M.INÉS LORENZO | GABRIELA VAZ
"El que es muy culto porque leyó a Onetti es inculto si no sabe nada de cumbia villera". "La cultura es todo aquello que humaniza y mejora el mundo". "Un analfabeto puede ser muy culto". "¿Es la ropa que me pongo, la música que canto, la comida que como, los instrumentos para labrar la tierra, o exclusivamente el arte, la literatura?" "¿Si soy culta? Es una pregunta graciosa, hecha desde un paradigma que felizmente tratamos de abolir".
Al parecer, definir cultura es una tarea difícil. ¿Qué es ser culto en el siglo XXI? Los uruguayos siempre fueron destacados por su alto nivel en comparación con los demás habitantes de la región. ¿Ese rasgo se mantiene o acaso nunca fue verdadero?
En los tiempos que corren, la palabra cultura parece adoptar más acepciones que nunca y ante su sola mención los entrevistados disparan frases e ideas tan parecidas como disímiles, tan repetidas como diferentes. Que Internet es la nueva clave de la alfabetización, que la educación es la sistematización de la cultura, que el éxito de Gran Hermano o Tinelli son íconos de la degradación cultural, que el arte en todas sus manifestaciones es la percepción refinada de cultura, que la intelectualidad es elitista.
Ahora bien, existe consenso en cuanto a que hay al menos dos definiciones básicas y son esas las que adquieren luego diversas ramificaciones.
Desde siempre, indica la historiadora Ana Ribeiro, la cultura se entiende por un lado como el modo de vida total de un pueblo, independientemente de su desarrollo (lo cual significa que todos tenemos, somos y pertenecemos a una cultura). Por otro, es sinónimo de refinamiento, de apropiación de lo más elevado, complejo y eficaz que una cultura tiene.
Según el diccionario de la Real Academia, se trata del conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
En Uruguay, ni siquiera las personalidades más vinculadas a la cultura parecen ponerse de acuerdo a la hora de calificar a los compatriotas en esa área, puesto que además pocos coinciden en su propia concepción del término.
"Todo aquello que exprese lo mejor de la condición humana es cultura. Eso no ha cambiado. Hace 2.500 años que seguimos en el mismo dilema que planteaba Sófocles en Antígona: él decía que teníamos un conocimiento ostentoso, `nada más portentoso que el hombre`, pero sabiduría no tenemos, no sabemos discernir el bien y el mal. Y ahí está el problema de nuestra felicidad. En definitiva el hombre es eso, o la cultura es eso: avance del conocimiento y aumento de la sabiduría", reflexiona el escritor Tomás de Mattos, director de la Biblioteca Nacional, a la vez que asegura no poseer un concepto elitista.
Un autor estadounidense conocido como T.S. Eliot escribió un texto de 300 páginas llamado Notas para una definición de cultura y nunca llegó a una conclusión, recuerda el ex ministro de Educación y Cultura, Antonio Mercader. "¿Es la ropa que me pongo, la música que canto, la comida que como, los instrumentos para labrar la tierra, o exclusivamente el arte, la literatura? En general, pensamos más en esto último, en las formas más elevadas o prestigiosas de la cultura. Desde ese punto de vista, no creo que el pueblo uruguayo esté por encima de otros de la región", sostiene.
INTERNET. Algunos consideran que tomar la cultura desde un punto de vista "intelectual" es parte de una noción antigua y casi obsoleta. El ensayista y docente universitario Hugo Achugar opina que la idea de ser "más o menos culto" parte de un criterio "de clase media". "Una persona puede ser culta sin haber leído a Rodó. Hoy hay una cantidad de gente que valora mucho la concepción antigua de cultura: los que toman decisiones, los que deciden los programas de enseñanza formal, los que dirigen la televisión y los diarios. La base para forjar la cultura son los medios de comunicación".
Muchos apuntan que, en el mundo actual, es imposible hablar de cultura sin incluir la tecnología. "Una persona culta hoy -en el sentido antiguo de la palabra, apunta Achugar- no sólo debe saber quiénes son Paul Auster o Picasso, sino que debe saber de cultura urbana, mediática e Internet".
