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Profunda tristeza no es depresión
Recientes estudios sobre la depresión revelan que la enfermedad estaría en un 25% mal diagnosticada, confundiéndola con episodios de angustia. Asimismo, surge una bacteria "maravilla" para el tratamiento del trastorno clínico.

THE NEW YORK TIMES | NUEVA YORK

Una de cada cuatro personas que aparenta sufrir de depresión, en realidad, está luchando con las repercusiones mentales normales de un golpe emocional reciente, como pueden ser la ruptura matrimonial, la pérdida del empleo o el colapso de una inversión, sugiere una reciente investigación. Con la finalidad de evitar diagnósticos innecesarios y el estigma que conlleva, la definición de depresión debería realizarse nuevamente para excluir, específicamente, ese tipo de casos, sostienen los autores.

El estudio, que apareció a comienzos de abril en la publicación especializada Archivos de Psiquiatría General, toma como base los datos relevados de más de ocho mil estadounidenses. No se analizó el número de personas a las que se indicó un diagnóstico incorrecto.

Los psiquiatras y otros profesionales de la medicina que llevan cuidadosamente las historias de los pacientes, lo hacen con el propósito de descartar ese tipo de golpes en la vida, así como los efectos de enfermedades físicas, antes de hacer el diagnóstico de la depresión.

Sin embargo, el manual de diagnóstico de la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos, específicamente, no excluye a las personas que sufren de profundos, aunque normales, sentimientos de tristeza, a menos que estén profundamente afectadas por la muerte de un ser querido.

Una gran cantidad de distritos escolares y clínicas de asistencia médica utilizan simples listas de verificación de síntomas, que no toman en cuenta el contexto, señalan los autores.

"Creciente número de personas informa de sus síntomas en esas listas de verificación, y no hay manera de saber si estamos encontrando respuestas normales de tristeza o verdadera depresión", indicó Jerome C. Wakefield, profesor de trabajo social en la Universidad de Nueva York, y principal autor de la investigación realizada.

Los coautores son Mark F. Schmitz, de la Universidad Temple, Allan V. Horwitz, de la Universidad Rutgers y Michael B. First, psiquiatra de la Universidad de Columbia, quien editó la actual versión del manual de diagnóstico de la asociación psiquiátrica.

IMPACTOS. Las revelaciones del informe apuntan a que anteriores estimaciones del número de estadounidenses que sufre de depresión por lo menos una vez en su vida -más de 30 millones- es 25% excesivo.

El Dr. Darrel Regier, director de investigaciones de la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos, dijo que cree que "la preocupación que suscita este estudio es verdadera y se necesita ser muy cuidadosos para no diagnosticar en exceso una respuesta normal y homeostática ante una pérdida, y llamarla un trastorno".

Pero, el especialista agregó que las listas de verificación de la depresión, en los hechos, ayudan a identificar a personas que están necesitadas de tratamientos para la enfermedad clínica.

Los investigadores analizaron las respuestas de 8.098 adultos a las preguntas de la encuesta, formuladas entre 1990 y 1992.

Las preguntas tomaron como base los criterios de diagnóstico para problemas del ánimo e interrogaron a las personas que informaron de un período de tristeza, si recordaban un hecho que pudo haberla causado, como es el caso de la pérdida de un ser querido o un divorcio.

El manual de diagnóstico establece una diferencia entre angustia profunda que precipita la depresión duradera, lo que es infrecuente, y la tristeza normal, que parece ser depresión, pero habitualmente va declinando a medida que transcurren las semanas o los meses.

Los investigadores descubrieron que 56 participantes de la encuesta sufrían de esa reacción normal después de la muerte de alguien muy cercano.

Otras 174 personas tenían dificultades con los niveles normales de aflicción después de un tipo de golpe diferente, como la ruptura de una relación romántica o la pérdida de empleo. Ese es un grupo que calificaría para un diagnóstico de depresión, de acuerdo con la definición.

PARECIDOS. Entonces, los investigadores compararon las respuestas de los dos grupos con las preguntas sobre nueve tipos de síntomas de depresión, incluyendo la pérdida de apetito, problemas para dormir y pensamientos sobre el suicidio.

Hallaron que la única diferencia significativa era que quienes estaban apenados por la muerte tenían dos veces más probabilidades que otros que estaban asimilando otro tipo de pérdida, de tener pensamientos sobre la muerte o el suicidio.

"El perfil que se obtiene de esos dos grupos es muy, pero muy parecido", dijo el Dr. Wakefield, por lo que no se justifica excluir a un grupo y no al otro del diagnóstico de la depresión.

