THE ECONOMIST | LOS ANGELES
Si se juzga por la cantidad de veces que cada una fue objeto de efusivos agradecimientos por parte de los ganadores del Oscar este año, quienes financian las películas ahora parecen ser las figuras más importantes del mundo. No hay duda que los inversores están omnipresentes en Hollywood en estos tiempos. Si todo marcha de acuerdo con lo planificado, en poco tiempo harán resurgir a United Artists -un estudio cinematográfico desaparecido- y también la carrera de Tom Cruise, estrella que tiene problemas de imagen. Es solo un indicio entre muchos de la manera como el dinero que proviene de fuera de Hollywood está cambiando a la industria cinematográfica.
Tradicionalmente, el cine ha sido un buen negocio y una mala inversión. La máquina de los sueños fue aceitada por fuentes tan variadas como empresarios inmobiliarios, alemanes con aversión por los impuestos y la Iglesia Bautista. Pero el retorno habitualmente ha sido desalentador.
La necesidad de tener dinero en serio cambió ese panorama. Los grandes estudios de cine ahora destinan en promedio poco más de U$S 100 millones para producir y comercializar cada película y están reduciendo el número de films que realizan, lo que hace aún más riesgosas sus apuestas. Por ello, existe una más abierta y honesta actitud hacia los inversores privados.
INVERSIONES. Durante los últimos años, los grandes estudios cinematográficos alentaron a los fondos de cobertura a respaldar listas con docenas de películas. Si bien no se les permite acceder a producciones que con seguridad darán dividendos -como Harry Potter y El Hombre Araña- igual encuentran que esas nóminas son menos riesgosas y por consiguiente, más atractivas que las películas individuales. En septiembre, la empresa Merril Lynch estimó que más del 30% del costo de la producción en pantalla grande es cubierta por fuentes externas a Hollywood.
Ahora Wall Street sabe mucho mejor cómo funciona el negocio del cine. A medida que crece su experiencia, los inversores evalúan cómo lograr mayores ganancias. En vez de respaldar cada película que realiza un estudio, optan por invertir en productores que tienen sólida trayectoria. Ya son varios los acuerdos definidos y el ritmo podría incrementarse si JP Morgan concreta sus planes de crear una rama de financiamiento de películas.
Esto ha cambiado el giro de las carreras en Hollywood. Hasta hace poco tiempo, los productores y las estrellas que caían en desgracia con los estudios podían pasar a retiro. Ahora pueden reunir financiamiento privado y retornar al trabajo. Tom Cruise sostenía conversaciones con inversores antes de que Paramount Pictures terminara su relación con él. MGM rápidamente le hizo un lugar y le dio oficinas. Ahora busca reunir U$S 500 millones para pagar por la producción de entre cuatro y seis películas por año.
Pero los financistas han advertido que producciones de bajo costo como Pequeña Miss Sunshine pueden dar enormes ganancias. Jim Stern, ex administrador de un fondo financiero que ha reunido suficiente dinero para producir películas, admite que puede superar a los grandes estudios, haciendo films por montos de entre U$S 20 millones y U$S 35 millones.
IMPREVISIBLE. Algunos involucrados admiten que el 75% de las nuevas empresas de realización habrán desaparecido en 5 años. Puede que tengan razón. El consultor John Sloss considera que el verdadero problema de la industria no es de escasez de películas, sino de escasez de ojos. La parte más complicada es llevar los films a las pantallas y los escaparates donde se venden los DVD`s, así como persuadir a la gente a que las vea. En esos aspectos, los grandes sellos de Hollywood tienen enorme ventaja.
Pero además, el cine es un negocio imprevisible. ¿Quién pudo pronosticar que los estadounidenses gastarían U$S 70 millones en tres días para ver 300, una película sobre un guerrero espartano con acento escocés, que recibió comentarios adversos de los críticos? Quizás nadie, pero un estudio como Warner, que la produjo, probablemente tenía mejores perspectivas de salir airoso que el administrador de un fondo de cobertura. El dinero fresco está transformando a Hollywood, pero la memoria institucional igual seguirá contando.
"Hay capital en exceso y se asumen riesgos, pero es moda"
La tendencia financiera promovida por los nuevos magnates de Hollywood comienza a ser adoptada por algunos de los grandes sellos, como Lions Gate y MGM. Esta última -que ahora es propiedad de un consorcio de fondos financieros, junto con Comcast y Sony- depende en principal medida de independientes con abundantes recursos, entre los que figura Sidney Kimmel, para películas con las que puede alimentar a sus líneas de distribución. "Hay varias empresas que tienen los conocimientos y capacidad para desarrollar y crear contenidos, en mi opinión, de manera más eficiente que el sistema tradicional de los estudios", indica Rick Sand, número dos de MGM.
Muchos creen que el único cambio fue el torrente de dinero procedente de Wall Street que permitió a ricos de fuera del ambiente del cine realizar incursiones por Hollywood. "Cuando hay capital en exceso, la gente asume riesgos", afirma Tom Rosenberg, presidente de Lakeshore Entertainment, empresa independiente que realizó películas como Runaway Bride y Million Dollar Baby. "El dinero llegó de manera abundante a Hollywood en el último año y medio. Pero, en otro año y medio, se dirigirá a un lugar distinto. Por ahora, es la moda".
Reducen costos: U$S 60 millones por producción
Sidney Kimmel y Sam Nazarian pueden gastar como el mejor magnate. El primero destinó U$S 40 millones a comprar la mansión de Johnny Carson, estrella de la televisión durante muchos años. El otro adquirió el famoso Sahara Hotel & Casino, en Las Vegas, donde en otros tiempos actuaron famosos del mundo del espectáculo.
Al igual que otros, Nazarian, de 31 años, copropietario de Element Films, y Kimmel, de 78 años, principal directivo de Sidney Kimmel Entertainment están cambiando las reglas de Hollywood, a través de una combinación de dinero disponible, disciplina fiscal e inusual control de los costos. Los nuevos magnates reducen de manera drástica los presupuestos de películas y rara vez superan los U$S 60 millones por producción. Apuestan a una serie de películas para mejorar sus posibilidades de éxito.
No hay duda que desde Wall Street se da apoyo a la nueva generación de millonarios empresarios. Es un cambio reciente; compañías financieras y bursátiles buscan reunir el dinero, que en algunos casos suman cientos de millones de dólares, para lanzar estudios cinematográficos independientes.