En un mundo eminentemente audiovisual, la difusión cultural es más rápida, más directa y por ende, más democrática, razona Mercader. Sin embargo, considera que en esas virtudes están implícitos varios defectos. "La brevedad explica la superficialidad, la falta de contexto y análisis, así como el apartamiento de la lectura sosegada".
Quizá por eso mismo sea necesario mantener un equilibrio. Para el director nacional de Cultura, Luis Mardones, hoy atravesamos una época de endiosamiento de las tecnologías en desmedro de las artes. "Me parece un gran error. No hay un ser humano completo, una formación integral, sin el arte y la cultura. Podemos correr el riesgo de terminar formando idiotas eficientes y productivos".
CULTOS O EDUCADOS. Desde mediados del siglo pasado, los uruguayos han adquirido fama de "pueblo culto" en relación con sus pares de la región. Al menos, eso se ha asegurado intra-fronteras hasta el cansancio. ¿Es algo cierto o se trata de un mito? Y en caso de ser veraz, ¿continúa siendo así?
La gran mayoría de los consultados opina que, aunque en algún momento el país se destacó en esa área, hoy difícilmente mantiene aquel nivel.
Para Tomás de Mattos, el punto de inflexión fue la época de la dictadura, donde hubo "un trastorno en la tradición de cultura entre generaciones", mientras el otro gran problema es la escasez de recursos económicos para la educación, "hermana de la cultura".
Achugar cree que "ese tema de que éramos los más cultos de América" fue simplemente "un disparate". "Cuando hablaban de eso se referían a que había más alfabetización, pero en Colombia, o en Chile, piensan lo mismo de sí mismos".
Confundir cultura con educación es frecuente y varios de los consultados recordaron separar los términos. Mardones, por ejemplo, considera que "hoy Uruguay es un pueblo más instruido que culto".
Más allá de ciertas "elites", es un error poner al país por encima de otros por su nivel cultural, dice Mercader. "Hay que dejar de autoelogiarse y convencerse de haber logrado muchas cosas. Es necesario abrirse hacia afuera y aprender a valorizar productos que Uruguay tiene y no son reconocidos. Se vendió un Torres García en más de millón de dólares y muchos dijeron `la pucha, era tan bueno como decían`. Después que murió Onetti, muchos nos dimos cuenta que era bueno, aunque aún pocos lo leen. Después que el Cuarteto de Nos tuvo éxito en Buenos Aires, da la impresión de que el país se despertó".
Algunas personalidades tienen una visión aún más entusiasta del nivel cultural uruguayo. Tal es el caso del director de Cultura de la Intendencia de Montevideo, el escrito Mauricio Rosencof. "Uruguay ha mantenido una constante y estamos en un muy buen período. Nunca hubo tantas empresas editoriales ni tantos escritores jóvenes. Existe una explosión cultural en los barrios inédita. No hay zona que no tenga su coro de tercera edad, una murga de jóvenes o niños, o grupos de teatro independiente".
También el director de la Comedia Nacional, Jorge Denevi, afirma que el grado cultural es "increíblemente alto". "Hablo mucho con los taxistas, y tienen el mismo nivel de conocimiento que yo. Eso no se ve en ningún país de América".
TELEVISIÓN. Uno de los principales argumentos que manejan quienes tienen una visión más apocalíptica de la cultura general son los altos índices de audiencia de programas televisivos con un contenido, al menos, frívolo.
La participación de la pantalla chica en la cultura actual es innegable, puesto que se trata del medio masivo con más llegada entre la población. Pero para muchos, esto no puede traducirse en una influencia directa en los gustos e intereses culturales de los espectadores. "Pornografía, contenido basura y autores mediocres había antes de que apareciera la televisión. La obscenidad no es un invento de Tinelli", opina el escritor Achugar.
En esa línea se pronuncia Mercader: "no puede ser tan distorsionante, puesto que ya hay tres generaciones formadas a su amparo".
