GABRIELA VAZ
Cuenta la Biblia que cierto día se presentaron ante el rey Salomón dos mujeres disputándose la crianza de un niño, ambas argumentando legítima maternidad. La resolución del archifamoso juicio es por todos conocida: dado que no sabía a cuál creerle, el soberano mandó partir al chico en dos, para dar a cada mujer una mitad. Pero al oír eso, una de ellas prefirió renunciar a su reclamo. El rey no dudó; esa era la verdadera madre.
Las contiendas por la tenencia de un niño no son un tema moderno, ni mucho menos, y aún hoy el sistema judicial intenta seguir aquella premisa bíblica; los chicos no pueden dividirse en partes para conformar a quienes los quieren consigo, por ello es necesario advertir quién calibrará mejor sus intereses y deseos, y no antepondrá los propios. ¿Bajo qué criterios un juez decide otorgar la tenencia a una u otra persona? ¿Cuándo se escucha la voluntad del niño? ¿Qué recomiendan los expertos?
Los juicios por tenencia más comunes son aquellos que se dan cuando tras una separación o divorcio, la pareja no se pone de acuerdo acerca de quién convivirá con los hijos. Si bien el Código de la Niñez y Adolescencia (CNA) establece algunas pautas -como que el chico permanezca con quien convivió más tiempo o preferir a la madre cuando se trata de un menor de dos años- la decisión invariablemente queda en manos del juez, que debe evaluar cada situación.
"El criterio que se debe aplicar siempre es el interés superior del niño", apunta el ministro del Tribunal de Apelaciones de Familia, Ricardo Pérez Manrique.
Todo un logro que se ha alcanzado en los últimos años es conseguir que un menor sea visto como sujeto de derecho, y no como propiedad de sus padres o tutores. De hecho, recién el CNA (aprobado en 2004) estableció la necesidad de otorgar un abogado al niño cuando esté en medio de un juicio por tenencia -para que represente sus intereses si éstos difieren de los de sus padres- y la obligación de que el juez lo escuche.
Edith Wieder ha actuado como curadora ad litem en varias ocasiones y su representado más pequeño tenía apenas dos años de edad. "Alguien debe velar por sus intereses. En general, yo me junto a hablar con ellos y, de ser mejor, sin padres presentes. Cuando son muy pequeños también hay psicólogos y asistentes", señala al tiempo que afirma: "si la disputa es entre los padres, además del problema de con quién vivirá, el chico tiene un partido especial y difícil de resolver".
De hecho, cuando el conflicto llega a un juicio, es que ya ha corrido "mucha agua bajo el puente", coincide la psiquiatra y psicoterapeuta de familia Clara Fassler. No obstante, reconoce que en la pelea hay un elemento legítimo: los padres no quieren perder su vínculo con el hijo. "No es fácil dejar de vivir con un niño, estar con él en la cotidiana, participar en todas las decisiones de su vida. Que haya dolor, tristeza o bronca por modificar ese vínculo es normal. El cambio se resiente y la gente tiene miedo a perder la relación. Lo complicado es cuando se pierde de vista que, además de ser alguien querido por los padres, el niño es un ser con sus propias necesidades".
Sin embargo, aclara, la voluntad del chico no siempre representa lo mejor para él. "Muchas veces un hijo prefiere quedarse con el padre que encuentra más triste y despojado porque siente que necesita más protección".
De cualquier forma es muy difícil para un niño tener que elegir entre los dos padres. "No se puede cargar esa responsabilidad sobre los hombros de alguien que no tiene la madurez para todo lo que implica esa elección. En el fondo, depositar esa decisión en el niño demuestra la incapacidad de los padres para seguir siendo padres", afirma Fassler.
Una tendencia internacional en Derecho de Familia lleva a acordar formas de tenencia compartida, es decir, que el chico viva un poco con cada padre. Tal como cuenta el ministro Pérez Manrique, incluso se habla de dictaminarla sin consentimiento de los padres, "como forma de obligarlos a llegar al menos a acuerdos mínimos sobre temas de sus hijos".
