La vida después del temporal

| En lo que va del siglo, cinco pueblos uruguayos fueron destrozados por temporales que duraron minutos; la ciencia dice que son fenómenos normales, pero quedan marcas; el miedo no se va

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José Luis Bello

MIGUEL BARDESIO

Estrella y Gustavo estaban cenando en la cocina; eran las 22.20 cuando de repente creció la fuerza del viento, se golpeó una ventana y la perra, Pelusa, pidió para entrar pero Estrella no la dejó. Volvió ella a la mesa y segundos después empezó a caer el granizo, lo que para el matrimonio eran piedras taladrando sin parar el techo de chapas durante 15 minutos. Se metieron debajo de la mesa y el ruido era tan intenso que ninguno de los dos escuchó cuando cayeron dos paredes y el techo de su dormitorio, la pieza contigua a donde se encontraban. Solo se enteraron después, cuando Gustavo miró por la ventana y descubrió que faltaba media casa.

En realidad, faltaba medio Santa Clara de Olimar, departamento de Treinta y Tres. En 15 minutos, la tormenta rompió 122 casas y de ellas, 30 quedaron absolutamente destruidas la noche del 16 de febrero. Un año antes, el 3 de enero de 2006, una granizada de 20 minutos dejó apenas 3 de 159 casas en pie y con techo en Plácido Rosas, Cerro Largo. El 27 del enero de 2001 le tocó a Migues, Canelones, donde se habla de una duración de 3 minutos y 103 casas dañadas. En Los Cerrillos y Joanicó, también canarios, un tornado duró media hora el 10 de marzo de 2002 y alcanzó para dañar 700 construcciones.

Temporales cortos y todos en verano son lo más parecido a la guerra que han vivido algunos pueblos uruguayos, con enormes pérdidas materiales y una secuela psicológica de miedo continuo. En Migues, por ejemplo, pocos duermen una noche si hay alerta meteorológica y en Plácido Rosas, una señora insiste en que nunca más una lluvia la va a encontrar dentro de su casa, o los niños a veces lloran sin motivo y cuando el cielo está amenazante, andan nerviosos buscando un refugio. Es cierto que las secuelas van pasando con el tiempo, pero en algunos casos, el estrés postraumático (su nombre técnico), puede durar toda la vida, según dijo el psicólogo Braulio Pereira, que trabajó en esa localidad de Cerro Largo. "El problema es que se alteró la relación con la naturaleza; todo estaba bien y de repente, la naturaleza rompió todo lo que yo quería, mi casa, mis cosas; puede ser un conflicto muy grave", añadió. Y más en el interior, donde el vínculo con la naturaleza es más estrecho que en capital.

En cuanto a los fenómenos, el meteorólogo de la Facultad de Ciencias, Mario Bidegain, aseguró que se trata de células de tormenta. Es decir, nubes altas e inestables que se generan en el choque de masas de aire frío y caliente; ayuda la humedad y el calor del suelo, por eso son frecuentes en verano y en el interior, no tanto en la costa. "A veces, esas nubes pueden tener hasta 10 kilómetros de altura, poseen un efecto localizado y pocos minutos después, se disipan", dijo.

El granizo se forma en el techo de la nube, y de ahí cae. En Plácido Rosas, los pobladores dijeron que algunas "piedras" de hielo medían hasta 25 centímetros de diámetro. En una estancia vecina murieron 350 ovejas debido a los machucones.

Bidegain agregó que esos fenómenos son comunes de toda la vida del país, al menos hay uno por verano. Últimamente se da la mala suerte de que ha afectado a poblaciones.

Mala suerte y también buena. Se calcula que en Santa Clara volaron 1.000 piezas de chapa y cayeron 100 árboles, pero nadie salió herido. Solo murió una yegua, aplastada por una rama. Ni siquiera Pelusa, que aguantó afuera el temporal, sufrió consecuencias. Al otro día, Gustavo y Estrella se levantaron a buscarla, Estrella con el remordimiento de haberla echado hasta que apareció finalmente entre los escombros, ilesa.