Para otros, sin embargo, su influencia es hoy más clave que nunca. "Uno puede pasarse organizando festivales de poesía o conciertos de cámara, pero nada es equiparable a la difusión de la tevé. Sus contenidos pueden ayudar a crecer o idiotizar a la gente, sin perjuicio de que soy de los que creen que no hay que subestimar al espectador. Tampoco me parece que deba regularlo el Estado. Pero creo que debe tener espacio para el ocio, la recreación y hasta la frivolidad, pero también algo más educativo y cultural", entiende Mardones.
Si bien nadie demoniza al aparato de por sí, todos concuerdan en que sus contenidos son vitales desde lo cultural. Jorge Denevi es el más categórico: "estamos teniendo una influencia nefasta. En este momento, es producto de una mediocridad absoluta. Sin ser idealista ni pensar en que se debe pasar ópera todos los días, la televisión puede ser otra cosa. Hoy se reduce a informativos o productos argentinos. Y aunque algunos son buenos, a la mayoría de los programas argentinos habría que desterrarlos, ponerles una bomba a cada uno. Nos hace falta, en este momento, un debate acerca de qué televisión tenemos que tener".
Cambios: tolerancia, apertura y masividad
"En el 45 alguien culto sabía mucho de literatura e historia y buscaba todo el tiempo epater le bourgeois. Aquello de llamar al arte `helarte` es la más clara representación: desafiar, asombrar. Los cultos de hoy son más integrados, aunque el arte siga `helando` a algunos que no entienden que un frasco conteniendo orina del plástico Christo sea un objeto artístico", afirma la historiadora Ana Ribeiro al explicar el cambio que ha sufrido el concepto de cultura en los últimos 50 años.
Los "cultos de hoy", dice, "son más cosmopolitas y abiertos a tolerar múltiples minorías culturales, a la vez que son menos `universales` -o buscan menos una panacea universal, una obra única producto de un único momento de inspiración- y más partidarios de encontrar una `tribu` urbana o ideológica".
Los cambios mayores son los introducidos por la informática y los derivados de la quiebra del viejo eurocentrismo, lo que nos ha llevado a revalorizar culturas antes depreciadas, dice Ribeiro. "Hoy puede verse una exposición de arte de los indios navajos en una refinada galería parisina, antes abierta sólo a lo occidental. Esa quiebra está acompañada de una emergencia de los productos masivos, considerados como productos dignos de ser evaluados culturalmente. Un espectáculo de tango en el Solís representa ese cambio".
"El uruguayo involucionó"
"La cultura ha evolucionado, la que involuciona es la gente (lo siento Charles Darwin)", opina el conductor radial Orlando Petinatti, al tiempo que desarrolla algunas otras ideas fiel a su estilo.
"Si existieran dos equipos de fútbol 5 por cada siglo tendríamos jugando por el siglo XX a Gandhi, Einstein, Kennedy, Chaplin y Juan Pablo II. Por el siglo XXI estarían jugando hasta el momento: Chávez, Bin Laden, Benedicto XVI, Ileana Calabró y Gargano. Ojo, en los dos equipos hay jugadores que pueden hacer pelota la cultura o que se pueden poner la cultura al hombro".
Para Petinatti, el uruguayo "era culto. Hoy hace de la cumbia villera, de la pasta base, de la corrupción, de la falta de modales y de muchas cosas más, un culto".
En cuanto a la televisión, el conductor también se despachó: "juega un papel maravilloso en el ámbito cultural (estoy mirando History Channel), aunque a veces juega un papel tenebroso (estoy mirando Canal 5), por momentos siento que juega un papel lastimoso (estoy mirando Gran Hermano), o quizás espantoso (estoy mirando ese programa uruguayo que no sabemos cómo puede estar al aire)".
Escondida y difícil de alcanzar
"Cultura, cultura... Uno no tiene muy claro qué es o qué abarca", opina Carlos Tanco, creador del popular personaje Darwin Desbocatti, mientras que, luego de un breve silencio agrega: "No me convence la acepción relativista de que todo es cultura. Tampoco la definición purista de que alguien es culto si escucha ópera con Víctor Hugo al lado".
