Sigue la sangría uruguaya: en 2006 se fueron 17.000

| A pesar de la mejora en la economía nacional y las políticas restrictivas en varios países, el año pasado se registró un importante crecimiento de la emigración.

GABRIELA VAZ

Fue la crisis más aguda del último siglo. El sistema financiero colapsó: mientras los precios de todo subía casi proporcionalmente a la rapidez con la que el peso perdía valor, miles quedaron sin empleo, a decenas de miles se les redujo el sueldo -el ingreso por habitante bajó un 30%-, la pobreza extendió su alcance y la enorme mayoría de la población, sin distinción de edades, sexo o incluso nivel socio-económico, vio afectada su vida directamente.

Seguramente, no hace falta que alguien se lo recuerde. Cualquier uruguayo que habitara en el país en 2002 tiene todavía muy presente el huracán que lo atravesó bajo el nombre de crisis económica. Un huracán que a algunos se los llevó muy lejos.

La situación impulsó una ola migratoria como hacía tiempo no se veía. Ese año 26.000 personas abandonaron el país, número que se repitió en 2003. Por comparar, entre 1986 y 1996, se estima que hubo un promedio de 9.000 egresos por año. Claro, pasados los embates de la crisis, y comenzada la recuperación, la tentación de irse se fue diluyendo. En 2004 y 2005, se volvió a las cifras anteriores.

Sin embargo, el año pasado hubo un repunte que algunos, ante la mejora del panorama económico y las políticas migratorias restrictivas que han adoptado los principales países de destino, encuentran inexplicable: 17.000 uruguayos decidieron probar suerte afuera.

¿Qué motivó esta nueva "fuga masiva"? En realidad, los expertos afirman que, desde hace 40 años, Uruguay es una fuente de expulsión permanente de sus habitantes y la emigración pasó a ser parte de su más básica estructura.

PERFIL DEL QUE SE VA. Actualmente, casi medio millón de compatriotas reside en el exterior, lo que significa un 13% de la población. Quizás, fríamente no diga mucho, pero se trata de un número extremadamente alto. Para tener en cuenta, el total de latinoamericanos que viven fuera de la región asciende a un 3% de la población total, en tanto México, por ejemplo, tradicionalmente conocido por sus fenómenos migratorios, tiene un 8% de su población en el exterior.

Aún así, cuesta entender el pico que reapareció en Uruguay durante 2006, cuando a priori las condiciones económicas mejoraron respecto a los años anteriores inmediatos y el ingreso se ha puesto más difícil para los emigrantes en España y Estados Unidos, dos de los principales destinos elegidos.

Para empezar, los expertos insisten en aclarar que la cifra es relativa. Efectivamente, el año pasado hubo 17.000 personas que salieron desde el Aeropuerto de Carrasco y no volvieron, al menos no hasta diciembre. Esa cifra no puede tomarse como la emigración neta del país durante ese período, pero sí sirve como referencia y quizá una aproximación. Las fronteras terrestres y fluviales no son tomadas en cuenta ya que actualmente no involucran un volumen alto de emigrantes.

Tal como explica la demógrafa Adela Pellegrino, la estimación más certera se realiza a través del Censo, y el último fue en 2004. "Esta cifra hay que confirmarla. Intentamos ver si todos los indicios que tenemos son similares. En 2003 y 2004 el saldo negativo en el aeropuerto era muy alto, pero a la vez se veían colas para sacar el pasaporte, había otros factores. Sobre 2006, habría que investigar más. Por ahora, los otros indicios no demuestran que haya aumentado tanto".

Lo mismo apunta el sociólogo Álvaro Portillo, director general de Asuntos Consulares y Vinculación (Departamento 20) del Ministerio de Relaciones Exteriores. "Es un error inferir que esos pocos más de 17.000 que salieron del Aeropuerto en 2006 son emigrantes. Hay una cantidad de uruguayos que fueron sobre fin de año a visitar familiares, a pasear, por razones de negocios, por estudio, y que como regresaron en 2007, su vuelta no quedó registrada", señala.

