EL PAÍS DE MADRID | JAVIER SAMPEDRO
Un ojo biónico llamado Argus ha permitido recuperar a seis pacientes de retinitis pigmentosa una visión muy parcial, pero desde luego mucho mejor que la oscuridad. Aunque su mundo visual sólo tiene una resolución de 16 píxeles, ello no sólo les basta para evitar la rama de un árbol cuando van por la calle, sino también, y de la manera más sorprendente, para distinguir entre un plato o una taza, o para saber hacia dónde se están moviendo los objetos que tienen delante.
Los científicos del Instituto Doheny Eye, de la Universidad de Southern California, están ahora reclutando a 75 pacientes para un nuevo ensayo con un dispositivo más avanzado.
Los resultados de los seis primeros pacientes han sido presentados por Mark Humayun, profesor de ingeniería biomédica del instituto Doheny, en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS) celebrada en San Francisco.
La mayor sorpresa para Humayun ha sido lo mucho que pueden distinguir estos seis pacientes con sólo 16 píxeles. "Esperábamos que distinguieran entre luz y sombra y poco más, pero no habíamos contado con la función de rellenado del córtex cerebral".
La primera fase del trabajo con estos implantes comenzó en 2002, explica Humayun. "Hemos implantado en este ensayo a seis pacientes con éxito, y hemos mostrado que los dispositivos conducen realmente las señales eléctricas, y que les sirven para detectar la luz, e incluso para distinguir entre objetos como una taza o un plato".
El ensayo clínico sigue en marcha en el Doheny, pero los científicos ya han comprobado que los seis pacientes de retinitis pigmentosa enrolados en él, todos ciegos previamente, son ahora capaces de detectar la luz, identificar varios objetos en su entorno "e incluso percibir su movimiento".
"El dispositivo podrá usarse por los millones de personas que padecen retinitis pigmentosa y degeneración macular asociada a la edad", afirma Humayun. "Cerca de 25 millones de personas en el mundo están ciegas, o prácticamente, por esas razones". Y la predicción es que esa cifra se duplique en 15 años debido, sobre todo, al envejecimiento de la población.
VIDEO. La prótesis retinal Argus ha sido desarrollada por la firma biotecnológica californiana Second Sight Medical Products. Consiste en una minúscula cámara de vídeo acoplada a los lentes que descompone las imágenes en una rejilla de 16 píxeles, como si sólo tuviera esa resolución. La razón es que la técnica sólo permite implantar ese número de electrodos en las terminaciones nerviosas de la retina.
Esos electrodos reciben las señales de la cámara de modo inalámbrico, y las transmiten directamente al nervio óptico. Desde allí llegan al córtex visual primario, situado junto a la nuca. Argus II no sirve para las cegueras causadas por daños en el nervio óptico o en el córtex cerebral. Su principal objetivo ha sido hasta ahora los pacientes de retinitis pigmentosa, un conjunto de enfermedades congénitas que causan ceguera mediante la degeneración de las células fotorreceptoras de la retina, que son las que transforman la luz en señales eléctricas.
El diario The Guardian relataba cómo uno de los pacientes de Humayun, Terry Byland, de 58 años, tuvo que dejar su trabajo de ferretero en 1993 tras perder la vista por la retinitis pigmentosa. Byland narraba así su experiencia con el implante: "Al principio era como si viera grupos de puntos. Ahora es mucho más". Pese a que su campo visual tiene 30 cms. de ancho, le permite cruzar una calle con tráfico.
"Cuando voy por la calle puedo esquivar las ramas bajas, porque logro ver sus bordes", dijo Byland. También cuenta cómo se vio paseando con su hijo por primera vez en años, y cómo esa visión borrosa -tan sólo 16 píxeles de la imagen de aquel chico- bastó para que se le saltaran las lágrimas.
"Tal vez", comenta Humayun, "sobre lo que estamos más estimulados es sobre nuestro próximo estudio, Argus II". En vez de 16 electrodos, Argus II tendrá 60, y por tanto generará en el córtex visual una imagen de 60 píxeles. Su costo rondará los 30.000 dólares.
Tecnología deja ver horizontes
Dieciséis píxeles representan una rejilla de cuatro por cuatro cuadrados donde cada uno es informativamente plano, sin estructura interna. ¿Cómo se puede cruzar una calle con eso? "El cerebro juega un papel esencial. Se trata del mecanismo del rellenado, como el que opera sobre el punto ciego", dice Mark Humayun".
La retina está cubierta de células fotorreceptoras, con una notabilísima excepción: un agujero muy próximo a su centro, por donde la emulsión fotográfica del ojo tiene que hacer hueco para que el nervio óptico salga hacia el córtex cerebral. En esa zona central del campo visual -el famoso punto ciego- no se ve nada. Pero se es inconsciente de ello porque el córtex visual rellena el agujero con lo que supone que debería estar allí. Ese es el mecanismo del rellenado.
Ese proceso permite ver los balcones de la casa de enfrente pese a los árboles, o el movimiento de una pelota pese a los jugadores. Las escenas visuales que llegan a la consciencia parecen representaciones fotográficas del mundo externo, pero en realidad son interpretaciones generadas por el córtex visual. Antes de este ensayo, Humayun y su equipo estimaron mediante simulaciones con sistemas de visión artificial que, para restaurar una vista aceptable, harían falta cerca de mil píxeles, lo que supone el monumental problema técnico de implantarlos en la retina. "Para conseguirlo se necesita nueva tecnología, puesto que los estimuladores neuronales implantables más avanzados sólo alcanzan 60 contactos con el tejido neural", afirma. "Hay progresos notables en los sistemas de procesamiento de imágenes, microelectrónica y electrodos basados en polímeros".