László Erdélyi
FALTABAN POCOS minutos para terminar el partido, la semifinal de waterpolo entre húngaros y soviéticos de las Olimpíadas de Melbourne 1956. Hungría ganaba 4 a 0. Había sido un partido duro, tenso, lleno de golpes de puño y patadas de ambas partes, y decisiones muy discutidas de los árbitros. Hacía cuatro semanas que los tanques soviéticos habían entrado a Hungría aplastando la revolución de Imre Nagy, dejando un baño de sangre. Por eso el mundo entero estaba pendiente de esos 14 hombres que nadaban en una pileta de Melbourne.
Un compañero le pidió al húngaro Zador que marcara al soviético Prokopov. Todo parecía normal desde afuera -lo "normal" en waterpolo implica siempre una cuota importante de golpes intencionales, sobre todo bajo el agua- cuando Zador se distrajo por un pitazo del árbitro, desatendió su marca, y Prokopov aprovechó para elevarse del agua hasta la cintura, revolear el brazo derecho y asestarle un duro golpe al rostro de Zador. Éste se sumergió semi-inconsciente, sangrando, tiñendo el agua de rojo, frente a las cámaras de los noticieros del mundo. El partido, que fue suspendido en ese instante, pasó a la historia como el "partido sangriento".
Esta historia, que alcanzaría estatura mítica, sería contada una y mil veces en Hungría o en Occidente. Al cumplirse 50 años de la revuelta en el 2006, la historia en torno a este partido se recreó en la película Szabadság, szerelem ("Libertad, amor") dirigida por Krisztina Goda y producida por Andrew G. Vajna, que no llegó a Uruguay. A su vez, en el formato de cine documental se estrenó Freedom`s Fury ("Furia de libertad"), bajo la dirección de Colin Ray y Megan Raney, y producida por un equipo que incluyó a Quentin Tarantino, Andrew G. Vajna y Lucy Liu. Esta vez sí pudo ser visto por el público uruguayo a través del canal de cable Cinemax durante el mes de julio. También se acaba de editar en DVD.
POLíTICA Y DEPORTE. Freedom´s Fury cuenta dos historias que corren paralelas a lo largo de los 90 minutos del documental, y lo hace apoyándose en material fílmico de archivo poco visto y de gran calidad. Por un lado está la trágica historia de Hungría que comienza con la participación en la Segunda Guerra Mundial junto a los nazis, luego siendo invadida por los propios nazis, devastada a manos de los nazis húngaros con la deportación de 600 mil judíos hacia Auschwitz, hasta la llegada de las tropas soviéticas. Luego, en 1947, se instaura un durísimo régimen estalinista liderado por Mátyás Rákosi. Con la muerte de Stalin en 1953 y la llegada de Kruschev se respiraron ciertos aires de "libertad", que en Hungría se tomaron en serio. El nuevo líder comunista húngaro, Imre Nagy, estuvo al frente de estas populares reformas. Su carisma, temido por Moscú, le costó el cargo, pero la gente salió a la calle a apoyarlo. Era octubre de 1956. Comenzaba la revolución que terminaría en fracaso, con miles de muertos y sus líderes fusilados.
La otra historia es la de los jugadores protagonistas del famoso "partido sangriento", individuos entregados en cuerpo y alma al perfeccionamiento de esta disciplina deportiva, que poco o nada sabían de política. En 1956, cuando estalló la revuelta de Budapest, estaban entrenando en las afueras de la ciudad para competir en Melbourne. Desde el sitio de entrenamiento se escuchaban los disparos. Días más tarde, el líder de la revolución Imre Nagy confirmó que el equipo de waterpolo participaría de los juegos. Pero fueron los soviéticos los que sacaron a los waterpolistas de Hungría hacia Checoslovaquia mientras 16 divisiones de soldados y 2 mil tanques invadían Hungría para sofocar la revolución. En Checoslovaquia se enteraron de la suerte de sus compatriotas. Sin poder entrenar, y angustiados por sus familiares y amigos, un mes más tarde los trasladaron a Australia. Allí vieron la prensa, los detalles del levantamiento, las muertes en las calles, el fin de un sueño de libertad. Con el país ocupado, muchos pensaban que todo había acabado. El equipo entró en crisis, pero el capitán Gyarmati llamó al orden y les dijo que, a pesar de todo, debían jugar. Que antes estaba el compromiso para el cual habían entrenado una vida. Y había que ganar.