Para Tanco, casi todos los uruguayos -salvo algunos intelectuales- presentan un nivel de cultura medio hacia abajo, y las antiguas generaciones solían leer más que hoy. "Las personas antes estaban más zambullidos en los movimientos culturales o filosóficos de la época. Creo que cuando mis viejos tenían mi edad eran más cultos de lo que soy yo ahora", reflexiona.
Pero el columnista no comparte la visión apocalíptica de que la sociedad se desbarranca con el tiempo. Para él, la cultura actual está más expandida y la del siglo XX sigue estando, pero escondida. De ahí la dificultad para alcanzarla.
"¿Si me considero culto?, Noo... no he leído lo suficiente como para eso. Sólo llego a mantener una charla de bar de unas dos horas. Ese es mi promedio de sustento cultural", asegura Tanco.
Todos cultos
"La cultura es la manera de ser de los pueblos, nuestras costumbres, nuestra manera de vivir. Yo quizá no estoy muy bien educado, pero sí soy culto, como todos los uruguayos, como todo el mundo. Por lo general, la cultura suele asociarse con el nivel intelectual o de información, pero para mí no va por ese lado. El mate, por ejemplo, forma parte de la cultura del pueblo uruguayo. Cada nación, a su manera es culta. Es más, puede haber individuos analfabetos y muy cultos". Omar Gutiérrez, conductor de TV.
Diversidad
"¿Si soy culta? Es una pregunta graciosa, hecha desde un paradigma que felizmente tratamos de abolir. La cultura es la producción humana. En una misma sociedad conviven distintas producciones y hay matrices que dominan. Como la cultura es un elemento central de cohesión en la identidad de las naciones, ante el sometimiento la diversidad cultural genera conflictos. El gran desafío es respetar la diversidad, algo que no pasa sólo por el sistema educativo formal". Nora Castro, maestra, diputada por el MPP.
Autodidacta
"La cultura engloba varias cosas: desde el conocimiento enciclopédico hasta las costumbres de un pueblo. Pero las expresiones artísticas también forman parte de la cultura, porque permiten la comunicación social. No soy culto desde el punto de vista formal, ya que no finalicé la secundaria, pero siempre estoy dispuesto a aprender cosas sobre las culturas de los pueblos. La educación es una herramienta insoslayable para que la cultura llegue a todos y sea viva". Yamandú Cardozo, director de "Agarrate Catalina".
Para convertir al simio en ser humano
"El valor de la cultura es el mismo de siempre: marcar rango. Pero a su vez, los tiempos que corren le han dado a ésta un valor con nombre propio: mercado cultural", analiza la historiadora Ana Ribeiro.
Para ella, ya no se trata sólo de "torres de marfil". Hoy, la cultura es un bien material, con capacidad de gestionar riqueza.
Algo similar indica Tomás de Mattos, escritor y director de la Biblioteca Nacional, al decir que existe una tendencia a la masificación, y cada vez más se asocia a la cultura con el comercio. "Se invierte en lo seguro. Todo se organiza en función de lo que luego reditúa".
Ahora, más allá de marcos mercantiles, ¿qué tan importante es la cultura? Como explica Mauricio Rosencof, director de Cultura de la Intendencia de Montevideo, no sólo abre horizontes y amplía el conocimiento, sino que permite transmitir pensamientos entre generaciones
De hecho, desarrollar la capacidad de análisis es uno de los principales beneficios que se le adjudican a la cultura como conocimiento. De Mattos recordó una frase de Saramago para graficar su razonamiento: "tanto buscan los biólogos el eslabón perdido que una al hombre y al mono, cuando en realidad cada uno de nosotros es ese eslabón. Y en definitiva, el objetivo de cada proceso cultural es convertir al simio que somos al nacer en el hombre que llegue a explotar todas sus potencialidades".
¿Para qué sirve ser culto? "Si todos los uruguayos pensaran por sí mismos y tomaran en cuenta las necesidades de los demás, muchos problemas estarían resueltos, incluidos inseguridad, drogas o desempleo. No hay cambio social sin cambio cultural", dice el escritor.