Uruguayos tranquilazos: un millón toma sedantes

| Un 30% de la población consume psicofármacos y en mujeres de más de 40, el consumo asciende al 50%; lo preferido son los tranquilizantes que son adictivos.

MIGUEL BARDESIO

Tenía 23 años, cursaba tercer año de Medicina y la víspera de un examen difícil, su padre se lo recomendó: "Tomate media pastillita de estas, que te saca los nervios". Ella hizo caso y dio tranquila el examen; "me cayó bárbaro", contó ahora Beatriz, 13 años después de aquel inicio temprano con los tranquilizantes y que terminaría luego en un infierno.

La Junta Nacional de Drogas (JND) va a presentar en estos días una encuesta que revela que un millón de uruguayos toma psicofármacos y entre ellos, los más usados son los tranquilizantes llamados benzodiacepínicos (Valium, Lexotan, Diazepan, Rivotril, etc.) En mujeres de entre 45 y 64 años, el consumo sube a 50% y el año pasado, otro sondeo de la JND, pero entre estudiantes de secundaria, dio que un 10% de las chicas de 17 años ha tomado o toma con regularidad algún sedante.

Adictivas y con el probable efecto adverso del deterioro cognitivo, el abuso de benzodiacepinas son un problema que salta por todos lados, pese a que son medicamentos restringidos a la receta verde. Fredy da Silva es psicólogo especialista en adicciones. Hizo el año pasado una encuestra en 1.700 drogadictos y cuando gráficó el consumo por edades, vio que había dos picos: uno entre los 20 y los 30 (alcohol, marihuana) y otro después de los 40 años, pero de otra sustancia: las benzodiacepinas. Son las mismas que provocan más consultas por probable intoxicación en el Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT), según dijo el toxicólogo Luis Heus.

En 2005, el CIAT recibió casi 5.000 consultas por intoxicación con medicamentos y de ellas, 1.007 eran por tranquilizantes, más que ninguna otra. La mayoría responden a intentos de suicidio, lo que revela que el acceso a tranquilizantes está descontrolado.

De bueno tienen las benzodiacepinas que no son muy tóxicas; aún en dosis altísimas no provocan la muerte. De hecho, de los miles de intentos que se reportaron al CIAT, fallecieron 10 en 2005, el último dato disponible.

Una raíz del asunto está en los médicos, sobre todo en los generales que al parecer recetan a la ligera los tranquilizantes y la otra, en la sociedad. "Es una droga aceptada. Así como está mal visto que una mujer tome alcohol, sobre todo si tiene más de 40, es común que tengan sus pastillas en la mesita de luz", dijo da Silva.

Ayudan las publicidades de las pastillas que cambian cansancio, resfríos o debilidad sexual por sonrisas televisivas y también comentarios familiares del tipo "tomate esta pastillita", como le dijo el padre a Beatriz.

Sin embargo, una cosa es ser consumidor y otra, adicto. "Es cierto que estas sustancias pueden ser físicamente muy adictivas, pero para conformar una adicción, la persona debe estar predispuesta a ella por otros factores", dijo Da Silva, y mencionó como ejemplo: personalidades con baja tolerancia a la frustración y a las emociones, problemas de autoestima o personas dependientes. Especialmente en ellos, el abuso de tranquilizantes puede ser explosivo.

El psiquiatra Manuel Alcalde, vicepresidente de la Sociedad de Psiquiatría, dijo que a las dos semanas de consumo continuo de estas drogas, ya hay riesgo de adicción. "Son psicofármacos muy delicados y el problema es cuando se salen de la prescripción médica", dijo y agregó que las benzodiacepinas se usaron mucho en la década del `70 y ahora, pese a que hay fármacos con efecto parecido y menos adictivos, se siguen empleando.

En los `70 el Vilardebó y las Colonias estaban llenas, el Musto existía. Hoy ya nadie cree que los asilos sirvan de algo para los enfermos mentales. Sin embargo, las benzodiacepinas, que tienen el mismo espíritu aplanador, siguen lo más campantes, aun cuando otros países, como Estados Unidos, las han restringido al máximo.

Siguió también Beatriz con su vida normal de estudiante, con su grupo de amigos y alguna salida de noche, algún novio. A veces, sin embargo, repetía la fórmula pastillera, ante nuevos exámenes o entrevistas de trabajo, por ejemplo. Todo cambió a los 30 años, cuando quedó embarazada; su pareja no quería tener al hijo y se puso violento con ella.

Beatriz no podía controlar la situación, gritos y golpes constantes ("me tiró de la escalera", "llegó a estrangularme"), pero se negaba a separarse y lo que le quedó para soportar eran los tranquilizantes. Empezó con un comprimido diario, dos, cinco y llegó a tomar hasta 20 pastillas en las mañanas, una tras otra, cada día, todos los días, sin fin.

El organismo se hace más tolerante a la droga y necesita cada vez más. Y la abstinencia es brutal, que la cuente Beatriz: "Cuando no tomaba, me dolía todo el cuerpo, se me nublaba la vista, temblaban las manos, brazos y piernas, no podía salir a la calle, ni hablar, no dormía hasta que no conseguía la receta".

