Secuelas de Irak: familias quebradas

Las guerras dejan sufrimiento y muerte en todas partes, incluyendo el hogar de muchos soldados que regresan para encontrarse con crisis familiares, infidelidad, adicciones y niños con problemas emocionales. En los últimos cuatro años se disparó la tasa de divorcios de los destinados a Irak.

THE NEW YORK TIMES | NUEVA YORK

En los casi dos años en los que el cabo del Ejército John Callahan estuvo lejos de su hogar, su esposa mantuvo dos relaciones extramatrimoniales. Además, sus dos hijos fueron enviados a vivir con familiares.

En noviembre, el soldado sufrió una herida en la ingle que le destrozó la pierna izquierda. Cuando su esposa logró comunicarse telefónicamente con él en el hospital, Callahan, de 42 años, casi no podía oír lo que le decía. El novio de ella gritaba demasiado. "¿No le dijiste que se terminó todo?", recuerda que vociferaba el hombre. "¿No le dijiste que ya no llevas la alianza?".

Para el cabo Callahan, quien ahora se recupera de sus heridas en un centro militar, como para tantos otros soldados y familiares, el caos y la soledad que derivan de los desplazamientos son algunas de las consecuencias de las guerras, más duras y menos discutidas. Cientos de miles de soldados y sus seres queridos han sobrellevado largas y a veces repetidas separaciones que ponen a prueba la fragilidad de sus relaciones de maneras que nunca antes pudieron imaginar.

La situación probablemente empeorará a medida que el Ejército envíe más tropas a Irak, en los próximos meses. El Pentágono anunció su intención de destinar más de 14.000 integrantes de la Guardia Nacional hacia ese país, el año próximo, lo que ha generado profunda preocupación entre los reservistas. Casi un tercio de los soldados que han servido en Afganistán e Irak, lo han hecho por más de un período.

FRACTURAS IRREPARABLES. La mayoría de las familias y los soldados sobrellevan la dura realidad, muchas veces de manera heroica. Pero estas separaciones también han dejado una serie de uniones quebradas de mala manera, que muchas veces terminan luego de episodios de adulterio, de adicciones sexuales, de consumo de antidepresivos por parte de esposas abrumadas, además de desórdenes financieros causados por las deudas, pérdidas de salarios y gastos excesivos. A lo anterior se agrega la realidad de niños emocionalmente heridos, cuyas calificaciones en los estudios suelen desmoronarse.

Los más golpeados son los reservistas y sus familias, porque nunca pensaron en ausencias prolongadas -que a veces llegan a 18 meses- y porque además carecen de la red de apoyo con la que cuentan los miembros plenos de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

"Desde que mi marido se fue, he intentado criar a nuestros dos hijos como he podido. El mayor aprendió a caminar y hablar y el bebé duerme mal", indicó Lori Jorgenson, de 30 años, cuyo esposo, un capitán de la Guardia Nacional de Minnesota, fue enviado a combate a fines de 2005. Hace poco le extendieron el periodo de servicio por cuatro meses. "Estoy agotada", dice ella.

En los próximos dos meses, Lori, que tiene tres hijos, deberá conseguir un préstamo, comprar una vivienda y dejar el apartamento en el que viven.

Incluso muchas de las familias de militares en actividad plena, que están acostumbradas a las dificultades de las misiones lejos de casa, están furiosas porque los soldados son enviados una y otra vez a las zonas de guerra, con mínimas pausas para recuperarse de la tensión.

Contrariamente a lo que ocurrió en la era de Vietnam -cuando el sistema de servicio militar obligatorio hizo que mucha gente se viera directamente afectada por la guerra- la realidad de las contiendas actuales, debido a que las Fuerzas Armadas se nutren de voluntarios, deja a las familias militares con una aguda sensación de aislamiento del resto de la sociedad. Pese a que todo el país está atento a lo que ocurre en Irak, sólo una minoría de estadounidenses tiene conexión directa con la guerra o las Fuerzas Armadas. Apenas 1.4 millones de personas, equivalentes a menos de 1% de la población de Estados Unidos, sirven en las Fuerzas Armadas.

