Escándalo, en Washington

La dueña de un burdel pone en peligro a los poderosos estadounidenses cuando, al ser apresada por prostitución, amenazó con vender su agenda con diez mil nombres. En campaña electoral, se ventila toda la intimidad de los candidatos.

 ds Madame D.C. 20070408 350x379

O GLOBO, EL PAÍS DE MADRID Y AGENCIAS

El último escándalo de la política estadounidense se conoce como el caso "Madame D.C", las letras son la abreviación de Distrito de Columbia, el apellido de la capital del país.

Pues bien: la tal Madame D.C., cuyo nombre verdadero es Deborah Jeane Palfrey, se gana la vida regenteando una agencia de acompañantes femeninos y está ahora siendo procesada por ejercicio ilegal de la prostitución. Sin dinero para pagar su defensa, la mujer amenazó con poner a la venta el listado con sus más de 10.000 clientes de Washington entre los que hay "políticos, agentes del servicio secreto, abogados y empresarios muy importantes", según declaró ella misma.

La oferta hizo temblar a los círculos de poder de Washington en un momento en que la campaña electoral ya acumula 18 pretendientes, todos con su vida personal bajo la lupa de los medios. Madame D.C. sabe cuánto vale el silencio sobre la vida íntima de los políticos, especialmente la sexual, frente a un electorado conservador como el de Estados Unidos.

El abogado de Palfrey, Montgomery Sibley, declaró que ya tienen una docena de ofertas de medios de comunicación interesados en la agenda, aunque dijo que por ahora no han fijado un precio, sino que están testeando el mercado.

Algunos analistas han especulado con que el verdadero fin de Palfrey es aterrar a los "peces gordos" de Washington para que muevan sus influencias y logren que la causa se caiga en la Justicia.

Mientras los rumores de los nombres son la comidilla de la capital, uno de ellos, valiente, dio un paso al frente y admitió haber recurrido a los servicios de "Pamela Martin", como se llamaba la agencia de Palfrey. Se trata de Dick Morris, ex asesor de Bill Clinton, que fue consultor de la campaña presidencial de Fernando de la Rúa, en Argentina.

MEJOR NO MENTIR. El caso recuerda al del senador republicano Newt Gingrich, divorciado dos veces, que anticipó su confesión de que había tenido una relación extraconyugal cuando era presidente del Congreso e investigaba al ex mandatario Bill Clinton por su adulterio con Monica Lewinski.

"Sí, yo tenía una amante. Pero eso no me convierte en un hipócrita. Bill Clinton estaba bajo la investigación del Congreso no por tener una amante, sino por mentir sobre eso. Él cometió perjurio", declaró el legislador.

Ocurre que según las leyes no escritas de la política estadounidense, cuando se trata de intimidad, lo mejor es callar, pero si no es posible, nunca hay que mentir. La popularidad del presidente George W. Bush está en caída por el rumbo de la guerra en Irak, pero sobre todo, porque lo acusan de haber mentido con el argumento de las armas de destrucción masiva que no tenía Saddam.

Frente a asuntos de la vida privada, la norma se cumple igual y después de la confesión de Morris, es probable que el escándalo Madame D.C. provoque otros similares, incluso antes de la venta de su poderosa agenda.

De hecho, las confesiones de Gingrich y Morris se sumaron a la multitud de políticos que cometieron adulterio, lo que ha sido más problemático entre los republicanos, considerados menos liberales.

El campeón de los escándalos sexuales es el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. Sus hijos -Andrew, de 21 años y Caroline, de 17- rechazaron participar de la campaña presidencial del padre por su comportamiento con su ex esposa. Guiliani asumió públicamente que su tercera esposa fue su amante mientras estaba casado con la segunda, y anunció por televisión que se divorciaría, pero lo hizo antes de comunicárselo a la ahora ex mujer.

La agitada vida amorosa de Guiliani es fuente inagotable para blogs satíricos, como el Libocrts, que publicó un "reportaje" sobre una marcha ficticia que reunió a 200 mil mujeres que decían ser ex amantes del precandidato.

El rival republicano del ex alcalde de Nueva York, el senador John Mc Kein, también tiene un divorcio que siguió tras el descubrimiento de una amante. Sin embargo, Mc Kein asumió la culpa por la separación, pidió disculpas al electorado y consiguió que su ex esposa lo apoyara públicamente.

