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en 50 años, la unión cambiará por completO
Europeo medio: una especie en evolución
Muda de color, envejece sin remedio, habla varios idiomas y estudia en el extranjero. Muchas cosas se modificaron para el europeo, algo que también sucederá con su población y riqueza.

EL PAÍS DE MADRID | BRUSELAS

El europeo medio es una especie en continua evolución. La economía, los avances tecnológicos y los cambios de mentalidad han transformado a la especie y su ecosistema de forma radical en las últimas décadas.

"Los cambios más duraderos tienen que ver con dos fenómenos demográficos: la inmigración y el envejecimiento de la población. Hay otros factores que han contribuido al proceso de cambio: primero el crecimiento económico extraordinario y la urbanización de los años sesenta, luego la universalización de la enseñanza, la emancipación todavía incompleta de la mujer, y finalmente el auge de las nuevas tecnologías. El resultado son sociedades e individuos tan heterogéneos, y a la vez tan similares en muchos aspectos de su cultura y valores, que resultarían irreconocibles para un europeo del 1957", opina Xavier Prats Monné, sociólogo que desde hace 20 años trabaja en las instituciones europeas en Bruselas.

El pasado fin de semana, el europeo medio cumplió 50 años y lo que sigue es su radiografía según los datos de Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea (UE).

En primer lugar, el europeo medio muda el color de la piel. El día que se firmó el Tratado de Roma, en 1957, en Alemania un niño de cada cien tenía padre extranjero. Hoy, son 20 de cada cien. Un 5,7% de los que comparten territorio con el europeo medio son de otros países, de ellos 4,1% de fuera de la UE.

Envejece a marchas forzadas. Hoy, el 17% de los europeos tiene más de 65 años (frente al 10% de 1960). Las proyecciones indican que esa cifra rondará el 30% en 2050, cuando la generación del baby boom llegue a la edad de jubilación. Además, pesa menos en el mundo ahora. A principios de los años setenta, el 11% de la población mundial era europea. Hoy, representa sólo el 7,2%.

En tercer lugar, habla idiomas. Una mayoría de los jóvenes europeos estudia inglés (85%); un 19,2%, francés; un 16,8%, alemán y un 9,4%, español. Y de media estudian más de una lengua extranjera (1,4), aunque esta cifra varía mucho según los países.

La cuarta estadística no es tan positiva: cada europeo genera 518 kilos de basura al año. Los españoles, con 608 kilos, se sitúan por encima de la media continental.

Casi la mitad de los europeos utiliza Internet al menos una vez a la semana y el 32% tiene banda ancha, según se indica en la quinta característica desarrollada por Eurostat.

Asimismo, viaja en coche. La mayoría de los europeos prefiere pasar las vacaciones dentro de su país. Pero también son muchos, un 43%, los que deciden cruzar las fronteras cuando no tienen que trabajar y para ello utilizan preferentemente el coche, seguido del avión y, en tercer lugar, el autobús. El europeo dispone de 57.090 kilómetros de autopista para circular. Países mediterráneos como España, Francia o Grecia están entre los preferidos, pero desde hace dos veranos Letonia y Lituana ganan fuerza como destinos turísticos favoritos.

Una de las costumbres que ha adoptado el europeo medio es la de estudiar fuera. En cuanto a porcentajes, hombres y mujeres estudian por igual en la UE, aunque ellas se dedican más a las humanidades y ellos a las carreras de ciencias e informática. En torno a dos de cada 10 estudiantes ha participado en programas de formación en otro país europeo.

RIQUEZA. Cuando 50 años atrás los seis países originales firmaron el Tratado de Roma para iniciar el proceso de integración continental, los hoy 27 rozaban los 400 millones de habitantes. Entonces eran casi el doble que los estadounidenses, casi como los indios (442 millones) y algo menos de dos terceras partes de los chinos (657 millones).

