MIGUEL BARDESIO
Las amigas A, B y C estaban acostadas en el pasillo del hotel y tan afónicas que apenas se entendía lo que hablaban. Eran las cinco de la mañana, habían regresado de la discoteca y la adolescente A juntó toda la voz y le pidió un cigarrillo a C, pero se detuvo: "no, ta, no voy a fumar más, soy una boluda", dijo.
Entonces C, despeinada, mareada, hizo la misma promesa con el alcohol, sugirió luego que vayan a la cama y las otras estuvieron de acuerdo: "vamos, bo", decían cuando B empezó a reírse, se llevó la mano a la cabeza y confesó: "pa, me comí a un porteño en la discoteca, tengo que hacerme un lavaje de estómago". Para ella era grave lo ocurrido (comer es la exageración de besar), pero también divertido o incluso una mentira. Como sea, las tres amigas se rieron otra vez, jugaron de mano un rato y al cabo se incorporaron y pospusieron el sueño por una tapadita con las cajas de cigarrillos vacías. Este pasillo de hotel queda en Bariloche, la capital del turismo estudiantil y la historia es una de las miles que traerán de vuelta, por estos días, los 3.000 adolescentes uruguayos de entre 14 y 16 años que están pasando sus vacaciones allá. Por aquello del regalo de 15 años, porque son más grandes a esa edad y lo desean mejor, el 70% son chicas y el 30%, varones, según cifras estimadas por las agencias.
Viaje polémico, criticado por algunos al punto de que ya casi ningún colegio se involucra con su organización o desarrollo, Bariloche es el templo a peregrinar para muchos adolescentes: "este año … copa Bariloche/ nos copa de día / y nos copa de noche", fue el canto que más se escuchó entre los chicos, en el ómnibus, el hotel, los paseos o las discotecas. En los puntos suspensivos debe llenarse con la agencia que hace el servicio del viaje. Hay por lo menos 10 que ofrecen este servicio, que venden directamente a los chicos y familias.
Es "día y noche" porque los adolescentes tienen durante la estadía la agenda completa, desde la mañana a la madrugada, los primeros y los últimos días. En el medio, la actividad baja un poco para recomponer energías. A esquiar al Cerro Catedral, "culipatin" en la nieve en Piedras Blancas, cabalgata o el panorámico Circuito Chico ocupan las actividades diurnas y al oscurecer, se preparan para las discotecas By Pass, Genux, Grisú, Cerebro o Rocket, todas grandes, ventiladas y seguras como ninguna en Uruguay. El precio del viaje: unos 800 dólares por persona.
POCO SUEÑO, MUCHA MOVIDA. Actividad más ansiedad de los adolescentes, da un promedio de cuatro horas de sueño por noche. Menos duermen los coordinadores. Cada grupo de no más de 50, tiene uno y otros dos juniors, que son acompañantes jóvenes de apoyo. Para todas las salidas del hotel o para comer, los grupos se organizan al mando del coordinador, quien también debe controlar que no tomen alcohol o cualquier desborde. "Te acostás con el último y te levantás con el primero", dijo Fabricio, uno de los coordinadores uruguayos.
Día y noche también son los propios chicos, que ponen sus propios límites, porque su pasaje de un extremo al otro siempre está latente. Las adolescentes D y E llegaron a pedir lo mismo: volver antes de tiempo a Uruguay, aunque por motivos distintos.
En verdad, D no lo dijo en serio, estaba enojada la madrugada del jueves porque volvió de la discoteca con un chico que pretendía ingresar a su habitación pero el coordinador echó al muchacho. "!Era una bomba ese macho!", se quejaba D. "Me quiero ir", lloraba.
En cambio, E no podía más con el contraste. Una chica que nunca había salido de noche, apegada a sus padres, se encontró en la discoteca con un varón que la invitaba a bailar y ella se sintió mal, la gota que desbordó el vaso. Un coordinador la sacó del local y E lloró por más de media hora, se ahogaba. La vio el médico del grupo, Daniel San Martín y hablaron con los padres, quienes las convencieron de que se quedara. Hasta el viernes, E seguía en Bariloche, con su grupo de amigas, integrándose de a poco.
Pero lo maravilloso de la historia es que D y E son amigas, van al mismo colegio y se contienen, alientan y se respetan en sus intereses opuestos. "No se puede entender a los chicos si no es con la mentalidad de ellos. Ellos adolecen, lo bueno es súper bueno y lo malo, lo peor del mundo, pasan de un estado al otro en un segundo. Hay que comprenderlos, estar con ellos, no juzgarlos porque son chicos y tienen una capacidad de amar que para los adultos es muy difícil de comprender", dijo El Paysa, que se llama en verdad Daniel Martínez y anima cenas con los adolescentes en Bariloche desde 1987.
