MIGUEL BARDESIO
Es una ruleta. La bolilla gira y cae en un amigo de Humberto que termina internado con una neumonía gravísima; "se muere", opina el médico. Pero Humberto no se convence, quiere más información del sorteo macabro y golpea la puerta de una Ong que trata el tema. Abre Maureen Brenson: se sientan, conversan, una cosa que lleva a la otra, un día que vuelven a verse y ella acepta la invitación a salir y tres meses después, a vivir juntos. Por estos días cumplen 10 años en pareja, están pintando de amarillo su casa en Cerrito y quizá se venga casamiento. Ella tiene VIH desde 1988, pero él nunca contrajo el virus. ¿Cómo? "Condón y cada uno con su cepillo de dientes", responde Maureen, y Humberto agrega: "para mí, ella es una persona normal, igual que yo".
Desde 1983 hasta el 31 de agosto de 2007, el último informe de Salud Pública reporta 10.189 casos de VIH en el país y de ellos, 3.106 se encuentran en la etapa sida, o sea, bajas defensas y alto riesgo de enfermedades asociadas. Por ahora es una epidemia concentrada en trabajadores sexuales masculinos, usuarios de drogas inyectables y presos, aunque de a poco va colocando sus bolillas en la población en general.
Hoy aparecen dos casos al día a influjo de un crecimiento constante año a año. El 66% de los infectados son heterosexuales, primer lugar que le arrebataron a los homosexuales hace 10 años. En ese mismo lapso, los casos de mujeres se duplicaron: en 1997, cuando Maureen y Humberto se estaban conociendo, aparecía una infección femenina cada 4 hombres, pero ahora la relación es 2 a 1 y va por la paridad en breve. En pocas palabras: todos tienen las mismas chances en la ruleta.
Sin embargo, diez años cambiaron la historia también para bien. El amigo de Humberto no mejoraba, la neumonía se lo llevaba, una operación a nivel cerebral lo sacaba de otra complicación; era fuerte, pero se moría, se moría. Y apareció la receta mágica: una novísima combinación de fármacos conocidos como el "triple plan" lo sacó del pozo y lo mantiene vivo hasta hoy.
Entonces la ciencia terminó con el sida como enfermedad mortal. Lo dice el catedrático en infectología de la Universidad de la República: "hoy, un paciente bien tratado tiene asegurada la calidad de vida por más de 25 años. No lo sabemos con exactitud porque los tratamientos están ahora en curso, pero yo atiendo pacientes con VIH desde hace 20 años y están muy bien", señala Eduardo Savio.
Pero el problema no se resuelve en forma tan sencilla. El costo de los tratamientos ronda entre 800 a 1.800 dólares por mes, por infectado. Y ahí el sida pasa a ser más un tema económico. Ahora es la raíz de un conflicto judicial que mantiene un grupo de pacientes contra el Ministerio de Salud Pública (MSP) por la compra de medicamentos copiados (ver nota aparte).
También existen otras derivaciones, las sociales, que complican la vida de los infectados. El 35% de los uruguayos dice que las personas con VIH tendrían que abstenerse sexualmente y el 68% expresa que no deberían tener hijos, aún cuando con los nuevos tratamientos, las chances de transmisión madre-hijo son ínfimas. La encuesta la encargó la cartera sanitaria a principios de año.
En definitiva, la muerte dejó de ser el principal escollo de la epidemia, lugar que ahora ostenta la desinformación y discriminación. En 24 años de VIH en el país, murieron 1.579 personas de sida, 10 veces menos que los fallecidos por causa cardiovascular al año. María Luz Osimani, directora del Programa Sida del MSP, piensa así: "a muchos los mata la discriminación, en la familia, el trabajo, el barrio".
Maureen tuvo suerte con Humberto y con un único compañero de trabajo que comparte el mate con ella. "Los demás me lo cortan", dice. Y es que la historia del VIH es también la historia de una división que hace del virus un monstruo mucho mayor al que es en verdad.
FRENO 1: EL TEST. Javier tiene 28 años y novia, por lo que su nombre fue cambiado. Una madrugada de lunes, con amigos y botellas de cerveza, salió por Bulevar Artigas y compró sexo con un travesti. Empezaron con condón, pero terminaron sin él por causa que no recuerda. Han pasado ocho meses.
En 2004, un estudio determinó que el 0,45% de los uruguayos padece de VIH, lo que implica 5.000 casos más que los 10.000 registrados: son personas que lo tienen y no saben. Javier puede ser uno de ellos; está asustado, no lo dice a nadie, evita el test porque no soportaría la noticia.
