Ahora lo llaman "Javiro", la palabra que había que digitar en el celular para votarlo en Bailando por sueño. Después de tres meses de televisión, la pelea con Gerardo Sofovich y con su compañera de danza Evangelina Carrozo, el bailarín Javier Rojas está de vuelta y ocupado en Montevideo: da clases en seis academias, hace teatro y monta espectáculos para fiestas privadas.
De su pasaje por el programa de Marcelo Tinelli, rescata la experiencia, algunos amigos que hizo por allá (ninguno porteño) y la reacción de aliento de los uruguayos a su dura pelea con el jurado del programa. "En la calle me dicen: me encantó tu postura, les dijiste todo lo que nosotros queríamos decir", contó Rojas.
Lo que dijo fue que el ámbito televisivo porteño era una "fábrica de soberbios", con Sofovich incluido. También defendió una postura favorable a la instalación de las plantas de celulosa de Fray Bentos contra la posición de su compañera Evangelina Carrozo.
"No sé si defendí al país. Pero sí defendí un pensamiento nuestro. Hay una diferencia abismal entre los porteños y la gente de provincia. Creo que es lo que pensamos todos los uruguayos. A algunos nos da para decirlo y ante millones de personas. Y defendí mi dignidad porque allá te pasan por arriba", dijo el bailarín.
Con todo, él está convencido de que aquel lío le ayudó para seguir en la competencia porque dio rating a su presencia. "Si no hubiera dicho nada, nos íbamos antes. El programa es un show y si vos armás un escándalo, vas a seguir, y Tinelli te va a mantener", comentó.
Pese a ello, niega que haya provocado la discusión con ese objetivo. "Fue espontáneo", según él, y relató que la relación con Carrozo era "pésima". Ensayaban tres horas diarias casi sin dirigirse la palabra. "Cero química. Si ella se hubiera aliado a mí, capaz que avanzábamos un poco más".
A la vuelta, en diciembre, Rojas estaba preocupado por el dinero. Había pasado tres meses en Buenos Aires con viáticos que le dieron justo. "Nos daban 30 pesos argentinos (240 uruguayos) por día para comer y 200 (1.600) por semana para gastos. No sobraba nada. Hacés 40 puntos de rating, ellos se la llevan toda, pero nosotros (los soñadores) no vimos un peso", contó Rojas, frontal como siempre.
De a poco, sin embargo, el bailarín entró a recuperar y sumar puestos de trabajo en teatro, academias de baile y también se dedicó a organizar presentaciones artísticas en fiestas de 15, o casamientos. En total, da clases de hip hop y otros estilos a unas 100 personas, la mayoría mujeres.
No cree que su discusión con Sofovich y el jurado en general le haya cerrado alguna puerta para trabajar allá. "Yo no fui con la idea de quedarme en Argentina. Porque son muchos y sos uno más, tenés que pelearla como loco", señaló el bailarín.
De vez en cuando, mira la nueva edición de Bailando por un sueño. "Es un show. Se juzgan otras cosas que no pasan por lo artístico, las amistades por ejemplo. Nazarena Vélez no está bailando bien en este momento pero es amiga de Sofovich y los puntajes siempre son 9 o 10", comentó.
Después de pasar por allá, le gusta mucho más acá. Apenas volvió, le insistieron que fuera al programa Intrusos de Jorge Rial, pero él se negó. "Son terribles", concluyó.
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