Infartazo a la vida

| Sólo aquellos que sobreviven un ataque al corazón saben que hay un antes y un después, tanto en lo fisiológico como psicológico. Médicos e infartados relatan cómo superar una etapa de vulnerabilidad total frente a la muerte.

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MARÍA INÉS LORENZO

"Nunca pensé que me iba a suceder algo así. Hubo un antes y un después, algo cambió, aunque en esencia sigo siendo la misma persona", reflexiona el reconocido director técnico de basquetbol, Víctor Hugo Berardi, diez años después de haber enfrentado el partido más difícil de su vida.

Aunque pasó el tiempo, Berardi recuerda aquella crisis con lujo de detalles, como si hubiera sucedido ayer. "Faltaban quince minutos para que finalizara el encuentro pre-mundial de básquet entre Brasil y Uruguay, cuando de repente comencé a sentir un dolor muy pero muy fuerte en el pecho. En seguida supe que no era algo normal", cuenta.

Segundos después sufrió un infarto frente a las cámaras de televisión, y de la noche a la mañana se encontró dirigiendo un partido mucho más importante, entre la vida y la muerte.

Uruguay perdió aquella noche del 24 de agosto de 1997, pero el DT ganó su desafío. Se recuperó del infarto y ahora confiesa que mucho ha cambiado en su vida.

"Cuando una persona sufre un infarto, y logra recuperarse, con el correr de los días no sólo se siente más vulnerable físicamente sino que también suele tener miedo a la muerte y comienza a tomar conciencia de que su vida ya no será como antes", explica el médico cardiólogo Jorge de Paula, quien se desempeña en Impasa.

Si bien Víctor Hugo Berardi no tuvo temor a la muerte y hoy, con 57 años, tampoco piensa en ella, sabe que sus días "cada vez son más cortos" por lo que ha tratado de disfrutar al máximo cada instante. Cuida su salud, comparte más tiempo junto a su esposa e hijos, y por sobre todo, cultiva la alegría y el optimismo. "Sin duda, aprendí a valorar las cosas más sencillas", reflexiona.

Luego de un infarto pueden experimentarse tres tipos de reacciones en las personas, explica De Paula. En primer lugar, están quienes lo asimilan con una actitud positiva y se replantean lo que hicieron mal en la vida para intentar mejorar.

Al principio no les resulta difícil lograrlo, pero el paso del tiempo es un gran desafío para ellos. Según De Paula, luego de un año, cerca del 75% de los pacientes que han sufrido un infarto abandonan alguno de los tratamientos indicados por el cardiólogo (medicamentos, actividad física mantenida en el tiempo y alimentación sana).

Aunque Berardi había dejado de fumar mucho antes de que sufriera el infarto, y también solía cuidarse porque tenía problemas de hipertensión, se le hizo cuesta arriba bajar los quince kilos de sobrepeso que tenía y mucho más aún, mantenerse a lo largo de los años.

Además de quienes se cuestionan lo que deben cambiar en sus vidas, otros pacientes sufren un impacto anímico tan grande que tienden a deprimirse.

El infarto también incide en la vida sexual de las personas, ya que sólo un 25% recupera su anterior desempeño en ese aspecto.

Por último, otra consecuencia posible es el temor irreprimible a repetir el infarto. El miedo condiciona la vida de esta personas, que a menudo se transforman en dependientes de sus allegados.

"Si tienen planeado un viaje al exterior, por ejemplo, no lo hacen por que se sienten inseguros", expresa el cardiólogo.

Sin embargo, la muerte es cada vez menos frecuente a causa del infarto. Las técnicas para tratarlo (angioplastia y fibrinolisis) son efectivas en un 90% (ver nota aparte).

Para lo que sigue, en la vida posinfarto es clave que "la persona se encuentre contenida tanto por su familia como por su médico", asegura el cardiólogo Eduardo Bianco, de la Unidad de Cardiología de la Asociación Española.

QUATAQUE. El infarto agudo de miocardio, como en realidad se lo conoce, es más frecuente en hombres que en mujeres (6 varones por cada fémina entre 35 y 50 años, y 1,5 a 1 en edades superiores a los 75) ya que los procesos de arteriosclerosis y trombosis son más frecuentes en el sexo masculino, explica Bianco.

Se produce cuando se interrumpe en forma abrupta la circulación de sangre en el corazón debido a la obstrucción de una de sus arterias, originada por un coágulo de depósito de grasa, colesterol o sangre. Consecuentemente, muere una parte del músculo del corazón, llamado miocardio, porque no recibe oxígeno, explica el cardiólogo.

Entre los factores que predisponen a la obstrucción se encuentran el tabaquismo, la diabetes, la hipertensión arterial, la obesidad, el estrés, la falta de ejercicio, dietas con déficit de frutas y verduras, y en menos del 10% beber tres o cuatro veces a la semana más de una copa de alcohol, asegura Bianco.

