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los mitos de chile
Joyitas inexploradas del nordeste brasileño

O GLOBO | ANA LUCÍA BORGES

El Estado de Alagoas se convirtió en la vedette del turismo del Nordeste brasileño, con más de millón y medio de visitantes por año. Solamente la capital, Maceió, acoge a un millón. Pero hay mucho más para ver además de Maceió. Al norte, se encuentra el litoral donde vive el Manatí. Al sur, Penedo es una joya de la arquitectura colonial, en la orilla del río San Francisco.

A hora y media hacia el norte de Maceió, por la carretera 101, se llega a la rodovía 435, que conduce a la ruta ecológica. En 30 kilómetros de extensión se suceden playas casi inexploradas, entre Barra de Camaragibe y Porto de Pedras, este último conocido como "el santuario del pez buey marino", animal en peligro de extinción.

Varios barcos trasladan a los turistas a ver los manatíes en su hábitat. A través de manglares, ríos o mar, se observa esas especies reintegradas a la vida salvaje por el Proyecto Manatí de Ibama, organismo de preservación ambiental.

El origen de Porto de Pedras habría sido el asentamiento de una misión franciscana en el litoral de Alagoas para evangelizar a los indios. Al caminar por sus callecitas, todavía pueden verse construcciones antiguas, que datan de los siglos XVII, XVIII y XIX.

La marca de la historia es más característica en Penedo, a 160 kilómetros de Maceió. El centro puede recorrerse a pie. La tarjeta postal más divulgada de la ciudad es la Iglesia Nossa Senhora da Corrente. Su construcción habría comenzado alrededor de 1720, por la entonces muy influyente familia Lemos. Al ingresar en ella, es difícil decidir para donde mirar. Los paneles de azulejos portugueses que cuentan la vida de Cristo son policromados, con tonos fuertes amarillos y cafés. El piso de colorido mosaico, inglés, llama la atención por sus intrincados dibujos. Al lado del altar, una curiosidad: una cortina lleva a un escondite donde la familia, abolicionista protegía a los esclavos fugitivos.

El edificio que alberga el Museo de Pao Imperial y el Memorial Raimundo Marinho recrea la atmósfera de los revolucionarios de 1859, año en que Don Pedro II visitó la ciudad. Además, reúne objetos de familias penedenses y piezas del período imperial.

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Foto: O Globo / GDA. 
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