Para fin de año, el MSP lanzará los resultados de un nuevo estudio centinela que actualizará la magnitud del desfasaje entre casos conocidos y desconocidos. Esa es la verdadera base del crecimiento del virus. "Es muy poco probable que una persona que conozca su condición de VIH, transmita el virus, ellos se cuidan más que nadie. En general, lo contagia el que no sabe", indica el doctor Savio.
La clave para atacar la multiplicación es promover el test de diagnóstico, de nombre Elisa. El acceso es gratuito para socios del mutualismo y para quienes porten carné de asistencia de Salud Pública. Eso es un obstáculo porque muchos no tienen ni una ni otra condición; en especial jóvenes, que son los principales afectados por el virus: el 70% de los nuevos infectados tiene entre 15 y 34 años.
Han pasado ocho meses y Javier se arma de coraje y va a hacerse el Elisa a un laboratorio privado en la calle Colonia. Se saca sangre, paga 200 pesos y le dicen que vuelva al otro día por el resultado.
Osimani asegura que uno de los objetivos del MSP es generalizar el acceso al test. "Debemos lograrlo con la reforma de la salud, llevar el análisis a las policlínicas de todo el país y que sólo con la cédula, se lo realicen aquellas personas que sospechan de una posible infección", dice.
Hoy, en el único lugar donde eso sucede es en el Servicio de Infecciosos que funciona en el Instituto de Higiene.
Es el día. Javier recibe el sobre y sale del laboratorio. Se sienta solo en la plaza del Entrevero y lo abre: NEGATIVO.
Maureen no tuvo la misma suerte. En 1990, dos años después de su infección, se lo dijo un médico en Buenos Aires y de la peor manera: "olvidate de tener hijos", le mandó a la joven de entonces 28 años. Ahora, con 44, ella reflexiona: "De cómo recibas la información, depende en gran medida el desarrollo del virus".
Maureen es una de las referentes de la Ong ICW, organización de mujeres con VIH. Entre sus tareas, está la "consejería", que implica acompañar a los nuevos infectados, darles información y derrumbar los mitos.
En Uruguay, existen 33 organizaciones de pacientes, que ofrecen el servicio de modo voluntario en distintos centros de salud. El Programa Sida incentiva el desarrollo de esta actividad como parte de una estrategia mundial contra el bajón inicial a un resultado positivo.
Natalia Lladó, psicóloga del Casmu, asegura que una primera consecuencia muy común en infectados es aislarse. "Se sienten culpables y cortan sus vínculos, pueden desarrollar una depresión, lo que les baja las defensas y tienen mayor riesgo de enfermar. O de padecer problemas para seguir el tratamiento".
El estado emocional para el desarrollo o no de la enfermedad es crucial, asegura Savio. Maureen nunca tomó medicación, ni llegó a la etapa Sida. "Va en un entorno favorable, mi pareja, mis compañeros, el activismo también te pone la mente en positivo", dice ella, que vende artesanías.
FRENO 2: DISCRIMINACIÓN. Florencia tiene el virus desde hace siete años, y meses atrás debió empezar el tratamiento porque le bajaban las defensas. La diferencia tal vez sea que ella tiene un virus más potente. O, a lo mejor, su entorno no es el ideal.
Se infectó en 2000, porque su marido tenía el virus sin saberlo. "Era usuario de drogas inyectables", dice.
Supo del VIH días después del nacimiento de su segundo hijo. Ahí empezó un calvario familiar y laboral. Informó su situación en la empresa que trabajaba como promotora. "Me dijeron que no me echaban, pero si renunciaba me daban un incentivo". Aceptó. En la familia, se lanzaron contra su marido y a ella le cortaron la rueda del mate y su vaso está marcado.
Según una encuesta del MSP, el 29% de los uruguayos considera que los niños con VIH no deben compartir espacios con sus pares, pese a que nunca, en todo el mundo, un niño transmitió a otro el mal.
Juan tiene la doble marca de ser homosexual y portador de VIH, pero no sabe desde cuándo. Cayó en el CTI del Maciel en 1998 con una neumonía que casi se lo lleva. Ahí lo diagnosticaron y es probable que la infección haya ocurrido varios años antes, entre 1992 y 1994. "En ese tiempo, no cuidaba mi vida para nada. Andaba como loco", dice.
Llegó al récord de 15 relaciones sexuales diarias en los "años negros" (como le llama). El día en la playa Miramar, la noche en Parque Batlle o el Prado, que son lugares de encuentro de gays.