Los autores no sacaron conclusiones sobre las repercusiones del estudio en los tratamientos. Con frecuencia, los médicos tratan reacciones normales de angustia si los pacientes sienten algún tipo de dolor.

Pero, esos pacientes no deben ser identificados como si tuvieran depresión, concluyen los autores.

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Una bacteria podría hacer maravillas con la enfermedad clínica

Las bacterias causan enfermedades. La idea que podrían prevenir males es contraria a la intuición. Sin embargo, es la hipótesis que Chris Lowry, de la Universidad de Bristol expone en la revista Neuroscience. Considera que un tipo particular de bacteria podría aliviar la depresión clínica. La observación que el Dr. Lowry siguió para llegar a esa conclusión fue realizada por Mary O`Brien, una oncóloga del Royal Marsden de Londres, quien ensayaba un tratamiento para el cáncer de pulmón que involucraba la inoculación de pacientes con mycobacterium vaccae. Es un pariente inerte de bacterias causantes de tuberculosis y lepra que, en este caso, fue provista en una versión más inocua. Cuando O`Brien suministró la inoculación, observó menos síntomas del cáncer y una mejora en la salud emocional, vitalidad y función cognitiva de pacientes.

Para descubrir lo que estaba ocurriendo, el Dr. Lowry utilizó ratones. Su hipótesis fue que la respuesta inmunológica ante la mycobacterium vaccae induce al cerebro a producir serotonina. Esa molécula es un neurotransmisor (un mensajero químico entre células nerviosas) y un síntoma de la depresión es te-ner bajos niveles de la misma. Lowry y su equipo inyectaron mycobacterium vaccae a ratones y los examinaron. Buscaron un incremento en el nivel de las citoquinas, que son moléculas producidas por el sistema inmunológico para desatar respuestas en el cerebro. Como esperaban, crecieron los niveles. Luego, observaron el efecto de esas citoquinas en los cerebros de los animales. Las citoquinas actúan sobre los nervios sensoriales que conectan con el cerebro desde órganos como el corazón y los pulmones. Lowry descubrió células que conectan con el sistema límbico, el área del cerebro que genera las emociones, que liberan serotonina al sistema límbico en respuesta a estímulos nervo sensoriales. La consecuencia son ratones sin estrés. Lowry pudo medirlos al lanzarlos a una piscina. Anteriores estudios revelan que los ratones sin estrés disfrutan nadando. Los de Lowry nadaron con entusiasmo.

El resultado abre la posibilidad de tratar la depresión con vacuna. La mycobacteirum va-ccae es considerada una suerte de bacteria maravilla. También deriva en una línea de estudio de los motivos por los cuales la depresión es más común. Otras dos enfermedades que crecieron en frecuencia son el asma y la alergia, causadas por el ataque del sistema inmunológico a células del cuerpo que se supone debería proteger. Una explicación sugiere que la falta de exposición durante años infantiles a bacterias inocuas deriva en sistemas inmunológicos mal preparados. En la depresión, puede haber una explicación similar. Si un ámbito ultrahigiénico no resulta estimulante para la interacción entre el sistema inmunológico y el cerebro, algunas personas pueden tener una mala reacción ante la consecuente falta de serotonina. Nadie sugiere que esa sea la totalidad de la explicación, pero puede resultar que sea una parte de la misma.

The Economist Londres

Se necesita ser cuidadoso y no diagnosticar en forma excesiva el trastorno, como ocurre.

En el país, la depresión sigue tan subdiagnosticada y subratada hoy como hace diez años, asegura el psiquiatra uruguayo Álvaro Lista.

"Nosotros hicimos el último estudio de prevalencia en el 98, pero no hace falta demasiado para saber que hoy debe ser peor, aquí y en el mundo entero. ¿Las razones? El estrés cotidiano, las condiciones de vida moderna del hombre".

El especialista, que aquí trabaja solamente en clínica pero desarrolla su actividad científica en Chile, explica que las principales investigaciones en las que trabaja están orientadas a la genómica, es decir, los genes asociados al aumento de la probabilidad de desarrollar depresión y su respuesta al tratamiento. En cuanto a futuros fármacos, Lista opina que habrá dos nuevos productos, pero no antes de 2010.

Uruguayos no tratados

De las personas diagnosticadas de depresivas, en realidad, presentan golpes normales de la vida.

La depresión será la segunda causa de discapacidad en 13 años, según la OMS.

Cada 8 adolescentes sufre de trastorno depresivo grave y es la segunda causa de suicidio.

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