Pero también influyen factores psicosociales como la problemática laboral o familiar y la predisposición genética de la persona, así como la edad y el sexo. Además, muchas veces sucede que la presencia de un sólo factor incide en la aparición de otros.

"Cuando una persona aumenta de peso, por ejemplo, tiene mayor riesgo de tener hipertensión, y por tanto, de sufrir un infarto. A su vez, fumar incide sobre los lípidos porque hace aumentar el colesterol total y disminuir el bueno", indica Bianco y agrega que haber sufrido un infarto también es un riesgo potencial porque indica que los procesos que llevaron a realizarlo pueden estar aún presentes.

"Por esa razón, una persona puede llegar a padecer uno, dos y hasta cinco infartos a lo largo de su vida", explica el cardiólogo.

Luis Alberto Bayarres, o Beto, como prefiere que lo llamen, lleva sus 77 años y tres infartos a cuestas, con una jovialidad envidiable. Sufrió tres ataques seguidos en tan sólo dos días, hace ya unos seis años. Los recuerda sin tristeza y durante estos años ha aprovechado para dedicarle más tiempo a su familia y a "conocer más" a su hijo.

¿Qué cosas cambiaron desde ese entonces en su vida? "Naaadaa... yo me siento divino", dice sonriendo, al tiempo que agrega: "bueno... sólo tuve que dejar de fumar y comer sin sal, pero me acostumbré bien".

Si bien Beto no puede realizar demasiado esfuerzo físico porque tiene el corazón más débil, igual continúa con aquellas actividades que le generan placer. Juega al tenis con sus viejos amigos y camina 20 cuadras al día. Lo único que lamenta es no poder continuar andando en bicicleta como lo hacía antes. Aún así, asegura que sigue llevando el deporte en la sangre.

"Le gané a la muerte, y por eso intento disfrutar todo lo que me queda de vida", confiesa con voz entrecortada.

DOLOR O TRAICIÓN. Algunos infartos se producen de manera súbita e intensa. Pero, por lo general, en la mayoría de los casos comienzan de manera lenta, con dolores fuertes tanto en el pecho como en el brazo izquierdo o en la mandíbula.

También se puede manifestar a través de náuseas o sudor frío en exceso. O incluso en algunas personas puede que no aparezcan síntomas claros. "A veces es una enfermedad un poco traicionera", señala Eduardo Bianco.

Horas antes de que Beto realizara el primer infarto, no sintió ningún tipo de dolor físico, sino un simple malestar que lo llevó a acostarse a dormir una siesta en su casa. Un rato después comenzó a transpirar y transpirar, y casi en un abrir y cerrar de ojos se encontró en la camilla de un hospital.

Allí estuvo más de diez días, porque no había forma de lograr que la sangre circulara normalmente por su corazón.

Lo que popularmente se conoce como "destapar una arteria" se realiza mediante técnicas bastante complejas, como la fibrinolisis o la angioplastia, explica Bianco.

Y cuanto mayor es el período que permanece obstruida, peor es el daño que se produce y el tiempo de recuperación se prolonga.

Además, existe otro aspecto que influye en la gravedad del infarto y tiene que ver con la cantidad de grasa o colesterol que obstruye la arteria, agrega Bianco.

Por lo general, el depósito de grasa que se almacena en las arterias comienza a producirse a partir de los 20 a 30 años, de igual manera tanto en hombres como en mujeres. Luego, se acumula más y más con el correr del tiempo y de acuerdo a la dieta y los hábitos de cada uno.

Una vez que el depósito de grasa alcanza más del 70% de la capacidad de la arteria, se manifiestan los síntomas de la enfermedad, detalla el cardiólogo.

La prevención, desde edades tempranas, cuando el colesterol comienza a almacenarse, resulta fundamental para evitar enfermedades cardiovasculares, concuerdan los expertos.

MALOS HÁBITOS. Según la Organización Mundial de la Salud, el 80% de los infartos podría evitarse si la persona dejara de fumar, realizara ejercicio al menos treinta minutos por día, y mantuviera una buena alimentación, preferiblemente en base a frutas, verduras, cereales, carnes magras, pescado, legumbres, poca sal y azúcar.

Si bien tanto Víctor Hugo Berardi como Luis Alberto Bayarres siguieron esos consejos algo tarde, lograron modificar algunos malos hábitos después de sus crisis.

Ambos dan testimonio que uno, dos o tres infartos cambian la vida. Bayarres la festeja todos los días, pero espera más que otros la llegada de la primavera para disfrutar más tiempo de tenis y de caminatas.

El ex director técnico confiesa que celebrará el 24 el décimo aniversario desde que padeció su infarto en plena cancha de basquetbol. Seguramente también deseará volver a palpitar junto a los tableros y asegura que su corazón ahora sí puede soportar todo tipo de triunfos y hasta derrotas.

