Un miedo que no despega

Salud & comportamiento. Uno de cada cuatro pasajeros siente temor a volar. Las consultas aumentan después de una tragedia aérea. La aerofobia puede ser superable con terapia.

GABRIELA VAZ

La noche del pasado martes 17 un avión de pasajeros de la compañía TAM chocó contra un depósito de combustible en el aeropuerto Congonhas de San Pablo, Brasil. Bastaron minutos para que la noticia ocupara las primeras planas de todo el mundo: más de 200 personas perdieron la vida en la tragedia considerada el peor desastre aéreo de la historia de la región.

Frente a las repetidas imágenes del accidente, no es extraño que una voz interna se dispare en lectores y televidentes: "los aviones son inseguros". Y para muchos, el silogismo se completa: "si viajo en avión, voy a morir. Si no quiero morir, no debo subir a un avión".

El argumento es tan falaz como irracional y, sin embargo, millones de personas en todo el globo, de verdad sufren con tan solo imaginar que deben viajar vía aérea.

Si bien la ansiedad por volar es bastante natural en cualquier pasajero, cuando ese sentimiento es tan intenso que transforma el viaje en una experiencia tortuosa, o directamente impide por completo la posibilidad de subir a un avión, adquiere el nombre de "aerofobia", un trastorno de ansiedad que debe tratarse con ayuda de especialistas.

APRENDIZAJE. En general, los miedos no nacen de la nada sino que se aprenden, y esta no es la excepción. No obstante, las maneras en que la fobia se interioriza pueden ser muy diversas, explica la psicóloga Soledad Baccino de la clínica Psinco donde, entre otros trastornos de ansiedad, se trata el temor a volar. "Puede ser a través de una experiencia traumática a bordo, como un vuelo con muchas turbulencias o pozos de aire. Pero también porque alguien cercano haya vivido algo así, porque los padres le tengan miedo a los aviones y siempre se lo haya entendido como algo peligroso o porque se vuela muy seguido y el temor se haya adquirido con el tiempo".

La otra gran fuente de ansiedad son los medios de comunicación. Es que la noticia de una tragedia aérea suele ocupar mucho espacio debido a su magnitud y poca frecuencia, lo que le da un tono catastrófico que puede asustar.

Por ello, todo accidente aéreo suma intranquilidad, ansiedad y miedo, especialmente en la población sensibilizada, explica el psiquiatra argentino Claudio Plá, quien desde hace 12 años se dedica al tratamiento de aerofóbicos, con cursos brindados en el propio aeropuerto Jorge Newbery (Aeroparque) de Buenos Aires. Y agrega que tras la noticia de un desastre, las consultas aumentan en forma automática. "No solo de nuevas personas, sino de ex-participantes de nuestros cursos, que quieren obtener información de primera mano o intentar dilucidar cuál es la verdad de todos los rumores que circulan".

Claro que, para aparecer, un trastorno necesita de ciertas condiciones y no cualquiera es susceptible de padecerlo. "Una fobia no la genera quien quiere sino quien puede. Siempre existe una vulnerabilidad genética para provocar un trastorno de ansiedad. Si alguien muy ansioso ve el accidente sucedido en Brasil puede llegar a generar una fobia por el solo hecho de verlo en televisión", dice Baccino. A su vez, en general la aerofobia viene asociada a otros miedos, como claustrofobia, agorafobia, vértigo o crisis de pánico; todos temores que el avión no hace más que potenciar.

EMOCIÓN VS. RAZÓN. Lo cierto es que, en promedio, uno de cada cuatro pasajeros siente temor a volar, según cifras internacionales. Y aunque el número es alto, al menos en Uruguay las aerolíneas no parecen contemplarlo, puesto que ninguna ofrece un plan de contención especial para clientes con ese problema.

No obstante, los pasajeros tienen alternativas. Cruzando el charco, en Aeroparque, hay instalado un simulador de vuelo, utilizado para el curso "Herramientas prácticas para volar mejor", encabezado por el psiquiatra Claudio Plá.

El especialista aclara que el simulador es una herramienta más en el tratamiento y que no siempre es necesaria. Básicamente se utiliza para pasajeros primerizos o que volaron por última vez hace mucho tiempo. "Es una buena instancia didáctica para familiarizarse con estímulos que propone el avión. En Estados Unidos se lo utiliza como único recurso. Para nosotros es algo complementario", indica.

Haciendo a un lado el simulador, el programa dispuesto por el equipo argentino no difiere en gran medida de los tratamientos que se brindan en Uruguay.

En los pilares de ambos programas está, por ejemplo, suministrar información detallada y racional sobre aeronáutica y meteorología, haciendo hincapié en que, junto con el tren, el avión es el medio de transporte más seguro.

"Esos datos son importantes, pero la fobia es un miedo irracional, por lo que no basta con información", aclara la psicóloga Baccino.

Los siguientes pasos constan de cambiar la estructuración de las ideas. Según explica Plá, su rol es hacer una evaluación del grado de temor, enseñar técnicas de afrontamiento (respiración, relajación, visualizaciones, control de los pensamientos negativos), explicar cómo funciona la mente cuando sentimos miedo y cuáles son los caminos posibles para revertir esa emoción.

Mientras el curso argentino se dicta en una sola jornada, la clínica uruguaya ofrece una terapia de diez sesiones (número que puede variar según el paciente) que abarca varias técnicas conductistas, desde relajación hasta "sensibilización en la imaginación". Esta última consta de imaginar todos los pasos que debe dar un viajero, desde que se entera de su vuelo, hasta que llega al aeropuerto, realiza el check-in, sube al avión, etc. "Logramos que la persona se posicione en esas situaciones con menos ansiedad, en estado de relajación", cuenta la psicóloga.

Cuando hace ocho años la clínica comenzó a tratar aerofóbicos, buscó el apoyo de una aerolínea que brindara charlas de técnicos y cediera un viaje terapéutico hasta Buenos Aires para ejercitar con el paciente todo lo aprendido. En aquel entonces, la única que respondió fue United Airlines, y el resultado fue muy positivo, recuerda Baccino. Hoy el acuerdo ya no existe, aunque para los especialistas "lo ideal" es subirse a un avión a enfrentar los miedos.

Y como de encarar se trata, los fármacos no son recomendados más que en casos con indicación específica. "Si alguien se `dopa` para viajar no se está exponiendo a lo que realmente teme y por ende no descubre que no pasa nada tan grave, como cree que puede llegar a pasar", explica la terapeuta.

La cifra

90% - Es el porcentaje de personas que logran superar su ansiedad ante el vuelo con una terapia, según el psiquiatra Claudio Plá.

Taller:

Plá brindará charla en agosto en Uruguay. sgaya@amadeus.com.uy

Pasos para superar la ansiedad

No ver imágenes. Cargar la mente con escenas de alto contenido trágico puede alterar el sueño y disparar alertas innecesarias.

Buscar información escrita o verbal de buenas fuentes (pilotos, especialistas en fobias, medios de prensa).

Entrenarse en técnicas para controlar la ansiedad: yoga, respiración, meditación, etc.

Aumentar la actividad física con prácticas no competitivas: caminatas, bicicleta, natación, gimnasia, danza.

Consultar con el mayor tiempo de anticipación posible al vuelo. Se necesita tiempo para procesar la información y recomponer la confianza en el avión.

Fuente: Claudio Plá, psiquiatra.

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