"Desgracia con suerte", repetía la gente en el pueblo. Lo mismo hicieron en Plácido Rosas, en Migues, Los Cerrillos y Joanicó, pues ninguno de los temporales dejó un velorio.

Cuando las autoridades -el intendente de Treinta y Tres incluido- llegaron a Santa Clara, se llevaron una sorpresa; no hubo que evacuar a nadie. Ya la madrugada del desastre, todos los que tuvieron que irse de sus casas (unas 150 personas), habían encontrado algún refugio de vecinos o familiares. Hubo uno, Marcelo López, que recibió a 40 personas en su hogar.

"La respuesta de la comunidad fue increíble", dijo el jefe comunal, Gerardo Amaral. "Descubrimos algo que no sabíamos que teníamos, la solidaridad", señaló la secretaria de la Junta de Santa Clara, Teresa Herrera. "Solo acá pasa algo así", añadió Zulma Giménez, edil colorada que integra el comité de emergencia. Y esa es otra particularidad, cómo la rivalidad política no afectó la unidad del pueblo.

Santa Clara vive la política con una pasión histórica, es tierra de Aparicio Saravia y sus seguidores blancos hoy son mayoría entre los 2.400 habitantes. Pero también dejaron su sello Basilisio y José Saravia, que eran colorados. El Frente Amplio es minoría en el pueblo, pero a nivel departamental ganó la Intendencia. El año pasado se comentó que vendría el ministro José Mujica, y los blancos y colorados lo esperaban con carteles que le preguntaban sobre Pascasio Báez, el peón muerto por los tupamaros en Maldonado. Finalmente, Mujica fue a Cerro Chato, pueblo vecino, pero a Santa Clara nunca llegó.

POBRE ENTRE POBRES. Frente al temporal, se formó el comité de emergencia con integrantes de todos los partidos y por ahora, ninguno quiso sacar ventaja, "al menos, por ahora", dijo Luis Rodríguez, médico y blanco.

La reconstrucción empezó al otro día de la tormenta. Llegaron chapas de la Intendencia, del Ministerio de Desarrollo Social y del de Vivienda. Los obreros los pone la comuna, aunque la mitad de 50 son vecinos voluntarios, y también hay del cuartel del Ejército de la zona. El objetivo es terminar las casas con niños antes del comienzo de clases, o sea, antes de mañana. Será difícil, porque hay unas 30 construcciones que prácticamente se deben hacer de nuevo. "Llegamos a casas que por ejemplo, no tenían vigas", dijo la secretaria de la Junta, Herrera.

"Santa Clara es un pueblo pobre y el temporal le pegó a los más pobres", dijo Amaral. Esa fue una nueva sorpresa. Cuando las autoridades se pusieron a señalar en el mapa las casas dañadas, se dieron cuenta de que el viento se había salteado el centro del pueblo y pegó solo en los barrios más empobrecidos, El Choclo y La Rana, bastante lejos entre sí. Parecía a propósito y de hecho, uno de los integrantes del comité pidió cerrar el mapa porque en el pueblo iba a circular la versión, e iban a hablar de maldición.

Del lado de la ciencia, la respuesta es "inestabilidad, trayectoria irregular". Mario Bidegain agregó que estos fenómenos son imposibles de predecir en cuanto a dónde golpeará exactamente y cúal será su intensidad.

En los pueblos, sin embargo, corren otras explicaciones. Y así, el secretario de la Junta de Migues, Jorge Marrero, dijo: "Estas cosas son una respuesta de la naturaleza a la agresión humana, el que no lo ve, es ciego". En el bar de Santa Clara, los relatos son por ahora menos filosóficos. La semana pasada, los parroquianos se reían de la historia de uno que contó que en medio del viento, él estaba arrinconado y los tenedores y cuchillos se arremolinaban a su alrededor. En Plácido Rosas se narra que a uno lo agarró el temporal en el campo. Se cayó del caballo y se protegió del granizo con el perro en la cabeza, lo que salvó al hombre y mató al animal.

