JUAN ANDRÉS ELHORDOY
Llegó a Carrasco sin llamar la atención. Se entremezcló entre los perfumes y los whiskys importados, hizo slalom entre juguetes y cigarrillos y saludó con desgano al aduanero de turno. Al cruzar la puerta de vidrio, el hombre de la valija sintió que llegaba a un país serio, que respeta las reglas de juego y que promueve la inversión productiva.
No fue ni el primero, ni será el último. Lo cierto es que en los últimos tiempos, son muchos los portadores de maletas que llegaron al país en busca de negocios convenientes y convincentes. Esto se traduce en un fuerte incremento de la inversión extranjera, que se concentra fundamentalmente en industrias en funcionamiento, procesadoras de materias primas.
Para ejemplos sobran los botones. Saman cierra la lista con el interés de un grupo brasileño que ya firmó el compromiso de compra-venta para quedarse con la casi totalidad de las acciones de la arrocera. Pero lo anteceden operaciones importantes como los frigoríficos Tacuarembó, La Caballada, Canelones y la papelera Fanapel. También hay que sumar otros casos más alejados en el tiempo como las industrias PUL (cuyo origen es cooperativo), San Jacinto y Colonia.
¿Y mañana? En el sector se especula que hay otros actores interesados en comprar frigoríficos uruguayos.
También es cierto que se vienen anunciando y concretando inversiones que se traducen en expansión de la economía. Tal como sucedió con Botnia. La poderosa Weyerhouser planteará formalmente mañana, lunes, su intención de construir una planta de producción de MDF en Rivera, lo que significará una inversión de 220 millones de dólares.
También hay planes de General Mills para producir productos lácteos con destino al exterior y de una empresa japonesa que se instalará en Canelones para fabricar etiquetas para las botellas de bebidas refrescantes.
¿Por qué Uruguay? Dicen los que están en el asunto que se destaca el buen clima de inversión, el respeto por las condiciones establecidas, la estabilidad política y macroeconómica y la seguridad jurídica. Pero pese a atributos reconocidos, el país no ha sido un fuerte captador de inversiones extranjeras directas, aunque bien cierto es que la cifra viene aumentando año tras año.
¿Por qué no Uruguay? Sería interesante recopilar y analizar las razones que llevaron a empresarios extranjeros a explorar y a desestimar, luego, al país como destino de sus inversiones. Estoy seguro de que aportarían muchos elementos a los hacedores de políticas públicas.
Esta semana, en un almuerzo organizado por ADM, tres importantes empresarios destacaron que al país le sigue faltando marketing para hacerse conocer internacionalmente. En esa oportunidad, el director de Linpac, Julio Najul, se refirió a la limitada cultura empresarial que reina en el país y a las dificultades que existen para apoyar a exitosos en lugar de castigarlos.
A propósito. Con el tiempo crece la cantidad y calidad de los empresarios nacionales que están vendiendo sus negocios a capitales foráneos. Los que se desprendieron de sus activos, ¿están apostando al país en nuevos emprendimientos? ¿Qué condiciones ofrece hoy el país para que reinviertan? ¿O prefieren realizar colocaciones millonarias en el exterior para asegurarse "una renta segura de por vida"? Seguro que para este caso no se necesitan valijas. Alcanza con un teclado para realizar una transferencia electrónica. Enter.