Terror que aletea de noche

CATERINA NOTARGIOVANNI

El reloj indicaba la medianoche en el hogar de los Martínez. Florencia -que acaba de cumplir dos años- dormía plácidamente desde hacía una hora, al igual que sus padres y hermano. De repente, un grito sacudió la casa. "Es Florencia", pensaron sus progenitores mientras se dirigían raudos y nerviosos a su cuarto a ver qué pasaba. El panorama los sorprendió: la niña lloraba, gritaba y pataleaba con desesperación, como si estuviera muy dolorida o en trance.

"¿Qué pasa? Tranquila", susurraron sus padres, "es un mal sueño". Pero la niña no reaccionaba y aunque tenía los ojos abiertos seguía dormida. Los llantos persistieron con la misma intensidad hasta que quince minutos más tarde, Florencia se calmó y recuperó el sueño como si nada.

El episodio se repitió tres veces en 20 días, razón por la cual los Martínez decidieron consultar: "Su hija sufre de terror nocturno", diagnosticó el pediatra.

¿QUES? El terror nocturno es una de las Parasomnias (alteraciones del sueño), y forma parte del desarrollo normal de los niños entre los 2 y 4 años. Episodios como los que relatan los padres de Florencia son considerados normales, siempre y cuando la frecuencia no sea mayor a tres o cuatro veces durante ese lapso. En caso contrario, los especialistas recomiendan consultar al pediatra para realizar un estudio más exhaustivo.

Si el terror nocturno se presenta antes o después de dicha edad también es conveniente realizar un control médico.

"Es una alteración del sueño que se produce una hora después de dormido y en la cual el niño no se despierta. Se lo considera un síntoma que no se corresponde con un trastorno específico", explicó Gabriela Garrido, psiquiatra infantil y profesora agregada de la Clínica de Psiquiatría Pediátrica de la Facultad de Medicina.

Los síntomas del terror nocturno son: llanto intenso, desasosiego, inquietud, pilo erección (pelos de punta), agitación, sudoración y palpitaciones. El niño mantiene los ojos abiertos, habla y en ocasiones puede incluso llegar a levantarse, pero no es capaz de reconocer a sus padres. Ocurre que el pequeño no despierta mientras desarrolla los síntomas, que en promedio duran 20 minutos. Luego retoma el sueño como si nada hubiese sucedido.

"Independientemente de lo que haga la familia, como intentar despertarlo, el cuadro cede espontáneamente", explicó la especialista.

Aunque se parezcan, terror nocturno no es igual a pesadilla, y es bueno entender las diferencias para no desesperar. En primer lugar, ambos se dan en distintas etapas del sueño. El terror nocturno se registra aproximadamente a la hora de dormido, mientras que las pesadillas suelen ocurrir más tarde. Además, luego de una pesadilla el niño se despierta angustiado y es capaz de relatar los motivos que lo hicieron regresar a la vigilia porque recuerda al menos parte de las imágenes tenebrosas. En el terror nocturno el involucrado no recuerda nada de lo sucedido.

CONTENCIÓN. La clave es ayudar al niño a que retome el sueño tranquilo y no desesperarse. Para ello es importante hablarles de modo calmado y repetitivo, pero sin procurar despertarlo. Se le debe tomar la mano, abrazarlo y hacerle saber de la presencia de los padres. Dado que no hay forma de cortar el episodio bruscamente, no se debe sacudirlo o gritarle. Durante el terror nocturno, el niño puede intentar levantarse. En esos casos hay que cuidar de su seguridad, evitando que se caigan por una escalera o se choquen contra una pared. Si se deja al niño en casa de algún familiar o bajo la supervisión de otra persona, se le debe explicar los pasos a seguir en caso que aparezcan los síntomas.

"Estos episodios son generadores de angustia porque como el niño continúa dormido no hay forma de consolarlos. Las alteraciones del sueño condicionan la actividad del chico durante el día y repercuten sobre la familia porque hacen que el núcleo no descanse", contó la psiquiatra.

La madre de Florencia vivió en carne propia esa desesperación: "la primera vez fue terrible porque no entendía qué le pasaba. Gritaba y lloraba como si estuviera muy enferma. El diagnóstico me tranquilizó y ahora sé cómo actuar".

CAUSAS. "No existen explicaciones claras de por qué se dan estos episodios", dijo Laura Viola, psiquiatra infantil. Para ella, lo importante es saber mantener la calma y enfocar la atención en la alta frecuencia.

Aunque no se asocien desencadenantes concretos, éstos "pueden estar vinculados a niveles altos de ansiedad que tienen que ver con la etapa del desarrollo. Es un momento de mucho cambio y nuevas experiencias, de situaciones estresantes, como el inicio de la escolaridad", aseguró Garrido.

Según la experta, la incidencia de las alteraciones del sueño se ubica entre el 10% y 12% de la población mundial infantil. En esta categoría se incluyen además el sonambulismo, las pesadillas, los múltiples despertares, hablar durante el sueño o las dificultades para la conciliación, entre otros.

Variantes de parasomnias

TERROR NOCTURNO. Es considerado una Parasomnia, que se define como conductas o hechos fisiológicos anormales que ocurren durante el sueño o en las transiciones sueño-vigilia. Que sucedan entre los 2 y 4 años de edad, con una frecuencia de tres o cuatro veces, es considerado normal dentro del desarrollo infantil. El sonambulismo y las pesadillas también se denominan Parasomnia. A continuación se resumen los criterios de diagnóstico incluidos en el Manual de Psiquiatría DSM-IV, elaborado por la Sociedad de Psiquiatría Americana.

SONAMBULISMO: episodios repetidos que implican el acto de levantarse de la cama y andar por las habitaciones en pleno sueño. Durante estas situaciones, el individuo tiene una mirada fija y perdida, se muestra relativamente inmune a los intentos de los demás para establecer un diálogo y sólo puede ser despertado a base de grandes esfuerzos. Al despertar (tanto en pleno episodio como a la mañana siguiente), el sujeto no recuerda nada de lo sucedido. Los eventos de sonambulismo se presentan generalmente durante el primer tercio del período de sueño mayor.

PESADILLAS: se trata de despertares repetidos provocados por sueños extremadamente terroríficos y prolongados que dejan recuerdos vívidos. Al despertarse, la persona recupera rápidamente el estado orientado y despierto. Las pesadillas no aparecen exclusivamente en el transcurso de otro trastorno mental (como por ejemplo con los trastornos estrés postraumático), y no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (fármacos, por ejemplo), o de una enfermedad médica.

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