En busca del árbol de la vida

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El Nacional / GDA

EL NACIONAL | JAVIER PEREIRA

Al principio de los tiempos, el dios Wahari dispuso que los hombres no trabajaran. Nadie debía esforzarse por conseguir alimentos, agua o hierbas; todo se encontraba en el Wahari-kuawa (el árbol de la vida).

Así vivieron los seres humanos antiguos, sin mayores preocupaciones, hasta que una ardilla glotona, antepasado de los hombres actuales, se empeñó en tumbar el inmenso árbol porque quería los frutos para ella. Llamó a un tucán de pico largo y a un pájaro carpintero para que la ayudaran a cortarlo. Después de muchos días, lo lograron pero se arrepintieron de inmediato: todos los frutos se pudrieron y las gigantescas ramas bloquearon los ríos y provocaron inundaciones. Se acabó la abundancia y llegó el tiempo de la escasez.

Para recordarle a los hombres sus pecados, el dios Wahari mantuvo la base del árbol en pie y los nativos piaroas lo consideran hoy su montaña sagrada: es el cerro Autana, enclavado en el norte de la selva amazónica venezolana y declarado zona protegida desde 1979.

Para visitarlo sólo hacen falta cuatro días de excursión, que comienza al abordar una curiara en el embarcadero de Samariapo, en Puerto Ayacucho, para penetrar la selva a través de río Orinoco.

Durante el recorrido y a la orilla del río hay varias comunidades indígenas donde comer y pernoctar con las comodidades básicas: hamacas con mosquitero, letrinas bien acomodadas y churuatas para cocinar y protegerse del rocío nocturno.

El cerro es una torre de piedra arenisca y cuarzo de 1.300 metros de altura, con paredes escarpadas y tope casi plano. Es imposible subirlo caminando y, además, está prohibido por los piaroa: no ven nada bien que los turistas pisen su montaña sagrada.

Sin embargo, para los que quieran retar la leyenda indígena y remontar los muros verticales hay dos rutas: la sencilla, que es posarse en su lomo con un helicóptero; y la difícil, escalarlo con profesionales.

Hay una tercera opción, menos riesgosa y más económica: subir al cerro Wahari y alcanzar un mirador privilegiado, que muestra la cara oeste del cerro Autana y el fondo interminable de la Amazonia.

Para llegar al Cerro Autana

Se debe volar una hora desde Caracas a la ciudad de Puerto Ayacucho y de allí ir por carretera hasta el Puerto de Samariapo. Para el resto del trayecto, lo mejor es conseguir un guía. La temperatura en el Autana oscila entre los 12 y 26 grados. Más información en las páginas www.autana.org y www.akanan.com.

País con Caribe, Atlántico y Pacífico

O GLOBO | CIÇA GUEDES

Está que arde. Siete años después de que la administración del canal quedó a cargo del país, Panamá ha terminado de desmilitarizarse y el mercado inmobiliario y el turismo son los segmentos que más crecen, y no sólo en ciudad de Panamá, la capital.

En otras provincias -son nueve y una comarca, más allá de las áreas donde viven las siete etnias indígenas que integran la población de tres millones de habitantes- los edificios monumentales ceden su lugar a condominios ecológicamente correctos, dirigidos principalmente a jubilados americanos y europeos.

A quienes les gusta observar corales y peces, debe ir a las playas del Pacífico. Quien busca aguas más cristalinas, debe escoger las del Mar Caribe, hacia el Atlántico.

En la provincia de Bocas del Toro, cuya costa es bañada por el Mar Caribe, está el archipiélago del mismo nombre, formado por diez pequeñas islas, muy apetecidas por surfistas y turistas extranjeros. En Chiriquí, bañada por el Océano Pacífico, la principal atracción son las tierras altas, de origen volcánico.

Las islas son un encanto aparte. En el archipiélago de las Pérolas, en el Pacífico, está Contadora, que queda a 15 minutos en lancha de la capital, está el resort más antiguo de Panamá, el Hotel Contadora, además de restaurantes y bellas playas. En el Atlántico se encuentran las 365 islas del Archipiélago de San Blas.

La historia también forma parte del itinerario. Panamá Vieja fue fundada en 1519. Ahí se puede escuchar jazz en Las Bóvedas, un bar en la Plaza Francia instalado en una fortaleza que data de 1688. En el Casco Viejo están las tiendas de artesanía indígena.

Un paseo en bote por el Canal, de océano a océano, tiene un precio elevado: 149 dólares. Y sólo puede hacerse el primer sábado de cada mes, para no congestionar el tránsito. Los paseos más cortos pueden realizarse los viernes por las noches.

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