NIEVE. Bariloche queda a 2.200 kilómetros de Montevideo, 33 horas de viaje en ómnibus. En el primer tramo hasta Colonia, que el celular funcionaba, la novia de F le mandaba mensajes: "cuídate", "no hagas nada", "por favor" y F le respondía que tranquila, que le sería fiel y le fue. Él prefirió "agitar" con su grupo en el ómnibus, cantaban, hacían chistes. "Esto es lo que nos gusta a nosotros, la joda", dijo F, de 15 años, que se preparó una botella de Coca Cola cortada con whisky para el camino y ningún coordinador se la descubrió.
El grupo de F estaba enfrentado con el de G. De dos liceos diferentes del interior del país, pintó duelo musical, a ver quiénes imponían mejor la voz en el ómnibus. "Era muda, la mina era muda", cantaban unos y se superponía "que te clavo, que te clavo la sombrilla", o una cumbia, rock, temas en inglés, kilómetros de una batalla pareja, en especial entre las chicas. De repente, el grupo de G largó: "Sal de ahí, chivita, chivita…" y los otros respondieron con el clásico de Xuxa, aunque con una variante: "Ilari, lari, Eh, Bariló, Bariló!!", que es el diminutivo que usan en otras canciones o en banderas.
Al llegar, los bandos se habían amigado. "El objetivo es que los chicos se vayan con un grupo de amigos más grande del que vino", dijo otro coordinador, Ismael.
H, I, J y K estaban enojados. Los habían separado del resto de los amigos de su colegio cuando asignaron habitación y los pusieron con dos "extraños". Pero dos horas más tarde, decían que estaba "todo bien" y ya se medían propios y extraños en el futbolito o las maquinitas del hotel.
LA ESTADÍA. Las habitaciones son de entre cuatro y siete ocupantes. Los hoteles de Bariloche tienen un mobiliario para estudiantes y otro para el resto de los turistas, aunque hay uno, el Ausonia, que es sólo para jóvenes. La ciudad recibe 140.000 estudiantes por año, sobre todo de Argentina, pero también de Brasil y Chile, además de Uruguay.
La adolescente L quería conocer la nieve, pero su primer contacto, el lunes pasado, la decepcionó. En el paseo de Circuito Chico, había nieve en los bordes de la carretera, pero "estaba sucia". Al bajar, L y el resto de los adolescentes se abalanzaron sobre ella; era la excursión del primer día y un rito automático es tirarse bolas. LL, que es melliza de la otra, se la imaginaba menos dura. Al otro día, ambas se encontraron en Piedras Blancas con nieve fina y blanquísima.
El miércoles, sin embargo, se declararon hartas de tanta nieve. El grupo fue al Cerro Catedral, el principal centro de esquí de Bariloche y había una potente nevada, sensación térmica de 20 grados bajo cero por el viento en los 1.800 de altura del Cerro. No todos se animaron a probar con el esquí y prefirieron tomar chocolate caliente en el refugio. "Nunca había pasado tanto frío", dijo LL, que anduvo lo mismo en el esquí.
NOCHE. Para un menor de edad, conseguir alcohol no es fácil en Bariloche, pero el que busca, encuentra. "Mi experiencia es que el que toma en Bariloche, toma en Montevideo. Y acá, en última instancia, están controlados, cuidados y no en la calle como se los ve a veces en Uruguay", dijo el médico San Martín.
Los coordinadores tienen dos formas de control. "Prohibir tipo servicio militar no sirve de nada porque dañas la confianza del chico en el coordinador y él va a conseguir y tomar de todos modos. Yo prefiero que si un chico tomó de más, venga a pedirme ayuda a que me tenga miedo y se quede solo", dijo un coordinador.
El trabajo, entonces, es decirle a los adolescentes que si toman, comprometen la suerte laboral del coordinador, ese sentimiento de pertenencia les pone algo de freno a algunos y con los otros, se recurre a medidas más drásticas, como sacarle la botella o sancionarlo con una noche menos de discoteca.
En las discotecas piden documentos para vender alcohol. Algunos de los uruguayos se las arreglan igual. Mandan al que tiene cara de más grande, a ver si tiene suerte, aunque el camino seguro es pedirle a algún argentino que compre por él, a cambio de invitarlo. En Argentina, los estudiantes vienen a Bariloche en viaje de egresados, tienen 17 o 18 años y para ellos, es muy fácil.
El "balde" es el trago más llevado. La gracia es su cantidad: más de tres litros de una especie de sangría en base a sidra. Cuesta 60 argentinos (500 pesos uruguayos), pero hacen la colecta entre varios. Viene con una decena de sorbitos para tomar de a muchos.
