El verdadero puñetazo

FACUNDO PONCE DE LEÓN

Creo que ya está todo el mundo enterado, por las dudas, lo digo una vez más: la sesión de la Cámara de Diputados del martes siete de noviembre de 2007 terminó en piñata entre Luis Lacalle Pou, Pablo Naya y Hugo Arambillete. Juan José Domínguez no pegó con las manos pero pegó con las palabras. El motivo de la gresca: visiones de los incidentes acaecidos en el Hospital Filtro en 1994 en relación a lo que dice el libro "Cero a la izquierda" de Jorge Zabalza. El diputado Daniel García Pintos fue quien sacó el tema en la sesión. Tres comentarios.

Primero. ¿Por qué tienen que hablar de ese libro en la Cámara de Diputados? Si el libro de Zabalza revela aspectos importantes del pasado, el ámbito de la sesión parlamentaria no es el lugar para discutirlos. Si se cree que el libro denuncia algo relevante se debe ir a la justicia y no al Palacio Legislativo. ¿Por qué hablan de lo que pasó en 1994 en el Hospital Filtro? ¿No hay nada más importante para discutir?

A propósito, ¿qué se hace en una Cámara de Diputados? Es una pregunta que de tan obvia nadie sabe responderla. El miércoles, después del insuceso, el diputado Lacalle dijo que asistió acongojado a la Comisión de Concesión y Códigos. ¿A dónde? ¿Quién creó esa comisión? ¿Cuáles son sus objetivos? ¿Qué plazos tiene y para lograr qué? ¿Cómo informa de sus logros y a quién le informa?

Los parlamentarios de todos los partidos deberían saber que para nosotros es un enigma lo que hacen, que en las imágenes siempre parecen charlas interminables donde se resuelve poco, y que si va el suplente o el titular da lo mismo. La política es el arte de resolver las tareas de la comunidad. Es una actividad muy noble y requiere entre otras cosas de los dotes de la buena comunicación. La clase política debería saber que parte de su crisis es porque no saben explicar lo que hacen ni para qué sirve.

Segundo. ¿Por qué la primera reacción de los partidos es defender a sus implicados? Forma parte de esa absurda idea corporativa de que lo primordial es defender a los de mi bando.

Enseguida del lío, la bancada del Partido Nacional lee un comunicado de respaldo a su diputado donde tilda de "inadmisible la provocación de la que fue objeto".

Por su parte, ni la bancada frenteamplista ni la interna del MPP entiende que deba sancionarse u observarse la conducta de sus integrantes. Le hacen una nota al diputado Ruben Martínez Huelmo (ex blanco hoy MPP) y lo primero que declara es que su compañero Domínguez fue agredido.

Por suerte 24 horas más tarde todos empezaron a hacer mea culpa. Pero da pena que demoren un día en darse cuenta de algo tan evidente.

Tercero. ¿Por qué tenemos esa obsesión con el pasado? ¿Por qué no se agarran a piñas por la planificación del futuro? El verdadero puñetazo de lo que pasó el martes en el Parlamento es volver a darnos cuenta de que el ayer nos ata y asfixia.

Ojo. El pasado no se puede olvidar, es necesario recordarlo y reinterpretarlo para planificar la vida de un país, pero nosotros en vez de esto quedamos anclados mirando para atrás. Discutía con Raúl de todo este tema y él, que vivió los años de dictadura que yo no, me explicaba que no era tan fácil. Es cierto. No es fácil. Pero es necesario. Es un cambio de actitud.

Hay que preguntarse qué Uruguay queremos y desde ahí reconstruir el pasado, pero no al revés. El defecto es la obsesión.

Piñas va a haber siempre, la violencia acompaña al hombre desde sus orígenes. Pero lo importante es poner el acento en otro lado: en proyectar, planificar, emprender, arriesgar un futuro.

Hay que tomar al pasado de la mano y llevarlo para adelante. Los políticos tienen el deber de ayudarnos en esta tarea.

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