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Cultural


Biografía de Keith Richards

Yo, el peor de todos

Luis Fernando Iglesias

EL ROSTRO DE Keith Richards se asemeja a su historia. Surcado de arrugas que parecen grietas, es una especie de mapa de las décadas del 60 y 70 en las que transcurrió su juventud. Enganchado al consumo de heroína, del que ha salido y entrado incontables veces, fumador y bebedor empedernido, consumidor de hachís, marihuana, cocaína y, en menor grado, anfetaminas y calmantes, transformó su cuerpo en una especie de laboratorio viviente sometiéndolo a un castigo de sustancias que acabaría con la persona más vigorosa.

A los 66 años, con su aspecto decadente, su voz afinada, cavernosa y mínima, y sus dedos deformes, Richards permanece en lo más alto de su carrera, desmintiendo la temprana muerte que tantos presagiaron. Muy pocas veces falló en un concierto, aun en sus peores épocas de descontrol. Él, que realmente demolió hoteles, entendió desde un principio que lo primero era la música, su destino ser guitarrista y, como dijo en una reciente entrevista, su objetivo era hacer llegar su arte a la mayor cantidad de personas posible. La adrenalina de los incontables shows que llevó a cabo con la banda de los Rolling Stones, fue una medicina imprescindible para seguir entre los vivos. El 18 de febrero de 2006, durante la gira que más dinero ha recaudado en la historia de la música, el Bigger Bang Tour, la banda dio un concierto gratuito en las playas de Copacabana frente a dos millones de personas. Al descender del escenario, Richards debió sentir la satisfacción del deber cumplido.

escapando a hitler. El 18 de diciembre de 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, en la ciudad industrial de Dartford, a veinte kilómetros de Londres, nacía Keith Richards. Aún hoy cada vez que escucha sirenas antiaéreas en alguna película de guerra se le eriza el pelo de la nuca y se le pone la piel de gallina. Ese sonido lo acompañó en sus primeros dieciocho meses de vida. En uno de los muchos bombardeos que recibió la zona donde vivía, un ladrillo enorme cayó sobre su cuna vacía."¡Hitler lanzó uno de sus V-1 sobre mi cama! ¡Iba por mi, te lo aseguro!", declararía años más tarde con su tradicional estilo dramático. Empedernido lector, es consumidor de literatura sobre la guerra, en particular todo lo referido a los nazis. Ha confesado que, si no hubiera sido guitarrista, le habría gustado ser bibliotecólogo.

Creció en medio de las canciones de Billie Holiday y Louis Armstrong escuchadas por su madre, Doris Dupree Richards. Cuando era pequeño, Gus, su abuelo materno, músico, le prestó una guitarra. El amor fue a primera vista y su madre le compró una por siete libras. La afición a la bebida la heredó de su padre, Bert Richards, un obrero que fue herido en la guerra. Al finalizar la contienda, el matrimonio se separó y el músico estuvo mucho tiempo distanciado del padre. A comienzo de los ochenta se reencontraron, hicieron las paces y fueron buenos camaradas de bebida hasta que aquel murió en 2002.

A los siete años Keith asistía a la Wentworth Primary School, donde conoció a un niño que vivía en su vecindario, con el que solía jugar, aunque no eran amigos íntimos. Al poco tiempo el guitarrista se mudó y dejaron de verse. En 1960 se reencontraron en una estación de tren de Londres. Mick Jagger era aquel compinche, y llevaba bajo su brazo discos de rhythm & blues que, por aquellos tiempos, no se conseguían en Inglaterra. Según el cantante, Richards dijo: "`Mmmh, ¡qué bueno que está esto!` Y eso fue todo. Así es como comenzó, en realidad. Empezamos a ir a su casa y a la mía a oír esos discos".

El triángulo. La relación triangular de Brian Jones, Jagger y Richards fue el motor inicial para el surgimiento y desarrollo de los Rolling Stones. La sólida base rítmica que aportaban Watts y Bill Wyman era el complemento ideal para lograr esa interesante mezcla de rock, blues, rhythm and blues, folk y algo de música country norteamericana. El intercambio musical entre Richards y Jones era intenso. El primero defendía a Chuck Berry y Jimmy Reed mientras el otro le hacía conocer a T-Bone Walter, enriqueciéndose ambos. Esa alianza se constituyó en una cuña metida entre los dos viejos amigos. Jagger no estaba dispuesto a quedar afuera.