De todas formas, el aumento no deja de ser notorio. Ya sea con la intención de volver o no, la cantidad de viajes que los uruguayos realizan prácticamente se duplicó. "El saldo está muy vinculado con la cantidad de movimiento general que hay. Eso es porque ha mejorado la situación económica. Cuando vivimos la crisis no había un peso, la gente no viajaba", dice Portillo.

No obstante, ahora el fenómeno parece haber renovado impulso. ¿Quiénes se siguen yendo? Y antes que nada, ¿por qué? Hace dos años, la demógrafa Pellegrino y la economista Andrea Vigorito trazaron un perfil del emigrante uruguayo, en base a la Encuesta de Caracterización Social que el Banco Mundial realizó en 2002 con el objetivo de recoger información sobre el impacto de la crisis en los hogares.

Las expertas concluyeron que los emigrantes uruguayos son en su mayoría hombres y adultos jóvenes, con un nivel educativo medio y alto. A su vez, el estudio indicó que un 30% de los hogares tienen miembros que dijeron que les gustaría emigrar, cifra que se elevó al 34% para los hogares bajo la línea de pobreza. Sin embargo, en esos estratos hay menos emigrantes porque no cuentan con los recursos necesarios para irse.

Por otro lado, existe más propensión a vivir en el exterior en hogares numerosos, sin menores de 18 años, con jefatura masculina y cuando hay parientes que ya están residiendo fuera.

REDES. Con medio millón de uruguayos dispersos por el mundo es un hecho que las redes familiares y de amigos, cada vez más amplias, son uno de los principales factores a la hora de reproducir la emigración. Como señala el director del Departamento 20, "se da un permanente proceso de salida que no se ha detenido, algo inevitable tomando en cuenta la cantidad de uruguayos en el exterior. Las famosas redes de conocimiento y familiaridad, que explican buena parte de los procesos migratorios, están y van a seguir funcionando durante mucho tiempo. La gente que tiene un tío, un sobrino, un amigo en el exterior dice `voy a visitarlo y ya que estoy pruebo`".

No obstante, tanto Estados Unidos, donde se concentran el 33,3% de los emigrantes uruguayos, como España, que alberga al 32,6% (seguido por Argentina con 8,5% e Italia con 4,7%) han implementado políticas migratorias muy restrictivas. Portillo indica que hoy quizá sean más los uruguayos que se van de los Estados Unidos que los que están ingresando, debido a las deportaciones y el acoso de las autoridades migratorias. En España, si bien se han puesto duros, el año pasado también operó positivamente para los emigrantes la regularización que llegó a través de la Ley de Extranjería, que habilita la reunificación familiar.

Este fenómeno no sólo afecta a la demografía del país y su economía, sino que implica un desarraigo para el que se va, y también para el que queda. Tal es así que en el año 2000 un grupo de familiares decidió crear la Asociación de Padres con Hijos en el Exterior (Aphie, ver recuadro), una organización con el objetivo de ayudar "a sobrevivir las ausencias y asumir las distancias", según indicó su presidenta, Lydia Gumiel. "Yo tengo un hijo que está afuera hace ya mucho tiempo y me costó mucho aprender a entrenarme para establecer puentes imaginarios con él. Estuve 11 años sin verlo".

Aphie tiene un padrón con 500 socios, un número que se mantiene aunque sus integrantes van cambiando, casi a modo de grupo de autoayuda. "Mucha gente entra llorando y luego, conversando con los demás, logra sentirse mejor", dice Gumiel.

Los hijos de la mayoría de los miembros de la asociación se han marchado hace ya tiempo, pero no es extraño que éstos sean seguidos por hermanos y otros familiares que aprovechan el camino allanado que les ofrecen los primeros que se fueron. De esta manera, el fenómeno deriva en una sangría constante.

Los procesos migratorios son dinámicos, afirma Portillo. ¿Acaso es posible prever qué sucederá en el futuro inmediato y un poco más? Para el sociólogo, las proyecciones son multicausales. "Con el escenario de un país en crisis se precipita el proceso emigratorio, porque a esta altura del partido las redes existen. Los uruguayos tienen alternativas, conocidos en distintos países del mundo que los alientan a arriesgarse. Cuando esto empezó, a finales de la década del 60, no había uruguayos en el mundo. Hoy, 45 años después de un proceso prácticamente ininterrumpido de expulsión, con 15 países con cantidades importantes de uruguayos, y medio millón esparcido por el globo, se generan, obviamente, grandes posibilidades de continuar emigrando".