Ambas historias aparecen en Freedom´s Fury condicionadas por los mitos, que todavía pesan. Los Luchadores de la Libertad húngaros que enfrentaron a los soviéticos en las calles de Budapest -y que ocupan un metraje importante en Freedoms`s Fury- persisten en el imaginario colectivo como seres prístinos, románticos, poetas de la libertad condenados al fracaso, traicionados por las propias democracias occidentales que alentaron su sacrificio. Este es el único mito que se salva de la crítica, porque es necesario. El resto es sometido a una dura revisión en la voz de aquellos que callaron durante tantos años y que ahora, por fin, pueden contar su verdad simple y humana, sin las ataduras de la ideología o los falsos opuestos.
UNA PIÑA SIMBÓLICA. El clímax de Freedom`s Fury está en el terrible puñetazo de Prokopov a Zador, registrado en película 16 mm color y blanco/negro desde muchos ángulos. El golpe abonó la furia anticomunista en medio de la paranoia de la Guerra Fría. El partido debió suspenderse, los rusos casi fueron apaleados -los salvó la policía australiana- y el joven Zador, con su cabeza sangrando, apareció en las portadas de los diarios del mundo occidental, inflamando voluntades. Ambos jugadores personificaban en forma simbólica la tragedia de un mes antes, en las calles de Budapest. Era la "bestia soviética" Prokopov abusando de otro pobre "húngaro indefenso".
En realidad el golpe de Prokopov fue uno de los tantos golpes injustificados que se propinaron ambos equipos, tal como registraron al detalle todas las filmaciones, incluso desde abajo del agua. Los jueces no estuvieron a la altura de las circunstancias y favorecieron a los húngaros, lo cual enfureció a los soviéticos. "Cuando tomé la marca de Prokopov" cuenta ahora Zador, "le empecé a decir que era un perdedor, que su madre era una perdedora, y que al final del partido seguiría siendo un perdedor". Prokopov le entró en el juego, y perdió el control. Había demasiada presión. El golpe que le propinó fue excepcional no sólo por la rudeza, sino por el momento y el lugar, lo que amplificó y manipuló las percepciones. Sin embargo, el partido "no fue tan horrible como lo presentó la prensa" recuerda Dezso Gyarmati, el capitán del equipo húngaro. Los soviéticos "eran bárbaros en otras áreas, pero no en ese partido". El jugador ruso Pyotr Mshvenieredze recuerda que "la situación inexplicable" en que se jugó, "y ese final, no fueron previstos ni por nosotros ni por los húngaros". Sentencia Zador: "Fue un gran placer darles una paliza a los rusos, pero fueron víctimas de las circunstancias, al igual que nosotros". Zador desertó luego del partido y se fue a Estados Unidos donde entrenó a Mark Spitz, luego medallista olímpico de renombre. Spitz es la voz en off en Freedom`s Fury.
La realización de Freedom`s Fury le insumió a sus directores Colin Ray y Megan Raney cinco años de trabajo investigando en archivos fílmicos y recogiendo testimonios. Tenían muchos mitos entrecruzados y demasiadas pasiones nacionalistas aún encendidas. Eso era un problema. Entendieron que hacía falta un encuentro catártico, y decidieron reunir a los jugadores soviéticos y húngaros sobrevivientes de aquel partido en Budapest. La reunión convocó a cuatro miembros del equipo soviético y casi una decena de húngaros. El jugador ruso Víctor Ageyev recuerda que "nunca imaginé que volveríamos a encontrarnos, a estar todos juntos, y más después de lo que pasó. Y gracias a Dios que nos encontramos como amigos". Fueron varias instancias, primero una reunión en el Bastión de los Pescadores de Buda, y después un glorioso chapuzón en las piscinas de Gellert. Los vitales ancianos entraron al agua a chapotear. Hasta que apareció una pelota de waterpolo. Comenzaron los pases, los giros, las moñas. La pesada pelota parecía ingrávida en manos de estos veteranos de todas las guerras. Pero no solo la pelota había perdido peso. Ellos también. Parecían volar, literalmente. Se habían sacado la carga de la Guerra Fría. Eran libres, ninguna "circunstancia" se entrometía, y podían disfrutar del juego que había dado sentido a sus vidas.
Nota: La edición en DVD se puede conseguir en varios sitios de Internet a través de http://freedomsfury.net/