Hoy las cosas han cambiado: 495 millones de habitantes en la UE, frente a los 1.316 millones de chinos. Para 2050, si se mantienen las tendencias, según Eurostat, la disparidad demográfica habrá aumentado aún más tanto en términos absolutos como relativos. Si la UE actual representaba el 12% de la población mundial hace 50 años, sólo será en torno al 5%, frente al 16 % de China -debido a su envejecimiento- y al 18% de India que habrá superado a su poderoso vecino. Estas cifras sirven para enmarcar los mayores retos que tiene que afrontar Europa, aunque sin llegar a ser agoreros.

Podría pasar que el viejo continente se convirtiera en un gran museo, que visitaran muchos turistas chinos e indios si el calentamiento global no ha producido estragos.

Si hace bien los deberes, Europa perderá en términos relativos, pero su economía seguirá creciendo y en riqueza por habitante, sus países pueden seguir estando entre los más aventajados del mundo. No es un juego de suma cero en el que los que ganan los unos lo pierden los otros. Todos pueden ganar.

En los `60, la población de la UE-25 iba creciendo a un ritmo de tres millones de personas al año, para bajar a 1,3 millones en los `70 y `80. Gracias a la inmigración, en los primeros años del nuevo milenio ha vuelto a subir a 1,8 millones anuales. Eurostat cree que "en condiciones normales" los 25 -hoy 27 - llegarán a 470 millones para 2025, para luego reducirse a 450 en 2050, aunque con un reparto homogéneo. Chipre, Irlanda, Luxemburgo y Suecia aumentarán de forma considerable, mientras entre 2005 y 2050 perderán un 10% de su población la República Checa, Eslovaquia, Hungría y Polonia.

España, que parte de casi un empate con Polonia -con 42,9 millones frente 38,1 millones- alcanzaría su nivel máximo -45,6 millones- hacia 2025 para caer a 42,8 millones en 2050. Para entonces, Polonia habrá pasado a 33,7. Alemania, también sufre, según estas tendencias, un retroceso, de 82,6 a 74,6 millones. Con lo que el peso relativo demográfico de España -que cuenta en el reparto de votos establecido por la Constitución Europea- aumentaría. Lo que explica algunas posiciones españolas de cara a la previsible revisión de ese texto. La distribución del poder económico también cambiará en el mundo.

PODER. Un estudio realizado el año pasado por el jefe de Macroeco- nomía de PriceWaterhouse, John Hawksworth, compara el G-7 -Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia y Canadá, a los que añade España, Australia y Corea del Sur-, con lo que llama el E-7 de las emergentes -China, India, Brasil, Rusia, Indonesia, México y Turquía-. Para 2050, este E-7 pasará de ser un 20% del G-7 en la actualidad, a un 25% superior -en Paridad de Poder de Compra, el cambio es aún más espectacular, de un 75% por debajo a un 75% por encima-.

China tendrá problemas de envejecimiento de la población y reducción de los que estén en edad de trabajar, al contrario de India, que acabará superando a su vecino también gigante.

América Latina, con la juventud de su población tendrá grandes oportunidades. Europa se habrá hecho más vieja con más de un 50% de su población por encima de los 65 años, y por tanto fuera del mercado de trabajo, si no se ha retrasado la edad de jubilación, lo que, dados los progresos en la salud y la longevidad, será probable.

Para 2050, la economía China debería ser entre 94 y 143% -según se calcule a precio de mercado o en PPC- e India entre 58% y 100% de la de Estados Unidos; la economía brasileña será como la de Japón; la de Indonesia o México mayor que la alemana; Rusia como Francia. Esas pinceladas bastan para pronosticar un cambio de poder equivalente en un mundo más multipolar y equilibrado en el que no cabrá atisbo de colonialismo.

Pero no es que Europa o Estados Unidos se queden atrás; sólo en términos relativos. En cuanto a la riqueza por habitante, el estudio de PriceWaterhouse señala que en 2050 estarán en los primeros puestos Estados Unidos, Canadá, Australia, Reino Unido, Japón, Francia, Alemania, Italia y España -con casi el doble en poder adquisitivo que los chinos-.