Pero, todo siempre tiene algo de fabulación de los propios chicos. Ximena, una coordinadora, contó que arregló con el de la barra de la discoteca para que vendiera los baldos sin alcohol y los adolescentes tomaron y se comportaron como borrachos. Además, las discotecas venden tantos baldes vacíos como llenos. Los chicos llegan con ese "recuerdo" debajo del brazo, pero nunca lo tomaron.
Adentro de la discoteca, R es uno de los varones con más éxito. Se acomodaron en un sillón con B, la que se arrepentirá después de su fugaz encuentro con el "porteño". B es petisa, rubia y dice que no necesita tomar para ser cómo es. Toma igual, un poco, dijo. R y B pasan una hora en la oscuridad dándose besos y luego salen.
A la noche siguiente, R, que es rubio, ojos claros y de barba más dura que cualquiera de los otros, se acodó en la barra. "¿Y qué pasó con B?", preguntaron. "Eso fue ayer. Esto es Bariloche, que se maneje", respondió. Y B, por supuesto que se manejó.
El martes, los grupos fueron al centro de Bariloche a hacer algunas compras. Lo más llevado fueron unos calzoncillos boxer con marcas de besos. En el hotel, muchos se los pusieron y andaban por los pasillos, incluso las chicas.
Uno de los coordinadores los mira cuando están cantando o posando para alguna foto. "En cada viaje, siempre pienso en abandonar. Es un trabajo duro, pero sigo por ellos, que te dan un cariño enorme. Lo que más me molesta es que por hacer ruido, por tomarse una cerveza o explorar su sexualidad, nadie cree en ellos, los juzgan de manera equivocada . ¿Quién cree en los pibes ahora?", se preguntó.
La chica T y sus amigas V, W, X y Z también están en calzoncillos. V tiene un chupete que tuvo en la boca casi todo el viaje mientras T anda con un oso de peluche que se llama Roberto.
El Roberto de carne y hueso se quedó en Uruguay y ella lo extraña pero no tanto como para querer irse. Y no es un chico, sino su padre.
Padres se despiden sin temor
"Yo estoy muy tranquila, la voy a extrañar, pero sé que la va a pasar muy bien", dijo la madre. "Ojalá yo hubiera tenido la oportunidad de irme con mis amigas, pero en mi época no se estilaba", agregó.
La casualidad quiso que en el mismo ómnibus viajara la hija de una amiga suya de la adolescencia. Se encontraron. "Nosotros éramos bravas", comentaron la una a la otra. "Ahora yo creo que son más tranquilas", reflexionó Rosana.
"Cuídate, abrígate, llámame", eran comentarios de últimos minutos previos a la salida. "¿Flopy está?", preguntó una chica y le respondieron que estaba en camino.
Algunos rostros estaban preocupados, sobre todo de padres. Miguel, en cambio, se declaraba tranquilo: "son muchos días, pero le va servir como experiencia", dijo. Su hija de 15 ya había subido al ómnibus.
Para muchas familias, el viaje a Bariloche es la primera separación o al menos, la primera tan prolongada. La mayoría de los chicos, sin embargo, cuenta con servicio de roaming en su celular.
Es el viaje o la fiesta, se decía hasta hace años, pero ahora, por lo general las chicas piden ambas cosas. Jorge lo sufrió en carne propia: "si ella se lo merece y podemos, le regalamos las dos cosas", dijo.
Testimonios
Animador de cenas de adolescentes
Con un chico se puede y debe hablar de todos los temas. Hay que respetarlos y hablarles con su lenguaje. No se los puede entender si no es con su mentalidad. Ellos adolecen, lo bueno es súper bueno y lo malo, lo peor del mundo, pasan de un estado al otro en un segundo. Hay que comprenderlos, no juzgarlos porque son chicos. Tienen una capacidad de amar que para los adultos es difícil de comprender. Una vez terminé mi espectáculo, y se me acercó un adolescente con una foto de su papá, que había fallecido un año atrás. Me abrazó y dijo: `Esta es la primera vez que me río`. Esas cosas te marcan".
Sandro Núñez, alias "Peteco"
Animador de la discoteca Genux
Los grupos uruguayos, al traer chicos menores, tienen mucha más organización que los argentinos. Además, son más respetuosos en todo sentido. Es una percepción de mucha gente de Bariloche. Yo presento, en la disco, un espectáculo con saxo, en la que desarrollo una historia musical donde voy metiendo, en el léxico de los chicos, una campaña contra el alcohol, las drogas y el sexo no protegido y los pibes responden. Acá en la disco, controlamos mucho el tema del alcohol y además, lo vendemos muy caro; no porque quiéramos hacer más plata sino para que no alcance para emborracharlos".