GABRIELA VAZ
"Hace ya mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía un caballero que pensaba que era bueno, generoso y amoroso. Hacía todo lo que suelen hacer los caballeros buenos, generosos y amorosos. Luchaba contra sus enemigos, mataba a dragones y rescataba a damiselas en apuros. Cuando en el asunto de la caballería había crisis, tenía la mala costumbre de rescatar damiselas que no deseaban ser rescatadas y, debido a esto, aunque muchas damas le estaban agradecidas, otras se mostraban furiosas. Él lo aceptaba con filosofía. Después de todo, no se puede contentar a todo el mundo".
Alrededor de la psicóloga Cristina Deberti, 20 pacientes en rehabilitación por drogas del Portal Amarillo, escuchan el relato con total atención.
Ellos mismos eligieron El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher, cuando se les preguntó con qué libro preferían comenzar las sesiones de biblioterapia, una técnica con más de un siglo de vida, pero que en Uruguay se aplicó por primera vez el año pasado.
REMEDIOS. Dicen que un día, el faraón Ramsés II mandó grabar en el frente de su biblioteca la frase "Remedios para el alma". Tres mil años después, aquella premisa se hizo cuerpo en una terapia con una única y sencilla herramienta: la lectura.
Si bien nació como una especialización dentro de la bibliotecología, hoy está afianzada incluso en hospitales de varios países del mundo. "En Estados Unidos, por ejemplo, de la misma manera que un enfermero pasa cama por cama con el carrito del desayuno, otro pasa ¡ofreciendo libros! Y una persona especializada brinda, según el estado emocional del paciente, la bibliografía adecuada", explica Deberti, quien como docente en Facultad de Psicología especializada en adicciones, en 2006 aprovechó la creación del Portal Amarillo para presentar un proyecto de rehabilitación y socialización del paciente adicto. La terapeuta es también bibliotecóloga, por lo que encontró la ocasión perfecta para aplicar una disciplina que la había seducido desde sus tiempos de estudiante. "Busqué antecedentes, y creo que es la primera vez que se utiliza biblioterapia en el país, al menos entramada con el psicoanálisis".
Junto a su colega Aurora Sopeña, comenzó entonces una experiencia piloto que debido al éxito de sus resultados se repetirá en las próximas semanas, esta vez para quedarse.
DISPARADOR. La dinámica es sencilla: abordar un texto, comentarlo y elaborar inquietudes propias a partir de lo leído. En la biblioterapia clásica, lo usual es recurrir a libros de autoayuda o que estén relacionados con la problemática del paciente.
Pero Deberti propone una alternativa ampliada. "Se puede utilizar una tira de Mafalda o un capítulo de El Quijote. Todo sirve como excusa para poner en palabras lo que te está pasando. El libro es un catalizador para expresar sentimientos", indica.
Lo que no esperaban las especialistas era que un acto para muchos tan cotidiano pudiera resultar removedor. "Siempre me pedían que leyera yo y cuando un día les pregunté por qué, un chico me contestó que a él nunca nadie le había leído un cuento y que escuchar lo calmaba. Hay realidades muy duras, con grandes carencias afectivas", dice la docente de psicopatología.
En el Portal Amarillo los pacientes suelen actuar con conciencia de grupo, pues se sienten más fuertes para enfrentar su problema. Cuando Deberti explicó la dinámica de la biblioterapia, uno de los internados se excusó: "yo no sé leer". "Sabía, pero tenía dificultades. Muchos de sus compañeros se ofrecieron a enseñarle. Luego nos contaron que por las noches, se leían en voz alta el texto que les habíamos dejado", cuenta entusiasmada.
La experiencia que comenzó con la historia de un caballero y su armadura, terminó con poemas de amor que los propios pacientes solicitaron.
Para Deberti, eso fue toda una revelación. "Yo apuesto a eso: al poder transformador de la lectura. Es revolucionaria".