En octubre de 1962 se mudaron los tres a un pequeño apartamento. La energía sexual impregnaba la relación. Jones cambiaba de preferencia entre un amigo y otro, lo que creaba conflictos y competencias. La cambiante relación se constituyó en una especie de generador de energía para la banda. Jagger pasaba por su etapa más andrógina, con coqueteos homosexuales, mientras que los dos guitarristas interpretaban el papel de machos. Tanto Jagger como Richards envidiaban el éxito con las mujeres que tenía Jones, quien ya había tenido hijos con un par de ellas.

En esos momentos Jones vivía un intenso noviazgo con Anita Pallenberg, quien fue una de las mujeres que mayor influencia tuvo en la banda. Al tiempo, ella lo abandonó por Richards, de quien fue pareja por muchos años y con quien tuvo tres hijos. En esos comienzos también tuvo una tempestuosa relación con Jagger. En opinión de Pallenberg, la caída en desgracia de Jones ocurrió tras haber consumado una relación sexual con Jagger, lo que no fue perdonado ni siquiera por el cantante. En un célebre reportaje de 1995, Jagger dijo que Jones estaba obsesionado con ser el líder de la banda pero que era demasiado celoso: "y no se puede ser celoso y ser líder". Eso se hizo notorio cuando Jagger y Richards comenzaron a componer incitados por el representante Andrew Loog Oldman, quien los encerró en una cocina y les dijo que no podían salir hasta que tuvieran una canción. "Para ser sincero, Brian no tenía el menor talento para componer. Ninguno. Nunca conocí a un tipo con menos talento para la composición", concluía Jagger.

El comportamiento de Jones se volvió errático, influido por el consumo descontrolado de drogas. Su desinterés en la música de la banda era cada vez más evidente. Richards no se lo perdonó y pasó a encargarse prácticamente de todas las partes de guitarra del grupo pese a que, por esa época, también él comenzó a consumir heroína. El 8 de junio de 1969 Jagger, Richards y Watts fueron a la casa de Jones para comunicarle que estaba despedido. La noticia fue recibida casi sin sorpresa por el guitarrista, que no puso objeciones. Dos días después, tras un arreglo monetario, abandonó la banda y el 3 de julio fue encontrado muerto en su piscina.

Antes de terminar ese fatídico año tuvo lugar el desastre de Altamont, concierto gratuito celebrado en un autódromo en Livermore, al norte de California, donde los Stones, aconsejados por bandas californianas como Grateful Dead, contrataron a los violentos Hell`s Angels para la seguridad del grupo. La nefasta experiencia terminó con un espectador asesinado a cuchilladas mientras la banda interpretaba "Under my thumb". Paradójicamente, en esos últimos años de la década la banda grabó dos de sus mejores álbumes, Beggars Banquet (1968) y Let It Bleed (1969). Por entonces, comienzan a ser llamados la banda de rock and roll más grande del mundo.

Solo una pobre antena. Victor Bockris ha escrito la larga biografía Keith Richards, Biografía Desautorizada. Una primera edición llegaba hasta 1993. La versión actualizada, que ha sido traducida al español, extiende la historia hasta 2002. En forma hábil, el autor expresa en la tapa que se trata de una "biografía desautorizada", lo que hace albergar expectativas por conocer los rincones más oscuros de la vida del músico. Sin embargo el texto no se regodea en lo prohibido. Bockris relata la historia a través de reportajes y frases, tanto del músico como de personajes que conformaron su entorno. Compaginado en forma cronológica, cada capítulo del volumen toma el nombre de canciones o álbumes de los Stones.

El libro revela a través de los dichos del músico algunas de las razones que originaron el sonido típico de la banda: "Desarrollamos un estilo propio en gran parte debido al hecho que, por muchos años, no nos oíamos tocar a nosotros mismos, así que me veía obligado a acercarme a la batería de Charlie para percibir el ritmo, y lo único que él oía era mi amplificador en su oreja". Quien haya disfrutado la experiencia de ver a los Stones en vivo habrá apreciado la interacción que se da entre los dos músicos. A diferencia de la mayoría de las bandas, quien marca el ritmo de las canciones es la guitarra en lugar de la batería. Watts sigue a Richards y eso hace que el golpe de percusión vaya apenas desfasado con respecto al que marca la guitarra. Ese sonido ha sido imitado por decenas de grupos, especialmente en el fenómeno de grupos "rolingas" de Argentina, con escasa suerte. Solo los Stones suenan así porque es la única banda que tiene a Keith Richards y a Charlie Watts.

