GABRIELA VAZ
Existe la posibilidad de que usted sea diabético y no lo sepa. En tal caso, si no consulta a tiempo, para cuando aparezcan los síntomas que delaten la enfermedad, y resulte diagnosticado, puede que sea tarde. Las complicaciones de una diabetes no tratada (o mal tratada, algo también demasiado frecuente) abarcan un abanico tan amplio como tenebroso: problemas renales, infartos, hemiplejias, ceguera, amputaciones y un complejo etcétera.
El panorama se agrava cuando se observan los números. En Uruguay, se estima que el 8,2% de la población es diabética; esto es, algo más de 270.000 personas. De esos, el 90% tiene la patología tipo 2, que es la clase de diabetes que se adquiere por los hábitos, como la mala alimentación y el sedentarismo. De hecho, la mayoría de las personas con ese tipo de diabetes son obesas, aunque también juega el factor hereditario. Es en este grupo donde, de acuerdo a los especialistas, la mitad de los afectados -unas 120.000 personas- no tiene idea de que padece la enfermedad, que crece a un ritmo alarmante en todo el globo y cada vez afecta a más niños. Estudios advierten que un 8% de los uruguayos, adicional a los que ya tienen la patología, tiene serias posibilidades de convertirse en diabético en los próximos diez años.
Este año, por primera vez, el Día Mundial de la Diabetes, que se celebra cada 14 de noviembre, contará con el apoyo de la Organización de Naciones Unidas, y Uruguay será parte de una movida más especial que nunca. El objetivo de las actividades que se realizarán esa semana es difundir información para lograr conciencia pública sobre el tema y exhortar a las autoridades a dar facilidades en el tratamiento y prevención de la enfermedad.
¿POR QUÉ A MÍ? Un día, Bruno Carrattini (19) se levantó con mucha sed y constantes ganas de ir al baño. Venía perdiendo peso desde hacía meses, algo que, hasta entonces, no había llamado demasiado su atención. Pero en su familia había antecedentes de diabéticos y su madre, que conocía los síntomas, no dudó en llevarlo a la farmacia para hacerle un "glucotest", un rápido análisis que mide los niveles de azúcar en la sangre. Lo normal es tener entre 80 y 120 miligramos por decilitro (mg/dl); Bruno tenía 400. "Estaba en el horno. No fue ni necesario hacer la curva de glicemia, que se realiza para los que debutan en diabetes. Era evidente que la tenía", cuenta.
Lo que el chico, que entonces tenía 17 años, no imaginaba era que su vida cambiaría por completo. Se trata de una enfermedad que limita algo más que la ingestión de azúcar.
La diabetes es una patología crónica, que no tiene cura, y con la que "el paciente debe aprender a convivir", indica la médica endocrinóloga Gabriela Mintegui.
Básicamente, se trata de un mal funcionamiento del páncreas, que deja de producir insulina (diabetes tipo 1) o la que produce se vuelve inútil (diabetes tipo 2). La insulina es una hormona que regula los niveles de glucosa (azúcar) en la sangre. Sin ella, es imposible vivir.
Especialistas internacionales consideran que esta enfermedad tiene más de 50 causas. No obstante, algunas están bien detalladas. Por un lado, se habla de virus, infecciones y hasta fármacos que podrían desatar la diabetes tipo 1. "Son teorías. Nadie lo sabe con certeza", dice Mintegui. Por otro, la más frecuente, tipo 2, está fuertemente relacionada con la obesidad y el sedentarismo. También hay un componente genético: familiares con diabetes equivale a más riesgo.
De acuerdo a la patología es el tratamiento a seguir. Mientras los tipo 1 son "insulinodependientes" y deben inyectarse todos los días, los otros se cuidan en base a fármacos, aunque en cierta etapa de la enfermedad suelen necesitar insulina externa también. Y obviamente, ambos deben seguir una dieta estricta, además de realizar ejercicio (actividad que baja la glicemia).
Por eso, los cambios en la vida social, que son los menos pensados a priori, suelen ser los más difíciles de sobrellevar para el diabético. "Yo era un adolescente normal, que los fines de semana me levantaba después del mediodía. Ahora, sí o sí, tengo que hacer las cuatro comidas y dos colaciones. Como tarde, puedo desayunar a las 9 de la mañana. Si me voy a lo de un amigo, tengo que pensar en lo que voy a comer y la dosis de insulina que me tengo que dar. Al principio es una negación. ¿Por qué a mí? Estaba re perdido, no me animaba ni a pincharme solo. Después me estructuró la vida", explica Bruno.
