JUAN ANDRÉS ELHORDOY
Estamos inundados de discusiones políticas obsesionadas por futuro inmediato. Estamos sobrepasados por la miopía que no contribuye a discutir temas de fondo. Al mismo tiempo, reeditamos nuestras debilidades e incapacidades para prevenir males y planificar soluciones. Reelegimos renunciar a prepararnos para lo bueno y lo malo por venir. Así estamos. Las inundaciones y la reelección presidencial son, aunque parezca mentira, dos asuntos de la realidad que nos pone de frente al cortoplacismo.
Las copiosas lluvias de marzo, abril y mayo terminaron en una de las mayores inundaciones de la historia. Y con ellas, nació una respuesta solidaria protagonizada por miles de anónimos que colaboraron con los damnificados. Pese a la magnitud de las donaciones, habitantes de zonas afectadas se quejan por las dificultades a la hora de recibir las ayudas. La improvisación y la viveza de los que quieren aprovecharse de la generosidad ajena, son dos escollos concretos a superar.
Las inundaciones revelaron la inmadurez institucional del país. Pese a la magnitud del desastre, quedan jerarcas que no logran traspasar fronteras organizacionales. Las chacras y los ombligos siguen prevaleciendo mientras que la gente espera… . Y como si fuera un culto a la improvisación, los Comités de Emergencia no tenían claro el miércoles pasado, que un pronóstico de tiempo indica que el martes y miércoles próximo, se estaría registrando un temporal de viento y lluvias de grandes proporciones. Las autoridades no parecen tener elementos de peso que le permitan anticiparse a los hechos.
El cortoplacismo también manda en las primeras discusiones sobre una eventual reforma constitucional para promover, entre otras cosas, la reelección presidencial. Sin saberse claramente la voluntad del gobierno y el presidente, ya se gestó una pobre discusión política. Como cuando el país discutió la reforma de 1996 que incluía la instalación del balotaje. Los opositores de la época se centraron en intencionalidades políticas para quitarle posibilidades al Frente Amplio de llegar a la presidencia.
La historia volvería a repetirse. Ahora, midiendo el aceite de la campaña electoral, se vuelven a manejar elementos de coyuntura para marcar opinión sobre la reelección presidencial. El corto plazo ubica a Tabaré Vázquez delante del tema y no permite visualizar si esa posibilidad, ajena a los dirigentes políticos de turno, es positiva o negativa para el país.
La reelección presidencial, ¿no fomentaría el populismo basado en gastos excesivos en campaña electoral, cuando se acercan los comicios? ¿Qué efectos tiene la reelección en las intendencias, donde sí está permitida? ¿No se contradice el Frente Amplio con su postura asumida en 1971 contra la reforma impulsada por Pacheco? Por otro lado, la Constitución vigente, ¿no afecta a los partidos políticos que no consiguen sustitutos naturales a nivel de los partidos políticos porque los dirigentes más experientes deciden esperar 5 años para volver a ser candidatos? ¿Qué hubieran hecho los gobiernos anteriores de haber tenido esta posibilidad?
Así como los impulsores de la reforma constitucional sobre el agua manejaron en 2004 que debía pensarse en el largo plazo para "cuidar el agua de los uruguayos", sería bueno que la incipiente discusión pueda también incorporar un análisis serio y de largo plazo para esa eventualidad. Pensar solamente que la reelección presidencial es un camino al autoritarismo o que solucionaría un problema bárbaro para el Frente Amplio, sería discutir sobre reformas constitucionales a ras del piso.