Tal como señaló Kristin Henderson, cuyo marido sirvió como capellán de la Armada en Irak y Afganistán y cuyo libro Mientras ellos están en la guerra, explora el impacto de las contiendas en las familias, es común que las esposas terminen consumiendo antidepresivos. Esto se ve agravado por la reiterada asignación de misiones en zonas de combate. Cuantos más desplazamientos, menos tiempo queda para que las familias puedan restañar las heridas antes de que el estrés vuelva a hacerse presente.

Henderson recuerda haber tenido un ataque de pánico en la iglesia, cuando su marido estaba lejos, así como haber llorado en la ducha la mayoría de las mañanas, ya que allí nadie podía verla ni oírla. "La noción equivocada es que cuando uno se desahoga así, se siente mejor", dijo. "Pero, no es cierto".

APOYO. Con la guerra ingresando en su cuarto año, cada vez más soldados y sus familias recurren a psicólogos, terapeutas y consejeros de familia. El Ejército y el Cuerpo de Marines, han creado programas para ayudar a los matrimonios, mediante seminarios y fines de semana dedicados a la familia.

Los divorcios, que crecieron hasta el 3% en el Ejército desde el año 2000, se dispararon a un 6% entre oficiales y hasta 3.6% entre soldados, en 2004. En 2006, esa tasa disminuyó a 2.1% para los oficiales, pero se mantuvo entre los soldados.

Las mujeres casadas son las que sufren más. La tasa de divorcios para mujeres en el Ejército fue de 7.9% en 2006 -es la más alta desde 2000- en comparación con 2.6% para los hombres.

El cabo Callahan, que está al borde del divorcio, admite que su segundo matrimonio tenía dificultades antes de su envío a la zona de guerra, pero considera que la situación se hizo insostenible una vez que partió. Entonces se vio obligado a transferir la custodia temporaria de los hijos a los abuelos, debido a los problemas en el hogar.

La herida que sufrió le impide caminar y complica sus chances de continuar en el Ejército. "Sentí que había tocado fondo", señaló. "Sentía mucha amargura. Estaba furioso".

TENTACIÓN. Las relaciones fuera del matrimonio, que dejaron de ser infrecuentes en otras guerras, ahora son una constante. David Hernández, reconoció que la relación de 10 años con su esposa se desmoronó entre su segundo y tercer períodos de servicio. Ella se sintió confundida y abandonada, teniendo que cuidar a dos hijos. Cuando él retornó, también había cambiado: se sentía con altibajos de ánimo y distante. Ahora su esposa vive con otro hombre. A su vez, Hernández inició una relación con una soldada, pese a que guarda esperanzas de reconciliación. "Era una situación de mucho estrés para ella al tener que ocuparse de todo y además preocuparse por mí", dijo. "Permanecí mucho tiempo lejos del hogar y eso nos llevó a los dos a buscar otras relaciones. Ahora estoy de vuelta en la zona de guerra. Me siento desamparado. Todo se hace más llevadero teniendo a alguien aquí. Cedí ante la tentación".

Lei Steivers, de 46 años, ha sido esposa de un oficial durante 25 años y con él tiene dos hijos. En la segunda misión en Irak de su marido, su matrimonio entró en crisis. Los dos están recibiendo apoyo profesional. Ella conoce muchos casos de militares que retornaron el año pasado y reclamaron el divorcio. Sostuvo que muchas esposas señalan que el problema está en la presencia de mujeres en las unidades de combate. "Realizan tareas en conjunto, las mujeres viven en la planta superior y los hombre en la planta baja", describió la señora Steivers. "Estamos cada vez más asombradas y preguntamos: ¿Qué está pasando?".

Algunas esposas han descubierto las fotos pornográficas que miran sus maridos en sitios web. Si bien la pornografía es bloqueada por las Fuerzas Armadas, los soldados acceden a ella mediante el uso de laptops conectadas a sus propios proveedores de Internet.