Arterias con terapia intensiva

El cardiólogo Eduardo Bianco explica que existen dos técnicas para destapar una arteria del corazón: la fibrinolisis, un tratamiento en base a medicamentos a través de los cuales se rompen los coágulos de sangre o grasa; y la angioplastia, que es un proceso mecánico mediante el cual se abre la arteria con una guía muy finita, parecido a un alambre (cateterismo). Ésta es la más utilizada por los médicos ya que es 95% efectiva. Más del 60% de las personas que padecen infarto reciben actualmente ese tratamiento.

Las enfermedades cardiovasculares repercuten casi siempre sobre el funcionamiento sexual de la persona y la pareja, debido a que los medicamentos indicados en los tratamientos son un poco fuertes. Según estudios médicos, sólo el 25% de las personas conservan su vida sexual como antes.

¿Cómo se debe actuar ante la presunción de un infarto? Lo primero que aconsejan los especialistas es tratar de no perder la calma, conseguir ayuda médica inmediatamente, masticar una aspirina y disolverla en la boca, tratar de quedarse en un ambiente tranquilo, no realizar ejercicios de ningún tipo, y por último, permanecer sentado.

Los infartos agudos de miocardio disminuyen cada vez más en los países desarrollados. Sin embargo, aumentan más en los no desarrollados porque se registra un alto consumo de tabaco en esas regiones, explica Bianco, a la vez que agrega que los fumadores infartan en promedio 10 años antes que los no fumadores. Un aspecto importante a tener en cuenta es que el tabaco daña la salud, ya sea consumido en forma de pipa, como de cigarrillo, tabaco para mascar o simplemente si se está cerca de alguien que esté fumando y se respira el humo.

Tratamiento que una persona debe seguir luego de haber sufrido un infarto: medicación (controlada regularmente por el cardiólogo), actividad física (se sugiere iniciar con una caminata de 20 minutos diarios), y una alimentación sana que incluya cuatro comidas y más de 6 vasos de agua por día.

Las cifras

75% Porcentaje que representa la cantidad de pacientes que no se adhieren a los tratamientos indicados por el médico luego del infarto.

80% De los infartos se pueden prevenir dejando de fumar, realizando actividad física y alimentándose de manera sana, según los médicos.

45 Es la cantidad de días aproximados que le lleva a una persona reintegrarse a sus actividades luego de haber tenido un infarto.

4,5% Es lo que disminuyó la mortalidad cardiovascular en los últimos siete años por los avances tecnológicos, según estudios médicos.

5 Es la cantidad aproximada de años que demora en irse el daño producido en el corazón. Puede variar dependiendo de la persona.

Por información: Sociedad uruguaya de Cardiología ( www.suc.org.uy ).

La tecnología ayuda pero no hace milagros

Estudios médicos confirman que la mortalidad cardiovascular disminuyó un 4,5% en los últimos siete años debido a los avances tecnológicos, los cuales han llevado a que las técnicas para curar el infarto sean más del 90% efectivas.

"Cada vez más personas sobrellevan el infarto de miocardio con éxito, sin grandes cambios en su vida", expresa el médico Jorge De Paula, cardiólogo de Impasa.

Sin embargo, existe una paradoja que preocupa bastante a los especialistas. "Si bien hay excelentes tecnologías para tratar la enfermedad, al mismo tiempo la vida moderna está condicionando cada vez más la salud de las personas", dice De Paula.

La mayoría de las dietas que se realizan actualmente, en base a nuevos y por cierto ricos alimentos, no son para nada buenas, aclara. "Generalmente, y a la larga, aceleran el proceso de arteriosclerosis lo que lleva a que las arterias se vayan ocluyendo. La alimentación debe ser balanceada y en base a productos naturales", indica el experto.

Por otra parte, y dada la incorporación que ha tenido la mujer en las últimas décadas al mundo laboral y a la práctica de ciertos hábitos que en el pasado eran casi exclusivos del hombre, como por ejemplo fumar, ellas sufren cada vez más de infartos agudos de miocardio.

CARIÑO. La contención familiar es fundamental para que el paciente logre recuperar su autonomía y no se transforme en un enfermo dependiente o vulnerable de por vida, expresa De Paula.

Justamente por ello es importante reconocer como negativas algunas tendencias de reproches como: "yo te lo decía y no hiciste caso", ya que suelen producir reacciones no siempre positivas en el paciente, tales como rechazo al tratamiento, aconseja De Paula.

Pero la atención del médico también juega un papel muy importante en la rehabilitación de la persona. El impacto psicoemocional que se sufre luego de tener un infarto es tan grande que el paciente debe realizar rehabilitación durante al menos un mes, por lo que el trato que el médico tenga con él influye casi en el 50% de su tratamiento, expresa De Paula.

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