La presidente de Aphie también considera que el proceso es dinámico. Sin embargo, desde su perspectiva el egreso de uruguayos no ha aumentado. "Aquí siempre se está acercando gente nueva, pero yo creo que ahora se está yendo menos gente. Ya se han ido muchos. Demasiados".

Familiares ofrecen contención

La Asociación de Padres con Hijos en el Exterior ofrece desde contención emocional hasta ayuda jurídica para familiares de uruguayos que, por cualquier razón, han decidido emigrar.

Según explica su presidenta, Lydia Gumiel, la organización realiza actividades y charlas con psicólogos, profesores de inglés y otros técnicos que puedan asistir las inquietudes más frecuentes de los miembros. A su vez, entre los propios integrantes se crean conexiones para generar contactos entre los familiares que viven afuera, y también tienen acuerdos con agencias de viajes y empresas de telecomunicación.

La asociación se reúne los terceros viernes de cada mes en el teatro Ateneo. Más información en https://aphieuy.tripod.com

Debilidades y fortalezas

Si bien la emigración ha sido adoptada como una estrategia de supervivencia económica por amplios grupos de la población, la necesidad de acceder a ciertos recursos para concretarse la ha concentrado en un sector: jóvenes de niveles educativos medios y altos.

De hecho, el director del Departamento 20 de Cancillería, Álvaro Portillo, especula con que es probable que el impulso de emigración en 2006 esté más vinculado con fuerza de trabajo calificada que otra cosa, pues en esos casos se siguen teniendo buenas oportunidades de ingresar incluso en países difíciles.

"Esta situación es totalmente estructural, muy difícil de revertir. Nosotros la estamos trabajando a partir de un programa llamado Circulación de Uruguayos Altamente Calificados, que es la búsqueda de una vinculación con ese segmento de nuestra emigración".

Si bien supone una debilidad, también se puede transformar en fortaleza, dice Portillo. "Queremos imitar la experiencia de Irlanda, que a través de sus emigrantes en los 90 consiguió acuerdos, contactos, consorcios muy interesantes. La idea es articular saberes o intereses afines a lo que estén haciendo en el exterior. Es una forma de contrarrestar ese flujo negativo de fuerza de trabajo joven y calificada que se va, porque las soluciones coercitivas no son válidas. No podemos prohibirle a la gente que se vaya".

Las cifras

108.000 Es el número estimado de uruguayos que abandonaron el país entre 1999 y 2004. En total, unos 440.000 viven fuera.

13% Es la población uruguaya que reside en el exterior. Se trata de una de las cifras más altas entre países latinoamericanos.

72 Son los millones de dólares que ingresaron en 2005 como remesas desde el exterior, según datos del Banco Central.

Solución a lo adverso

En los últimos años, la cantidad de uruguayos que dejó el país fue tan grande que la emigración se convirtió en la principal tendencia demográfica de estos tiempos.

Pero más allá de eso, lo cierto es que esa suerte de sangría permanente se ha vuelto un fenómeno estructural de la sociedad desde hace más de 40 años.

Tal como indican la demógrafa Adela Pellegrino y la economista Andrea Vigorito en su estudio Estrategias de sobrevivencia ante la crisis, el quiebre se produjo en la década del 60, cuando se detuvieron las olas de inmigrantes que provenían de Europa y la emigración de uruguayos comenzó a predominar.

Mientras hasta 1960 el saldo siempre había sido positivo (llegaban más de los que se iban), entre 1963 y 1975 se estimó un total de 201.376 emigrantes, y entre 1975 y 1985, se fueron otros 177.822. Luego, aún cuando el fin de la dictadura militar trajo aparejado el retorno de muchos uruguayos, principalmente exiliados políticos, el censo de 1996 puso en evidencia que la emigración continuó siendo una opción de vida para buena parte de la población. Y el fenómeno estructural quedó asentado.

En el caso uruguayo, la salida del país se ha constituido en una respuesta rápida de la población a condiciones ambientales adversas, señala el estudio.

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