El reto para Europa no es sólo lejano, aunque la globalización haya encogido las distancias, sino también cercano, en el Mediterráneo, pues el nivel de desigualdad entre las dos riberas no es sostenible. No contando Turquía, que pasará de 73,2 a 101,2 millones de habitantes entre 2005 y 2050, el mediterráneo no europeo, de Líbano a Marruecos, sumará 100 millones más a los 180 millones de habitantes con que cuenta hoy. Y por detrás está África que tras Asia será la región con mayor empuje demográfico. Es de esperar que la UE haya hecho mucho antes lo suficiente para integrar estas regiones de su vecindad a su espacio de prosperidad, con una nueva relación con Rusia.

Ricos más ricos, pobres más pobres

El modelo capitalista estadounidense, con un crecimiento de las desigualdades que inquieta a sus propios gestores, contagia cada vez más a Europa. Desde finales de los `90, siguiendo esa senda, los ricos son cada vez más ricos y los pobres, más pobres. No es retórica. La reducción de desigualdades en Europa se detuvo al filo del cambio de siglo. Desde 2000, y coincidiendo con la recuperación económica, las disparidades de renta entre ricos y pobres han vuelto a crecer.

En 2005, la renta percibida por el 20% de los más ricos es casi cinco veces mayor que la obtenida por el 20% más pobre. En sólo 5 años, las diferencias económicas europeas han aumentado hasta retroceder a los niveles de hace una década.

Otros indicadores de la desigualdad como el índice de Gini, o la caída del peso de los salarios en relación con los beneficios empresariales, que crecen exponencialmente, reflejan la tendencia. Las diferencias de renta han crecido en Polonia, Portugal, Italia y Alemania. En Portugal, la desigualdad en la distribución de la renta entre los más ricos y los más pobres es prácticamente igual a la de EE. UU. Los países nórdicos como Suecia, Dinamarca y Finlandia han logrado mantener su estructura social más igualitaria, junto a un alto nivel de riqueza.

El ex presidente de la Comisión Europea Jacques Delors destacaba la "creciente preocupación de los gobiernos por el aumento de la brecha de la riqueza". Se hacía eco del debate abierto en el Eurogrupo, formado por los 13 países que tienen el euro como moneda, donde su presidente, Jean Claude Juncker, el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquín Almunia, y el ministro alemán de Finanzas, Peer Steinbrück, coincidieron en la necesidad de replantear "un reparto más justo de los frutos del crecimiento económico".

La creación de ocho millones de empleos desde la entrada del euro ya no es suficiente.

¿Qué debe hacer la Unión Europea?

Ante la perspectiva de los análisis de futuro, lo primero que la Unión Europea debería hacer, como se señala desde el informe realizado por el jefe de Macroeconomía de PriceWaterhouse, es conseguir una ventaja comparativa antes que competitiva. Centrarse y abrirse, debería ser el plan para los países que integran ese mercado.

Desde el punto de vista institucional, la organización de países habrá tenido que completar su ampliación a 36 o más miembros, incluidos los Balcanes, y posiblemente también Turquía. No la de hoy, sino la que se dará dentro de varios lustros, que será muy diferente a la actual.

Muchas cosas, muchas más que ahora, se regirán en común. Además, tendrá que haber aprendido a gestionar unas sociedades bastante más diversas que las que funcionan en la actualidad.

Y mirar hacia afuera; deberá aprender a pensar más en el mundo. Si las instituciones creadas 100 años antes aún persisten, la Unión Europea -si aún se llama así- podrá contar con una sola voz y peso en el Fondo Monetario Internacional, en el Banco Mundial, o en la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Retos no son los que escasean, y los países que la integran son muy conscientes de ello, según afirman sus portavoces ante la organización. La UE cumplió 50 años, pero dentro de medio siglo, quién puede pronosticar lo que sucederá.

Lo que sí parece seguro es que entre las megalópolis de entonces, incluso dentro de 10 años, no habrá ninguna europea. Puede ser una suerte.

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