La psicóloga Mary Coe está sorprendida por el alto número de soldados que al retornar busca apoyo profesional para intentar superar adicciones sexuales causadas por la pornografía en DVD e Internet.

A su vez, las esposas a veces se contactan con hombres a través de Internet. Cuando la relación sale a luz, puede derivar en violencia, afirmó Robert Weiss, quien es coautor de un libro sobre pornografía y fue contratado como consultor por grupos de familias de militares que buscan una guía.

Crisis, infidelidad y problemas financieros

"Durante un tiempo, muchos soldados que retornaban de Irak no fueron atendidos por la enorme sobrecarga de pacientes y la escasez de especialistas en salud mental en la base del Ejército", señaló Carl Settles, psicólogo y coronel retirado.

Hace poco, el Ejército lo llamó para preguntarle a cuántos soldados podría atender, ya que tienen cientos de casos que necesitan de sus conocimientos profesionales. Settles ve a unos 40 soldados cada semana. La mayoría de los pacientes reacciona bien, pero quienes enfrentan dificultades más complejas están profundamente afectados.

"La infidelidad y las finanzas son los problemas mayores", destacó el profesional, antes de precisar que hay abundantes casos de esposas que vacían las cuentas bancarias de sus maridos o de soldados que retornan y sienten la irrefrenable compulsión de salir a comprar. "Algunos de los que vuelven están en una situación límite".

Varios psicólogos ya saben que deberán abordar una serie de divorcios en el corriente año. Mary Coe, especializada en terapia matrimonial y de familia, trabaja en la zona cercana al Fuerte Campbell, una base del Ejército situada en la línea divisoria entre los estados de Kentucky y Tennessee. Advirtió que "veo muchos, pero muchos casos de divorcio en estos momentos".

La 101ª División Aerotransportada del Ejército retornó en fecha reciente de su segundo despliegue en Irak y sus integrantes demostraron un asombroso nivel de ira, dijo Coe. "Ahora vemos cómo matrimonios de 15 y 20 años fracasan. Son familias que habían sobrevivido a muchos años de alejamiento del hombre, pero ahora no resistieron".

Incomprendidos y aislados

Uno de los problemas que señalan expertos es que los niños cuyos padres están en misión en Irak, no encuentran comprensión en los docentes de las escuelas a las que concurren. Ello obedece a que la mayoría de los ciudadanos, desde que se derogó el servicio militar obligatorio, no debe vivir directamente los avatares de la vida militar.

Las Fuerzas Armadas son profesionales y están integradas por voluntarios. Eso constituye una enorme diferencia para la sociedad en relación con todas las guerras que Estados Unidos tuvo que librar durante el siglo XX.

La directora ejecutiva de la Coalición Educativa para Hijos de Militares, Mary Keller, reveló que dos millones de niños han sufrido las consecuencias de la participación de sus padres en el despliegue militar. La organización que dirige busca ayudar a los chicos y a los centros de enseñanza, para que puedan abordar mejor los problemas derivados de la ausencia prolongada de sus padres y la incertidumbre que causa la guerra. "Lo más probable es que la maestra o el profesor no cuenten con ninguna experiencia personal vinculada con las Fuerzas Armadas", dijo Keller.

Relaciones fortalecidas

A pesar de todo, algunas relaciones se fortalecen porque la distancia y el sacrificio ayudan a enfocarse en valores y asuntos que raramente son importantes. Antes que Robert Johnson fuera enviado a Irak, él y su esposa debieron decidir cómo cuidar de sus siete hijos. Finalmente, concluyeron en que uno de sus mellizos adolescentes discapacitados sería mejor cuidado en una institución especializada, y el otro en casa de sus abuelos.

Dawn, de 41 años y empleada de una farmacia, cree que esa odisea les mostró otra cara de la realidad. "Ahora tengo clara noción de que puedo sobrevivir a casi todo".

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