La cortesía, dos mitos y una reflexión

FACUNDO PONCE DE LEÓN

La noticia de que un grupo de jesuitas decidió enviar misiones para pulir las normas de etiqueta y cortesía en el mundo virtual es mucho más importante y simbólica de lo que a primera vista parece.

Es importante recordar que la medida de la congregación religiosa se inserta en lo que se llama Netiqueta, una versión sobre los buenos modales en Internet que existe desde hace varios años y que nace de la preocupación de un grupo de jóvenes estadounidenses por establecer las maneras cordiales de relacionamiento en la Red.

Primer mito que deberíamos erradicar del imaginario social: "Internet es la tierra del vale todo". Cada ámbito genera códigos, es decir, maneras de comportamiento aceptadas. Esto sucede en una familia, en un grupo de amigos, en la mafia y… en los usuarios de Internet.

Cuando yo entro a un foro de lo que sea (política, cine, tecnología, erotismo, salud, videojuegos), formo parte de una comunidad virtual que establece un modo de comportarse y eso lleva a que yo no pueda hacer lo que me plazca. Si lo hago, me pueden echar del foro o generar una indiferencia de parte del grupo del que quisiera formar parte.

Segundo mito: "la cortesía es una manera hipócrita y antigua de comportarse que sólo busca quedar bien con el otro en vez de ser sincero y frontal diciéndole lo que verdaderamente pensamos".

Los argumentos para mostrar la falsedad de esta idea son muchos. Sin ir más lejos, lo que dijimos en el párrafo anterior demuestra que los modales siguen vigentes y se utilizan en Internet, el terreno donde se podrían haber erradicado si fuesen antiguos e hipócritas. ¿Qué necesidad de ser cortés a través del MSN o en un Chat cualquiera? Pues bien, indefectiblemente somos de alguna manera corteses, aunque los modales cambien y se transformen.

La cortesía es un invento del siglo XII y tiene que ver con el comportamiento dentro de las cortes y las órdenes de caballería. Si bien desde aquel entonces el mundo ha cambiado notablemente, lo que no varió es la necesidad humana de encontrar un patrón de comportamiento, llámese buenos modales, educación, normas de etiqueta o justamente cortesía.

A diferencia del mito que lo coloca cerca de la hipocresía y la fallutería, el hábito de ser cortés es algo tremendamente necesario para la convivencia humana.

Sería importante repensar esto de la cortesía. Solemos dividir a las personas entre aquellas que son amigas y aquellas que no queremos y nos caen mal. Olvidamos que en medio de esta división está el esfuerzo y la necesidad de ser cortés con mucha gente que ni es amiga ni tampoco enemiga.

Es importante agregar ese tercer grupo de personas con las cuales necesitamos ser corteses en vez de decir que no son personas de nuestro agrado.

Eso era lo que sucedía en las antiguas Cortes donde, ante la necesidad de convivir, los cortesanos preferían saludarse y escucharse, que decretar la enemistad. Con los amigos y los seres queridos no tenemos esa necesidad de modales porque el cariño genera sus propios mecanismos de relacionamiento.

El esfuerzo y el hábito de saludar, escuchar, respetar, no gritar, dosificar las diferencias, callar y sonreír ante las personas que sentimos distintas a nuestro modo de ver el mundo, es tremendamente saludable y preferible al enfrentamiento y el enojo.

Esto último no suele agregar nada, mientras que lo primero logra, al menos, que la convivencia fluya. Y no sólo la real, sino también la que establecemos cada vez que encendemos la computadora.

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