De alguna manera, controlar la enfermedad se convierte en un "trabajo diario", señala su hermana Carolina Carrattini, quien, además de ser celíaca, desarrolló una diabetes hace dos años, pocos meses después que él. "Tenés que estar todo el tiempo haciendo un conteo de los hidratos que vas a consumir. Nadie piensa: `Hoy no fui al club, entonces me tengo que dar más insulina`. La gente cree que cuando te acostumbrás a pincharte ya está, y no, es más complicado. Afecta tu rutina y vida social".
CARÍSIMO. Hasta hace algunos años, la imagen que se tenía del diabético era la de un paciente que terminaba ciego, en silla de ruedas o dializado, afirma Mintegui, docente grado 2 de la Cátedra de Endocrinología y Metabolismo de Facultad de Medicina y consultora en el Diabefón de la Asociación Nacional de Diabéticos.
Hoy, un paciente bien controlado puede transitar la mayor parte de su vida sin las complicaciones propia de la patología (problemas cardio y cerebrovasculares, afecciones renales, pérdida de la visión, amputaciones, impotencia). Sin embargo, en la mayoría de los casos eso no sucede, ya sea por las dificultades del sistema de salud así como por la falta de voluntad del enfermo, asegura la especialista.
La diabetes es la principal causa de nuevos casos de ceguera entre las personas de 20 a 74 años y es la primera causa de insuficiencia renal (responsable del 44% de los casos). Más del 60% de las amputaciones de miembros inferiores ocurren en diabéticos.
Para Mintegui, uno de los principales obstáculos parte de los propios afectados. "Muchos pacientes no se adhieren al tratamiento", indica, al tiempo que reconoce que el sistema no colabora.
En diciembre de 2005, el gobierno promulgó un decreto que establece la exoneración del pago de ciertos medicamentos reguladores de glicemia para los socios de instituciones de asistencia médica colectiva. Los pacientes pueden adquirir las insulinas y fármacos listados en el documento por el valor de un timbre profesional de 12 pesos.
El problema aparece con las tirillas reactivas que se usan para medir los niveles de glucosa en sangre, algo que los diabéticos tipo 1, por ejemplo, deben hacer no menos de cuatro veces por día. En el decreto se especifica que la mutualista debe entregar al usuario un paquete de "al menos 25 unidades" por el precio del ticket de medicamentos (alrededor de 120 pesos, según la institución), cuando el valor en farmacia ronda los 400 pesos. Pero interpretando el decreto a su manera, las mutualistas consideran que si entregan un paquete por mes, cumplen con lo establecido.
"Un paciente que está en Salud Pública a veces nos dice: `no pude venir porque no tenía plata para el boleto`. Imaginate comprar un edulcorante, alimentos dietéticos o fruta y verdura al precio de hoy, y encima los medicamentos. La medicina más barata es la preventiva y no la hacemos. Si les damos tirillas para que se controlen, nunca los vamos a tener amputados, en diálisis, internados, cosas que cuestan muchísimo", sostiene la endocrinóloga Mintegui.
Las trabas burocráticas y comerciales se suman a las económicas, opina Carolina. "Yo estoy en una mutualista pequeña y las tirillas que te dan son superantiguas. Además, cada institución trabaja con distintos laboratorios, entonces yo estoy atada a utilizar sólo las insulinas que ellos proveen. De las que tienen, me sirve sólo una. La otra la consigo por Bruno, que está en una mutualista enorme. ¿Y si no tuviera un hermano diabético? Debería comprarla, y es carísima. Hemos hecho todo tipo de reclamos, pero no hay caso".
A pesar de esas carencias, (al menos hasta que comience a regir la Reforma de la Salud, Carolina no se puede cambiar de mutualista), encuentra algunos beneficios en integrar una institución más chica. "El médico tiene más tiempo para tratarte. En la de Bruno, la consulta con el diabetólogo es un mundo de gente. Aunque quiera, no puede sentarse más de 15 minutos con cada uno. Y no se trata de ir a buscar una receta e irte. El médico tiene que conocerte, escucharte, para saber cómo seguir tu tratamiento. Como en el caso de las hipoglicemias de Bruno".
