THE ECONOMIST
Montanhao recibe su nombre de lo que, hasta hace no mucho tiempo, fue un lugar donde se volcaba la basura. Situado en el extremo Sur de San Bernado do Campo, un suburbio de San Pablo, las casas de Montanhao se sostienen en abruptas colinas. Con más de 110.000 habitantes, es uno de los pocos distritos de Brasil, donde la población crece con celeridad. También es uno de los más pobres. Pero no es ni cercanamente tan pobre como lo fue hace una década.
Su calle principal bulle con barracas, comercios, restaurantes y pequeños supermercados. Uno, llamado Día, es parte de una cadena de comercios de descuentos, propiedad de Carrefour. Su competidor más cercano es el Mercado Goncalves, cuyo propietario, Alfonso Goncalves, es ex vendedor callejero y electricista. Desde 1997, su comercio se cuadruplicó hasta ocupar 480 metros cuadrados y hoy vende más de 10.000 artículos. "Aquí hay mucha gente pobre, pero muchos están pasando a la clase media", dice.
La vida en Montanhao es dura. Las aguas servidas corren no muy lejos del supermercado. Algunas casas están hechas de madera. La delincuencia es un gran problema. Dora Jozina Arruda, una joven que tiene un kiosco en la calle principal, afirma que la asaltaron dos veces y quiere mudarse a otro barrio. Algunos residentes se unen para pagar guardias de seguridad y alejar a los traficantes de drogas.
Pero también se advierten los signos del progreso. Ahora, complejos habitacionales como los de las mejores zonas de San Pablo surgen entre las casas de lo que era una favela. Los servicios públicos mejoran con rapidez. Casi todos los habitantes tienen energía eléctrica, agua potable y alcantarillado. Nuevos ómnibus para el transporte de alumnos ascienden y descienden por las colinas. Un clima de optimismo es notorio. "Cada año ha sido mejor que el anterior", sostiene Jozina Arruda. Entre las ganancias del kiosco y el salario de su marido, quien es guardia de seguridad en un banco, tienen ingresos mensuales de entre U$S 900 y U$S 1.000.
CAMBIO. Son integrantes de una nueva clase media que está surgiendo casi de la noche a la mañana en la mayor parte de América Latina. Millones de personas son las principales beneficiarias de la estabilidad económica conquistada con sacrificio y del reciente crecimiento económico de la región.
Al dejar atrás la pobreza, crece un mercado de consumo donde durante mucho tiempo fue notorio el contraste entre una pequeña élite privilegiada y la mayoría pobre.
La clase media que emerge ahora es muy diferente a la de otros tiempos. Es una clase media baja. El ex presidente de Brasil, Fernando Cardoso, quien es sociólogo, apunta que esa clase está más relacionada con el mercado que con el Estado. Muchos de sus integrantes tienen pequeñas empresas, como Goncalves. Otros actúan como consultores de compañías más grandes.
En México, de acuerdo con lo que señala el politólogo Jorge Castañeda, parte de la nueva clase media proviene de la economía informal, y otros, de nuevas industrias o de empresas de servicios. Es una clase menos concentrada en Ciudad de México, y menos pulida cultural y socialmente que su predecesora.
Esta tendencia logró el mayor avance en Chile, pero tiene sus características más impresionantes en Brasil y México, que suman más de la mitad de los 560 millones de habitantes de América Latina.
En Brasil, entre 2000 y 2005, el número de hogares con un ingreso anual de entre U$S 5.900 y U$S 22.000 creció 50%, pasando de 14.5 millones a 22.3 millones, en tanto quienes recibían menos de U$S 3.000 anuales disminuyeron a apenas 1.3 millón.
En México, el número de familias con un ingreso mensual de entre U$S 600 y U$S 1.600 creció de 5.7 millones en 1996, a 10.7 millones en 2006, señala Alejandro Hope, de la consultora GEA. Algo similar ocurre en Colombia y Perú.
En Argentina, la disminución de la clase media llegó a su punto más bajo durante el colapso económico de 2001-2002. Ahora, una rápida recuperación económica se refleja en el resurgimiento de esa clase. El economista Ernesto Kritz considera que alrededor del 40% de las familias argentinas -era el 20% en 2003- tiene ingresos de U$S 1.000, que él estima necesarios para una vida de clase media.
RAZONES. En toda América Latina, 15 millones de hogares dejaron de ser pobres entre 2002 y 2006, según el Banco Santander.
Existen varias causas. Primero, desde 2004 las economías de la región crecieron a una tasa promedio anual de 5%. No es espectacular, pero tampoco es malo.
El crecimiento tiene mayor impacto social que en el pasado. Genera más puestos de trabajo. En México, la economía creció 4.8% el año pasado y generó 900.000 nuevos empleos. En Brasil, los trabajadores informales se reducen.
Otro elemento son las políticas sociales innovadoras. Tanto en México como en Brasil, una de cada cinco familias recibe un estipendio mensual del gobierno, con la condición de que manden a sus hijos a la escuela y los lleven periódicamente al médico. Por último, las remesas de los que emigraron ayudan a sus familias en sus países de origen.