DIVINA RECETA. El estudio de la JND reveló que el 67% de los tranquilizantes son recetados por médicos generales, el 14% por psiquiatras, 18% otros especialistas y el 5% se automedica.

Para Alcalde, estos datos son lo mismo que se dijera que la mayoría de las cirugías las hacen los médicos generales. "No estoy en contra de los médicos, pero el especialista en hacer diagnósticos psiquiátricos y medicar de acuerdo a esos diagnósticos es el psiquiatra", dijo.

Los médicos generales, sin embargo, reclaman para sí la potestad.

Policlínica de Salud Pública en la periferia de Montevideo, el médico, que prefirió el anonimato, tiene que atender a cientos de pacientes por día, pocos minutos para cada uno. "Vienen a veces con mil problemas, que no tienen trabajo, que los hijos son ladrones o drogadictos, están desbordados, no duermen. ¿Qué hago? Esa persona no tiene un problema médico, pero no aguanta más la angustia. ¿Qué le digo? ¿Que se vaya para su casa? No, a veces le receto un tranquilizante y eso la ayuda", confesó el doctor.

Alcalde reconoce que esto ocurre con frecuencia, pero es un error del médico intentar curar todo, aun cuando no está a su alcance. "Los médicos medican porque son altruistas y quieren hacerle un bien al paciente, sí, pero también medican para sentirse un poco Dios", dijo.

Otro psiquiatra, también bajo anonimato, dijo que los criterios para medicar a alguien con psicofármacos son muy claros, sin embargo, implican a veces un problema ético. "Muchas veces nos preguntamos si no estamos medicando la desgracia de la gente, le damos un somnífero para que se olvide la angustia que tiene. Podríamos decirle que vaya a un psicólogo, pero quién le da hora. El acceso no es tan sencillo. En el fondo, el problema está en quién agarra la papa caliente de un sector importante de la sociedad que está insatisfecha con su vida".

Alcalde explicó que las benzodiacepinas sólo se deben utilizar en crisis o períodos cortos de tiempo, siempre con la condición de ir cambiándolos por otros.

Fuera de la ética, hay también una razón económica. El año pasado, una mutualista restringió la prescripción de psicofámarcos solo a psiquiatras. Sin embargo, los médicos generales protestaron porque por cada receta ellos perciben un ingreso complementario al salario. Y con la medida, "perdían gran parte de la clientela", dijo Alcalde.

Un día, en medio de su locura adictiva, Beatriz se miró al espejo. Ella es una bella mujer, de pelo rubio, delgada, ojos marrones; se vio, sin embargo, greñuda, encorvada, sucia, y se dijo: "No aguanto más".

Ese fue el comienzo de la recuperación que completó en tres meses, hace tres años, en el Centro Izcali, de tratamiento a adictos. Ahora Beatriz está del otro lado, literalmente, hizo el curso de operador terapéutico y ayuda en otro centro a personas con adicciones.

Se separó de su ex pareja agresiva, pero lo perdonó y se llevan bien. Es el padre de su hija, que tiene cinco años. Y le quedó una lección: "Nunca le voy a dar a mi hija un tranquilizante. Si está nerviosa, que lo controle. La vida tiene momentos para estar nervioso, de mal humor o triste, ¿por qué querer cambiarlo?"

A dónde se puede ir por la ayuda

ADICCIONES. Hay varios centros que tratan la adicción a los psicofármacos. Servicio de Farmacodependencia del Hospital Maciel atiende de mañana en el 915 30 00. El Centro Izcali (es Pedro Visca), es mitad público mitad privado (410 54 79). En el Clínicas funciona la Policlínica de Farmacodependencia de la Facultad de Medicina (487 15 15). Por más instituciones, llamar a la Junta Nacional de Drogas (150). En Narcóticos Anónimos también hay grupos de autoayuda, el teléfono es 901 32 82.

INTOXICACIÓN. La ONG Último Recurso hace prevención del suicidio (400 84 83, 0800 84 83 o al celular 24 horas: 094 440 877). El Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico atiende por el teléfono 1722.

Receta verde en las ferias

Según la Junta Nacional de Drogas (JND), la enorme mayoría de los tranquilizantes se toman por prescripción médica.

Puede pasar, sin embargo, que alguien tome por una indicación que le hicieron hace cinco años, como ejemplificó el psicólogo Fredy da Silva.

En farmacias, el medicamento se vende sólo por receta verde. "El control es muy estricto de parte del Ministerio de Salud Pública y es muy difícil que haya alguna farmacia que evada", dijo el presidente del Centro de Farmacias del Uruguay, Milton Lofredo.

Hay, sin embargo, un 5% de consumo sin prescripción, según la JND. Y las opciones pueden ser muchas: amigos médicos o farmacéuticos o posiblemente, recurrir al "mercado negro" de las ferias.

Lofredo dijo que muchos medicamentos robados de Salud Pública y de las farmacias, terminan en las ferias montevideanas vendiéndose a precios reducidos y sin ninguna condición.

"Hay psicofármacos y hay de todo tipo", dijo Lofredo y agregó que su organización está por hacer un censo para evaluar las pérdidas por robo a farmacias. "Tenemos un número preliminar de un millón de dólares por año", dijo Lofredo.

En Salud Pública reconocen el mercado negro, pero se han visto impotentes de controlarlo.

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