En La Rana viven Estrella y Gustavo. Y en El Choclo vive Mary, que hace changas, pero sobre todo vive del Plan de Emergencia y de la asignación familiar por ocho hijos. Tiene 28 años. Ella estaba mirando la televisión, cuando cayó el granizo. Y le dio el tiempo para irse con los hijos a la casa de su madre, al lado. A los minutos, su casa, pieza única sin baño, cayó entera.

SECUELAS. Cristina Marquez es asistente social de la Intendencia de Treinta y Tres. "El caso más grave (en Santa Clara) fue el de una niña que sufrió un ataque de pánico", dijo la mujer, que encabeza el equipo humanitario tras el desastre.

Marquez agregó que los niños son los más afectados, con mucho miedo. Aunque también los adultos presentan algunos síntomas de depresión, dependiendo del grado de desastre que les haya tocado vivir. Las pertenencias perdidas que más duelen son las fotos. "Muchas familias comentaban eso, con lágrimas en los ojos, que habían perdido las fotografías familiares", añadió.

Para el psicólogo Braulio Pereira, que es de Melo y trabajó en Plácido Rosas, los más afectados son los que vivieron la situación de un modo pasivo, niños y ancianos. "Porque el que puede agarrar una chapa, ponerse a reconstruir, sobrelleva el problema de mejor manera", dijo. El caso más famoso en esa localidad de Cerro Largo es el de Agustín, un niño de tres años que estuvo 10 meses tartamudo a causa del temporal. Ahora, por suerte, habla normalmente.

Al igual que Santa Clara, Plácido Rosas, de 450 habitantes, vivió una unión muy fuerte a raíz de la tragedia. Sin embargo, y según Eduardo Gago Villa, presidente de la comisión de vecinos, ("presidente del pueblo", como lo llaman), ahora volvió a una situación "normal" de distanciamiento y rivalidad.

Una rivalidad que no es política, si no "chusmerío", dijo. Pocos conocen la historia del pueblo, trabajan en las arroceras de la zona, por lo que van y vienen; no tienen prácticamente ninguna actividad en común, salvo el equipo de fútbol. "La unión fue muy linda, pero cuando empezaron a llegar los materiales para la reconstrucción todos querían ser los primeros y ahí se empezó a perder todo", indicó Gago Villa.

La historia del zapatero y el secretario de la Junta

La tarde del 27 de enero de 2001, una célula de tormenta destruyó 103 casas en Migues, Canelones, sobre todo en el barrio Silva, el más empobrecido.

Nadie murió, ni salió herido. Pero al otro día, el zapatero del pueblo, Carmelo Durán, se subió al techo de su galpón para repararlo. Hizo un mal movimiento y cayó. Lo llevaron al Hospital de Clínicas y el diagnóstico fue doble fractura de columna. No volverá a caminar.

En el pueblo, Carmelo era y es un hombre muy querido. Tanto, que el otro zapatero de Migues resolvió cerrar en solidaridad con el accidente. "Yo tengo las piernas, puedo caminar, así que me las voy a arreglar de alguna forma", dicen que dijo el zapatero solidario, según la comerciante lugareña Jackeline Martín.

Y tanto se arregló que hoy, ese zapatero renunciante es el secretario de la Junta Local de Migues. Se llama Jorge Marrero y él prefiere darle un poco de humildad a la historia. "Es cierto que el accidente de Carmelo fue uno de los factores para que yo cerrara la zapatería, pero no fue el único, tal vez fue lo que me hizo decidirme".

Ahora, Carmelo Durán tiene la única zapatería del pueblo. Anda en sillas de ruedas, pero trabaja lo mismo con un muchacho que lo ayuda. "Me adapté, yo ya no pienso en mí sin la silla", dijo el hombre, de 57 años, que lamenta no poder jugar al fútbol ni al casin (billar), que era su pasión.

Su negocio no tiene muchos clientes dado que ahora los zapatos chinos "son más baratos comprarlos que arreglarlos".

Cuando el temporal, Marrero era, además de zapatero, un militante del Frente Amplio que ascendió tras la victoria de Marcos Carámbula en Canelones.

Su principal preocupación es buscar la manera de recuperar al pueblo, no del temporal, sino de la penuria económica en la que está tras el cierre de Rausa (remolacha azucarera) en 1998. El año pasado, se organizó el "Migues Rock", un evento que llevó a No Te Va a Gustar, Sordromo y otras bandas de Montevideo.

"Fue un éxito", dijo Marrero, pese a que los organizadores perdieron 1.500 dólares. "No nos importó; ya que por eso salimos en los diarios, y no por algo trágico". Después del cierre de Rausa, vino el temporal y luego, un doble homicidio. Esas fueron las portadas en las que estuvo Migues.

Ahora, quieren comprarle una silla de ruedas eléctrica a Carmelo para que gane autonomía. Si quiere colaborar, llame al 0317 2488, que es el teléfono de la Junta.

Vientos eran los de antes

2003. En Carmelo, Colonia, un violento temporal volteó árboles, columnas y casas. Vientos llegaron hasta los 130 kilómetros por hora, pero no hubo pérdidas humanas. También en ese año, el 27 de abril, un fenómeno parecido causó destrozos en Paysandú, donde falleció una persona, debido a un paro cardíaco.

2001. En noviembre, un temporal afectó la ciudad de Trinidad, Flores. Fueron afectadas unas 50 casas, pero no hubo víctimas.

1994. El 23 de mayo un tornado afectó la zona del Lunarejo, en el límite entre los departamentos de Rivera y Artigas. No causó víctimas, pero sí cuantiosos daños.

1970. En abril, un tornado impactó la localidad de Fray Marcos, en Florida. Fue el tornado más mortífero del que se tenga registro. Murieron siete personas.

1982. También en Santa Clara del Olimar, una tormenta dejó múltiples destrozos. Muchos pobladores que vivieron aquel drama recuerdan que no fue tan grave como éste último del 16 de febrero.

1968. Vichadero, departamento de Rivera. Una gran tormenta dejó cuantiosos daños, sobre todo en el tendido eléctrico de la zona. En 2005, se vivió en ese mismo lugar una situación muy similar.

Reconstruir lo de minutos en varios meses

Plácido Rosas quedó absolutamente destruido en 20 minutos de la tarde del 3 de enero de 2006. A los pocos días, empezó la reconstrucción, que terminó unos seis meses después.

Terminó es un decir porque solo se renovaron las chapas de las casas, galpones y comercios o bien se arreglaron con el bolsillo del propietario, o siguen así. Y de hecho, muchas construcciones permanecen aún sin techo.

El director de Promoción Social de la Intendencia de Cerro Largo, Milton Da Silva, dijo que la reconstrucción se demoró porque la comuna no tenía recursos, ni experiencia en este tipo de desastres.

Da Silva agregó que el pueblo "quedó mejor que antes". "Se hicieron veredas y calles; es una localidad un poco aislada", dijo. Plácido Rosas depende administrativamente de Melo, pero está cerca de Río Branco.

En Migues, la reconstrucción fue más lenta todavía. Recién el año pasado se le dio solución a la última familia que perdió su casa, dijo Jackeline Martín. También para ella, el pueblo quedó mejor ahora.

En aquel momento, el organismo que se encargó de la reconstrucción fue el Ministerio de Transporte y Obras Públicas que hizo casas temporales mientras construía las definitivas. Todo gratis. Los obreros los puso el Sunca.

En Los Cerrillos y Joanicó ocurrió lo mismo y ahora se encuentran reconstruidos.

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