó Edith.
Las muchachas se refugiaron en el Centro Integral de Atención a la Mujer de Cancún (Ciam), fundado por Lydia Cacho hace 6 años.
Claudia Fronjosá, psicóloga, recuerda que las jóvenes llegaron con gran sentimiento de culpa. "Todo era muy perverso. Succar les decía: `Tú vienes porque te gusta, nadie te obliga, eres una putita…`. Ellas sentían vergüenza, culpa y miedo".
La psicóloga explica que Edith quería acabar con el infierno que vivía con el pederasta. "Le dimos opciones para recuperarse y rehacer su vida". Lydia le consiguió trabajo. Corría 2003 y la chica tenía 21 años. Todo iba bien. Pero los abogados de Succar Kuri y Kamel Nacif pasaron a la ofensiva con amenazas y chantajes a las jóvenes y a sus familias. Edith cayó de nuevo. Inesperadamente, desapareció. En mayo de 2005 concedió una entrevista desde su nueva residencia en Los Ángeles, en la que defendió al pederasta y criticó a Cacho. Una tras otra, las jóvenes se retractaron, y retiraron demandas.
Succar Kuri fue detenido en Arizona a petición de Interpol y fue extraditado a México, donde lo tiene difícil para esquivar una dura condena. Está preso en el penal de alta seguridad en Toluca. Sus amigos de los negocios sucios y la política prepararon la represalia.
Es una lucha desigual, de David contra Goliat. ¿En quién confiar después de tantos meses de lucha? "Instituciones, ninguna. Ni la PGR ni la Corte Suprema. El Congreso, menos. Y de los medios de comunicación, mejor no hablar". En medio de tanta soledad es difícil avizorar el final del túnel. "A veces sí lo veo, y cuando lo veo pienso que la única manera de parar todo esto sería que me mataran. Es decir, no está en mis manos. Otras veces pienso que llegará el día en que podré retomar mi vida. No sé qué realista es eso, no tengo ni idea".
Amenazas, secuestros y corrupción
El 16 de diciembre de 2005, Lydia Cacho vivió la peor pesadilla. Duró 26 horas. Por orden del gobernador de Puebla, Mario Marín, un dinosaurio del PRI, un grupo de policías detuvo, sin orden judicial, a la periodista en Cancún. La acción era ilegal, ya que los agentes actuaban fuera de su jurisdicción. La detenida fue trasladada en un convoy de tres vehículos a Puebla, en un viaje de 20 horas. "¿A qué hora me matarán?, se preguntaba Lydia. Los secuestradores convirtieron el viaje en una humillación y tortura psicológica, con amenazas brutales, como colocar el cañón de una pistola en su boca.
La respuesta de los colegas de la tevé, que difundieron la noticia, cambió los planes de los secuestradores, que recibieron nueva orden. El paso por el Reclusorio Oriente de Puebla fue la última etapa del calvario. Tras la lectura de la acusación, la periodista no tenía ninguna duda de que Kamel Nacif y Succar Kuri estaban detrás de todo.
El verdadero artífice de la detención de Lydia Cacho se descubrió cuando el diario La Jornada difundió las famosas conversaciones grabadas clandestinamente entre el gobernador de Puebla, Mario Marín, y su amigo Nacif, que le llama cariñosamente "mi gober precioso". Las descalificaciones e insultos confirman que ambos decidieron dar escarmiento a la periodista. Nacif expresó a uno de sus interlocutores, el deseo de que Cacho fuera al pabellón de lesbianas.
El "gober precioso" se convirtió en una de las figuras más desacreditadas durante la campaña de elecciones de 2006. La demanda de Cacho contra el caudillo de Puebla llegó hasta la Corte Suprema. Por primera vez, la acción de un particular contra un gobernador está en manos del alto tribunal, que dictaminará si hay elementos para enjuiciar políticamente a Marín. Si así lo estima, el Congreso tendrá que pronunciarse sobre la suspensión de la inmunidad del gobernador.
Lydia se daría por satisfecha con una votación afirmativa.