Carolina se refiere a varios episodios que sufrió su hermano por "pasarse para el otro lado" y tener demasiado bajo el nivel de azúcar en la sangre. Es el otro extremo del "coma diabético". Puede suceder por inyectarse insulina en exceso, hacer demasiado ejercicio o saltearse las comidas.
"Una mañana me levanté y caí doblado al piso, con convulsiones. Fue por estrés, pero también hice hipoglicemias por jugar al fútbol y después salir a correr. Me daba mucha insulina. Tuve que modificar el tratamiento. Pensaba que era como una ecuación matemática, pero no", reflexiona Bruno.
EJEMPLO. La diabetes afecta a más de 200 millones de personas en el mundo y por eso los científicos no descansan intentando encontrar su cura. Por ahora, la esperanza más firme se centra en las células madre, cuyo transplante podría ser vital para los diabéticos tipo 1. Para los otros, existe una cirugía metabólica que se realiza en 5 países.
Mientras tanto, los especialistas recuerdan que con un buen control, el diabético puede tener tan buena calidad como expectativa de vida. Walkiria Coruccini es el ejemplo viviente de esa premisa. Su diabetes se le despertó a los 9 años, meses después de una difteria y una escarlatina. Hoy, a sus 78 años llevados sin complicación, es orgulloso modelo de médicos. "Tengo la suerte de que me felicitan. Tuve un gran doctor, y voluntad. No me dan ganas de comer dulce. Aparte, tengo un marido que me lo pusieron en el camino. Me mira a los ojos y dice: `Walkiria, andá a comer`. Yo a veces me olvido, y él se da cuenta si me baja el azúcar".
Las cifras
8,2% Porcentaje de la población que es diabética en Uruguay, según estimaciones. Equivale a unas 270.000 personas.
50% Porcentaje de diabéticos tipo 2 que, se estima, no ha sido diagnosticado: 120.000 no saben que son diabéticos.
230 Millones de diabéticos hay en el mundo. En 2030, serán 366 millones, estima la Organización Mundial de la Salud.
Conciencia de azul
En diez días, la diabetes será foco de atención en Uruguay y todo el mundo. El 14 de noviembre de 1891 nació Frederick Grant Banting, un médico canadiense que descubrió la insulina. Por tal motivo, en la fecha se celebra el Día Mundial de la Diabetes, que este año, por primera vez, contará con el reconocimiento de ONU.
Cientos de actividades habrá en todo el globo con el objetivo de concientizar a la población. Una consigna será iluminar de azul (color de la campaña) lugares y edificios de los países que apoyan la causa, como el Empire State, las Cataratas del Niágara, el Obelisco de Buenos Aires, la Torre de Pisa o el Cristo Redentor.
Aquí, se iluminará el Obelisco, la fachada del Ministerio de Salud Pública (MSP) y la puerta de la Ciudadela. Ese día también habrá una conferencia en el MSP y se leerá una proclama en las 2.700 escuelas públicas del país.
La campaña llegará incluso al partido Uruguay-Chile. Los jugadores saldrán con globos azules y los soltarán en la mitad de la cancha, contó Diego Paseyro, de la Asociación de Diabéticos.
Una institución en busca de más socios
La Asociación de Diabéticos (ADU), creada en 1951 y pionera en América Latina, cuenta con servicios médicos esenciales para tratar la enfermedad, como podología, nutrición y psicología, pero además tiene dos áreas que han sido declarados de interés ministerial por Salud Pública: el Diabefón y el Club de Cocina y Nutrición.
El primero es un servicio de consulta y asesoramiento en diabetes, que atienden endocrinólogos por el teléfono 9011273. El otro es un curso para aprender a cocinar "en forma sana, variada y económica" para un diabético. La ADU tiene 5.500 socios, muy poco si se considera que en Uruguay hay 270.000 diabéticos. "Estamos en una campaña para captar más, lo que nos vendría muy bien porque nuestras actividades no son rentables", dice el presidente de la institución, Diego Paseyro. ADU se financia a través de la cuota social (90 pesos por mes) y el sello de calidad que brinda a ciertos alimentos. Su única casa está en Paraguay 1273. Por información: 901 6214.