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Sumergidos por 24 horas
Durante un día en forma ininterrumpida nadan casi 100 kilómetros; el torneo concentra centenares de participantes tras la pasión por el deporte acuático.

G. VAZ Y C.NOTARGIOVANNI

El reloj a cuarzo de grandes números rojos marca la cuenta regresiva. Tres, dos, uno: ¡tiempo! Un cornetazo y once clavados simultáneos dan inicio a la sexta edición del Desafío Acuático. Desde ese momento, y durante las siguientes 24 horas, un total de 190 nadadores recorrerán una y otra vez los 25 metros de la piscina principal de la Asociación Cristiana de Jóvenes con un único objetivo: hacer la mayor cantidad de kilómetros en el menor tiempo posible.

Brazada, brazada, respiro, brazada. Ir y venir. Llegar y volver a salir, así durante media hora, tiempo que debe resistir cada nadador hasta que la corneta anuncie el relevo. Entonces vendrá el descanso, la ingesta de alimentos reparadores y la preparación para el próximo chapuzón de media hora.

SÁBADO. Manati, Pan de Azúcar, Hebraica, Asociación Cristiana de Jóvenes equipos A y B, Campus, Juventus, Huracán Buceo, Portones, Bohemios y Nautilus son los once equipos competidores, cada uno integrado por 18 nadadores. El campeonato consta de 48 tramos de media hora, 46 de los cuales son individuales. Los dos restantes se compite por equipos, integrados por 4 nadadores que en forma escalonada se relevan cada 200 metros.

"Cada participante puede hacer 4 individuales, o 3 tramos individuales y un relevo. Ninguno puede sobrepasar ese máximo de salidas en las 24 horas. Estratégicamente cada equipo se ordena para que cada nadador descanse aproximadamente seis horas", explica Felipe Vidal, supervisor del área acuática de la Asociación Cristiana.

El estilo es a gusto del nadador que, mayoritariamente, elige kroll. Lo que no es libre es la necesidad de entrenamiento previo que, para el profesor Leonel González, no debería ser menor a los dos meses.

La piscina está abarrotada de deportistas, tanto dentro como fuera del agua. Los hay de todas las edades, aunque el género que predomina es masculino.

En los laterales se ubican los encargados de alentar y de monitorear los tiempos de sus compañeros. "Vamos, vamos, metéle", se los escucha gritar cuando ven que el colega afloja el ritmo. "Faltan diez", "quedan cinco": el tiempo es una obsesión y mirar el reloj un acto reflejo.

Paralelamente, los competidores que se aprontan para la próxima media hora caminan de un lado al otro de la piscina realizando ejercicios de estiramiento.

Una contagiosa música electrónica inunda el ambiente y crea la ilusión de que los competidores nadan al ritmo del punch-punch. Al borde de la piscina, detrás de los cubos, once controladores marcan cruces en una planilla. Una por cada 50 metros. Una, cada dos piscinas.

DOMINGO. A dos horas de culminar una jornada que podía catalogarse como extenuante, los competidores que rondan las piscinas expresan de todo, menos cansancio. Y lo cierto es que el clima despide más algarabía que expectación, ya que no son muchos los que están pendientes de números y récords, y a esta altura de la competencia, los puestos se encuentran prácticamente definidos. Pero, lejos de amilanar sus ánimos, los amigos, familiares y profesores siguen pendientes de cada nadador, alentando a sus respectivos clubes. "¡Vamos, vaaaamos!", grita un competidor a uno de sus compañeros que hacía la penúltima posta del certamen, con un volumen de voz que logra apagar el bullicio permanente de la pileta, aunque no parece necesario; está en el borde de la piscina y se agacha cada vez que el nadador pasa a su lado, para que el aliento llegue directo a sus oídos.

"¡Quedan cinco minutos para que termine la penúltima etapa y después entramos directo en la recta final!", avisa Felipe Vidal micrófono en mano.

Alrededor de la pileta, donde hay al menos medio centenar de personas, varios se apresuran a avisar a los nadadores el tiempo restante, con la palma de la mano abierta. Goteando agua, un competidor sube a las gradas y se sienta entre sus amigos que le festejan los metros recorridos. Son del Campus de Maldonado, institución que ganó el concurso el año pasado, y que en éste llega como favorito.

A poco más de una hora de terminar, el Campus lleva 700 metros de ventaja sobre la Asociación Cristiana, segundo club en el ranking. Pero más allá del previsible triunfo, lo divertido de toda la cuestión, es la aventura.

"Salimos de Maldonado ayer y nos quedamos a dormir acá, en la Asociación. Tenés camas, así que no hay problema". ¿Descansaron? "Sí, bueno, más o menos. Es medio bravo porque estás al palo todo el tiempo".

Controlar la ansiedad parece difícil en una competencia de 24 horas ininterrumpidas.

RECTA FINAL. Pitos, trompetas, música y aviso de megáfono: comienza la última media hora del certamen. Las postas cambian y los mejores nadadores de cada club se aprontan para las últimas brazadas.

Los relevos del Campus y la Asociación, las dos instituciones que a la postre quedarán primeras en el podio, largan juntos y segundos antes que los demás. Durante esa media hora final, a muchos llama la atención la sincronización casi exacta entre ambos nadadores; nunca se sacan ni media cabeza.

"¡Vamos Matías, seguí así!", le gritan al chico que representaba a los locales, quien levanta toda una ovación cuando se anima a cambiar de estilo, dejando el kroll para pasar a competir de espalda en varias vueltas de pileta.

Ante eso, el muchacho del Campus hace un par de brazadas en mariposa, generando más gritos y risas de sus compañeros. A la vez, otro grupo de aliento, ensaya una suerte de coreografía al borde de la pileta, simulando que reman en una larga canoa, ayudando a su compañero a llegar. Los minutos finales son una fiesta.

Cada nadador, en media hora, recorre unos 2.000 metros, algunos más, la mayoría menos. La expectativa era batir el récord al que se llegó en 2004, cuando lograron superar los 100 kilómetros en 24 horas. Esta vez, no se alcanzó, pero a nadie parece importarle. El Campus de Maldonado se llevó el primer lugar. En total, ese equipo nadó 97,3 kilómetros, lo que representa unas 3.894 piletas. Lo siguió en el podio el equipo A de la Asociación, con 95,7 y detrás Bohemios con 95,1.

Cuando la cuenta regresiva llega a cero, todos se tiran a la pileta. En la premiación se reparten trofeos y medallas para todos, incluso los perdedores. Con los ojos rojos, los labios morados y las extremidades arrugadas, los nadadores se despiden hasta el próximo año.

La cifra

97.350 Fue la cantidad de metros que nadó en 24 horas el equipo ganador. La cifra equivale a 3.894 piletas de 25 metros cada una.

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RELEVOS. Al principio y al final de la competencia, las postas se realizaron entre cuatro nadadores, que aprovechaban esos tramos con más rapidez.
Foto: El País. Fotógrafo: F. Flores y L. Carreño.
ORGANIZADOS. Los controladores fiscalizaban tiempos y cantidad de vueltas.
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