Una noche de 1965 Richards tuvo un sueño. Despertó con un riff (frase melódica distinguible) en la cabeza. Tomó su guitarra y su grabador a cinta. Agregó algunas palabras a dicho ritmo y se durmió. Al despertar, pensó que alguien de la banda había utilizado su grabador. Escuchó la música que había tocado entre sueños y se sorprendió. Nacía "Satisfaction", canción que catapultó a la banda y que hasta hoy utilizan para abrir o cerrar sus conciertos. La sociedad compositiva con Jagger es una de las más largas y prolíficas de la historia de la música, pero también ha sido criticada por algunos miembros de la banda. Tanto Mick Taylor como el bajista Bill Wyman han expresado que hicieron aportes en canciones y que no se le dio crédito por ello. Según Wyman, el riff inicial de "Jumping Jack Flash" le pertenece.

Richards confiesa que prefiere componer con otra persona a hacerlo en solitario: juntarse con Jagger, con dos guitarras, y barajar ideas buscando melodías. Siempre ha dicho que las canciones están ahí, en el aire, y que solo hay que tener una antena para captarlas y bajarlas. "En realidad he compuesto un par de canciones, las otras son variaciones sobre ellas". Reconoce que existe una tercera pata en la composición: Charlie Watts en la batería, quien agrega el ritmo y que es una especie de "autor en la sombra" al que "…solo no le pagamos".

Durante años las condiciones de Richards como guitarrista fueron menospreciadas por el público, pese a ocupar el décimo puesto dentro de los cien mejores de todos los tiempos en la encuesta realizada por la revista Rolling Stone. El tecladista e integrante fundador de la banda Ian Stewart, lo conoció como pocos. "Keith era el mejor guitarrista de rock and roll posible, pero la gente no se da cuenta porque no hace muchos solos. Siempre dejaba espacios vacíos, y era muy bueno con los tempos. Cuando se trataba de tocar en directo, era invencible". Cuando Taylor abandonó sorpresivamente la banda, un enojado Richards declaró "Me dan igual los B.B. King, los Eric Clapton y los Mick Taylor, porque hacen cada uno lo suyo, pero sé que no pueden hacer lo que yo hago. Son capaces de tocar un montón de notas, pero no pueden mantener el ritmo, no señor. Todo lo que hago está basado en el ritmo, porque es lo mejor que tengo. He intentado ser un gran guitarrista y, como Chuck Berry, he fracasado".

El fondo del pozo. En 1975, con la integración de Ron Wood a la banda, Richards recuperó la forma de trabajar que tenía con Jones, experimentando arreglos pensados para dos partes de guitarras que se complementan. El proceso llevó un tiempo de ensayo y de descartar errores para lograr el objetivo. Poco a poco, la comunión entre los dos guitarristas comenzó a funcionar a la perfección, transformándose en el sello distintivo del grupo. Los pequeños y cortantes solos de Wood se envuelven en el acompañamiento trabajado por Richards y viceversa. Para Richards esta formación de los Stones suena menos mecánica y sofisticada que la anterior pero el estilo es "…más funky, más sucio, más crudo, y mucho más excitante".

También en ese año aumentaba en forma descontrolada el consumo de heroína por parte de Richards y Pallenberg. El aspecto del guitarrista era lamentable y sus amigos suponían que en su interior estaba aún peor. Nadie sabía como detenerlo, Richards no era una persona fácil de aconsejar y el propio entorno de la banda incitaba al consumo. El 6 de junio de 1976 Richards estaba de gira en París mientras Pallenberg estaba en Ginebra con sus dos hijos menores. Tara, el hijo de Richards de apenas diez semanas, falleció ahogado en su cuna. La noticia devastó a Richards. Con varios de sus amigos íntimos se "colocó" y avisó que todos se irían a Ginebra junto a Billy Preston, quien los acompañaba en la gira, para que tocara en el funeral. Fue convencido de que eso no sería lo mejor. Finalmente, un Richards totalmente ido salió a escena y dio, junto a la banda, un concierto memorable. Las canciones que interpretaron esa noche fueron utilizadas en el álbum en vivo Love You Live de 1977.

La muerte de Tara fue un terrible llamado de atención. El músico sintió que su familia se desmoronaba y que él iba a terminar muerto o en la cárcel. Su hijo mayor, Marlon, se había transformado en una especie de asistente de su padre, al que veía como un "yonqui" que poco a poco se consumía. Un año después detuvieron a Richards en Toronto por consumo y posesión de heroína y cocaína. Fue el juicio más largo y penoso que enfrentó. Luego de varios tratamientos para dejar la droga, la unión Richards y Pallenberg finalizó. En 1979 conoció a su actual pareja, Patti Hansen. Entonces comenzó una nueva historia.