La situación de los políticos denunciados y que figuran en los sumarios de la fiscalía no invita al optimismo. Miguel Ángel Yunes, ex subsecretario de Seguridad Pública Federal, está al frente de la Seguridad Social en el gobierno de Calderón. "Contra él pesan las acusaciones de la niñas y aparece en videos. No tiene ninguna causa abierta".
Kamel Nacif es, según Lydia, el capo di tutti capi. Pero no tiene abierto proceso. La periodista afrontó dos careos con Nacif, en los que éste profirió amenazas, ante la pasividad del juez. Cacho presentó una demanda penal contra el empresario por tentativa de violación en la cárcel, intento de homicidio en un atentado a su coche y por el contenido de las conversaciones telefónicas. La causa está paralizada.
Por el contrario, Lydia tuvo que pasar por varias pruebas psicológicas por orden de la fiscalía. Incluso después del intento de atentado sufrido en mayo, cuando la camioneta en la que viajaba con sus escoltas perdió el control y el conductor tuvo que frenar en seco. Una llanta posterior estaba mal colocada porque había sido movida del eje y los tornillos estaban aflojados completamente. Los agentes federales confirmaron los peores temores.
Vedada por los medios, escribió nuevo libro y llega al cine
La periodista vive un dilema tremendo. Estar permanentemente en los medios de comunicación es un tormento, pero cuando su nombre deja de estar en el candelero hay que preocuparse. Y esto es lo que ocurre actualmente.
Las puertas se han cerrado en las más importantes cadenas de televisión y emisoras de radio y en los diarios de mayor difusión. Lydia Cacho fue invitada al programa Reporte 13, de TV Azteca, que dirige Ricardo Rocha. Se grabó, pero no se emitió jamás. Los responsables del canal adujeron que conocían la historia de la periodista y que no era conveniente hablar de ella. Lo mismo sucedió en el espacio Shalalá, de Sabina Berman y Katia d`Artigues, en la misma cadena. "Tenemos su expediente", dijeron los jefes.
Igual suerte corrió la entrevista que le hizo Fernanda Familiar para el canal de TV de Radio Imagen. Asimismo, el periodista Sergio Sarmiento comprometió una entrevista con Cacho cuando su programa en TV Azteca cumplió 10 años. "Yo tenía mis dudas y se lo comenté a su asistente. Al día siguiente me llamó para decirme que no había disponible ningún estudio de grabación. Insólito. Nunca me volvieron a llamar".
En Televisa, la cadena líder en México, Lydia Cacho apenas existe, salvo para dos o tres periodistas. El veto adquirió tintes groseros en la transmisión de la entrega del Premio Nacional de Periodismo. Cacho formaba parte del jurado, pero su imagen fue la única que no se vio en ningún momento. Que no se hable del caso Lydia Cacho es un mal escenario, porque sus enemigos pueden sentir la tentación de actuar, amparados en la impunidad del olvido.
Inmersa en esta contradicción irresoluble, Lydia ha decidido contar en voz alta toda su historia, desde el principio y en primera persona, en Memorias de una infamia (Random House Mondadori).
"Escribo este libro para que no prevalezca, como es usual, la versión de los poderosos, de los que siempre ganan. No han podido desaparecerme, pero han intentado -y lo seguirán haciendo- destruirme públicamente", dice la autora en la introducción.
El realizador mexicano Luis Mandoki, acostumbrado durante más de 10 años a las producciones de Hollywood como Atrapada, Mirada de ángel, Cuando un hombre ama a una mujer y Voces inocentes, ha decidido llevar al cine la historia de Lydia Cacho y está en conversaciones para involucrar en la producción a figuras como Jodie Foster y Angelina Jolie.
El festival de documentales DOCS, que acaba de celebrarse en la Ciudad de México, proyectó Los demonios del edén, dirigido por Alejandra Islas y basado en el libro escrito por Lydia Cacho que no sólo desencadenó un escándalo en México sino una verdadera tortura para la periodista.