El resultado es que tanto en Brasil como en México, los ingresos de la mitad más pobre de la población crecen más rápido que el promedio.
El otro factor decisivo es la baja inflación, que beneficia más los pobres que a los ricos. También, a medida que cayeron las tasas de interés, retornó el crédito.
Ventas de autos cero kilómetro, computadoras y bienes electrónicos en Brasil y México están en niveles récord. Gran parte de la demanda extra surge de la nueva clase media. Un estudio de familias de bajos ingresos en cuatro ex favelas de San Pablo descubrió que todos esos hogares tenían heladera y televisor color, casi la mitad tenía teléfonos celulares, 30% tenía DVD y 29% era propietario de un auto.
La nueva clase media tiene mayor nivel de educación que sus padres. Pero son menos educados que la antigua clase media, que asistió a universidades públicas elitistas.
Como sea, la dirección del cambio es clara. "Avanzamos con más rapidez hacia una sociedad de clase media de lo que pudimos imaginar hace 20 años", dice Cardoso.
Si es así, la tendencia tiene grandes implicaciones políticas. La vieja clase media creía en la protección del Estado. La nueva depende más de sí. Debido a que tiene mucho para perder del aventurerismo político, puede convertirse también en una fuerza de estabilidad política.
El caso chileno: menos pobreza, más equidad
En uno de los días más fríos del inusualmente gélido invierno del hemisferio sur, la casa de Sara Reyes está cálida. Ella está cosiendo la ropa que durante los últimos 18 meses le ha permitido mantener a sus dos hijos y un sobrino y a veces darle empleo a una hermana y dos vecinas.
Antes estaba sin trabajo, pero obtuvo la primera máquina de coser -ahora tiene tres- de Chile Solidario, un programa del gobierno lanzado en 2002 para atacar la extrema pobreza.
Su barrio fue una de las zonas marginales más grandes y pobres de Santiago. Durante los últimos diez años, las calles han sido pavimentadas y se instalaron cañerías de agua potable.
Ahora, la mayoría tiene heladera y teléfono y algunos también auto. "Derrotar la pobreza material es una misión que está en vías de buen cumplimiento en Chile", afirma Benito Baranda, de la obra de caridad Hogar de Cristo. Sus refugios ahora atienden a menos desposeídos que a personas con problemas psiquiátricos o de consumo de drogas.
Alrededor de 500.000 personas todavía sufren la extrema pobreza, pero esa cifra se redujo en un tercio desde el 2003.
La pobreza disminuyó más rápido en Chile que en el resto de América Latina. El crecimiento económico sostenido y la creación de empleos desde mediados de los `80 constituyen la principal explicación, aunque también ayuda que los chilenos más pobres tienen menos hijos que en el pasado.
En años recientes, las políticas públicas -como es el caso de Chile Solidario- han jugado importante papel. En los `90, la pobreza bajó medio punto porcentual por cada punto de crecimiento económico, pero ahora cae un punto y medio, de acuerdo con lo que señala la ministra de Planeamiento, Clarisa Hardy.
Algunos chilenos sostienen que la línea nacional de pobreza, de U$S 90 por mes, es demasiado baja. En Santiago, eso permite hacer cuatro viajes por día en ómnibus.
La distribución del ingreso en Chile es un poco menos desigual. La décima parte más rica de la población todavía tiene el 38.6% del ingreso nacional, aunque eso es levemente menos de lo que recibe ese sector en Estados Unidos.
Mesocracia para todos los gustos
Mientras la pobreza puede medirse, el término clase media es subjetivo. Los latinoamericanos que se denominan a sí mismos de clase media suelen estar al tope de la escala social: son profesionales prósperos, que contratan servicio doméstico, envían a sus hijos a colegios privados y pasan las vacaciones en Europa o Miami.
Desde los años `40 a los `70, la industrialización liderada por el Estado y el crecimiento del empleo público vio surgir en algunos países latinoamericanos una clase media de gerentes, burócratas y una aristocracia laboral de trabajadores especializados.
Sin embargo, las políticas que los ayudaron a ascender resultaron insostenibles. Fueron abandonados después de la crisis de la deuda externa, en 1982, que desencadenó una década de crecimiento mediocre y alta inflación.
A partir de entonces, en parte debido a que las industrias quedaron sujetas a la privatización y a la competencia de bienes importados, ese grupo tuvo dificultades.
Marcio Pochmann, economista de la Universidad de Campinas, Brasil, considera que en ese país, siete millones de personas abandonaron la clase media después de 1980, aunque tres millones pasaron a la clase alta.
Las cifras
15 Millones de hogares en América Latina que dejaron de ser pobres entre 2002 y 2006, según cáculos del Banco Santander.
50% Es lo que creció el número de hogares brasileños, entre 2000 y 2005, con un ingreso anual de entre U$S 5.900 y U$S 22.000
5% Es la tasa promedio anual a la que crecieron las economías de la región desde 2004. La población crece a sólo 1,4% anual.
15 Millones de hogares en México, de entre 27 millones lograrían ingresos de clase media en el 2012, según la consultora GEA.
500.000 Son los chilenos que todavía están por debajo de la línea de la extrema pobreza. Pero la cifra se redujo en un tercio desde 2003.