Segunda juventud. Los ochenta fueron para los Stones épocas difíciles. Álbumes irregulares -aunque casi siempre exitosos- y la peor etapa en la relación Jagger-Richards. El ego del cantante lo llevó a privilegiar su proyecto solista, lo que hirió al guitarrista y al resto de la banda. Ante el hecho consumado, Richards resolvió también intentar en solitario. Conformó el grupo los X Expensive Winos, donde no solo era el líder sino la voz solista. Editó dos discos y realizó varias giras. Arribó por primera vez a Argentina en 1992, dando inicio a un intenso y correspondido romance con el público porteño. Tuvo éxito y reconocimiento de la crítica, opacando el proyecto de Jagger.

En 1989 los Stones pactaron un encuentro en Bermudas. Richards decidió comunicar a Jagger su deseo de disolver la banda. Hacía tiempo que no se hablaban. Se encontraron a solas y, luego de una fuerte discusión plagada de reproches, terminaron tocando juntos, componiendo y haciendo planes mientras reían de las cosas que se habían dicho a través de la prensa. El renacer de los Rolling Stones comenzó con su álbum Steel Wheels de 1989, al que le siguieron Voodo Lounge (1994), Bridges to Babylon (1997) y A Bigger Bang (2005). Sobrevivieron a la ida de Bill Wyman en 1993, sustituido por Darryl Jones, al cáncer de garganta de Charlie Watts en 2004 y a la caída de Richards de un árbol en 2006, lo que lo obligó a someterse a una cirugía mayor. Desde hace años Richards ha logrado desengancharse de la heroína. Se encuentra "limpio" a su manera: desayuna vodka con naranja acompañado por pastel de carne o huevos con tocino con su amada salsa inglesa HP. Reconoce que no ha abandonado el hachís ni la marihuana y que, en ocasiones, consume cocaína. En su concepto, esta última droga no es un vicio sino "un feo hábito".

La fama de la banda ha llegado a su punto más alto apoyada en las prolongadas y monumentales giras. Han sido llamados dinosaurios, abuelos disfrazados de adolescentes, calculadores hombres de negocios, músicos decadentes, entre otros juicios sarcásticos. Pero cada vez que comienza un show y Richards ingresa en forma teatral al escenario tocando los acordes de "Brown Sugar" o "Jumping Jack Flash", cuesta abstraerse de esa anciana magia. Nada queda de aquel tímido guitarrista de comienzos de los sesenta que se paraba cerca de la batería marcando el ritmo mientras intentaba pasar inadvertido. Hoy, la explícita forma en que goza al tocar su guitarra es imprescindible para un buen concierto de los Stones, banda de la que sigue siendo el alma. Acaso su mejor descripción la dió Tom Waits, cuando Richards colaboró en su álbum Rain Dogs de 1985. "Keith es un tipo normal, un caballero… a él lo que le gusta es tocar. Es como un trovador. Es el que toca a las cuatro de la madrugada, el que toca hasta que no queda una sola gota en las botellas, hasta que no sabe más canciones. Es el que toca hasta que alguien apaga las luces y le pide que se vaya".

KEITH RICHARDS. BIOGRAFÍA DESAUTORIZADA, de Victor Bockris, Globalrhythm, 2009, Madrid, 511 págs. Distribuye Océano.

Mick Taylor, el blusero

DESPUÉS del despido de Brian Jones, ingresó a los Stones Mick Taylor, un virtuoso blusero de bajo perfil que había formado parte de la banda de John Mayall. Richards ocupó principalmente el papel de guitarrista rítmico, dejando a Taylor la posición de primera guitarra. Grabaron algunos de los mejores álbumes de los Stones como Sticky Fingers (1971) y el doble Exile on Main Street (1972). Instrumentalmente fue un gran momento del grupo dada la brillantez de Taylor y su buen ensamble con Richards. El blusero resolvió retirarse en 1974, hastiado de que no se reconocieran sus aportes en las composiciones y agotado por los excesos. "La gente me pregunta si me arrepiento de haberme ido de los Rolling Stone. (...) Si me hubiera quedado probablemente estaría muerto. (...) La gente que me conoce me pregunta si me arrepiento de haberme unido a la banda. Esa es una pregunta mucho más astuta."

Mick Taylor siguió con su carrera solista y tocó con artistas de la talla de Bob Dylan, Jack Bruce y Mike Oldfield. Visitó Montevideo como telonero de Eric Clapton en 1990. En un reportaje que concedió al sensacionalista The Daily Mail, confesó que desde 1982 no cobra regalías por los álbumes que hizo con los Stones e insinuó que interpondrá una demanda. El tabloide incluyó fotos de su pequeña casa y de su viejo auto, concluyendo que cuando Taylor necesita dinero para pagar sus cuentas, arma una banda y toca en pubs. Este año llegará a la Argentina en una gira que conmemora los cuarenta años de Let it Bleed, primer disco de los Stones en el que intervino.

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