Para él, el diagnóstico de VIH fue una "buena noticia". "Un cachetazo que me dio la vida para que me valore". Ahora, a los 46 años, Juan lleva una vida normal. Tiene una pareja bisexual; preservativo y punto.
Pero la pasó mal en aquel CTI. Los enfermeros comentaban: "a estos putos sidosos hay que matarlos". No lo bañaban hasta que finalmente fue trasladado al Servicio de Infecciosos.
FRENO 3: MITO. De la mano de la discriminación, viene la fantasía, historias asombrosas de infecciones generalizadas.
Hace 15 días, estalló el rumor de que había 47 funcionarios infectados por VIH en el Hospital Policial. La noticia corrió por varios medios de comunicación hasta que se aclaró: hubo un solo caso, según el director de Sanidad Policial, Gerardo Almeida.
La directora del Programa Sida, Osimani, tiene su tesis: "sucedió lo que ya ha pasado en muchos lados. El paciente se interna con sida y ahí sus compañeros se enteran. Empiezan: ah, yo me senté en la misma silla, yo tomé mate con él, y así nacen los bolazos".
Maureen se ríe de las fantasías. Pero obviamente, no todo es color de rosa en la vida de un VIH. Ella no le teme a la muerte, pero sí al deterioro físico. En 1990, cuando recibió el diagnóstico, su marido de entonces, Aldo, también dio positivo probablemente por la vía sanguínea, pues había usado drogas inyectables. "Él se entregó, quiso morir". Y falleció en sus brazos en 1992. Prefiere no recordar aquel momento. El martes pasado llegaron los sillones amarillos para el living, ella eligió el color y Humberto se entretiene pintando.
Las cifras
10.189 Casos confirmados de VIH o sida en Uruguay, a agosto de 2007. Hay dos casos nuevos por día en el país.
5.000 Personas que a 2004 tenían el virus y no lo sabían, según estimación. Hoy, la brecha se mantiene y reproduce el VIH.
66% De los casos de VIH en Uruguay se generan por transmisión sexual, sobre todo entre heterosexuales.
18% De las infecciones se producen por transmisión sanguínea, en especial por compartir jeringas.
1,5% De los casos fueron niños infectados por su madre en el embarazo. Con tratamiento, el riesgo es mínimo.
Buscan importar el condón femenino
El Programa Sida del MSP se lanzó a un plan piloto como ensayo del condón femenino. Lo ha repartido a cientos de mujeres, entre ellas trabajadoras sexuales y portadoras de VIH.
"La idea de este estudio es demostrar que las mujeres pueden ir adaptándose, que lo vayan usando y luego negociar con importadores para que lo traigan para el año que viene", dijo la directora del Programa, María Luz Osimani. Nadie importa el condón femenino en Uruguay porque no habría mercado.
Hoy, son 3.232 las mujeres con VIH o sida en el país, el doble que en 1997. El incremento se explica por el crecimiento de la epidemia y porque las paredes de la vagina hacen a la mujer más vulnerable para la infección que para transmitirlo ella al hombre.
Además, en última instancia, el que decide el uso del condón es el hombre. Con el preservativo femenino, justamente, se busca que la mujer pueda resolver ella la protección.
Juicio por los fármacos
El 6 de noviembre ocurrirá la segunda audiencia entre el Ministerio de Salud Pública y un grupo de 11 pacientes con VIH. La razón: el MSP compró medicamentos copiados para tratar a los infectados en lugar de los originales, como hacía hasta el momento.
Un tratamiento con fármacos originales puede costar hasta 1.800 dólares mensuales por paciente. Con las copias, se reduce un tercio el costo, aproximadamente.
La Red de Personas Viviendo con VIH encabeza la demanda y presentó un recurso de amparo. "Para nosotros, no se puede cambiar una medicación que es efectiva por algo que no sabemos cómo va a impactar en nuestra salud", dijo la presidente de la Red, Laura Pérez.
Varios médicos apoyan a los pacientes y alegan que el MSP sólo consideró los costos a la hora de adquirir los fármacos. Los medicamentos ya están comprados por un valor de 3,5 millones de dólares y en breve empezarán a suministrarse.
María Luz Osimani, del Programa Sida del MSP, justifica la compra: "nosotros hacemos control de calidad con todos los medicamentos y no se demostraron efectos adversos en las copias", dice.
En el mutualismo, por su parte, hace varios años que los tratamientos se ofrecen con medicamentos copiados y según Osimani, sólo hubo una denuncia contra un fármaco que fue retirado.
El juez del caso es Pablo Eguren, quien resolvería antes de fin de año.
"Está en juego nuestras vidas, vamos a pelear", dice Laura Pérez.