El juez reconoce que en Uruguay existe una resistencia a esto, sobre el principio de que puede afectar la estabilidad del niño, ya que no tendría dirección fija y sus costumbres cambiarían constantemente según la casa donde esté. "Pero creo que cada situación es distinta. De pronto es preferible justamente tener dos casas, porque se tienen dos padres en casas separadas".
Pero la tenencia también puede ser reclamada por terceros, ya sea otros parientes o personas totalmente ajenas a la familia biológica del chico.
Tal como explica el director de la Defensoría Pública de Familia, Raúl Antúnez, es bastante frecuente la tramitación por parte de abuelos, y aunque a veces la única finalidad que se persigue es el cobro de la asignación familiar, suele partir de una situación que se da de hecho.
Con menos asiduidad, personas ajenas a la familia pueden reclamar la tenencia de un niño.
"Ocurre con chicos abandonados, cuando nadie se preocupa por ellos. Otras veces, si el juez entiende que un niño es maltratado, tiene la potestad de entregárselo a quien considere más conveniente", dice Antúnez.
Ello suele ser la antesala de un proceso de adopción, indica Pérez Manrique, y apunta que deben evaluarse cabalmente las condiciones del solicitante.
En cualquier caso, los involucrados asumen que lo primordial es el beneficio del niño, y si bien éste tiene varias aristas, lo que más pesa es el elemento afectivo.
A modo de epílogo, la psiquiatra Fassler dice que el mayor desafío es reconsiderar los vínculos. "El 60% de los padres no pasa pensión alimenticia tras una separación. Más allá de las disputas por tenencia, eso muestra que a la hora de hacerse cargo, muchos padres se divorcian de sus hijos".
Controversia en caso polémico
La Justicia de Pando lleva adelante uno de los más polémicos casos por tenencia que se han visto en los últimos tiempos, con denuncia penal incluida.
El niño "en disputa" se llama Agustín y tiene 5 años. La contienda es entre los abuelos y un matrimonio que, según ellos, lo adoptaron en regla, pero para la familia biológica del chico, lo "robaron".
Luz Marina Dupetit, la defensora de oficio que asiste a los abuelos, asegura que este caso "es una alerta para las familias pobres, que están más desprotegidas". Ana, la abuela de Agustín, de 53 años, tiene 14 hijos y vive en un hogar carenciado, "pero no en estado de indigencia", asegura Dupetit. La mamá del niño cuida coches y la abogada reconoce que nunca se preocupó mucho por su hijo, por lo que la tenencia de hecho siempre estuvo en manos de la abuela.
Según el relato de la defensora, en noviembre de 2002, cuando el chico tenía apenas siete meses (y dos días después de que Ana se hubiese presentado en el INAU para tramitar la tenencia de derecho de Agustín), dos funcionarios policiales y una mujer que alegó ser asistente social llegaron de improviso a su casa, en Barros Blancos, los intimidaron, les dijeron que tenían una orden del juez para llevarse al niño y se lo sacaron. Además, ese mismo día y en el Juzgado, "obligaron" a la abuela -que no sabe leer ni escribir- a firmar su consentimiento para dar al niño a un matrimonio de Las Piedras. "Fue un robo, pero el sistema funciona así. Se cubrieron todos los operadores", dice la abogada, quien señala que la denuncia implica también a juez, fiscal, defensora y otros funcionarios judiciales e INAU.
Sin embargo, el matrimonio alega que adoptaron al niño -a quien llamaron Ignacio- sin irregularidades y que la familia biológica quería deshacerse del chico. A su vez, en el expediente del caso varios ministros aseguraron que ninguno de los hechos relatados por la abuela tienen "respaldo probatorio". El Tribunal de Apelaciones decidió que el niño viviera con su familia adoptiva.