Una encuesta de la Pew Research Center mostró que el 86% de los estadounidenses opinan que el hecho de que un candidato sea divorciado, no es problema, pero el 56% tendría reparos en votar a uno que haya tenido una relación extramatrimonial. La pesquisa reveló también que la condena al adulterio es de 62% para los republicanos y de 25% para los demócratas.

Drogas, sexo y esclavos

El precandidato Barack Obama observa cómo su pasado le juega en contra. Los medios ya le hicieron confesar que fumaba marihuana cuando era estudiante, rastrearon la separación de sus padres y revelaron que su madre se casó por segunda vez con un musulmán. El diario sensacionalista The Sun elaboró el árbol genealógico de Obama para demostrar que sus antepasados eran dueños de esclavos. El responsable de la investigación, William Reitwieser, dijo que los antepasados de otro precandidato demócrata, John Edwars, también fueron propietarios de esclavos. Edwars se defendió diciendo que casi todas las familias de clase media y alta tenían esclavos en el siglo XIX.

De su lado, Hillary Clinton enfrenta resistencia por haber perdonado a su esposo: los liberales consideran que debía separarse y los conservadores especulan con que el matrimonio sea por conveniencia. La polémica creció con el libro The Clinton crack up, de Emmet Tyrell. Se dedica un capítulo a la "vida de mujeriego" de Bill después de dejar la Casa Blanca. "Durante la campaña, la vida personal de los candidatos sirve para cuestionar su estabilidad emocional, capacidad para juzgar y habilidad para gobernar", dijo el politólogo de la Universidad de Virginia, Larry Sabato.

Hacer campaña política en Estados Unidos es una historia de pareja

Familias modelos o recompuestas, amas de casa o esposas (o maridos) independientes, los precandidatos estadounidenses a las elecciones presidenciales de 2008 tienen todos un punto en común: la voluntad de poner su vida en pareja al servicio de sus ambiciones políticas.

Para la ex primera dama Hillary Clinton es evidente, y sería una locura que no explotara el talento de su esposo Bill Clinton, quien abandonó la Casa Blanca hace seis años con la tasa de popularidad más alta tras la segunda guerra mundial (65%, incluso mayor que Ronald Reagan). La dupla Clinton es sin duda una de las menos convencionales. Aunque no hay que olvidarse de los desvíos del ex presidente con la becaria Monica Lewinski, para todo el mundo es claro que Bill es la base de la candidatura de su esposa. "Ella sería una presidenta formidable", afirma, mientras participa personalmente en reuniones de recolección de fondos para su campaña.

Ninguna esposa de otro candidato puede competir con la agenda de direcciones y el poder de seducción del ex mandatario, pero cada una debe imprimir su marca personal durante la campaña.

La demócrata Elizabeth Edwards juega la carta del coraje frente a la adversidad. De la mano de su esposo John Edwards, quien se ubica tercero en la mayoría de los sondeos en la carrera por ser candidato demócrata a la presidencia, Elizabeth anunció al país entero la reaparición de un cáncer que creía haber vencido y que sería "incurable". "No voy a privar al país de un presidente", aseguró mientras su esposo prometía hacer campaña con "más fuerza que nunca". Según un sondeo de Newsweek, la mayoría (56%) piensan que debe permanecer en carrera contra 25% que opina que debe tirar la toalla.

Incluso el senador Barack Obama, que sigue de cerca a Hillary, no escatima elogios para su esposa Michelle, abogada. "Comienzo esta fase de nuestra aventura sin saber lo que nos espera, pero con los ojos bien abiertos", afirmaba a los seguidores en febrero.

Por el lado republicano, el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, con una vida personal menos conformista que la deseada por el partido, convenció a una periodista del canal ABC que "adoraba" a su mujer. Giuliani se ha casado tres veces. El ex alcalde incluso se arriesgó al sugerir que "Judy" pueda ser consejera oficial en la Casa Blanca.

Incluso los candidatos menores hacen de su vida familiar un argumento. El demócrata Joseph Biden fue invitado al programa del comediante Jay Leno. La emisión fue una ocasión para que el candidato poco conocido mostrara una faceta humana: tras un accidente de tránsito, fallecieron su esposa y su pequeña hija, pocas semanas después de su elección en 1972.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar