Estrellas detrás de políticos

| La carrera electoral comenzó en Estados Unidos. Las celebridades de Hollywood se encargan de donar muchos miles de verdes y los candidatos, encantados.

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THE NEW YORK TIMES

Tom Hanks compró un ticket de 2.300 dólares. Lo mismo hizo Jennifer Aniston, Eddie Murphy y Denzel Washington. Los jefes máximos de los estudios cinematográficos Universal, Paramount, Disney y la 20th Century Fox, enviaron cheques o números de tarjeta de crédito.

Al recorrer esta lista uno pensaría que el homenajeado de la fiesta que se realizó hace poco más de una semana en el hotel Beverly Milton de Los Angeles, recibió un premio a los logros de toda una vida. Sin embargo, el brindis fue para el precandidato demócrata Barack Obama, de 45 años.

También es difícil saber si el gran interés que despertó esta velada se debe a la presencia de Obama o a quien hizo la convocatoria para el evento recaudador de fondos; fueron tres hombres con nombres conocidos, los cofundadores de Dream Works, David Geffen, Jeffrey Katzenberg y Steven Spielberg.

Se calcula que en la velada se recaudó 1,3 millones de dólares, con lo cual rápidamente se transformó en el primer gran evento de la campaña presidencial. Inicialmente se había programado hacerlo en un restaurante con capacidad para 400 personas, pero debió ser trasladado al ballroom de un hotel capaz de albergar a 600.

Tal como sucede en todos los campos en estos días de marketing rampante, quienes hayan adquirido al menos 20 tickets, serán invitados a una cena privada con Obama en la mansión de Beverly Hills de Geffen. Un productor de cine que fue invitado a la cena debido a la cantidad de dinero que recaudó para la campaña, dijo que lo había hecho porque muchos de sus amigos querían conocer al senador aunque no podían pagar la entrada. Al final pidió que su nombre se mantuviera en el anonimato, ya que también apoya a la precandidata Hillary Clinton y "no quiero herir sus sentimientos".

Ni la recepción ni la cena se limitó a la gente de Hollywood; Alan C. Fox, propietario de un shopping, recaudó 150.000 dólares entre amigos que operan en negocios inmobiliarios y de finanzas.

El precio del ticket, de 2.300 dólares, se fijó ya que es la máxima donación que por ley puede hacerse individualmente a una campaña federal.

El evento no tiene precedentes por lo abultado de la recaudación, dijeron operadores políticos de Los Angeles, ya que incluso los senadores más veteranos no suelen juntar más de 50.000 a 100.000 dólares.

Mientras tanto, el personal de Obama quiere evitar que la atención sobre su candidato se centre más en sus ricos donantes y en sus nuevas relaciones con Hollywood, que en su programa.

APOYOS CÉLEBRES. El evento fue sorpresivo en más de un sentido. David Geffen, quien apoyó fuertemente a Bill Clinton, no sólo fue quien se encargó de que asistieran las mayores luminarias a la recepción con Obama, sino que también se despachó con duras críticas contra Hillary Clinton, la noche antes de la fiesta (ver recuadro).

En Hollywood, la política cada vez es más importante, concuerdan los expertos. Las celebridades llegan incluso a contratar consultores políticos para que los asesoren sobre los candidatos. En 2004, el candidato del Partido Demócrata John Kerry, recaudó 3,5 millones de dólares entre personas que trabajaban en la televisión, las películas o la música.

En 2000, Al Gore había conseguido juntar 1 millón de dólares entre ella. Y aunque a los republicanos siempre les ha ido peor en Hollywood, Bush logró reunir más dinero en 2004 que en 2000: 1,4 millones contra 830.000 dólares.

Los expertos discuten sobre cuáles son los beneficios -o desventajas- que pueden derivar del apoyo de una estrella de Hollywood a un candidato. Una encuesta realizada por la cadena de televisión CBS a principios de febrero, demostró que el 48% de los encuestados considera que las celebridades no deben involucrarse en política, contra un 47% que dijeron que sí deberían.

En 2004, el Partido Demócrata envió famosos a estados tales como Ohio, para hacer campaña. "A la gente de Ohio, como a la gente de New Jersey, no les gusta que alguien de California venga a decirles cómo tienen que votar. Se ve como una arrogancia misionera que termina siendo negativa", consideró Eli Attie, quien fuera la escritora de discursos de Al Gore y luego guionista y productora de la serie The West Wing.

Claro que algunas estrellas tienen más credibilidad que otras; es el caso de Tom Hanks o Denzel Washington, cuya popularidad hace que puedan ayudar a cualquier candidato.

Magnate dispara contra Hillary

En la competencia todo terreno que ya se desató entre los precandidatos demócratas, las declaraciones del magnate del cine David Geffen (uno de los hombres más ricos de Estados Unidos) llamaron la atención por su crudeza. En una entrevista que concedió al New York Times pocos días atrás, Geffen dijo, refiriéndose a los Clinton: "En política todo el mundo miente, pero ellos lo hacen con tanta facilidad que resulta molesto". También describió a Bill Clinton como "imprudente" y dijo dudar de que se haya convertido en una persona diferente desde que abandonó la Casa Blanca, tal como sostienen quienes lo apoyan.

Sus declaraciones llaman aún más la atención porque Geffen había financiado la campaña de Bill Clinton con muchos miles de dólares. Sin embargo, los dos se distanciaron cuando el presidente decidió perdonar a un financiero fugitivo pero rechazó el pedido del cineasta de darle el mismo perdón presidencial a un activista indígena que había sido acusado en 1975 de matar a dos agentes del FBI.

Cada uno con su libro

Entre los precandidatos de la carrera presidencial de Estados Unidos hay de todo: senadores, gobernadores, alcaldes de grandes ciudades y hasta un general de cuatro estrellas. Pero hay algo que los une: todos publicaron libros.

Para los candidatos, un libro publicado significa dinero para la campaña, mayor influencia y atención de los medios. Además, una autobiografía puede ser una buena forma de exponer problemas pasados que luego podrían complicar una campaña electoral.

Para las editoriales, la campaña 2008 será un buen momento para relanzar títulos que quedaron en el olvido, así como para firmar contratos con candidatos que aún no han publicado. Crown, que edita a Barack Obama, relanzó su memoria de 1995, Dreams of my Father (Sueños de mi padre) capitalizando el interés en el senador demócrata. En diciembre, la editorial de Hillary Clinton volvió a poner a la venta It takes a Village (Hace falta un pueblo), en el aniversario número 10 de la edición del libro.

La tradición de escribir un libro siendo candidato viene de lejos; John F. Kennedy comenzó a ser visto como un candidato presidencial viable cuando publicó Profiles in Courage (Perfiles de Coraje), que incluso ganó un premio Pulitzer.

Ya entonces se lo acusó de haber contratado a lo que se denomina un "escritor fantasma", es decir, alguien que realmente escribe el libro pero cuyo nombre, en el mejor de los casos, aparece sólo en los agradecimientos. La misma sospecha pesa sobre casi todos los candidatos escritores.

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